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Voto de José María Pérez :
8
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8
3.4
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Ciencia ficción. Terror
Cuando el astronauta Patrick Ross regresa del primer viaje tripulado a Marte, una misión de la que sus tripulantes volvieron a la Tierra convertidos en héroes, descubre que allí fue infectado con el ADN de una especie alienígena.
13 de febrero de 2025
13 de febrero de 2025
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Toda película merece una segunda oportunidad, máxime cuando han pasado varios años desde el momento de su estreno; como solemos decir, “el tiempo pone a cada uno en su sitio”. ¿No es verdad que muchas cintas, denostadas por la crítica (y aun por el público), han terminado convirtiéndose en objeto de culto? Ciertamente, decir eso del largometraje que nos ocupa es muy arriesgado, pero creo a carta cabal que una revisión, ahora que han transcurrido casi tres décadas de su llegada a la gran pantalla, nos ayuda a descubrir algunas virtudes que entonces pasaron inadvertidas.
Para comprenderlo mejor, es conveniente que nos adentremos en el verdadero significado de la saga "Especie mortal". Si nos fijamos bien, la primera entrega de la colección versaba, en el fondo, sobre el despertar sexual de una adolescente. En efecto, tras el disfraz de un mero relato de terror y ciencia ficción, se esconde la historia de una púber que huye de su enclaustramiento de pureza —significativo el aséptico ambiente blanco del laboratorio— en cuanto la libido llama a su puerta (a este respecto, es esclarecedor el aspecto clitoriano del capullo del cual emerge Natasha hecha una hembra); y así, aunque ella busca con ansia un hombre que satisfaga sus instintos más primarios, sus guardianes harán lo posible por impedírselo. Fin de la (verdadera) historia.
Tanto la tercera parte de la saga como la cuarta son deudoras directas de este filme. Así es, también estas relatan la historia de unas chicas que, asfixiadas por la sobreprotección de sus padres, huyen de casa en cuanto arde en su interior el prurito del sexo (impagable el juego de seducción llevado a cabo por Sunny Mabrey en "Especie mortal III" cuando se enamora de Robin Dunne); y ambas harán lo posible por calmar su hambre con el macho perfecto (ni con enfermos, ni con débiles, ni con frikis). El quid de esta trama llegará a su paroxismo en "Species IV. El despertar", cuyo título es toda una declaración de principios: en ella, Helena Mattsson ya no se conformará con procrear, sino que anhelará la diversión asociada a venus (¡pero si hasta seduce a otra chica solo por placer!).
Teniendo esto en cuenta, vayamos ahora a la auténtica esencia de "Especie mortal II". Alejado ya de esa disección de la pubertad juvenil, este largometraje apuesta por un relato más adulto, pues se adentra en los profundos vericuetos del alma de un malhechor: su protagonista no es en verdad un extraterrestre, sino un auténtico depredador sexual. Así es, aprovechando su ascendente, el guapo astronauta procurará cortejar a cualquier mujer que se le antoje (¡y no importa si son dos a la vez!); y si se niegan, las violará sin ambages y las matará. Por tanto, la historia deviene en una persecución policial que bien podría haber firmado el mismísimo David Fincher.
Pero hay más, porque la cinta tiene su moralina. El mentado depredador es consciente de su problema, porque está tirando por la borda su futuro (¡hasta su padre se lo advierte!); es tan esclavo de su pasión que intentará quitarse la vida más de una vez…, aunque nunca podrá, porque su pecado está profundamente arraigado dentro de él. Así que ahora debe convivir con las consecuencias de sus malas acciones —esos niños que oculta en el cobertizo— hasta que encuentre la horma de su zapato, que no será otra que nuestra querida Natasha: devorado por su propia adicción. Todo un poema.
