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España España · Barañain
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Voto de Mikel:
3
Voto de Mikel:
3
Drama El planeta ha sido arrasado por un misterioso cataclismo y, en medio de la desolación, un padre y su hijo se dirigen hacia la costa en busca de un lugar seguro donde asentarse. Durante el viaje se cruzarán con otros supervivientes: unos se han vuelto locos, otros se han convertido en caníbales. Adaptación de una novela de Cormac McCarthy, autor de "No es país para viejos". (FILMAFFINITY)
5 de marzo de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al poco de empezar la película, empecé a revolverme en la butaca. Aquello no andaba. Salvo la fotografía. Esta peli tiene una alarmante carencia de ritmo. Quiero decir: de su propio ritmo, del que se supone que debiera tener. Evidentemente, no es una película de trepidante acción. Pero esta carencia no tiene nada que ver con el ritmo que toda obra, como ELEMENTO ESENCIAL, debe poseer. En música, ritmo son el adagio y el andante, tanto como el scherzo o el rondo.

¿Alguien entiende la historia de la mujer? Debe de ser que me despisté, porque no le encuentro encaje, salvo para acrecentar el sufrimiento de padre e hijo abandonados y darle más sentido a la película, a base de flash back ilustradores. Tal como está resuelto en la película, el asunto es poco creíble, suena a ripio. Sin embargo, se supone que es un hecho de la novela.

También los diálogos padre-hijo quizás en la novela se aprecien de otro modo. En la película -tal vez por el horroroso doblaje del chaval- suenan a filantropía impostada, un tanto cursi. No me ha abandonado en ningún momento la sensación de estar ante algo con los pies en el aire, burlado y engañado. Es frecuente, por otro lado, en estos tiempos: pretender que los medios técnicos -en este caso, la fotografía- hagan todo el trabajo. Pero la VERDAD es algo más profundo: se respira, se detecta más allá de la vista, de la mirada. Si no se encuentra, uno se decepciona. Y se aburre.
No he leído la novela; pero tengo la sensación de que aquí se ha cometido el tópico habitual: un malhadado día una buena novela cae en manos de un señor que maneja una cámara y se la carga. Pero muchos la alaban porque está rodada en blanco y negro, el intérprete es un actor más o menos alternativo, no contaminado por la baba del glamour hollywoodiense, y suena profunda. Quiere ser trascendente, pero sólo es pretenciosa. Falta profundidad narrativa. En el conocido cuento zen, el maestro le habría cortado la mano.
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