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Voto de Biopunk:
6
Voto de Biopunk:
6
7.4
9,950
Serie de TV. Animación. Fantástico. Acción
Serie de TV (2007-2017). 502 episodios. La historia rodea a un mayor y un poco más maduro Naruto Uzumaki y su aventura para rescatar a su amigo Sasuke Uchiha de las garras del Orochimaru, antes de que este utilize el cuerpo de su amigo. Sakura también se unirá a su viaje, por la que comienza a entrenar con Tsunade. Tras 2 años y medio entrenando con Jiraiya, Naruto regresa a Konoha, y se decide alcanzar su sueño de una buena vez, aunque ... [+]
6 de noviembre de 2025
6 de noviembre de 2025
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«Shippuden» es capaz de llevarte al cielo del anime para luego arrastrarte a sus infiernos. Pocas veces se vio un producto tan irregular, tan adictivo y aborrecible, tan merecedor de un 10 y un 0 al mismo tiempo.
Para entender esta dicotomía, lo mejor será ir por partes. La serie comienza 3 años después de la original, centrando la atención en las dos grandes preocupaciones de Naruto y el mundo ninja: el plan de Akatsuki y la venganza de Sasuke, dos arcos que eventualmente confluyen. A su vez, existen tramas secundarias y relleno que poco o nada tiene que ver con el núcleo argumental.
AVISO: La crítica está repleta de SPOILERS.
-- Akatsuki hasta el arco de Pain --
Akatsuki es el grupo de villanos más hipnótico del anime. Esa primera aparición con la pareja encapuchada atravesando el desierto mientras suena su tema musical pone la piel de gallina. Una sensación de estar ante algo que transciende el conocimiento nos posee cada vez que aparecen. No es para menos, pues esa música de misa negra nos lleva al cielo. En cuanto suena, sabemos que van a pasar cosas. Siguiendo la estela de esa partitura pero elevándola a un canto divino es lo que obtendremos cuando estemos ante Pain (líder y fundador). Si el tema de Akatsuki pone los pelos de punta, con el de Pain comienzas a levitar.
Para entender esta dicotomía, lo mejor será ir por partes. La serie comienza 3 años después de la original, centrando la atención en las dos grandes preocupaciones de Naruto y el mundo ninja: el plan de Akatsuki y la venganza de Sasuke, dos arcos que eventualmente confluyen. A su vez, existen tramas secundarias y relleno que poco o nada tiene que ver con el núcleo argumental.
AVISO: La crítica está repleta de SPOILERS.
-- Akatsuki hasta el arco de Pain --
Akatsuki es el grupo de villanos más hipnótico del anime. Esa primera aparición con la pareja encapuchada atravesando el desierto mientras suena su tema musical pone la piel de gallina. Una sensación de estar ante algo que transciende el conocimiento nos posee cada vez que aparecen. No es para menos, pues esa música de misa negra nos lleva al cielo. En cuanto suena, sabemos que van a pasar cosas. Siguiendo la estela de esa partitura pero elevándola a un canto divino es lo que obtendremos cuando estemos ante Pain (líder y fundador). Si el tema de Akatsuki pone los pelos de punta, con el de Pain comienzas a levitar.

Los miembros del grupo tienen trasfondos humanos y dolorosos, por ello es fácil empatizar con ellos. Aparte, tienen carisma. ¡Cómo no la van a tener! Un grupo de ninjas renegados poniendo en jaque al mundo entero… y un misterioso objetivo que pasa por robar a las Bestias con Cola. Sin embargo, todo se torna irrelevante con la llegada de Pain. El villano nos desgarra espiritualmente. El clímax de su historia hiela la sangre, cuando da su discurso del odio, se eleva en el aire y ejecuta un devastador «Shinra Tensei». Menos mal que la sangre vuelve a fluir con la épica aparición de Naruto. La animación cumplirá en mostrar el intenso combate que culmina en un debate metafísico sobre la vida y la naturaleza humana. ¡Pero esto qué es! Insuperable.
-- Sasuke hasta el arco de Itachi --
En paralelo está Sasuke, un personaje agotador con su actitud de malcriado sabelotodo. Vive por una venganza que no entiende y sus actos son los de un niño pequeño demasiado idiota para entender el funcionamiento del mundo, por ello es constantemente manipulado por otros.
-- Sasuke hasta el arco de Itachi --
En paralelo está Sasuke, un personaje agotador con su actitud de malcriado sabelotodo. Vive por una venganza que no entiende y sus actos son los de un niño pequeño demasiado idiota para entender el funcionamiento del mundo, por ello es constantemente manipulado por otros.

