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Terror. Thriller. Acción
Un agente del FBI (Samuel L. Jackson) tiene que escoltar a un importante testigo desde Hawaii a Los Ángeles. Para evitar que testifique, un asesino libera cientos de serpientes venenosas en el avión comercial en pleno vuelo. El agente del FBI, un piloto novato y una tripulación aterrorizada intentarán sobrevivir como sea a la mortal invasión. (FILMAFFINITY)
19 de enero de 2012
19 de enero de 2012
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por si todavía no lo has visto, te lo aclaro: esta peli, por increíble que parezca, va de un montón de serpientes venenosas y con muy mala leche a las que un tipo un tanto cabrón mete en un avión de pasajeros: justo, mira por dónde, lo que su titulo sugiere.
Lo digo porque, viendo la nota media de la película y leyendo las críticas que ha dejado el personal, entre las que predomina la tendencia a despellejarla sin piedad, tiendo a pensar que algunos no consiguieron desentrañar las sutilezas del título y creyeron que iban a ver una adaptación de las memorias de Thomas de Quincey, del diario erótico-sentimental de Anaïs Nin o, quizás, una crónica de los últimos días de la Francia ocupada.
Pero no; esto, señores míos, no es más (ni menos) que una gamberrada de inequívoco espíritu “serie B” y sin más pretensión que la de hacer pasar un buen rato a base de gore de baratillo, situaciones absurdas, chistes malos y efectos especiales casposos: todo un homenaje al cine de género que no pretende ser tomada ni por un instante en serio. Y claro, partiendo de ahí, y reconociendo que es “muuu mala”, tampoco es cuestión de dramatizar ni de soltar obviedades al estilo de “La película es asquerosa, estúpida y absurda”.
Lo digo porque, viendo la nota media de la película y leyendo las críticas que ha dejado el personal, entre las que predomina la tendencia a despellejarla sin piedad, tiendo a pensar que algunos no consiguieron desentrañar las sutilezas del título y creyeron que iban a ver una adaptación de las memorias de Thomas de Quincey, del diario erótico-sentimental de Anaïs Nin o, quizás, una crónica de los últimos días de la Francia ocupada.
Pero no; esto, señores míos, no es más (ni menos) que una gamberrada de inequívoco espíritu “serie B” y sin más pretensión que la de hacer pasar un buen rato a base de gore de baratillo, situaciones absurdas, chistes malos y efectos especiales casposos: todo un homenaje al cine de género que no pretende ser tomada ni por un instante en serio. Y claro, partiendo de ahí, y reconociendo que es “muuu mala”, tampoco es cuestión de dramatizar ni de soltar obviedades al estilo de “La película es asquerosa, estúpida y absurda”.

Samuel L. Jackson
Pues claro, coño, de eso se trata. ¿Ahora os enteráis, chavalines?
Y es que la película –que, desde luego, no es para todos los paladares- cumple perfectamente con su objetivo de garantizar una hora y tres cuartos de entretenimiento canalla y descerebrado, y está, objetivamente hablando, rodada con un mínimo de solvencia. Así que, ¿A qué leches tanto aspaviento?
Por otra parte, y me permito ser algo cabrón, ya va siendo hora de que algunos empiecen a distinguir lo que es incompetencia o falta de ideas de la sátira y la autoparodia consciente. Las situaciones y personajes son de vergüenza ajena, sí… Porque el director y los guionistas QUIEREN que así lo sean. Repito: esto es “Serpientes en el avión” no “Chinatown”.
Una sátira, por cierto, bastante más sutil e inteligente de lo que parece a primera vista. Y es que a nadie con dos dedos de frente se les escapará la evidente ridiculización de las grotescas medidas de seguridad impuestas en los aviones tras el 11-S.
Y es que la película –que, desde luego, no es para todos los paladares- cumple perfectamente con su objetivo de garantizar una hora y tres cuartos de entretenimiento canalla y descerebrado, y está, objetivamente hablando, rodada con un mínimo de solvencia. Así que, ¿A qué leches tanto aspaviento?
Por otra parte, y me permito ser algo cabrón, ya va siendo hora de que algunos empiecen a distinguir lo que es incompetencia o falta de ideas de la sátira y la autoparodia consciente. Las situaciones y personajes son de vergüenza ajena, sí… Porque el director y los guionistas QUIEREN que así lo sean. Repito: esto es “Serpientes en el avión” no “Chinatown”.
Una sátira, por cierto, bastante más sutil e inteligente de lo que parece a primera vista. Y es que a nadie con dos dedos de frente se les escapará la evidente ridiculización de las grotescas medidas de seguridad impuestas en los aviones tras el 11-S.

En definitiva. Si eres capaz de "apreciar" un típico producto de serie B, con todo lo absurdo, excesivo y ruborizante que esto supone, la encontrarás entretenida y perfectamente disfrutable. Si no, siempre te quedará Aronofsky, que es igual de vacuo, excesivo, sensacionalista y olvidable pero de lo más “cool” y “gafapástico”.
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P.D: Me encantará recibir los "no útil" de los fans del "director del siglo". El humor que no falta
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P.D: Me encantará recibir los "no útil" de los fans del "director del siglo". El humor que no falta
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