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Voto de Peaky Boy:
8
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8
8.1
47,723
Drama
España franquista. Durante la década de los sesenta, una familia de campesinos vive miserablemente en un cortijo extremeño bajo la férula del terrateniente. Su vida es renuncia, sacrificio y y obediencia. Su destino está marcado, a no ser que algún acontecimiento imprevisto les permita romper sus cadenas. Adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes. (FILMAFFINITY)
27 de octubre de 2011
27 de octubre de 2011
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En 1981 el célebre escritor Miguel Delibes presentó su novela “Los Santos Inocentes”. Basada en la España rural de los años 60, nos describe con tremenda sutileza y precisión los paisajes rupestres de un pequeño pueblo de Extremadura, demostrando una vez más sus altos conocimientos y su amor por la naturaleza. De su estilo narrativo predomina la ausencia de signos de puntuación, imprimiéndole al texto una apariencia poética. Solo 5 puntos aparecen para separar los 6 capítulos de la obra y un último punto y final con el que remata uno de sus trabajos cumbre. Tan solo 3 años hubo que esperar para que Mario Camus dirigiera la adaptación cinematográfica homónima, aportando al cine español una de las mejores películas que se conocen hasta la fecha.
Excelente fue la dirección como estelares fueron las interpretaciones. Sin menospreciar a ningún miembro del elenco, ya que todos y cada uno de los actores bordó su papel, de entre los personajes destaca la espectacular actuación del Murciano Francisco Rabal, en el papel de Azarías, un pobre deficiente mental sin mayor inquietud que disfrutar de la compañía de su “milana bonita”, un pájaro que hará las veces de compañero y amigo. El reconocimiento mediático se obtuvo en el festival de Cannes de 1984, un certamen que nunca ha sido generoso con el cine español, pero que aquel año no tuvo otra opción, los dos protagonistas de la película, el propio Rabal y Alfredo Landa obtuvieron el premio a la mejor interpretación.
Excelente fue la dirección como estelares fueron las interpretaciones. Sin menospreciar a ningún miembro del elenco, ya que todos y cada uno de los actores bordó su papel, de entre los personajes destaca la espectacular actuación del Murciano Francisco Rabal, en el papel de Azarías, un pobre deficiente mental sin mayor inquietud que disfrutar de la compañía de su “milana bonita”, un pájaro que hará las veces de compañero y amigo. El reconocimiento mediático se obtuvo en el festival de Cannes de 1984, un certamen que nunca ha sido generoso con el cine español, pero que aquel año no tuvo otra opción, los dos protagonistas de la película, el propio Rabal y Alfredo Landa obtuvieron el premio a la mejor interpretación.

Francisco Rabal
La cinta nos muestra la vida cotidiana de una familia de campo cuya vida está enfocada a la servidumbre y los quehaceres domésticos de sus señores. Rodada de forma circular, alternando el presente con un pasado cercano mediante el uso flashbacks, el director pone al descubierto el clasismo social de la época, resaltando la hipocresía, avaricia y extravagancia de una burguesía acostumbrada a conseguir todo lo que desean, menospreciando y ridiculizando a la clase obrera y pobre que aparece como antagónica, destacando de ellos, su bondad, lealtad y condescendencia. Camus sacó a relucir el régimen fascista de una época marcada por la severidad, donde las jerarquías han de ser aceptadas sin trabas.
La historia queda prácticamente desprovista de acción, los acontecimientos tienen como finalidad caracterizar a los personajes y los hechos, dando como resultado un oculto diálogo de pensamientos y sentimientos que se llenan con interminables silencios envueltos en unas asombrosamente profundas miradas. La música a cargo de Antón García Abril intensificará esas emociones, que quedarán a flor de piel al compás de un violín afónico que no dejará de sonar hasta el final.
La historia queda prácticamente desprovista de acción, los acontecimientos tienen como finalidad caracterizar a los personajes y los hechos, dando como resultado un oculto diálogo de pensamientos y sentimientos que se llenan con interminables silencios envueltos en unas asombrosamente profundas miradas. La música a cargo de Antón García Abril intensificará esas emociones, que quedarán a flor de piel al compás de un violín afónico que no dejará de sonar hasta el final.
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