Este arco resulta decepcionante, especialmente por Orochimaru. El otrora villano principal, un ser inmortal tan misterioso como asqueroso, es reducido a una lagartija patética. Luego está Itachi, que pasa de psicópata torturador a mártir nacional. Por mucho que su historia tenga sentido, su romantización es descarada. El Itachi original era un hijo de puta que había asesinado a todo su clan y torturaba psicológicamente a su hermano, hasta el punto de empujarlo al asesinato de su mejor amigo. ¡Hasta le rompía los brazos! Y a Naruto quería secuestrarlo y matarlo para sacarle el Zorro. Incluso la venganza de Sasuke es un plan del propio Itachi para cometer suicidio por fratricidio. El tipo es un monstruo.
Los hechos siguen siendo esos, pero de repente Itachi es bueno, sus motivaciones son nobles, algo que nos repiten hasta la saciedad. La batalla entre hermanos, aunque visualmente espectacular, está arreglada para colar que Sasuke gane. Me aburro.
-- Akatsuki después de Pain --
Tobi toma las riendas de la atracción. El enmascarado se erige como el titiritero en las sombras y declara la IV Guerra Ninja, usando a una Akatsuki de saldo, un ejército de Zetsus cultivados en almíbar y montones de resucitados.
Aquí empieza la parte más infumable de la serie. Secundarios de secundarios cruzando espadas con fotocopias de resina o cadáveres de papel. Se recuperan figuras del pasado solo para construir un burdel de «fanservice». Vergonzoso.
Tras lo que parece un sufrimiento eterno, la serie revive con Madara y Obito. Los flashbacks se entrelazan para unir los grandes eventos de la serie: el origen de la Hoja, las guerras, el ataque del Kyubi, la masacre de los Uchiha, Akatsuki, Kakashi, los Hokages… Un círculo de muerte y esperanza repetido cada generación.
¿El problema? Que no deja de ser una versión menos inspirada del arco de Pain. Además tanto Madara como Obito terminan siendo personajes ridículos, totalmente destrozados por un guion de mierda.
-- Sasuke después de Itachi --
El personaje alcanza la deriva argumental. Primero se va con Akatsuki y quiere destruir Konoha, porque descubre la verdad de su hermano y decide honrarlo haciendo lo contrario a sus deseos (el chaval es paralítico mental). Luego cambia de idea cada dos capítulos, según con el resucitado con el que hable. Se vuelve bueno y se une a la guerra con los demás, como si nunca hubiese intentado asesinar a sus amigos y mearse en su cadáver. Más tarde se vuelve malo otra vez porque su sueño es convertirse en dictador, tontería que le dura media tarde. El tío habrá despertado el Rinnegan, pero lo que tenía que haber despertado era el cerebro. Eso sí, la pelea con Naruto está muy bien animada y es un cierre satisfactorio para su disfuncional relación.
Por cierto, el Sharingan pierde toda credibilidad: ilusiones, llamas eternas, espíritus indestructibles, viajes espacio-temporales, control de bijus… Lo que antes se pagaba con la ceguera ahora se cura con un trasplante de córnea. Y la magia de feria continúa con los izanagi e izanami: modificar la realidad a capricho o crear bucles hasta que la víctima acepta su destino. ¿Pero qué destino? ¿Qué realidad? Absurdo. Y la explicación de que es el odio surgido del amor el que lo hace poderoso es de traca. De verdad, qué puta paciencia.
Los hechos siguen siendo esos, pero de repente Itachi es bueno, sus motivaciones son nobles, algo que nos repiten hasta la saciedad. La batalla entre hermanos, aunque visualmente espectacular, está arreglada para colar que Sasuke gane. Me aburro.
-- Akatsuki después de Pain --
Tobi toma las riendas de la atracción. El enmascarado se erige como el titiritero en las sombras y declara la IV Guerra Ninja, usando a una Akatsuki de saldo, un ejército de Zetsus cultivados en almíbar y montones de resucitados.
Aquí empieza la parte más infumable de la serie. Secundarios de secundarios cruzando espadas con fotocopias de resina o cadáveres de papel. Se recuperan figuras del pasado solo para construir un burdel de «fanservice». Vergonzoso.
Tras lo que parece un sufrimiento eterno, la serie revive con Madara y Obito. Los flashbacks se entrelazan para unir los grandes eventos de la serie: el origen de la Hoja, las guerras, el ataque del Kyubi, la masacre de los Uchiha, Akatsuki, Kakashi, los Hokages… Un círculo de muerte y esperanza repetido cada generación.
¿El problema? Que no deja de ser una versión menos inspirada del arco de Pain. Además tanto Madara como Obito terminan siendo personajes ridículos, totalmente destrozados por un guion de mierda.
