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Voto de Chris Jiménez:
5
Voto de Chris Jiménez:
5
Terror. Thriller La joven Christine Brown (Alison Lohman) trabaja en un banco de Los Ángeles concediendo préstamos hipotecarios. Un día la señora Ganush, una misteriosa anciana (Lorna Raver), va al banco para pedirle una moratoria, pero Christine se la niega, y la señora Ganush pierde su casa. La anciana decide entonces vengarse lanzándole una maldición que convierte su vida en un infierno. Ante la incomprensión de su escéptico novio Clay Dalton (Justin ... [+]
10 de junio de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando llegó "Arrástrame al Infierno" a las puertas del verano de 2009 fue una sorpresa para muchos. Y aunque sólo tuviera 16 años también lo fue para mí, porque sabía de dónde había venido Sam Raimi antes de dedicarse a llevar las peripecias del hombre-araña a la pantalla.
Pero no sólo había que contar ese largo lustro que estuvo empleado en Sony.

El director no se acercaba al terror desde hacía unos diecisiete años. Probó con el drama, la intriga sobrenatural más cerca de Shyamalan, incluso el "western"; mucho había llovido desde el cierre de la saga de "Posesión Infernal". El gran proyecto de "Spider-man" detuvo el guión de lo que pudo haber sido su "comeback" al género, escrito junto a su hermano Ivan, si bien, como él dijo: "Nunca se concibió como un guión, sólo se quedó escrito como un cuento corto y después de muchos años mi hermano me propuso convertirlo en un guión y hacerlo con su productora, Ghost House".
Se nota desde el principio que esto fue un descanso que estaba deseando tomarse de los grandes rodajes, los grandes equipos y las presiones en general, y volver así a sus humildes orígenes (irónicamente el presupuesto de "Arrástrame..." no tenía nada que ver con el de un film de "serie B"); desde ese inicio donde Raimi decide ir a saco, sin sutilezas que valgan. Un niño mexicano maldito, demonios, llamas del Infierno saliendo del suelo; no sé por qué todo esto me pareció más propio de Robert Rodríguez, mucho ruido y mucho caos. El problema, y esto se va a repetir hasta el final, es la manía que tiene de alargar y alargar las escenas hasta volverlas aburridas...

A Raimi le gusta regodearse en el mal gusto y lo sangriento, y lo enfoca en primer plano. Ya lo sabemos. Ya lo sabía, y aun así el delirio asquerosamente estrambótico de sus locuras de los '80 me resultaba más agradable que el que perpetúa aquí. Tal vez porque Alison Lohman, quien declaró odiar el cine de terror, no da la talla, o porque su personaje Christine se hace cansino y antipático a las primeras de cambio y te da igual lo que le pase; de hecho a partir de cierta escena (esa es otra, la crueldad animal, que detesto incluso en la ficción...) uno sólo desea que vengan los demonios y se la lleven cuanto antes.
Habrá que esperar mucho para eso. La veterana actriz teatral Lorna Raver es la que da lustre a la película con su actuación desquiciada y caracterización repulsiva; su bruja gitana húngara, anciana pero implacable, merece figurar entre los mejores villanos del terror contemporáneo. El sosainas de Justin Long (este tipo sólo tiene una forma de actuar) está para estorbar un poco y nada más. El guión, entonces, es un poco el ABC de las películas de maldiciones y posesiones: la protagonista hará amistad con un médium/espiritista y juntos intentarán encontrar la solución mientras la primera es acosada por fantasmas/demonios y tendrá horrorosas alucinaciones.

Seguro que no intuimos que la mexicana del principio va a entrometerse en este embrollo, pero incluso sirviéndonos un enfermizo espectáculo fantasmagórico como primer clímax, a Raimi se le va mucho la cabeza y quiere meter más humor absurdo que terror auténtico, así que todo pasa a ser directamente una parodia, y no tiene ninguna gracia. Lo peor es que esto no acaba aquí, también se reserva unas cuantas sorpresas; falta hacía porque sólo llevaba una hora y cuarto de metraje y creí que eran dos horas y cuarto...es que aquí el tiempo transcurre muy despacio.
Pero es porque el director nunca tiene suficiente. Cuando una escena no puede ser más escatológica (la mosca paseándose por la cara de Christine) ni más violenta (el asalto dentro del coche) ni más ilógica (la explosión de sangre en el banco, que no tiene ni pies ni cabeza...) él se empeña en llevarlo un poco más allá. El mayor acierto de la película es que, de vez en cuando, detenga el frenesí demoníaco y se dedique a construir un poco a sus personajes, por eso toda la secuencia de la cena de Christine con los padres de su novio es lo mejor sin duda; ahí Raimi mete asquerosidades, sí, pero lo hace a través del humor negro y es ingenioso.

El festival sale regular. Demasiado excesivo, repelente, repetitivo y tonto, incluso si es de manera autoconsciente; pero adoro el hecho de que Christine, por mucho que luche, parece que no vaya a salirse con la suya. Eso sí que es mandar al Infierno un tópico del cine de terror moderno.
Lo que realmente me sorprende es que, tras su estreno, crítica y público estuvieron de acuerdo con la película: a todo el mundo pareció gustarle.
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