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Voto de Juan Marey:
9
Voto de Juan Marey:
9
Drama. Cine negro Una joven y ambiciosa modelo de grandes almacenes de Los Ángeles, Leonora Eames (Bel Geddes), cumple su deseo de casarse con un millonario, Smith Ohlrig, un hombre enfermo, neurótico y autoritario. Pero el matrimonio fracasa, y la joven decide separarse. A continuación, encuentra trabajo como secretaria de un médico idealista y con una gran vocación, el Dr. Larry Quinada (James Mason). (FILMAFFINITY)
26 de julio de 2015
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las películas americanas de Ophuls han sido subestimadas de alguna forma, destacándose siempre entre ellas “Carta de una desconocida”, una absoluta obra maestra y considerada como la más ophulsiana. No estoy para nada de acuerdo con el desprecio que se ha hecho a muchas de estas películas y después de revisar films como “Atrapados” me reafirmo en la opinión de que esta también es una gran, gran película, película con la que consiguió ejemplificar casi perfectamente su concepción artística. Max Ophuls nunca consiguió acostumbrarse al estilo de vida americano, nunca se sintió realmente integrado, estuvo muchos años sin trabajar, mendigando trabajo y la prueba está en que entre 1941 y 1949 en que llegó exiliado de Europa, apenas firmó unas pocas cintas, en “Atrapados” creo que Ophuls se venga de alguna forma de la industria americana que tantos sinsabores le causó y cuela sus experiencias más personales, más que en ninguna otra de sus películas, Ophuls revela que es un moralista y que se siente conectado con unos ideales y que aborrecía de alguna forma el materialismo americano, donde el dinero y lo comercial priman por encima de todo, especialmente el de Hollywood; todo esto lo muestra en este gran film.

"Atrapados", con toda su negrura y su maldición, es una película visualmente turbadora, claustrofóbica, detrás de las cámaras había un maestro absoluto bajo el nombre de Max Ophüls. La ascensión de una chica que llega al éxito a través de un matrimonio con un excéntrico millonario que va degenerando en su excentricidad hasta llegar a la obsesión es la excusa perfecta para ver cuál es la mirada de este grandísimo director de cine, profesor de continuidad en la escena que pasa de una a otra con la suavidad con la que se concatena la vida. En manos de Ophüls, parece que la cámara cobra vida y que, con nuestras piernas, avanza con discreción y prudencia para enterarnos de unas vidas atrapadas, cogidas sin remisión, con falsas esperanzas de libertad a través de la riqueza, los celos ahogan hasta la extenuación y, cuando eso ocurre, la única salida es la fuga. Desde la primera secuencia, el director nos deleita con su forma de rodar, con sus largos movimientos de cámara, sin cortes, imperceptibles, pero siempre precisos, para encuadrar lo que interesa y dejar en segundo plano aquello que complementa la acción, y es que la planificación de Ophüls es perfecta, los planos secuencia son interminables y la profundidad de campo juega un destacado papel en su barroca forma de proponer una escena.

De todo el conjunto, sobresale la maravillosa interpretación de ese millonario atormentado, que actúa bajo el rostro de Robert Ryan. Más abajo y en un papel que quedó demasiado edulcorado está James Mason, médico de pobres que elige su ética como modelo de vida. Y en el último lugar está Barbara Bel Geddes como hilo conductor de la historia, inocencia interrumpida que cae en la toma de demasiados atajos para que los sueños se vean cumplidos. Bel Geddes seguramente no es la chica ideal para esta historia aunque quizás su elección se debió a que era capaz de transmitir la idea de una muchacha normal que sube como la espuma a pesar de su ingenuidad.

Una gran lección de cine y una historia que, por momentos, llega a rozar los mismos bordes de nuestra intimidad. Que os atrape, merece mucho la pena.
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