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Drama
José Manuel Gómez Perales, alias “El Jaro”, vive en Madrid con su banda y sus “novias”. Un día conoce a una prostituta de origen mexicano que se enamora de él y le ofrece su casa para apartarlo del mundo de la delincuencia. Jaro acepta el refugio, pero sigue dando golpes con su banda. Un día conoce a una adolescente drogadicta y se enamora de ella. (FILMAFFINITY)
25 de noviembre de 2021
25 de noviembre de 2021
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siendo veinteañero me vi todas las pelis de cine kinki con placer culpable. Era más joven y al no haberlas visto, el elemento sorpresa hizo que me entretuviera, sin mayores pretensiones. No quería volver a verlas porque intuía que la ficción no se iba a sostener más y así ha sido. El otro día me vi colegas y no pasó de un entretenimiento nostálgico de sobremesa. Pero muy demodé y kistch. Y explico lo de la nostalgia.
Yo me vi todas estas películas (junto con algunas de las de Almodóvar de la época, que obviamente envejecen mucho mejor) porque me traían a mi primera infancia en el barrio de la Concepción, al lado de la m30. Barrio que, por cierto, también sale en Qué he hecho yo para merecer esto. Recuerdo los paseos con mis padres, cómo era todo en los ochenta, cuando yo acababa de salir del horno. Es decir, un gran atractivo de todas estas pelis era ver cómo era mi Madrid cuando yo lo conocí. Entonces el cine era lo que era, y aunque reivindico a Eloy de la Iglesia y su gran aportación a un cine más desprejuiciado y fresco, el tiempo hace mella y se le ven las costuras a unas películas un poco filmadas con medios escasos y conocimiento limitado.
Yo me vi todas estas películas (junto con algunas de las de Almodóvar de la época, que obviamente envejecen mucho mejor) porque me traían a mi primera infancia en el barrio de la Concepción, al lado de la m30. Barrio que, por cierto, también sale en Qué he hecho yo para merecer esto. Recuerdo los paseos con mis padres, cómo era todo en los ochenta, cuando yo acababa de salir del horno. Es decir, un gran atractivo de todas estas pelis era ver cómo era mi Madrid cuando yo lo conocí. Entonces el cine era lo que era, y aunque reivindico a Eloy de la Iglesia y su gran aportación a un cine más desprejuiciado y fresco, el tiempo hace mella y se le ven las costuras a unas películas un poco filmadas con medios escasos y conocimiento limitado.

Me da ternura verlas pero todo esto está desfasado, las expresiones callejeras suenan cómicas, los guiones son muy de andar por casa y la realización es la que es. Pasa como con las pelis de Pajares y Esteso. En la época serían una bocanada de aire fresco y un tipo de comedieta ligera muy renovador, pero hoy apestan. A viejo y a sobado. Pero es lo que hay, como dijo el poeta, al lugar donde fuiste feliz, no debes regresar jamás.
Pues eso. Que no regreséis, nunca será igual.
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