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Voto de Chris Jiménez:
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6.5
29,950
Intriga. Drama
Mark Sway es un niño de once años que, tras haber sido testigo del suicidio de un abogado de la mafia, ha quedado traumatizado, porque sabe que si revela lo que ha visto su vida se verá gravemente amenazada. Mientras un ambicioso fiscal federal no deja de presionarlo para que diga la verdad, su única aliada es una valiente abogada que arriesgará su carrera e incluso su vida con tal de salvarlo.
16 de enero de 2020
16 de enero de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El reputado abogado John Ray Grisham iría dejando poco a poco la profesión que había estado ejerciendo desde los 29 años para reciclarse en escritor, lo cual, tras un arduo trabajo, logró gracias a la publicación (modesta en su momento) de "A Time to Kill". A ésta seguiría "The Firm" poco después y ello significó su inmediato ascenso a la fama a nivel mundial, convirtiéndose en el best-seller por excelencia de 1.991.
Era de esperar que la ambiciosa industria cinematográfica hollywoodiense reparara en su persona. En efecto, la primera adaptación que llegó a las pantallas fue la de su trabajo más vendido, de la cual se encargó Sydney Pollack.
Cuan sería la fascinación mostrada por los ejecutivos de los estudios que, a poco que se publicara una nueva obra del autor, se preparaba casi de inmediato una versión para la gran pantalla...por supuesto siendo un éxito de taquilla. Con "The Client" Grisham volvería a inquirir en el mundo de las intrigas legales y las injusticias éticas, y tan sólo un año después de ver la luz Robert Getchell y Akiva Goldsman tenían un libreto fiel al texto del escritor que fue a parar a las manos de un Joel Schumacher recién llegado de hacer "Un Día de Furia", quizás el mejor film de su carrera (nominado a la Palma de Oro en Cannes).
Si hay algo característico que posee Grisham es su talento para modelar las atmósferas cargadas de tensión por las que han de moverse y sobrevivir sus personajes, y se diría que Schumacher capta a la perfección la de la historia que nos ocupa desde el mismísimo comienzo en que el arisco y rebelde Mark se cruza en el camino del abogado Jerome Clifford, desesperado y a punto de suicidarse, suceso que el chico y su hermano pequeño presencian para su desgracia. Prólogo cuando menos impactante (hasta se siente el calor en la cabina del coche) que establece el tipo de presión a la que el joven testigo será sometido a raíz de que la policía invada su hogar.
Mark, como niño asustado que es, tropieza en sus propios errores y se delata a cada paso que da. Lo siguiente es de esperar: casi ni el más mínimo rastro de piedad hacia él, su madre y su hermano, y mucho menos teniendo en cuenta a la clase social a la que pertenecen. Falta de comprensión y compasión por parte de la sanguinaria mafia y de aquellos que se declaran defensores de la ley, dos grupos opuestos por naturaleza pero situados en la misma balanza y al mismo nivel por obra y gracia de Grisham, quien además recalca la constante incompetencia de los agentes de policía y el F.B.I..
Un abogado es sin duda el próximo paso lógico del argumento, entrando en escena Regina Love, que entablará una amistad profunda con Mark iniciada desde la desconfianza y la hostilidad. Esto es de vital importancia por cómo se hace hincapié en la repugnante condición de todas y cada una de las figuras masculinas que pivotan alrededor del niño, perfectas representaciones de sadismo (el sargento Hardy), morbo (el periodista), muerte (los gangsters) y beneficio propio, como el codicioso Foltrigg, dispuesto a ignorar toda moral y pisotear cualquier derecho del testigo para obtener información y el consiguiente prestigio.
Figuras que para Mark no dejan de ser una extensión de su alcohólico y maltratador "ex-padre", de ahí que sólo obtenga ayuda y protección realmente de las mujeres; mientras tanto los medios de comunicación, las leyes (torcidas e injustas) y los asesinos van estrechando el cerco. El cineasta no modula casi nunca la atmósfera y decide mantener caliente la tensión y la intriga a lo largo de las dos horas de metraje, poniéndonos todo el rato en la piel del niño y haciendo que sintamos su dolor, desconsuelo, miedo y opresión, sin rebajar nunca el ritmo salvo por ciertas aproximaciones al pasado de los personajes, paréntesis ocasionales en la trama.
Esto da pie a desarrollar el lado más dramático y humano, que sin duda se centra en los dos protagonistas, ambos heridos por la fatalidad y el trauma que terminan hallando en el contrario una parte de sus vidas en principio extinguida; así Mark vuelve a tener una cálida figura materna a su lado (en un momento en que la original se halla desplazada junto a su hermano) del mismo modo que Regina sueña, gracias a Mark, con su hijo ausente (a falta del hueco que dejaron los suyos). Los juegos de suspense y violencia nos llevan a un tramo final quizás algo forzado y precipitado (Schumacher no puede evitar hacer concesiones a lo comercial...).
Susan Sarandon ofrece una actuación viva y sentida con la que sería nominada al Oscar enfrentándose cara a cara con un hierático Tommy Lee Jones cuyo Foltrigg parece una versión algo más terca y elegante del Sam Gerard que interpretara en "El Fugitivo"; por su parte el joven Brad Renfro, también detestable en ocasiones, se desenvuelve con ingenio logrando hacer que nos sintamos identificados con su personaje. Tras ellos, correctos secundarios como Kim Coates, J.T. Walsh, Will Patton y un joven Anthony LaPaglia, éstos últimos igual de aborrecibles.
