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España España · Alicante
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Voto de paco v:
9
Voto de paco v:
9
Drama Ned Merrill vive en una zona residencial de clase alta en las afueras de Connecticut. Una día, Ned se da cuenta de que todo el valle donde vive está lleno de piscinas privadas. Ante el asombro de sus amigos, Ned decide recorrer el valle de piscina en piscina hasta llegar a su casa. Por el camino, se encuentra a varias de las mujeres que formaron parte de su vida: una apasionada adolescente a punto de dejar de serlo, una ex amante ... [+]
31 de marzo de 2019 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me he quedado impresionado ante esta auténtica obra de arte que es El Nadador. Y también ante Ned, su protagonista, ese entrañable Tarzán de las praderas y de las albercas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Ya entrado en los 50, la única posesión de Ned, el Nadador, es el escueto bañador que lleva puesto. Nada más. El resto está en su mente, y en su magnífico porte. 

De esta guisa deambula, de retorno al hogar, por los verdes parajes de su antiguo vecindario. Y, mientras visita el chalet de un viejo amigo y se refresca en sus instalaciones, se le ha ocurrido la extravagante idea de "nadar" hasta su casa a través de las piscinas de la zona, la mayoría de las cuales se encuentran en fincas de ricos conocidos suyos. Una especie de Oca en Oca y tiro porque me toca que a Ned se le antoja lleno de sentido y continuidad.

Su tenacidad no tiene límites. Y su atractivo y su encanto le abren puertas. Descalzo y descubierto, llega a esas lujosas propiedades y, tras saludar efusivamente a sus ilustres ocupantes, se zambulle en sus estupendas piscinas, recogiendo en sí lo que éstas son o representan. Se baña "de" ellas. Y dorado, continúa, atravesando oníricos campos (fabulosos momentos en su hábitat natural) hasta llegar a la siguiente mansión, a la siguiente piscina, al siguiente baño. Y allí renueva su simbólica apropiación. Pequeñas acciones malsanas en realidad, no exentas, eso sí, de una ingenuidad conmovedora. Sobre todo cuando vemos cómo, poco a poco, las aguas en las que se sumerge empiezan a degradarse y dejan de proporcionarle la pátina protectora brillante que él necesita.
Frank Perry & Sydney Pollack
En verdad, lo que Ned siempre deseó fue la libertad. Estaba especialmente dotado para ella. Pero acabó exclavizado. Y esto debido a esa obsesión suya por las gestas más singulares y por utilizar lo ajeno para llevarlas a cabo. De todas formas, Ned nunca verá ni reconocerá esa esclavitud, porque él es demasiado grande para eso. No en vano, a Ned lo encarna el portentoso, el fantástico, el inigualable... ¡Burt Lancaster!

Y ésto último, ésto sí es real.
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