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España España · Bizkaia
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Voto de X Witch:
2
Voto de X Witch:
2
Thriller Una joven (Sydney Sweeney), con un pasado complicado comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde... Adaptación de la novela de Freida McFadden.
2 de enero de 2026
120 de 175 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paul Feig tiene una filmografía irregular: puede firmar películas que funcionan muy bien (La boda de mi mejor amiga, Cazafantasmas) y otras que directamente naufragan. La asistenta pertenece sin duda a este segundo grupo. No he leído la novela en la que se basa —y confieso que el marketing masivo y omnipresente del libro me genera un rechazo inmediato—, pero si la película es un reflejo de ese material, estamos ante un producto claramente de consumo rápido, más cercano al fast food que a una intriga bien construida.

Sobre el papel, el argumento promete: un domestic noir con tensiones psicológicas, secretos y relaciones de poder dentro de una casa aparentemente perfecta. El problema es que todo está llevado al extremo de lo ridículo. Lo que ocurre, cómo ocurre y cómo se interpreta resulta exagerado hasta la caricatura. De hecho, como comedia involuntaria funciona sorprendentemente bien: en la sala donde la vi hubo risas en varias escenas que, en teoría, deberían generar tensión o inquietud. Personalmente, lo que sentí fue vergüenza ajena.
Brandon Sklenar
Las interpretaciones son uno de los grandes problemas. Amanda Seyfried, Michele Morrone, Elizabeth Perkins y el grupo de "amigas/madres" están construidos a base de clichés llevados al exceso: la loca, el misterioso, la mala, las arpías. No hay matices, solo arquetipos sobreactuados. Brandon Sklenar no transmite absolutamente nada: parece un modelo cuya única herramienta expresiva es una sonrisa supuestamente encantadora. Y Sidney Sweeney, una actriz que a mí ya me suele dejar bastante fría, aquí no consigue despertarme ningún tipo de emoción o empatía.

A esto se suman escenas de sexo y desnudos completamente gratuitos, colocados para resultar sexys y aportar un supuesto tono provocador. El problema es que están subrayados con una música tan artificialmente sugerente que el resultado vuelve a ser, otra vez, ridículo y totalmente desconectado del resto del tono de la película.

Narrativamente, la película tampoco sorprende. El giro central se ve venir de lejos y el flashback sobre la juventud de Nina es una copia bastante descarada del recurso utilizado en Perdida de Gillian Flynn, sin aportar nada nuevo ni interesante. Todo resulta derivativo, previsible y pobremente ejecutado.
Pero lo peor de La asistenta no es que sea mala como thriller, sino los mensajes que transmite. Es una película poblada exclusivamente por personajes desequilibrados, sin una mínima reflexión ética o emocional que sostenga lo que se cuenta. El resultado es una historia profundamente desagradable en lo que sugiere y en cómo lo sugiere.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
A mitad de película se revela que el marido es un maltratador psicópata, en un giro que pretende ser impactante pero que resulta obvio desde mucho antes. Su madre aparece también como una figura perturbadora, y el guion insiste de forma bastante sibilina en establecer un paralelismo entre ella y su hijo, sugiriendo que la violencia masculina es, de algún modo, responsabilidad de una mujer. Un mensaje tan rancio como preocupante.

Por su parte, Nina se revela como otro personaje moralmente indefendible: su “solución” para escapar de la violencia es colocar a otra mujer en su lugar, sustituyéndose por la asistenta. Una muestra de sororidad absolutamente inexistente. Aunque más adelante se arrepiente e intenta intervenir, ya es tarde para que me crea la solidaridad entre mujeres.

La asistenta, lejos de ser una víctima que busca justicia, también es presentada como una psicópata: cuando dispone de pruebas suficientes para denunciar al maltratador, decide no hacerlo y optar por torturarlo. Finalmente, lejos de huir de ese entorno, elige seguir trabajando como asistenta para familias claramente desequilibradas, como si ese fuera su lugar natural. El conjunto de decisiones narrativas deja un poso muy desagradable y unos mensajes francamente horribles.
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