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Voto de Sergio Berbel:
10
Voto de Sergio Berbel:
10
Documental Evocación de los años de posguerra en España a través de canciones populares montadas sobre imágenes que buscan darle otro significado a las mismas. Documental realizado en 1971, pero no estrenado hasta 1976, después de la muerte de Franco. (FILMAFFINITY)
Basilio Martín Patino firmó el documental más original, crudo y auténtico que se haya rodado nunca con “Canciones para después de una guerra”. Un film de vida tan torturada y difícil como lo fue la de la ciudadanía de este Estado durante los 40 largos años de pesadilla fascista-franquista. Finalizado en 1971 pero que no pudo ser estrenado hasta 1976, puesto que la censura franquista lo vetó y lo atacó hasta límites insospechados.

Lo primero que se pregunta cualquier ser humano mínimamente inteligente es por qué el régimen fascista se ensañó contra un documental que consiste en una sucesión de canciones populares durante la posguerra acompañadas de imágenes de la época. Sin mayor comentario, sin voces en off explicativas, sin nada que pudiera adoctrinar. En efecto, la genialidad de Martín Patino radica en armar toda una estructura narrativa fuertemente agresiva y crítica contra el régimen militar genocida a través del simple contraste entre las canciones que se escuchan y las crudas imágenes de la posguerra que se muestran.

El resultado final resulta demoledor y aún más esclarecedor gracias a un orden nada casual y bastante “malintencionado” establecido por el propio Martín Patino y José Luis García Sánchez a lo largo de sus imprescindibles 99 minutos de metraje que principian con un terrorífico arranque en el que, mientras suena el “Cara al sol”, vemos imágenes de lo que supuso la entrada de las tropas fascistas en el Madrid republicano, en las que puede apreciarse desde gentes llorando mientras eran obligadas a saludar con el brazo en alto hasta el hambre destrozando las vidas presentes y futuras de aquellas pobres gentes, a la que sucede una canción que, de manera terrible, se titula “Ya hemos pasado”, destrozo absoluto del sueño efímero del “No pasarán”.

Seguramente una sucesión de canciones e imágenes “inocentes” sean la mayor y más terrorífica explicación del cáncer que el franquismo ha supuesto para este Estado y cuyas secuelas permanecen, quizás hoy más fuertes que nunca con esta oleada de neofascismo que nos atropella diariamente en mitad de una sociedad anestesiada, irracional, inculta, superficial, consumista y atolondrada.

La fotografía de José Luis Alcaine amolda de forma magistral todos los fragmentos de los que se compone el film, entre los que, por cierto, se pueden encontrar planos de más de una veintena de películas de nuestro cine, lo cual otorga, más allá del valor histórico del documento, también un peso específico cinematográfico.
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