-- Sasuke después de Itachi --
El personaje alcanza la deriva argumental. Primero se va con Akatsuki y quiere destruir Konoha, porque descubre la verdad de su hermano y decide honrarlo haciendo lo contrario a sus deseos (el chaval es paralítico mental). Luego cambia de idea cada dos capítulos, según con el resucitado con el que hable. Se vuelve bueno y se une a la guerra con los demás, como si nunca hubiese intentado asesinar a sus amigos y mearse en su cadáver. Más tarde se vuelve malo otra vez porque su sueño es convertirse en dictador, tontería que le dura media tarde. El tío habrá despertado el Rinnegan, pero lo que tenía que haber despertado era el cerebro. Eso sí, la pelea con Naruto está muy bien animada y es un cierre satisfactorio para su disfuncional relación.
Por cierto, el Sharingan pierde toda credibilidad: ilusiones, llamas eternas, espíritus indestructibles, viajes espacio-temporales, control de bijus… Lo que antes se pagaba con la ceguera ahora se cura con un trasplante de córnea. Y la magia de feria continúa con los izanagi e izanami: modificar la realidad a capricho o crear bucles hasta que la víctima acepta su destino. ¿Pero qué destino? ¿Qué realidad? Absurdo. Y la explicación de que es el odio surgido del amor el que lo hace poderoso es de traca. De verdad, qué puta paciencia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
-- Kaguya --
Al parecer Madara era otro pelele y lo cambian a última hora por una villana de la que nos cuentan lo mínimo posible. Su trasfondo y el giro hacia la ciencia ficción son interesantes, pero no tiene nada que ver con el resto de la serie y, lejos de funcionar como final, es el inicio de una saga diferente. Está claramente incluida con la idea de una secuela («Boruto») en mente. Kaguya es una villana sin desarrollar, a la que no entendemos, por lo que poco podemos decir de ella, más allá de que pertenece a una raza extraterrestre a la cual traiciona y teme; que decide quedarse en la Tierra por amor, y que eventualmente cae en la demencia debido al miedo, la soledad, la corrupción del poder y las guerras de la humanidad.
Lo relacionado con la serie es su descendencia. Con su hijo, el Sabio de los 6 Caminos, comienza la historia de los shinobi, los choques de ideologías y los poderes usados para lograr la paz… a través de la guerra. Esta parte está bien, explica el trasfondo del mundo ninja con detalle. Funcionan mejor estos 20 episodios que los 200 de la insufrible Guerra Ninja.
La pelea con Kaguya es vistosa y diferente, pues su poder divino la coloca a años luz de Naruto y Sasuke. Argumentalmente no tiene sentido que logren derrotarla, aunque solo sea sellarla, pero eso le pasa a todas las peleas de la serie: el resultado nunca es coherente al poder físico, sino al ideológico.
-- Naruto --
El tema central de la serie es cómo los hijos de la guerra se enfrentan al mundo. El odio genera odio, un círculo de dolor y muerte sin fin. Los habitantes del mundo ninja son víctimas y verdugos, moldeados por el entorno, prisioneros de la especie y del pasado, condenados a repetir lo mismo en su intento por cambiar las cosas. Tal vez por eso entendemos más a los villanos de la historia, pues su punto de vista es más adulto y realista.
El camino que toma Naruto, el héroe, corresponde a un ideal infantil muy propio del Shōnen. Entender el dolor de todo el mundo es la clave para tocar su corazón y lograr la convivencia pacífica. No hay que buscar venganza, sino comprensión. Es un idiota con ideales utópicos, por lo que resulta fácil empatizar con él, aunque a veces canse su idealismo.
Su evolución, no obstante, va de más a menos. Comienza siendo un marginado con un poder maldito y termina siendo el heredero de un clan extinto caracterizado por el chakra ilimitado, también es el elegido de una profecía que no aporta nada, e incluso la reencarnación del pariente de un alienígena. El dolor humano se convierte en pirotecnia divina, mientras se olvidan sus orígenes humildes. Tampoco sufre traumas profundos como los villanos a los que se enfrenta, lo que termina por restar fuerza a su discurso. Por último, su transformación final es decepcionante: el resto de jinchurikis se transforman en kaijus, no entiendo por qué Naruto se transforma en un Kurama de luz Súper Saiyajin. Igualmente, en este punto la serie ya había perdido totalmente el norte.
Me quedo antes con Kakashi como icono de paz que con Naruto. Kakashi lo perdió todo, tiene pasado de villano y, aún así, eligió seguir el camino luminoso del ninja.
Pese a todo, Naruto representa la idea de que cualquier sueño se puede alcanzar mediante el trabajo duro, entre otros mensajes motivadores, lo que al final del día le suma los puntos que pierde por otro lado.
