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Voto de Wolf:
10
Voto de Wolf:
10
8.3
60,664
Drama
Principios del siglo XX. David Aaronson, un pobre chaval judío, conoce en los suburbios de Manhattan a Max, otro joven de origen hebreo dispuesto a llegar lejos por cualquier método. Entre ellos nace una gran amistad y, con otros colegas, forman una banda que prospera rápidamente, llegando a convertirse, en los tiempos de la Ley Seca (1920-1933), en unos importantes mafiosos. (FILMAFFINITY)
22 de mayo de 2025
22 de mayo de 2025
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas que no solo se ven: se viven, se respiran y se quedan pegadas a uno. Érase una vez en América es, para mí, una de esas experiencias cinematográficas totales. Su poder no radica únicamente en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta. Avanza como una marea lenta y envolvente; cuando te das cuenta, ya estás dentro y no puedes salir.
Sergio Leone, tras reinventar el wéstern, da aquí un salto hacia algo mucho más personal y crepuscular. No es la típica historia de gánsteres: es una elegía sobre el paso del tiempo, la traición, la amistad, los deseos que se corrompen y los recuerdos que deforman la verdad. El guion trata la memoria como un espejo roto: vemos fragmentos, reflejos emocionales más que hechos objetivos. Esa mirada la hace inmensamente poderosa.
El reparto es colosal. Robert De Niro nunca estuvo tan contenido ni tan vulnerable; su mirada encierra dolor, nostalgia y culpa. James Woods resulta magnético e impredecible, como si siempre supiera algo que los demás ignoran. Tuesday Weld deslumbra con una mezcla de calidez y amenaza, y la jovencísima Jennifer Connelly aporta una ternura casi fantasmal. Incluso los secundarios poseen una hondura rara de encontrar hoy.
Sergio Leone, tras reinventar el wéstern, da aquí un salto hacia algo mucho más personal y crepuscular. No es la típica historia de gánsteres: es una elegía sobre el paso del tiempo, la traición, la amistad, los deseos que se corrompen y los recuerdos que deforman la verdad. El guion trata la memoria como un espejo roto: vemos fragmentos, reflejos emocionales más que hechos objetivos. Esa mirada la hace inmensamente poderosa.
El reparto es colosal. Robert De Niro nunca estuvo tan contenido ni tan vulnerable; su mirada encierra dolor, nostalgia y culpa. James Woods resulta magnético e impredecible, como si siempre supiera algo que los demás ignoran. Tuesday Weld deslumbra con una mezcla de calidez y amenaza, y la jovencísima Jennifer Connelly aporta una ternura casi fantasmal. Incluso los secundarios poseen una hondura rara de encontrar hoy.

Robert De Niro & James Woods
La música de Ennio Morricone no acompaña: es el alma de la película. Cada nota parece escrita con lágrimas. Su tema principal condensa lo que Leone captura con la cámara: emoción pura que no necesita palabras. La fotografía, los travellings y la forma en que la cámara se desliza por los espacios transmiten una reverencia por el tiempo y el silencio pocas veces vista con tanta belleza.
No es una película perfecta –y ahí reside parte de su humanidad–. Su ritmo pausado puede desconcertar a quien busque algo lineal, pero quien se deje llevar recibirá algo que muy pocas obras logran: la sensación de haber vivido una vida entera al terminar la proyección.
Por todo ello, considero Érase una vez en América una de las mejores películas de la historia del cine. No solo por sus logros técnicos, su reparto o su música –excelentes–, sino por lo que despierta. Porque cuando acaba, uno se queda en silencio, y en ese silencio el cine se vuelve eterno.
No es una película perfecta –y ahí reside parte de su humanidad–. Su ritmo pausado puede desconcertar a quien busque algo lineal, pero quien se deje llevar recibirá algo que muy pocas obras logran: la sensación de haber vivido una vida entera al terminar la proyección.
Por todo ello, considero Érase una vez en América una de las mejores películas de la historia del cine. No solo por sus logros técnicos, su reparto o su música –excelentes–, sino por lo que despierta. Porque cuando acaba, uno se queda en silencio, y en ese silencio el cine se vuelve eterno.
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