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Voto de Charles:
6
Voto de Charles:
6
6.6
21,830
28 de febrero de 2020
28 de febrero de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Probablemente, lo que quedará para la posteridad de esta película es la absoluta naturalidad que se retrata en todas sus escenas
No parece haber un solo momento guionizado, ni una marca dada, solo gente hablando, pisándose las palabras y el cámara siguiendo su deriva como buenamente puede.
Así debe ser vivir la vida de un tipo que solo depende de su labia y habilidad de negocio para ganar: un puto caos, una huida constante hacia adelante hasta que la próxima apuesta resuelva la marabunta de deudas que se acumula detrás.
Me jode porque me he enganchado sin quererlo a la vida de un mentiroso hijo de su madre, y sigo sus desgracias porque cada curva acelerada es un martillazo más a su fachada de judío ganador, bajo la cual estoy empezando a ver un hombre rotísimo.
Es lo que tiene acercar el microscopio a la aparente escoria: resulta que todos somos iguales, pasado el jaleo y el ruido.
Eso sí, Adam Sandler no "lo clava", más bien muta su habitual personaje cinematográfico para ser el perfecto navegante de la invasiva puesta en escena, y cuando le pillamos en un segundo de calma parece que el cabrón está abriendo su alma, pero no.
No parece haber un solo momento guionizado, ni una marca dada, solo gente hablando, pisándose las palabras y el cámara siguiendo su deriva como buenamente puede.
Así debe ser vivir la vida de un tipo que solo depende de su labia y habilidad de negocio para ganar: un puto caos, una huida constante hacia adelante hasta que la próxima apuesta resuelva la marabunta de deudas que se acumula detrás.
Me jode porque me he enganchado sin quererlo a la vida de un mentiroso hijo de su madre, y sigo sus desgracias porque cada curva acelerada es un martillazo más a su fachada de judío ganador, bajo la cual estoy empezando a ver un hombre rotísimo.
Es lo que tiene acercar el microscopio a la aparente escoria: resulta que todos somos iguales, pasado el jaleo y el ruido.
Eso sí, Adam Sandler no "lo clava", más bien muta su habitual personaje cinematográfico para ser el perfecto navegante de la invasiva puesta en escena, y cuando le pillamos en un segundo de calma parece que el cabrón está abriendo su alma, pero no.

Adam Sandler
Porque estoy convencido de que Sandler es tan timador como el Howard Ratner que interpreta, y al igual que él, una llamada de auxilio no es un fin en si misma, sino solo otro paso del plan para cubrir la siguiente apuesta (o ganar el codiciado Oscar que puede querer un actor de comedia).
El premio aquí, si lo hubiera, sería para esa tensión extraña, eléctrica, que se desprende de cada maldito intercambio comercial, cada diálogo cruzado en camino a la siguiente meta, o en cada instante en el que se siente que hay una cuenta atrás que se está agotando.
Howard debe conseguir la pasta, y como no lo hace, su vida personal, (extra)marital y familiar están en perpetuo sabotaje, a la postre impulsado por él mismo: no son pocas las ocasiones en las que el muy capullo dice que sigue adelante, en lugar de negarse a jugar.
Porque eso sería demasiado cobarde, demasiado aburrido, para alguien que exclama con sonrisa enloquecida "así gano yo".
El premio aquí, si lo hubiera, sería para esa tensión extraña, eléctrica, que se desprende de cada maldito intercambio comercial, cada diálogo cruzado en camino a la siguiente meta, o en cada instante en el que se siente que hay una cuenta atrás que se está agotando.
Howard debe conseguir la pasta, y como no lo hace, su vida personal, (extra)marital y familiar están en perpetuo sabotaje, a la postre impulsado por él mismo: no son pocas las ocasiones en las que el muy capullo dice que sigue adelante, en lugar de negarse a jugar.
Porque eso sería demasiado cobarde, demasiado aburrido, para alguien que exclama con sonrisa enloquecida "así gano yo".

Adam Sandler & Julia Fox
No está con su amante por el sexo, sino porque su mujer se podría enterar.
No deja el ópalo por el dinero, sino porque el mismísimo Kevin Garnett dice que lo necesita.
Igualmente, tampoco cuida sus deudas peligrosas, porque es más excitante sentarse a la mesa con el enemigo.
¿Que las pérdidas son constantes y desastrosas? Sin duda.
¿Que cada micro-momento de triunfo hace que todo merezca la pena? También.
Alguien puede vivir así, y muchos lo hacen.
Más de un Howard habrá en las calles de Nueva York, pensando que los que no viven son los demás.
Introducirnos sin posibilidad de pausa en su (mal)vivir es el mérito de esta historia, probando que diamantes sin cortar hay entre la mierda.
No deja el ópalo por el dinero, sino porque el mismísimo Kevin Garnett dice que lo necesita.
Igualmente, tampoco cuida sus deudas peligrosas, porque es más excitante sentarse a la mesa con el enemigo.
¿Que las pérdidas son constantes y desastrosas? Sin duda.
¿Que cada micro-momento de triunfo hace que todo merezca la pena? También.
Alguien puede vivir así, y muchos lo hacen.
Más de un Howard habrá en las calles de Nueva York, pensando que los que no viven son los demás.
Introducirnos sin posibilidad de pausa en su (mal)vivir es el mérito de esta historia, probando que diamantes sin cortar hay entre la mierda.
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