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Voto de El Rinoceronte 123:
8
Voto de El Rinoceronte 123:
8
6.9
1,944
2 de mayo de 2015
2 de mayo de 2015
Sé el primero en valorar esta crítica
Recuerdo haber leído que este director fue influenciado por el cine de Antonioni. Es curioso porque, parte de lo que nos cuenta, es exactamente lo que ha visto en esa gran influencia: la incomunicación.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Podemos apreciar la relación entre esta pareja adulta: viven en una misma casa, el hombre que ha ganado mucho dinero durante su madurez y ahora se mantiene con lo cosechado; Elena, por su parte, se dedica a los labores domésticos. Una relación de silencios, la cual apreciamos a través de esos encuadres fijos y travellings. Andrey se toma su tiempo presentando la cotidianidad, en la cual el único tema que vemos en común en ambos es la de hijos que se aprovechan de ellos y, curiosamente, prefieren evitar hablar de ellos, excepto Elena. Tiene sexo muy espontáneamente, miran la programación basura de la TV.
Y es que los cuervos están ahí: La hija del padre que solo se preocupó del dinero; Elena (equivocadamente) que opta por ayudar a su hijo, un vagabundo, un parásito que no vela por su familia y espera recibir todo de su madre. Y es así que se vuelven dependientes de cada uno. Unas relaciones familiares desastrosas, terribles.
Nuevamente Andrey nos presenta un mundo frío, miserable, desencanto total, con personajes casi inhumanos, que velan únicamente por necesidad propia.
Y es que los cuervos están ahí: La hija del padre que solo se preocupó del dinero; Elena (equivocadamente) que opta por ayudar a su hijo, un vagabundo, un parásito que no vela por su familia y espera recibir todo de su madre. Y es así que se vuelven dependientes de cada uno. Unas relaciones familiares desastrosas, terribles.
Nuevamente Andrey nos presenta un mundo frío, miserable, desencanto total, con personajes casi inhumanos, que velan únicamente por necesidad propia.
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