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Voto de Kaori:
5
Voto de Kaori:
5
5.9
296
15 de marzo de 2014
15 de marzo de 2014
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Adoro a Clark Gable. Esta declaración intempestiva a nadie le importa, lo sé, pero hay cosas que vienen del alma, y desde el alma hay que decir que nunca un apodo le vino tan bien a un actor. Gable fue, es y será el único rey de Hollywood pase el tiempo que pase, por esa actitud de ordeno y mando que despliegue con la naturalidad de un privilegiado y esa simpatía que te emboba. El rey con la más emblemática de las sonrisas... y de las orejas. Enamorarse de él están fácil.
Parece mentira que sólo dos años después se estrenara «Lo que el viento se llevó». Hablaré de esta última cuando llegue el momento, pero en relación a «Saratoga» no puedo más que, primero, maravillarme del enorme cambio cinematográfico que supuso la adaptación de Margaret Mitchell; y, segundo, regocijarme en esa curiosa sensación de saber lo que vendría después para Gable: la más rotunda y apoteósica inmortalidad, que él ni sospecharía mientras coqueteaba con la pobre y regordeta Jean Harlow. Esta chica murió joven, pero vivió el tiempo suficiente como para convertirse en el icono sexual de una época e incluso en un referente de mujer maliciosa y coqueta. Juntos forman una pareja agradable, no chispeante, tampoco demasiado divertida, pero cuca al fin y al cabo, sobre todo cuando les deja el guión y las malogradas circunstancias.
Parece mentira que sólo dos años después se estrenara «Lo que el viento se llevó». Hablaré de esta última cuando llegue el momento, pero en relación a «Saratoga» no puedo más que, primero, maravillarme del enorme cambio cinematográfico que supuso la adaptación de Margaret Mitchell; y, segundo, regocijarme en esa curiosa sensación de saber lo que vendría después para Gable: la más rotunda y apoteósica inmortalidad, que él ni sospecharía mientras coqueteaba con la pobre y regordeta Jean Harlow. Esta chica murió joven, pero vivió el tiempo suficiente como para convertirse en el icono sexual de una época e incluso en un referente de mujer maliciosa y coqueta. Juntos forman una pareja agradable, no chispeante, tampoco demasiado divertida, pero cuca al fin y al cabo, sobre todo cuando les deja el guión y las malogradas circunstancias.

Walter Pidgeon, Jean Harlow & Clark Gable
Así, «Saratoga» se desarrolla con un ritmo aceptable, una historia que no se cierra correctamente y algunos momentos para el recuerdo, como el del puro. ¿Acaso Gable en todo su esplendor no es una apuesta segura?
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Quién maneja los hilos: Tras la pista de los mayores impostores
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