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Swazilandia Swazilandia · Eternia
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Voto de Coen:
8
Voto de Coen:
8
Drama Finales del siglo XIX. Katty, huyendo de la pobreza, abandona su pueblo y se traslada a Ámsterdam, donde ejerce la prostitución para mejorar el nivel de vida de su familia. En la capital conocerá el poder de corrupción del dinero y el sórdido mundo de la explotación sexual. (FILMAFFINITY)
29 de marzo de 2010
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la Holanda victoriana del siglo XIX, Verhoeven nos sumerge en un mundo depravado y podrido, donde si la dignidad y la compasión escasean, la comida tampoco es que abunde, no… y claro, cuando se juntan el hambre y las ganas de comer… algunos al menos lo tienen claro.

Tenemos por un lado a una familia-carga bastante amoral y ruin, que no tiene reparos en forzar o “conducir” a sus hijas a la prostitución, o a los pequeños en sabe dios que, con tal de un par de monedas, filosofía ejemplificada por una madre un tanto egoísta y desnaturalizada.

Luego tenemos a la clase alta, que son todos unos aprovechados, pervertidos, golfos y cierra-bares, que no dudan en mirar por encima del hombro y dejar patente su superioridad monetaria, porque de lo que es clase y humanidad no andan muy sobrados (como no podía ser de otra forma).

Y si diferenciamos ya por sexos, pues los hombres somos unos cerdos y las mujeres casi que peor (las de la fábrica, las dos del bar, el burdel, etc) así que a excepción del candor y dignidad de Keetje, el altruismo de André o la humanidad del pintor poca “luz” o esperanza arrojan los personajes de Katty Tippel, virtud esta que aprecio y mucho en los personajes y la manera de contar las cosas de Verhoeven.

Si, el dinero vuelve idiotas a las personas, pero tanto el exceso como la carencia del mismo.

En esta cenicienta moderna, no me acaba de quedar claro si “el dinero está en la calle, y solo hay que rebajarse para cogerlo” como dice la canción o si la débil y esporádica dignidad de Keetje debe imponerse al “todo vale”… lo que supongo que es un acierto mas del gran director que es Paul Verhoeven.

P.D: Rutger Hauer, y sobre todo Monique Van de Ven no solo están genial sino que reafirman lo que vi en Delicias Turcas; grandes interpretaciones y naturalidad.
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