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Voto de summa artis:
7
Voto de summa artis:
7
6.8
33,037
Drama
Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única ... [+]
30 de marzo de 2019
30 de marzo de 2019
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más allá de sus dolores físicos, el gran problema de Salvador Mallo en “Dolor y gloria” es su crisis creativa, y esto parece reflejar una verdad vital de Pedro Almodóvar, vista la deriva de su producción cinematográfica los últimos años.
El gran magma creativo de este autor es su obra de los años ochenta, en que casi cada año estrenaba una película: Irregulares, imperfectas, pero rebosantes de ideas, apuestas creativas, chispazos geniales, escenas memorables: eran una explosión de libertad, pasión, inteligencia, humor… ¡vida!. ¿De dónde surgía todo aquello?
Si tomo, por ejemplo, “!Qué he hecho yo para merecer esto?” (1983) me viene a la cabeza el músico y showman Javier Gurrutxaga haciendo el papel del dentista que seduce al hijo de la protagonista. O pienso en el director Jaime Chávarri, en el papel de Streaper. O el escritor Gonzalo Suarez, haciendo a su vez de escritor sin inspiración. Ninguno de los tres es actor profesional, pero transmiten de forma genial la alegría de participar en ese barco de libertad que era Almodóvar en aquella época. Y a través de ellos, se desliza en la película un tono chispeante que transciende a Pedro, y remite a una atmósfera artística del país, o al menos, de cierto Madrid libertario.
El gran magma creativo de este autor es su obra de los años ochenta, en que casi cada año estrenaba una película: Irregulares, imperfectas, pero rebosantes de ideas, apuestas creativas, chispazos geniales, escenas memorables: eran una explosión de libertad, pasión, inteligencia, humor… ¡vida!. ¿De dónde surgía todo aquello?
Si tomo, por ejemplo, “!Qué he hecho yo para merecer esto?” (1983) me viene a la cabeza el músico y showman Javier Gurrutxaga haciendo el papel del dentista que seduce al hijo de la protagonista. O pienso en el director Jaime Chávarri, en el papel de Streaper. O el escritor Gonzalo Suarez, haciendo a su vez de escritor sin inspiración. Ninguno de los tres es actor profesional, pero transmiten de forma genial la alegría de participar en ese barco de libertad que era Almodóvar en aquella época. Y a través de ellos, se desliza en la película un tono chispeante que transciende a Pedro, y remite a una atmósfera artística del país, o al menos, de cierto Madrid libertario.

Antonio Banderas
Las películas más frescas y originales de Almodóvar entonces están empapadas de colaboraciones de todo tipo: de la cantante punk Alaska, al escritor de culto Jesús Ferrero; del dibujante Ceesepe al modisto Francis Montesinos, del grupo de rock Radio Futura a los boleros mexicanos. Las tramas de los filmes están muy abiertas, y no parece haber un férreo control de autoría en la interpretación, los movimientos de cámara o el diseño general.
Recuerdo lo duros que eran los críticos especializados de aquellos años con “la selva incontrolada” que suponía una película de este autor. Y es plausible pensar que el control narrativo y la estilización estética que empieza a aparecer en “Matador” (1985), es una respuesta de Almodóvar a esa crítica. Pero ay! es también entonces cuando empiezan a aparecer algunos de los “dolores” característicos de su filmografía madura: Las tensiones con sus actores (Eusebio Poncela en “La ley…”, Carmen Maura en “Mujeres…”) el alejamiento del pálpito de la calle, el regodeamiento asfixiante en el diseño de las películas a partir de los noventa. Almodóvar ya se ha hecho marca reconocible, y quiere ejercer un control.dominio.poder que empieza a asfixiar la selva creativa a su alrededor.
Recuerdo lo duros que eran los críticos especializados de aquellos años con “la selva incontrolada” que suponía una película de este autor. Y es plausible pensar que el control narrativo y la estilización estética que empieza a aparecer en “Matador” (1985), es una respuesta de Almodóvar a esa crítica. Pero ay! es también entonces cuando empiezan a aparecer algunos de los “dolores” característicos de su filmografía madura: Las tensiones con sus actores (Eusebio Poncela en “La ley…”, Carmen Maura en “Mujeres…”) el alejamiento del pálpito de la calle, el regodeamiento asfixiante en el diseño de las películas a partir de los noventa. Almodóvar ya se ha hecho marca reconocible, y quiere ejercer un control.dominio.poder que empieza a asfixiar la selva creativa a su alrededor.

Recuerdo un pasaje de la novela “La historia Interminable” en la que aparece un león que es el rey de un desierto. Allá donde va es el rey porque allá donde va se convierte en desierto. Todas las noches el león se convierte en piedra, y entonces en el desierto emerge una selva nocturna llena de vida multicolor. A la luz de la mañana despierta el león a su consciencia y el poder, pero con ello vuelve también el desierto.
Es muy significativo que en “Dolor y gloria” el protagonista empieza a desbloquear su crisis creativa cuando sale de su casa en sombra, y va a visitar a uno de sus actores rebeldes, con el que no se habla desde hace treinta años. Y para encontrar el manantial de su inspiración se abstrae de su engolada casa de diseño, y bebe de las imágenes de su infancia, no ahogadas por el ego, sino abiertas a la exterioridad de ese esplendoroso río y esas mujeres, fuentes de la vida.
Es muy significativo que en “Dolor y gloria” el protagonista empieza a desbloquear su crisis creativa cuando sale de su casa en sombra, y va a visitar a uno de sus actores rebeldes, con el que no se habla desde hace treinta años. Y para encontrar el manantial de su inspiración se abstrae de su engolada casa de diseño, y bebe de las imágenes de su infancia, no ahogadas por el ego, sino abiertas a la exterioridad de ese esplendoroso río y esas mujeres, fuentes de la vida.
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