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Voto de Sip:
8
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8
7.8
6,780
Romance. Drama
Irlanda, 1916. Cuando Charles (Mitchum), un maestro rural viudo, vuelve de Dublín a su aldea natal, Rosy (Sarah Miles), una muchacha muy impulsiva, se encapricha con él y no parará hasta llevarlo al altar. Pero el matrimonio fracasa: Charles es un hombre maduro y sosegado mientras que su esposa es una joven muy apasionada y romántica que acaba enamorándose de un oficial inglés con el que se ve en secreto. (FILMAFFINITY)
12 de mayo de 2007
12 de mayo de 2007
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Charles Shaughness (Robert Mitchum) podría haber sido, perfectamente, el autor de la frase que decía Don Pío Coronado (Rafael Alonso) en "El Abuelo": "Ay señor Conde, que malo es ser bueno. Soy tan bueno que me odio". Sin embargo, Mitchum no solo rebosa bondad en el film, sino que representa el amor más grande de todos, ese que te ciega.
La Hija de Ryan resulta un ensayo sobre el amor y las desavenencias que surgen en el transcurso del matrimonio. EL arrobo y la abnegación con la que se dedica él a ella, tiene su contraposición en el personaje de Sarah Miles, que se mueve a base de caprichos y apetencias. Y es una de esas apetencias la que provocará su paso a la madurez, cuando se da cuenta de que, ante un comportamiento reprobable, debe aceptar las consecuencias.
Pero lo mejor de la película es el pueblo en el que se desarrolla, que se convierte en un espejo de todos los pueblos del mundo, donde los rumores y los cotilleos están a la orden del día. Pero da un paso más allá, presentando la intolerancia y el caciquismo como unos elementos más en el desarrollo del film.
La Hija de Ryan resulta un ensayo sobre el amor y las desavenencias que surgen en el transcurso del matrimonio. EL arrobo y la abnegación con la que se dedica él a ella, tiene su contraposición en el personaje de Sarah Miles, que se mueve a base de caprichos y apetencias. Y es una de esas apetencias la que provocará su paso a la madurez, cuando se da cuenta de que, ante un comportamiento reprobable, debe aceptar las consecuencias.
Pero lo mejor de la película es el pueblo en el que se desarrolla, que se convierte en un espejo de todos los pueblos del mundo, donde los rumores y los cotilleos están a la orden del día. Pero da un paso más allá, presentando la intolerancia y el caciquismo como unos elementos más en el desarrollo del film.

Sarah Miles & Robert Mitchum
Toda la película rezuma un aire clásico y crepuscular (no debemos olvidar que es la penúltima obra del gran David Lean), dotada de una fuerza, fastuosidad y plasticidad apabullantes. No es la obra maestra de su director (Lawrence de Arabia y Breve Encuentro, cada uno en un extremo, son sus mejores trabajos), pero no supone un bajón en el nivel de su carrera artística. El único fallo radica en su eterna duración, pues tiene varias escenas totalmente prescindibles.
Mención especial merecen las interpretaciones. Mitchum demuestra su gran talento, capaz de recrear a una persona honesta y bondadosa después de haber dado vida a personajes como el reverendo Harry Powell (inquietante en La noche del cazador) o el expresidiario Max Cady (temible en el Cabo del terror). Asimismo, Sarah Miles tiene un papel dificilísimo, pues le toca mostrar el paso de la edad y la responsabilidad. Compone un rol que lo hace propio, dandole los matices adecuados. John Mills, sin decir una sola palabra, es capaz de hacernos sentir repulsión, pena, ternura..., y esto solo lo pueden hacer los grandes.
Mención especial merecen las interpretaciones. Mitchum demuestra su gran talento, capaz de recrear a una persona honesta y bondadosa después de haber dado vida a personajes como el reverendo Harry Powell (inquietante en La noche del cazador) o el expresidiario Max Cady (temible en el Cabo del terror). Asimismo, Sarah Miles tiene un papel dificilísimo, pues le toca mostrar el paso de la edad y la responsabilidad. Compone un rol que lo hace propio, dandole los matices adecuados. John Mills, sin decir una sola palabra, es capaz de hacernos sentir repulsión, pena, ternura..., y esto solo lo pueden hacer los grandes.
Pero el mejor de todos es el gran Trevor Howard, que da vida al cura del pueblo; alguien que marca las directrices morales del pueblo, la verdadera autoridad.
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MediometrajeDocumental
20253.6
33
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