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Voto de Paco Silva:
7
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7
Terror. Ciencia ficción El doctor Henry Von Frankenstein acomete un experimento tenebroso: construir, a partir de fragmentos de cadáveres, un nuevo ser humano. Con la ayuda de su criado Fritz, se adentra durante la noche en los cementerios de la localidad para arrancar a los cadáveres las partes que necesita. Lo que ignora es que el cerebro que ha utilizado en su experimento había pertenecido a un criminal. (FILMAFFINITY)
7 de octubre de 2022 Sé el primero en valorar esta crítica
La llegada del cine sonoro todavía se estaba asimilando en Hollywood cuando James Whale recibió el encargo de dirigir una adaptación cinematográfica de ‘Frankenstein’ tras el éxito del ‘Drácula’ protagonizado por Bela Lugosi. En principio, era el propio Lugosi el que iba a interpretar al famoso monstruo creado por Mary Shelley, pero al final se descartó, no se sabe por qué a ciencia cierta. Unos historiadores dicen que Lugosi no quería interpretar a un monstruo, otros que Whale no lo consideraba apto para el papel. En cualquier caso, la elección tanto de Boris Karloff como de su maquillaje, supondrían un hito en la historia del cine y un punto de partida clave para trazar el camino del cine de terror de masas durante décadas.

Quiero centrarme en dos aspectos que me llamaron la atención especialmente en mi revisionado, que ha llegado más de una década después de mi primera experiencia con el film. El primero es la forma magistral en la que Whale crea el misterio alrededor del monstruo y asienta la idea de que esta será una proyección aterradora e incluso traumática. Lo hace a través de un presentador, que advierte de que estamos ante una de las historias más terroríficas y extrañas jamás contadas. La historia detrás de esta advertencia no viene de una decisión estilística, sino práctica. Había una preocupación real de que espectadores con problemas cardíacos o niños sufrieran durante la proyección. Pero esta introducción se sigue manteniendo en cualquier copia de la película porque también tiene un gran valor artístico. En cierta manera, está predisponiendo al espectador a una experiencia horripilante, haciendo que se pregunte a que extremos va a llegar la película.
Este tipo de dispositivos se ha usado más veces en la historia del medio. Las primeras referencias que me vienen a la mente son ‘El botones’ de Jerry Lewis, donde al principio un productor ajusta las expectativas del público comentando que esta no es una película narrativa, sino una colección de gags. En cuanto advertencias, tengo fresco el visionado de ‘Solo contra todos’ de Gaspar Noé, en la que se interrumpe la narración para hace una cuenta atrás de 30 segundos con la intención de dar tiempo al espectador a salir de la sala antes del comienzo del tercer acto. Ninguna de estas advertencias funciona al mismo nivel que la ‘Frankenstein’, cuya intención es ser elegante y a la vez un tanto siniestra, asentando el tono de lo que vendrá a continuación. Que la escena de créditos iniciales ofrezca un signo de interrogación en el lugar que corresponde al intérprete del monstruo solo ayuda a aumentar esa sensación de inquietud e incertidumbre.

El monstruo no aparece en todo su esplendor hasta la media hora de película, casi la mitad del metraje, y esta presentación del personaje es lo que me hizo reflexionar sobre el uso del sonido que hacía Whale. En escenas clave como esta no existe música que acompañe a la imagen. Diciéndolo de otra manera, no hay subrayado. El momento en el que se producen los tres cortes/zooms a la cara del monstruo es totalmente mudo. He visto los documentales que acompañaban a la edición en blu-ray y en ninguno se mencionaba el motivo de este uso particular del sonido, pero sospecho que uno importante tuvo que ser que pensaban que los espectadores iban a reaccionar de forma tan visceral en forma de gritos que ahogaría la banda sonora. Técnicas similares en contextos distintos han sido utilizadas por directores como Billy Wilder, que en una escena concreta de ‘Con faldas y a lo loco’ utiliza las maracas que agita uno de los personajes para rellenar el espacio entre los diálogos chispeantes y dar tiempo al espectador a soltar sus carcajadas, manteniendo la comedia de la escena.
En ‘Frankenstein’, esto sirve para dar solemnidad al momento y sí, puede que tenga una intención práctica, como la introducción, pero funciona a otro nivel. El silencio no condena al monstruo por simplemente existir, algo que sí ocurriría si en ese momento en el que su cara ocupa la pantalla hubiera un crescendo musical terrorífico. Uno de los temas principales de ‘Frankenstein’, tanto la novela original como esta película, es la transformación del monstruo en un personaje con el que empatizamos a un nivel humano. Mary Shelley lo hace convirtiendo al monstruo en un ser atormentado por la decisión de su creador de darle vida. James Whale lo hace dándole al monstruo una inocencia primaria y no maliciosa a pesar de ser maltratado después de su creación.

Investigando a la hora de escribir este texto, he descubierto que la versión doblada al castellano sí utiliza música en momentos como el de la primera aparición de Karloff. No sé si esta decisión la tomaría la propia Universal y está presente en las bandas sonoras de todos los doblajes, pero, por los motivos explicados arriba, considero que roza lo inmoral. Además, arruina gran parte de la atmósfera de un film que se regodea en su ambientación gótica, o sonidos sutiles como la madera que cruje con los pasos de los personajes. Más de 90 años después de su estreno, todavía podemos aprender y fascinarnos con la visión de James Whale, y por eso volvemos a películas como ‘Frankenstein’.
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