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España España · Barcelona
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Voto de Eduardo:
3
Voto de Eduardo:
3
Drama. Bélico Mata Hari (Sylvia Kristel), la mujer más tentadora y peligrosa en una Europa destrozada por una guerra total, arrancaba secretos nacionales a hombres de estado en ambos lado de la contienda. Ella no pertenecía a nadie. Ninguna nación merecía su lealtad. Hoy es una leyenda, la espía más famosa de todos los tiempos. 1914. El conde von Beyerling y el capitán Ledoux conocen a lady MacLeod en un museo de París. Días después, en una fiesta de ... [+]
6 de octubre de 2016 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Curtis Harrington fue un director que nos hizo concebir grandes esperanzas. Descubierto, otro más, por Roger Corman (algún día convendría valorar el papel desempeñado por el director y productor en el lanzamiento de los grandes realizadores de los años 70), principió su carrera con dos títulos asaz extraños y proscritos, Marea nocturna y Planeta sangriento, en la que contó con la presencia paternal y protectora de Basil Rathbone y Forrest J. Ackerman. Entre ambos, reconvirtió una película rusa en estadounidense, Viaje al planeta prehistórico, que no he tenido el (dis)gusto de ver. Luego llegó La muerte llama a la puerta, que llamó poderosamente la atención de los fans del género, pero poco a poco las expectativas fueron menguando y Harrington fue engullido por la televisión, hasta que el espantoso tándem Golan-Globus, un par de judíos avispados que entraron como un elefante en una cacharrería en la cinematografía de Estados Unidos con la productora Cannon, le ficharon. Lástima que aceptara. Con la Cannon invadieron de basura las pantallas mundiales, al tiempo que sufragaban obras de presunta "qualité" (por ejemplo, El rey Lear, de Jean-Luc Godard, un desaguisado de mucho cuidado). Mata Hari está a caballo entre ambas tendencias, aunque en seguida se decanta por el erotismo con glamour, aprovechando el tirón de su estrella Sylvia Kristel, que en aquella época iba hasta las cejas de coca y alcohol. La película es un disparate que mezcla guerra con amoríos con espionaje con presuntas escenas atrevidas, que sirven de pretexto a Kristel para airear sus encantos. Los diálogos son necios, la fotografía borrosa y birriosa, la música indigesta, que no diegética, y las interpretaciones horrorosas. Mata Hari terminó con la carrera de Harrington, que moriría en 2007 triste y olvidado. Kristel cayó en barrena y pasó los últimos años filmando telefilms de Emmanuelle. Nunca más volvió a levantar cabeza. Evidentemente, y dejando aparte el clásico de Greta Garbo, yo prefiero la versión de Jean-Louis Richard con Jeanne Moreau, mucho más creíble.
Sólo para fans irredentos de Sylvia Kristel.
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