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Voto de Al_Salir_Del_Cine:
8
Voto de Al_Salir_Del_Cine:
8
Drama A sus 17 años, Lucas ve cómo su adolescencia se hace añicos en un abrir y cerrar de ojos. Siente que su vida es una bestia salvaje que debe domar. Entre un hermano afincado en París y una madre con la que ahora vive solo, Lucas se verá obligado a luchar para reconquistar la esperanza y el amor.
30 de agosto de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
Le Lycéen confirma la habilidad de Christophe Honoré para retratar la adolescencia desde una intimidad brutal y al mismo tiempo profundamente social. A través de Lucas, un joven que se enfrenta a una pérdida inesperada, la película explora cómo el duelo se mezcla con la identidad, el despertar sexual y la búsqueda de un sentido vital. El tono confesional y frágil se convierte en un espejo de la vulnerabilidad de la juventud. Pero bajo la superficie late también una crítica a una sociedad donde la educación y el estatus marcan de manera invisible el destino de las familias. El título, lejos de ser casual, se carga de un simbolismo que acompaña al protagonista en su tránsito entre la herida y la reconstrucción.

(explico por qué en los Spoilers)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En Le Lycéen, Christophe Honoré va más allá del relato del duelo adolescente. El corazón de la película está en la herencia del suicidio paterno. Lucas, con apenas 17 años, es el único que entiende que la muerte de su padre no fue un accidente. Lo descubre en una conversación clave, en el coche, donde se hace evidente que su padre llevaba años atrapado en una vida vacía, condenada por no haber accedido al liceo. En Francia, esa frontera educativa es un filtro de clase: quien no la supera queda relegado a trabajos sin prestigio, a un horizonte limitado. El padre, consciente de su fracaso, proyecta en su hijo la esperanza de una vida mejor.

Esa revelación convierte a Lucas no solo en un huérfano, sino en depositario de una verdad insoportable: su padre murió porque nunca pudo ser “lycéen”. El título de la película es así una ironía cruel y, al mismo tiempo, un símbolo de redención. El hijo encarna lo que el padre jamás pudo alcanzar. Honoré filma con una desnudez emocional que combina lo íntimo con lo social, recordando que el duelo no es solo personal, sino también herencia de un sistema que aplasta.
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