-- Relleno --
Insoportable, ilógico, una pérdida de tiempo. Los capítulos recopilatorios son un insulto a la inteligencia, mientras el relleno insertado en medio de momentos clave es una falta de respeto. Me pregunto cómo tuvieron la poca vergüenza de sacar adelante esta aberración. Por no hablar de los flashbacks repetidos centenares de veces, como si el público tuviese un cráneo vacío. Se salva algún arco como el de Kakashi; el resto, directo al vertedero.
En la economía del dolor de «Shippuden» la balanza se inclina, por el pelo de un zorro, hacia la luz del amanecer. Sin embargo, las cicatrices de la guerra permanecen.
Al parecer Madara era otro pelele y lo cambian a última hora por una villana de la que nos cuentan lo mínimo posible. Su trasfondo y el giro hacia la ciencia ficción son interesantes, pero no tiene nada que ver con el resto de la serie y, lejos de funcionar como final, es el inicio de una saga diferente. Está claramente incluida con la idea de una secuela («Boruto») en mente. Kaguya es una villana sin desarrollar, a la que no entendemos, por lo que poco podemos decir de ella, más allá de que pertenece a una raza extraterrestre a la cual traiciona y teme; que decide quedarse en la Tierra por amor, y que eventualmente cae en la demencia debido al miedo, la soledad, la corrupción del poder y las guerras de la humanidad.
Lo relacionado con la serie es su descendencia. Con su hijo, el Sabio de los 6 Caminos, comienza la historia de los shinobi, los choques de ideologías y los poderes usados para lograr la paz… a través de la guerra. Esta parte está bien, explica el trasfondo del mundo ninja con detalle. Funcionan mejor estos 20 episodios que los 200 de la insufrible Guerra Ninja.
La pelea con Kaguya es vistosa y diferente, pues su poder divino la coloca a años luz de Naruto y Sasuke. Argumentalmente no tiene sentido que logren derrotarla, aunque solo sea sellarla, pero eso le pasa a todas las peleas de la serie: el resultado nunca es coherente al poder físico, sino al ideológico.
-- Naruto --
El tema central de la serie es cómo los hijos de la guerra se enfrentan al mundo. El odio genera odio, un círculo de dolor y muerte sin fin. Los habitantes del mundo ninja son víctimas y verdugos, moldeados por el entorno, prisioneros de la especie y del pasado, condenados a repetir lo mismo en su intento por cambiar las cosas. Tal vez por eso entendemos más a los villanos de la historia, pues su punto de vista es más adulto y realista.
El camino que toma Naruto, el héroe, corresponde a un ideal infantil muy propio del Shōnen. Entender el dolor de todo el mundo es la clave para tocar su corazón y lograr la convivencia pacífica. No hay que buscar venganza, sino comprensión. Es un idiota con ideales utópicos, por lo que resulta fácil empatizar con él, aunque a veces canse su idealismo.
Su evolución, no obstante, va de más a menos. Comienza siendo un marginado con un poder maldito y termina siendo el heredero de un clan extinto caracterizado por el chakra ilimitado, también es el elegido de una profecía que no aporta nada, e incluso la reencarnación del pariente de un alienígena. El dolor humano se convierte en pirotecnia divina, mientras se olvidan sus orígenes humildes. Tampoco sufre traumas profundos como los villanos a los que se enfrenta, lo que termina por restar fuerza a su discurso. Por último, su transformación final es decepcionante: el resto de jinchurikis se transforman en kaijus, no entiendo por qué Naruto se transforma en un Kurama de luz Súper Saiyajin. Igualmente, en este punto la serie ya había perdido totalmente el norte.
Me quedo antes con Kakashi como icono de paz que con Naruto. Kakashi lo perdió todo, tiene pasado de villano y, aún así, eligió seguir el camino luminoso del ninja.
Pese a todo, Naruto representa la idea de que cualquier sueño se puede alcanzar mediante el trabajo duro, entre otros mensajes motivadores, lo que al final del día le suma los puntos que pierde por otro lado.
-- Relleno --
Insoportable, ilógico, una pérdida de tiempo. Los capítulos recopilatorios son un insulto a la inteligencia, mientras el relleno insertado en medio de momentos clave es una falta de respeto. Me pregunto cómo tuvieron la poca vergüenza de sacar adelante esta aberración. Por no hablar de los flashbacks repetidos centenares de veces, como si el público tuviese un cráneo vacío. Se salva algún arco como el de Kakashi; el resto, directo al vertedero.
En la economía del dolor de «Shippuden» la balanza se inclina, por el pelo de un zorro, hacia la luz del amanecer. Sin embargo, las cicatrices de la guerra permanecen.
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