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Voto de Chris Jiménez:
7
Voto de Chris Jiménez:
7
5.2
3,317
12 de junio de 2022
12 de junio de 2022
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para llevar a cabo actos delictivos como el secuestro o la extorsión es preciso ir con un buen manual bajo el brazo o pueden producirse disparates como los que vamos a ver aquí...
"Ruthless People" es una de esas comedias de los '80 que se siguen manteniendo tan entrañables y divertidas como el primer día, la primera película del trío de gamberros Jerry y David Zucker y Jim Abrahams en seguir unos esquemas humorísticos "normales", lejos del "gag" absurdo y excesivo. Quizás fue la irregular respuesta y taquilla que encaró su hoy todavía no tan bien considerada "Top Secret" en comparación con la inaugural "Aterriza como Puedas"; se desvían de lo puramente "spoof" y aceptan el guión que les brinda Michael Eisner (quien gracias a esta acción conseguirá que Disney alcance uno de sus mejores resultados en cines), cosecha de Dale Launer, futuro escritor de "Cita a Ciegas" o "Mi Primo Vinny".
Y en contra de la comparación surgida entre su historia y el relato clásico "The Ransom of Red Chief" de William Porter, si bien no pocas similitudes las conectan en su franja temporal de 79 años donde ya había influenciado a otros tantos títulos, "Ruthless People" fue además la responsable de dividir al trío para siempre en el ámbito profesional, donde a lo primero que asistimos es a un considerable despotriqueo de Danny DeVito en la piel de Sam Stone sobre su esposa Barbara; el pequeño gran actor vuelve a un papel al que se amoldaría bien en aquel momento y ya se acostumbraría a interpretar: el de miserable rastrero pero increíblemente cobarde.
La historia, aun así, parece reducida, quizás por acción de los cineastas o porque se concibió de este modo, pues jamás conoceremos a esa Barbara hasta que aparezca de rehén de la pareja de secuestradores más idiota del Estado: el Rosewood de "Superdetective en Hollywood" y nada menos que Super-girl. Tampoco sabemos nada del plan de éstos, aquí todo viene de sorpresa con la intención de dejarnos alucinados, como el diseño artístico tan inclinado a lo excesivamente "kitsch" del que goza el film; no es extraño que la diminuta presencia de Sam sea una bomba de napalm humana a punto de explotar entre los chillones colores que le aprisionan en la mansión de su santa mujer, a quien da vida, gritos y mala uva la insoportable Bette Midler.
Explotando ésta mejor que nunca su faceta cómica en contra de los pazguatos Judge Reinhold y Helen Slater, y siguiendo una línea de humor negro bastante alocado, el grupo Zucker/Abrahams/Zucker maneja con habilidad las vueltas de tuerca del guión de Launer, lo que da ese interés especial a una intriga criminal perfilada como un tratado sobre fallos en casos de secuestro y chantaje y aderezada de personajes que, como en los films de los Coen, avanzan según el grado de estupidez al cual se hallan subyugados, pues cada uno de ellos, en especial las dos parejas principales (Ken y Sandy, y Earl y Carol), prosigue sus acciones en base a una creencia errónea que defienden con total justificación.
En el caso de los primeros sí la poseen ya que son dos pobres desgraciados estafados por Stone tiempo atrás; los segundos, más idiotas, parecen metidos con calzador en todo el embrollo...y de hecho la propia trama hace por olvidarse de ellos (¿acierto o fallo?) y centrarse en los convulsos cambios que experimentarán las relaciones entre los secuestradores y la rehén, primero puesta a precio de saldo por el propio marido, luego reclamada como objeto de valor cuando su fortuna está en juego. No cesa así el guionista en el retrato bufonesco de los indeseables sin suerte, haciendo de lo brutalmente cínico algo grotesco y patético en la tradición de MacKendrick, Lloyd Bacon o Robert Moore.
Esto es, los genios que hacían germinar el humor en los ambientes más retorcidamente ácidos, pero aquí, en manos del trío, no sólo germina, explota en situaciones hilarantes y muy verosímiles si uno se deja guiar por la lógica absurda de los personajes, precipitados a una maraña sin salida llegado ese tercer acto donde no podemos creer que, al tiempo que Sam hace todo lo posible por recuperar a su esposa (la única en encontrar algún beneficio), su amante aún continúa con su inútil chantaje. Y aunque en el tramo final los directores se dejan llevar por el típico exceso de comedia norteamericana de los años '80, no llega al tono paródico-surrealista de sus anteriores obras, siendo más creíble de lo que parece...
Aun pareciendo que asistimos a una nueva versión de "El Mundo está Loco, Loco, Loco". Sin embargo, mientras la intriga principal logra enganchar sin dificultad, el argumento paralelo que envuelve a Earl, Carol y el jefe de policía Benton patina irremediablemente y la mayoría del tiempo se nota forzado porque no goza de una buena atención, como la de ese asesino psicópata que ronda por todas partes y entra en la fiesta sin invitación de nadie (el retrato-robot que van enseñando de su cara se asemeja a Ken, así que cuando aparece en escena la broma deja de tener gracia).
Entre las comedias de la década con pedigrí criminal ésta es recordada de manera entrañable pero no memorable, y pocos fans de los cineastas la tienen en cuenta como sus parodias anteriores...y eso que recibió buenas respuestas de la crítica y la taquilla. No deja de ser una colorida sátira sobre la codicia y la cobardía humanas, divertidísima cuando quiere, apoyada sobre todo en la perfecta química de todos los protagonistas, y muy útil para disfrutar en estos tiempos del reinado de lo políticamente correcto.
