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España España · Tramacastiel
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Voto de Luis:
9
Voto de Luis:
9
Comedia En la pequeña localidad de Cabosse, los lugareños disfrutan de una gran longevidad. Partiendo de este hecho como reclamo comercial, Victor Hardy se propone construir una urbanización en unos terrenos de poco valor. El único obstáculo es Dumont, un viejo obstinado, que, a diferencia de los demás, se niega a venderle sus tierras. (FILMAFFINITY)
15 de febrero de 2020 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es quizá la más actual de las películas de Clair, pues trata de los abusos de la especulación inmobiliaria, satiriza la prensa sensacionalista y del corazón y recuerda que las grandes ciudades, aparte de la contaminación del aire, sufren otras miserias, como la hipocresía con que se encubre la obsesión por el dinero y el éxito.
A la mentalidad de un promotor sin escrúpulos que quiere convertir un pueblecito pintoresco y alejado de París en un falso paraíso, construyendo una urbanización con el pretexto de que allí se llega casi a los 100 años, se opone la psicología cerril de dos campesinos ignorantes, cuya inocencia les mantiene al margen de otro interés que no sea seguir viviendo su vida de siempre. Una vida caótica, llena de orgullo herido, peleas y obtusa fidelidad al pasado, pero mucho más humana y hasta poética.
Dichos dos personajes, padre e hijo, son interpretados magistralmente por Bourvil y se convierten en símbolo de la crítica al stress, la inmoralidad, el egoísmo y la burla de los buenos sentimientos que representan los creadores de la urbe de La larga vida. Desfilan secuencias muy divertidas, como la de los escopetazos con balas de sal en el trasero de los periodistas o la farisea presentación del paleto protagonista en un escenario de teatro.
El sentido del film lo encuentro en la fuente de agua fresca que pertenece a la única finca que no se ha vendido. Los agentes inmobiliarios se proponen explotar económicamente esa fuente, la necesitan para dotar de agua a la urbanización. El tosco campesino regala ese agua a todo el que pase por el camino.
No debemos dejarnos hipnotizar por el falso progreso que fingen los empresarios y los políticos. Esa mentira les sirve para encubrir su afán de lucro, su materialismo. Cobrarían el aire que respiramos si pudieran. Me alegro, al menos, de que en esta película no logren convertir la humilde fuente en piscinas de lujo.
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