arrow
España España · San Sebastián
You must be a loged user to know your affinity with Palomitas Rancias
/
Voto de Palomitas Rancias :
10
Voto de Palomitas Rancias :
10
Intriga. Cine negro Areta, un antiguo policía que trabaja como detective, recibe el encargo de encontrar a la hija de un empresario de Ponferrada. Gracias al novio, averigua que la chica estaba embarazada y huyó de casa. A partir de ese momento, empieza a sufrir todo tipo de presiones para que abandone el caso, pero Areta seguirá investigando hasta el final. (FILMAFFINITY)
14 de julio de 2025 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Crack, de José Luis Garci, no es solo una película, es una cápsula del tiempo. Un retrato melancólico, sucio y brillante a partes iguales, de un Madrid aún con olor a franquismo y ceniceros llenos, pero ya con luces de neón, gabardinas de detective y un piano que suena como si viniera de una esquina lluviosa de Nueva York. Es cine negro, sí, pero pasado por el filtro cañí, con bocadillo de calamares, Soberano y olor a Varón Dandy. Y ahí está su magia.

Garci, empapado hasta los huesos de Hammett, Chandler y el Hollywood clásico, se lanza a hacer su propio hardboiled castizo. Y lo consigue. Porque más allá del homenaje evidente, lo que construye aquí es una historia sólida, perfectamente narrada, con personajes inolvidables y una atmósfera que mezcla con naturalidad el costumbrismo español con el fatalismo del noir.

Alfredo Landa, como Germán Areta, se sale. Ya no es el "landismo" cómico de décadas anteriores; aquí se transforma en un tipo cansado, íntegro, desencantado pero aún con principios. Es duro, sí, pero también humano, y esa humanidad se filtra en cada mirada, en cada suspiro, en cada silencio. La suya es una interpretación sobria y contenida, que sostiene toda la película sin necesidad de aspavientos.
Alfredo Landa
El guion, directo pero sensible, se rodea de secundarios que no chirrían: desde el ayudante buscavidas hasta el cliente cabrón y elegante, pasando por el peluquero que lo sabe todo y lo cuenta entre navajazos de conversación. Todos ellos componen un tapiz madrileño tan reconocible como atemporal.

Y si hay algo que hace de El Crack una joya, es su tono. Su tristeza. Su melancolía. Esa sensación de que todo va a salir mal desde el principio, pero aún así seguimos adelante. La fotografía, con ese grano delicioso y esas luces frías, se combina con la música de Antón García Abril (y ese piano de Glück que se clava en el alma), para envolvernos en una atmósfera que recuerda al mejor noir clásico… pero también a la soledad de los bares de barrio, a los amores perdidos y a los principios que cuestan caro.

El Crack es un clásico del cine español no solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Porque demuestra que se puede hacer cine negro en Madrid sin disfrazarlo, con sus acentos, sus bares, su desengaño político y su tristeza cotidiana. Y lo hace con estilo, con cariño, con respeto. Es una película que no pide perdón por ser sentimental ni por tener los pies en la tierra. Porque a veces, entre la niebla de las calles mojadas, lo único que queda es la dignidad. Y eso, en el fondo, también es ser un héroe.
arrow