A partir de aquí los hermanos Zucker y Abrahams seguirían caminos separados...
"Ruthless People" es una de esas comedias de los '80 que se siguen manteniendo tan entrañables y divertidas como el primer día, la primera película del trío de gamberros Jerry y David Zucker y Jim Abrahams en seguir unos esquemas humorísticos "normales", lejos del "gag" absurdo y excesivo. Quizás fue la irregular respuesta y taquilla que encaró su hoy todavía no tan bien considerada "Top Secret" en comparación con la inaugural "Aterriza como Puedas"; se desvían de lo puramente "spoof" y aceptan el guión que les brinda Michael Eisner (quien gracias a esta acción conseguirá que Disney alcance uno de sus mejores resultados en cines), cosecha de Dale Launer, futuro escritor de "Cita a Ciegas" o "Mi Primo Vinny".
Y en contra de la comparación surgida entre su historia y el relato clásico "The Ransom of Red Chief" de William Porter, si bien no pocas similitudes las conectan en su franja temporal de 79 años donde ya había influenciado a otros tantos títulos, "Ruthless People" fue además la responsable de dividir al trío para siempre en el ámbito profesional, donde a lo primero que asistimos es a un considerable despotriqueo de Danny DeVito en la piel de Sam Stone sobre su esposa Barbara; el pequeño gran actor vuelve a un papel al que se amoldaría bien en aquel momento y ya se acostumbraría a interpretar: el de miserable rastrero pero increíblemente cobarde.
La historia, aun así, parece reducida, quizás por acción de los cineastas o porque se concibió de este modo, pues jamás conoceremos a esa Barbara hasta que aparezca de rehén de la pareja de secuestradores más idiota del Estado: el Rosewood de "Superdetective en Hollywood" y nada menos que Super-girl. Tampoco sabemos nada del plan de éstos, aquí todo viene de sorpresa con la intención de dejarnos alucinados, como el diseño artístico tan inclinado a lo excesivamente "kitsch" del que goza el film; no es extraño que la diminuta presencia de Sam sea una bomba de napalm humana a punto de explotar entre los chillones colores que le aprisionan en la mansión de su santa mujer, a quien da vida, gritos y mala uva la insoportable Bette Midler.
Explotando ésta mejor que nunca su faceta cómica en contra de los pazguatos Judge Reinhold y Helen Slater, y siguiendo una línea de humor negro bastante alocado, el grupo Zucker/Abrahams/Zucker maneja con habilidad las vueltas de tuerca del guión de Launer, lo que da ese interés especial a una intriga criminal perfilada como un tratado sobre fallos en casos de secuestro y chantaje y aderezada de personajes que, como en los films de los Coen, avanzan según el grado de estupidez al cual se hallan subyugados, pues cada uno de ellos, en especial las dos parejas principales (Ken y Sandy, y Earl y Carol), prosigue sus acciones en base a una creencia errónea que defienden con total justificación.
En el caso de los primeros sí la poseen ya que son dos pobres desgraciados estafados por Stone tiempo atrás; los segundos, más idiotas, parecen metidos con calzador en todo el embrollo...y de hecho la propia trama hace por olvidarse de ellos (¿acierto o fallo?) y centrarse en los convulsos cambios que experimentarán las relaciones entre los secuestradores y la rehén, primero puesta a precio de saldo por el propio marido, luego reclamada como objeto de valor cuando su fortuna está en juego. No cesa así el guionista en el retrato bufonesco de los indeseables sin suerte, haciendo de lo brutalmente cínico algo grotesco y patético en la tradición de MacKendrick, Lloyd Bacon o Robert Moore.
Esto es, los genios que hacían germinar el humor en los ambientes más retorcidamente ácidos, pero aquí, en manos del trío, no sólo germina, explota en situaciones hilarantes y muy verosímiles si uno se deja guiar por la lógica absurda de los personajes, precipitados a una maraña sin salida llegado ese tercer acto donde no podemos creer que, al tiempo que Sam hace todo lo posible por recuperar a su esposa (la única en encontrar algún beneficio), su amante aún continúa con su inútil chantaje. Y aunque en el tramo final los directores se dejan llevar por el típico exceso de comedia norteamericana de los años '80, no llega al tono paródico-surrealista de sus anteriores obras, siendo más creíble de lo que parece...
Aun pareciendo que asistimos a una nueva versión de "El Mundo está Loco, Loco, Loco". Sin embargo, mientras la intriga principal logra enganchar sin dificultad, el argumento paralelo que envuelve a Earl, Carol y el jefe de policía Benton patina irremediablemente y la mayoría del tiempo se nota forzado porque no goza de una buena atención, como la de ese asesino psicópata que ronda por todas partes y entra en la fiesta sin invitación de nadie (el retrato-robot que van enseñando de su cara se asemeja a Ken, así que cuando aparece en escena la broma deja de tener gracia).
Entre las comedias de la década con pedigrí criminal ésta es recordada de manera entrañable pero no memorable, y pocos fans de los cineastas la tienen en cuenta como sus parodias anteriores...y eso que recibió buenas respuestas de la crítica y la taquilla. No deja de ser una colorida sátira sobre la codicia y la cobardía humanas, divertidísima cuando quiere, apoyada sobre todo en la perfecta química de todos los protagonistas, y muy útil para disfrutar en estos tiempos del reinado de lo políticamente correcto.
A partir de aquí los hermanos Zucker y Abrahams seguirían caminos separados...
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