A tenor de todo esto, puedo decir que "Especie mortal II" es la mejor entrega de la saga: en el fondo, es la más espeluznante de todas, porque es la más verídica (los asesinatos de las chicas a manos del depredador sexual parecen sacados directamente del archivo de una comisaría). Yo no me percaté de este subtexto hasta hace bien poquito, cuando decidí revisar las cuatro cintas, y ahora la aprecio más que antes. Es verdad que no se trata de un gran filme, ni siquiera pasará a la historia del celuloide (aunque, después de tres décadas, sigue dando que hablar); sin embargo, al volver a verla con el paso de los años, me he dado cuenta de esa virtud que he procurado transmitiros. Por favor, echadle un vistazo conforme a esos parámetros que os he marcado y decidme si no merece una segunda oportunidad.
Para comprenderlo mejor, es conveniente que nos adentremos en el verdadero significado de la saga "Especie mortal". Si nos fijamos bien, la primera entrega de la colección versaba, en el fondo, sobre el despertar sexual de una adolescente. En efecto, tras el disfraz de un mero relato de terror y ciencia ficción, se esconde la historia de una púber que huye de su enclaustramiento de pureza —significativo el aséptico ambiente blanco del laboratorio— en cuanto la libido llama a su puerta (a este respecto, es esclarecedor el aspecto clitoriano del capullo del cual emerge Natasha hecha una hembra); y así, aunque ella busca con ansia un hombre que satisfaga sus instintos más primarios, sus guardianes harán lo posible por impedírselo. Fin de la (verdadera) historia.
Tanto la tercera parte de la saga como la cuarta son deudoras directas de este filme. Así es, también estas relatan la historia de unas chicas que, asfixiadas por la sobreprotección de sus padres, huyen de casa en cuanto arde en su interior el prurito del sexo (impagable el juego de seducción llevado a cabo por Sunny Mabrey en "Especie mortal III" cuando se enamora de Robin Dunne); y ambas harán lo posible por calmar su hambre con el macho perfecto (ni con enfermos, ni con débiles, ni con frikis). El quid de esta trama llegará a su paroxismo en "Species IV. El despertar", cuyo título es toda una declaración de principios: en ella, Helena Mattsson ya no se conformará con procrear, sino que anhelará la diversión asociada a venus (¡pero si hasta seduce a otra chica solo por placer!).
Teniendo esto en cuenta, vayamos ahora a la auténtica esencia de "Especie mortal II". Alejado ya de esa disección de la pubertad juvenil, este largometraje apuesta por un relato más adulto, pues se adentra en los profundos vericuetos del alma de un malhechor: su protagonista no es en verdad un extraterrestre, sino un auténtico depredador sexual. Así es, aprovechando su ascendente, el guapo astronauta procurará cortejar a cualquier mujer que se le antoje (¡y no importa si son dos a la vez!); y si se niegan, las violará sin ambages y las matará. Por tanto, la historia deviene en una persecución policial que bien podría haber firmado el mismísimo David Fincher.
Pero hay más, porque la cinta tiene su moralina. El mentado depredador es consciente de su problema, porque está tirando por la borda su futuro (¡hasta su padre se lo advierte!); es tan esclavo de su pasión que intentará quitarse la vida más de una vez…, aunque nunca podrá, porque su pecado está profundamente arraigado dentro de él. Así que ahora debe convivir con las consecuencias de sus malas acciones —esos niños que oculta en el cobertizo— hasta que encuentre la horma de su zapato, que no será otra que nuestra querida Natasha: devorado por su propia adicción. Todo un poema.
A tenor de todo esto, puedo decir que "Especie mortal II" es la mejor entrega de la saga: en el fondo, es la más espeluznante de todas, porque es la más verídica (los asesinatos de las chicas a manos del depredador sexual parecen sacados directamente del archivo de una comisaría). Yo no me percaté de este subtexto hasta hace bien poquito, cuando decidí revisar las cuatro cintas, y ahora la aprecio más que antes. Es verdad que no se trata de un gran filme, ni siquiera pasará a la historia del celuloide (aunque, después de tres décadas, sigue dando que hablar); sin embargo, al volver a verla con el paso de los años, me he dado cuenta de esa virtud que he procurado transmitiros. Por favor, echadle un vistazo conforme a esos parámetros que os he marcado y decidme si no merece una segunda oportunidad.
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