Variación intensa de "Único Testigo" con aroma al mejor y más clásico cine de intriga de Alan J. Pakula o el mismo Pollack (quienes se habrían desenvuelto mejor tras la cámara tal vez) que, como estaba previsto, sería un rotundo éxito, embolsándose en taquilla más del doble de su presupuesto. "El Cliente" también se encuentra entre las mejores obras de su director, quien poco después volvería a adaptar otra novela de Grisham (la primera, en concreto).
Era de esperar que la ambiciosa industria cinematográfica hollywoodiense reparara en su persona. En efecto, la primera adaptación que llegó a las pantallas fue la de su trabajo más vendido, de la cual se encargó Sydney Pollack.
Cuan sería la fascinación mostrada por los ejecutivos de los estudios que, a poco que se publicara una nueva obra del autor, se preparaba casi de inmediato una versión para la gran pantalla...por supuesto siendo un éxito de taquilla. Con "The Client" Grisham volvería a inquirir en el mundo de las intrigas legales y las injusticias éticas, y tan sólo un año después de ver la luz Robert Getchell y Akiva Goldsman tenían un libreto fiel al texto del escritor que fue a parar a las manos de un Joel Schumacher recién llegado de hacer "Un Día de Furia", quizás el mejor film de su carrera (nominado a la Palma de Oro en Cannes).
Si hay algo característico que posee Grisham es su talento para modelar las atmósferas cargadas de tensión por las que han de moverse y sobrevivir sus personajes, y se diría que Schumacher capta a la perfección la de la historia que nos ocupa desde el mismísimo comienzo en que el arisco y rebelde Mark se cruza en el camino del abogado Jerome Clifford, desesperado y a punto de suicidarse, suceso que el chico y su hermano pequeño presencian para su desgracia. Prólogo cuando menos impactante (hasta se siente el calor en la cabina del coche) que establece el tipo de presión a la que el joven testigo será sometido a raíz de que la policía invada su hogar.
Mark, como niño asustado que es, tropieza en sus propios errores y se delata a cada paso que da. Lo siguiente es de esperar: casi ni el más mínimo rastro de piedad hacia él, su madre y su hermano, y mucho menos teniendo en cuenta a la clase social a la que pertenecen. Falta de comprensión y compasión por parte de la sanguinaria mafia y de aquellos que se declaran defensores de la ley, dos grupos opuestos por naturaleza pero situados en la misma balanza y al mismo nivel por obra y gracia de Grisham, quien además recalca la constante incompetencia de los agentes de policía y el F.B.I..
Un abogado es sin duda el próximo paso lógico del argumento, entrando en escena Regina Love, que entablará una amistad profunda con Mark iniciada desde la desconfianza y la hostilidad. Esto es de vital importancia por cómo se hace hincapié en la repugnante condición de todas y cada una de las figuras masculinas que pivotan alrededor del niño, perfectas representaciones de sadismo (el sargento Hardy), morbo (el periodista), muerte (los gangsters) y beneficio propio, como el codicioso Foltrigg, dispuesto a ignorar toda moral y pisotear cualquier derecho del testigo para obtener información y el consiguiente prestigio.
Figuras que para Mark no dejan de ser una extensión de su alcohólico y maltratador "ex-padre", de ahí que sólo obtenga ayuda y protección realmente de las mujeres; mientras tanto los medios de comunicación, las leyes (torcidas e injustas) y los asesinos van estrechando el cerco. El cineasta no modula casi nunca la atmósfera y decide mantener caliente la tensión y la intriga a lo largo de las dos horas de metraje, poniéndonos todo el rato en la piel del niño y haciendo que sintamos su dolor, desconsuelo, miedo y opresión, sin rebajar nunca el ritmo salvo por ciertas aproximaciones al pasado de los personajes, paréntesis ocasionales en la trama.
Esto da pie a desarrollar el lado más dramático y humano, que sin duda se centra en los dos protagonistas, ambos heridos por la fatalidad y el trauma que terminan hallando en el contrario una parte de sus vidas en principio extinguida; así Mark vuelve a tener una cálida figura materna a su lado (en un momento en que la original se halla desplazada junto a su hermano) del mismo modo que Regina sueña, gracias a Mark, con su hijo ausente (a falta del hueco que dejaron los suyos). Los juegos de suspense y violencia nos llevan a un tramo final quizás algo forzado y precipitado (Schumacher no puede evitar hacer concesiones a lo comercial...).
Susan Sarandon ofrece una actuación viva y sentida con la que sería nominada al Oscar enfrentándose cara a cara con un hierático Tommy Lee Jones cuyo Foltrigg parece una versión algo más terca y elegante del Sam Gerard que interpretara en "El Fugitivo"; por su parte el joven Brad Renfro, también detestable en ocasiones, se desenvuelve con ingenio logrando hacer que nos sintamos identificados con su personaje. Tras ellos, correctos secundarios como Kim Coates, J.T. Walsh, Will Patton y un joven Anthony LaPaglia, éstos últimos igual de aborrecibles.
Variación intensa de "Único Testigo" con aroma al mejor y más clásico cine de intriga de Alan J. Pakula o el mismo Pollack (quienes se habrían desenvuelto mejor tras la cámara tal vez) que, como estaba previsto, sería un rotundo éxito, embolsándose en taquilla más del doble de su presupuesto. "El Cliente" también se encuentra entre las mejores obras de su director, quien poco después volvería a adaptar otra novela de Grisham (la primera, en concreto).
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