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Voto de Sergio Berbel:
10
Voto de Sergio Berbel:
10
Thriller. Drama Adaptación de la novela homónima de Truman Capote. Un honrado granjero de Kansas lleva una vida tranquila con su esposa y sus dos hijos. No puede sospechar ni remotamente que él y su familia van a ser asesinados por dos ex-presidiarios con las facultades mentales perturbadas. (FILMAFFINITY)
24 de septiembre de 2024 1 de -1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por múltiples motivos concurrentes, “A sangre fría” es una de las películas más importantes del cine de los años 60 y, sin duda, precursora temática y estilísticamente del mejor cine de la historia que estaba por llegar, el Nuevo Hollywood de los años 70. Sin duda, todo ello nace de la concurrencia de dos genios inmortales: el texto literario primigenio de Truman Capote y la capacidad para trasladarlo a imágenes magistrales por parte de un genio siempre infravalorado llamado Richard Brooks, creador de obras maestras que han marcado mi vida de la dimensión de “La gata sobre el tejado de zinc”, “Dulce pájaro de juventud” o “El fuego y la palabra”. El resultado final resulta hipnótico e imprescindible y deja huella.

Porque no sólo estamos ante el nacimiento, de la mano de Truman Capote, de la novela de no ficción, del texto novelado periodístico, sino además ante uno de los alegatos más sentidos y profundos contra la terrible pena de muerte, creando un film eterno que hay que ver en conjunción con “El verdugo” de Luis García Berlanga o “Pena de muerte” de Tim Robbins. Porque el texto novelístico de Capote, como el film de Brooks, no se contentan con la parte del thriller que acompaña a toda la investigación del terrible crimen que tiene lugar en el que dos criminales asesinan a una familia de cuatro miembros en su casa sin causa aparente, sino que quieren y pueden hundir sus raíces en las historias de los dos criminales que lo perpetran, para entender el cómo y el por qué, las razones y motivos que llevan a cometer un delito tan atroz. Y es en esa tesitura donde se despega del noir tradicional para trascender muchísimo más allá.
Robert Blake
Para ello, Richard Brooks demuestra que es uno de los más importantes cineastas de la historia, primero, adaptando él mismo la novela de Capote a guión y, después, creando imágenes en un blanco y negro expresionista insuperable y, sobre todo, a través de un alarde de montaje sin precedentes, rompiendo constantemente la continuidad de las escenas para cambiar de ubicación y personajes al corte de plano. Aún a día de hoy sigue fascinando la modernidad perfecta con la que consigue tamaño reto hercúleo. Sin duda, la dirección de fotografía de Conrad Hall tiene mucho que ver en ello.

Tampoco resulta menor la ambientación musical, a cargo de un tal Quincy Jones, ni más ni menos, que imprime ritmos jazzísticos mezclados con armonías propias de la música tradicional norteamericana para conformar una BSO inolvidable que hace volar a los 137 minutos de su metraje.

Como impresionantes resultan las interpretaciones del desconocido dúo de actores que protagonizan la cinta: tanto Robert Blake como Scott Wilson resultan magistrales encarnando a los aparentes monstruos que esconden una naturaleza humana frágil sobre los que gravita un film imprescindible.
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