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Voto de Edward Appleby:
8
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8
6.4
13,803
Terror. Drama
Owen es un niño triste (Kodi Smit-McPhee), maltratado por sus compañeros de clase y abandonado por sus padres divorciados; sin embargo, algo cambiará en su solitaria vida cuando conozca a Abby (Chloe Moretz), una nueva y misteriosa vecina, que vive con su silencioso padre (Richard Jenkins), y con quien entablará una particular amistad. Remake norteamericano de la celebrada película sueca "Déjame entrar" ("Let The Right One In"). (FILMAFFINITY) [+]
13 de octubre de 2010
13 de octubre de 2010
23 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película de Matt Reeves (‘Montruoso’) se centra en Owen (Oskar originalmente), el triste chico maltratado por sus compañeros de clase y olvidado por sus padres divorciados; pero Reeves le da mucho más protagonismo que la película de Tomas Alfredson y elimina en la historia tramas secundarias insustanciales (como por ejemplo el hombre de los gatos). Eso hace que la película solo tenga un punto de vista, sumergiendo al espectador el la psique del chico, lo que le da un tono más oscuro y angustioso, debido a ese desarrollo profundo y tenebroso de la psicología de Owen. Es justo destacar en este caso la asombrosa actuación de Kodi Smit-McPhee, que ya nos sorprendió con su interpretación de niño desesperanzado junto a Viggo Mortensen en ‘The Road’.
Owen muestra, además, sus miedos y deseos de una forma más acertada, en mi opinión, que en la versión sueca. Mientras que en la película de Alfredson tan sólo se esboza un mapa de estos sentimientos, no aporta los matices necesarios para sugerir al espectador la compleja evolución que sufre Owen a lo largo de la película, algo que sí consigue ‘Let me in’ (sin llegar a mostrarlo nunca de forma directa). La película va más lejos que su predecesora, tratando temas como la sexualidad, el odio, la perversión, la vergüenza, la pureza, etc. Alcanzar este nivel es consecución del minucioso trabajo que ha hecho Matt Reeves con cada uno de los personajes secundarios que rodean al chico. Todos aportan algo imprescindible a la obra y están incluso mejor dibujados que en la película sueca (salvo la madre del chico).
Owen muestra, además, sus miedos y deseos de una forma más acertada, en mi opinión, que en la versión sueca. Mientras que en la película de Alfredson tan sólo se esboza un mapa de estos sentimientos, no aporta los matices necesarios para sugerir al espectador la compleja evolución que sufre Owen a lo largo de la película, algo que sí consigue ‘Let me in’ (sin llegar a mostrarlo nunca de forma directa). La película va más lejos que su predecesora, tratando temas como la sexualidad, el odio, la perversión, la vergüenza, la pureza, etc. Alcanzar este nivel es consecución del minucioso trabajo que ha hecho Matt Reeves con cada uno de los personajes secundarios que rodean al chico. Todos aportan algo imprescindible a la obra y están incluso mejor dibujados que en la película sueca (salvo la madre del chico).

Especial interés tienen los tres chicos que le hacen bulling, en concreto su líder. Su personaje crea un dilema moral inexistente en la simple violencia de la película sueca y que, según tengo entendido, se acerca más al espíritu del libro (que todavía no he tenido ocasión de leer). Este personaje (interpretado de forma fabulosa por el joven Dylan Minnette) no es sólo el antagonista de la obra, siendo el causante de todo el terror psicológico que sufre el protagonista y que tanto desestabiliza al espectador, sino que es un portador indirecto de mensajes como redención, posesión, muerte e indolencia. La extraña aparición de su hermano al final sugiere debates sobre el bien y el mal propios del cine cultivado por el maestro Michael Haneke. Es lógico, por tanto, encontrar ciertos paralelismos de este personaje con ‘Caché (Escondido)’ o la magistral ‘La cinta blanca’.
El veterano Richard Jenkins también está fantástico (para variar). En las dos películas el personaje que interpreta se caracteriza por el patetismo, el dolor, la vergüenza y la derrota, pero en la versión americana todo adquiere un mayor sentido cuando lo que lo mueve, el amor, está tan explícito desde el principio. Amor que desencadena su final, muy diferente y mucho más coherente y realista que en la versión sueca, y que coincide con la que para mí es la secuencia más impactante y mejor realizada dentro de un coche que he visto en mi vida.
