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Voto de Peaky Boy:
6
Voto de Peaky Boy:
6
Thriller. Drama A un ejecutivo publicitario (Josh Brolin) lo secuestran y lo mantienen aislado durante veinte años. Cuando por fin lo liberan, sin darle ninguna explicación, se lanza a una búsqueda obsesiva para descubrir quién orquestó un castigo tan cruel y extraño, pero lo que acaba descubriendo es que sigue siendo víctima de una conspiración.
10 de diciembre de 2013
57 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
En un mundo utópico, un remake debería suponer reinventar la película que se está versionando, darle un giro tan radical que la hiciese incomparable con su predecesora e irreconocible en cuanto a la ejecución y el desenlace. Un claro ejemplo sería lo que el western ha hecho con algunos de los trabajos de Kurosawa, como convertir Los 7 Samuráis, 1954, en Los 7 magníficos de John Sturges, 1960, cambiando a los antiguos guerreros japoneses y sus honorables valores, por arrogantes vaqueros occidentales; o la adaptación que Sergio Leone hizo de Yojimbo, 1961, en Por un puñado de dólares, 1964 pues, pese a que en un principio se habló de plagio, es considerada hoy por hoy como uno de los remakes más dignos de la historia del cine.
Hace ya bastante tiempo escuchábamos la noticia de que se estaba jugando con la posibilidad de adaptar la película coreana Oldboy, 2003. Todos los amantes de este clásico oriental, entre los que nos incluimos, afrontamos el rumor, primero con temor a un desastre de magnitudes épicas y posteriormente con sorpresa y curiosidad al conocer el nombre del director que llevaría a cabo el proyecto, Spike Lee. Lo primero que se nos vino a la cabeza fue una idea tan excéntrica como atractiva, ya que, siendo Lee uno de los mayores representantes del movimiento nacionalista afroamericano, fiel defensor de los derechos de los negros y conociendo la incomodidad que siempre ha manifestado con respecto a los modos de representación del cine estadounidense, era de esperar que nos fuera a deleitar con un Oldboy al más puro estilo Ghetto Stories, con un protagonista que, como Mookie en Haz lo que debas, 1989, deambulara a ritmo de Public Enemy por los suburbios de Brooklyn en busca de venganza. Desgraciadamente Hollywood está muy lejos de ese mundo utópico, y lo único que ha sobrevivido a ese sueño ha sido Samuel L. Jackson en el papel de Chaney, un personaje que, por sí solo, nos da una idea de lo original y acertado que podría haber sido este supuesto “Brotherhood Oldboy” pero, en conjunto, se ha quedado tan solo en su lucha contra los tópicos y clichés que al final termina perdido y fuera de lugar.
Josh Brolin
Basado en un manga homónimo creado por el guionista Garon Tsuchiya y el dibujante Nobuaki Minegishi, cuenta la historia de Shinichi Gota (Joe Doucett en el filme), un hombre que ha sido secuestrado y encarcelado en una habitación con la única compañía de un televisor, gracias al cual se entera de que es el único sospechoso del asesinato de su prometida (en la película es su mujer), con la que iba a casarse al día siguiente del secuestro. Devastado por la noticia, el protagonista sufrirá su reclusión divagando sobre los posibles sospechosos de semejante crueldad. Diez años después del suceso (15 años en la primera adaptación y 20 años en la que nos ocupa), es puesto en libertad, comenzando en ese momento una violenta búsqueda del responsable.
Park Chan-wook adaptó la historia en 2003, integrándola en su particular trilogía de la venganza formada por obras que, aun compartiendo una temática común, eran totalmente diferentes entre sí. Si en Simpathy for Mr. Vengeance, 2002, la primera de las entregas, se mostraba la venganza desde un desafortunado punto de vista, perpetrada contra un hombre que debería ser el ejecutor y no el objetivo de la misma; y en Simpathy for Lady vengeance, 2005, la tercera y última de las entregas, se explica el largo proceso y sacrificio que se requiere para llevar a cabo un acto tan maquiavélico y sanguinario; Oldboy, que se sitúa entre el Sr. y la Sra. Venganza, es un retorcido estudio sobre los límites de una persona a la hora de proceder con su rencoroso plan de maldad con el único fin de arruinar la vida de su enemigo.
Josh Brolin
Innecesario remake el que plantea Lee que, pese a contar con un poderoso reparto liderado por un gran Josh Brolin, que consigue trenzar una actuación llena de fuerza, y secundado por la joven estrella emergente Elizabeth Olsen, no logra crear el suficiente atractivo visual para que la película resulte original, por lo que al final, termina perdiendo la partida por goleada frente su predecesora. Bien habría que recalcar en este punto el calificativo innecesario, ya que la película no resulta censurable en cuanto a calidad se refiere. El mayor problema ha sido el guion, un libreto a cargo de Mark Protosevich que dista muy poco con respecto a la magnánima obra de Chan-wook, por lo que al no aportar nada nuevo, la historia se queda a expensas de una despiadada comparación que no soporta. Al margen de esa odiosa pero inevitable comparación, el director realiza una apuesta muy arriesgada, adaptar una de las cintas de culto más valoradas de los últimos tiempos que, pese a sus carencias argumentativas y con la ayuda del veterano director de fotografía Sean Bobbit, crea una ambientación muy trabajada con un gran repertorio de encuadres que aporta el dinamismo y la claustrofobia que se requieren en cada momento.
Sin embargo, la barroca concepción narrativa de la que estaba dotado el filme anterior desaparece por completo en esta ocasión por culpa del miedo a lo diferente. Se ha ido demasiado a lo seguro, dando alguna pincelada de originalidad como el personaje antes mencionado de Samuel L. Jackson, el guardián de un nuevo y mucho más perverso “catillo de If” que el mostrado por Alexandre Dumas en El conde de Montecristo, pero a su vez sin renunciar a elementos propios del cine oriental, originando un pastiche fallido y falto de identidad propia. Lo que antes era poesía exagerada, ahora ha resultado ser simplemente una exageración. Desprovisto del avance tranquilo y minucioso, el ritmo se vuelve apresurado e incluso torpe por momentos. El humor negro y los astutos diálogos que el realizador coreano consiguió, se pierden para favorecer una explicitud que únicamente se centra en la violencia desmedida, la sangre y la excesiva claridad de la trama que, incluso al final, cuenta demasiado.

Termino en spoiler por motivos de espacio
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Todo está sobreexplicado hasta niveles pueriles, perdiendo así la eficacia de uno de los finales más inquietantes jamás contados. Un final que ha sido rediseñado para un público occidental en el que se ha perdido la fe y al que no se considera preparado para afrontar la perturbadora ambigüedad que suponen una mirada vacía y una sonrisa macabra.
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