El veterano Richard Jenkins también está fantástico (para variar). En las dos películas el personaje que interpreta se caracteriza por el patetismo, el dolor, la vergüenza y la derrota, pero en la versión americana todo adquiere un mayor sentido cuando lo que lo mueve, el amor, está tan explícito desde el principio. Amor que desencadena su final, muy diferente y mucho más coherente y realista que en la versión sueca, y que coincide con la que para mí es la secuencia más impactante y mejor realizada dentro de un coche que he visto en mi vida.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Otro punto a favor de la película es el detective, un nuevo personaje que no aparece en la película sueca (desconozco si aparece en el libro). La historia tiene más sentido y verosimilitud con él, ya que es lógico pensar que en un pueblo donde hay una serie de asesinatos y “rituales” semi-satánicos (desangración de cuerpos jóvenes, ataques carnívoros, mutilación con ácido, etc.) tiene que llevarse a cabo una investigación policial. Su personaje podría haberse convertido en el malo de la película, sin embargo, no se sitúa en ningún lado. Es un personaje brillantemente creado que, a diferencia de los demás, nunca hace nada moralmente cuestionable; es un mero observador, que no comprende lo que está pasando, y funciona como un conductor con el que el espectador se identifica constantemente.
Él es el personaje más importante para Reeves porque hace que la película tenga mejor ritmo que la sueca (no confundir con tempo: el ritmo es la relación y la coordinación entre todos los acontecimientos de la trama y el tempo es la velocidad de la narración, que puede ser rápida o lenta).
Él es el personaje más importante para Reeves porque hace que la película tenga mejor ritmo que la sueca (no confundir con tempo: el ritmo es la relación y la coordinación entre todos los acontecimientos de la trama y el tempo es la velocidad de la narración, que puede ser rápida o lenta).

Con este personaje, y a diferencia de la versión sueca, la película empieza por la mitad de la historia y luego vuelve al principio, (aunque de eso el espectador se da cuenta más adelante). ¿Por qué? Pues para crear una serie de incógnitas al principio y mantener al espectador en tensión y concentración durante los primeros 20 minutos de la película: “¿Quién es el hombre del hospital? ¿Porqué pertenece a una “secta”? ¿Hay más como él?”. Después, la película se desarrolla con un tempo muy lento y sosegado, con el espectador atento y sin peligro de que pierda la atención (lo que puede pasar con la versión sueca).
En este caso, la adaptación americana para cine me parece más acertada que la sueca, que se limita a copiar la estructura literaria.
Mención aparte tiene el apartado técnico de la película. Si no ha sido suficiente con la de cosas buenas que ya he escrito sobre ella, ahora me quito el sombrero de nuevo ante su apartado artístico.
Para empezar, Michael Giacchino es el compositor de la banda sonora. Para el que no lo conozca, Giacchino es el principal compositor de Pixar (‘Up’, ‘Ratatouille’, ‘Los increíbles’, etc.) y el compositor de todos los trabajos de J. J. Abrahams (‘Perdidos‘, ‘Star Trek‘, etc.). En esta película la música es excelente. Mezcla canciones con composiciones propias. Si sois de los que os quedáis en el cine hasta los créditos, la composición que hace Giacchino para el final es lo mejor que he escuchado en cines desde hace mucho tiempo.
El director de fotografía es el “inexperto” Greig Fraser, cuyo trabajo aquí nada tiene que envidiar al del mismísimo Roger Deakins. Sorprende, y mucho, que a pesar de que se trata de una superproducción americana, la estética del film es muy personal. Otra vez más me toca decir que esta versión americana está muy por encima que la sueca en cuanto a iluminación y fotografía. Una de las mejores películas del año.
En este caso, la adaptación americana para cine me parece más acertada que la sueca, que se limita a copiar la estructura literaria.
Mención aparte tiene el apartado técnico de la película. Si no ha sido suficiente con la de cosas buenas que ya he escrito sobre ella, ahora me quito el sombrero de nuevo ante su apartado artístico.
Para empezar, Michael Giacchino es el compositor de la banda sonora. Para el que no lo conozca, Giacchino es el principal compositor de Pixar (‘Up’, ‘Ratatouille’, ‘Los increíbles’, etc.) y el compositor de todos los trabajos de J. J. Abrahams (‘Perdidos‘, ‘Star Trek‘, etc.). En esta película la música es excelente. Mezcla canciones con composiciones propias. Si sois de los que os quedáis en el cine hasta los créditos, la composición que hace Giacchino para el final es lo mejor que he escuchado en cines desde hace mucho tiempo.
El director de fotografía es el “inexperto” Greig Fraser, cuyo trabajo aquí nada tiene que envidiar al del mismísimo Roger Deakins. Sorprende, y mucho, que a pesar de que se trata de una superproducción americana, la estética del film es muy personal. Otra vez más me toca decir que esta versión americana está muy por encima que la sueca en cuanto a iluminación y fotografía. Una de las mejores películas del año.
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