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Voto de Tomás Gato:
8
Voto de Tomás Gato:
8
7.2
5,368
Drama
Ned Merrill vive en una zona residencial de clase alta en las afueras de Connecticut. Una día, Ned se da cuenta de que todo el valle donde vive está lleno de piscinas privadas. Ante el asombro de sus amigos, Ned decide recorrer el valle de piscina en piscina hasta llegar a su casa. Por el camino, se encuentra a varias de las mujeres que formaron parte de su vida: una apasionada adolescente a punto de dejar de serlo, una ex amante ... [+]
16 de mayo de 2025
16 de mayo de 2025
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
«La tranquilidad es lo que más se busca»
— Álvaro de Fuentecerrada, segundos antes de ofender a varios colectivos
Resulta imprescindible invocar al panteón de los grandes iconos piscineros nacionales —aunque en este caso las proporciones no sean apolíneas— y recordar esa frase, pronunciada desde una tranquila piscina de Teruel, para hablar de El nadador (The Swimmer. Frank Perry / Sydney Pollack. 1968).
En esta película inclasificable nos encontramos con Ned Merrill, interpretado por un Burt Lancaster maduro y sorprendentemente atlético, que aparece caminando errante por los bosques de un suburbio acomodado, vestido únicamente con un bañador azul marino y la energía despreocupada de quien parece no tener problemas... o de quien ha decidido no verlos.
En su primera parada, se lanza a la piscina de unos amigos y, allí, imbuido por el cloro y el alcohol, le llega una revelación:
¿y si pudiera volver a casa nadando, piscina a piscina, atravesando todo el vecindario?
— Álvaro de Fuentecerrada, segundos antes de ofender a varios colectivos
Resulta imprescindible invocar al panteón de los grandes iconos piscineros nacionales —aunque en este caso las proporciones no sean apolíneas— y recordar esa frase, pronunciada desde una tranquila piscina de Teruel, para hablar de El nadador (The Swimmer. Frank Perry / Sydney Pollack. 1968).
En esta película inclasificable nos encontramos con Ned Merrill, interpretado por un Burt Lancaster maduro y sorprendentemente atlético, que aparece caminando errante por los bosques de un suburbio acomodado, vestido únicamente con un bañador azul marino y la energía despreocupada de quien parece no tener problemas... o de quien ha decidido no verlos.
En su primera parada, se lanza a la piscina de unos amigos y, allí, imbuido por el cloro y el alcohol, le llega una revelación:
¿y si pudiera volver a casa nadando, piscina a piscina, atravesando todo el vecindario?

Frank Perry & Sydney Pollack
Una idea absurda, sí. Pero también profundamente simbólica. Y Ned no duda en lanzarse.
Lo que empieza como un paseo chill veraniego se va torciendo.
Cada piscina que Ned cruza no lo acerca a casa, sino que lo aleja de sí mismo.
Los vecinos, al principio acogedores, se vuelven más distantes, más incómodos. Algunos, directamente hostiles.
Y lo que parecía una travesía bucólica se convierte en una escalada hacia el vacío emocional, una confrontación con su pasado, su mentira, su decadencia.
A medida que avanza, vemos cómo ese cuerpo bronceado y perfecto se deteriora, igual que su autoimagen.
Dirigida originalmente por Frank Perry, pero parcialmente regrabada por Sydney Pollack tras conflictos con el estudio, The Swimmer es una película con un aura extraña, casi onírica.
El montaje es discontinuo y el tono nunca termina de asentarse del todo.
Pero justo por eso funciona: parece una fantasía en ruinas, una alucinación sostenida por el último hilo de dignidad de su protagonista.
Lo que empieza como un paseo chill veraniego se va torciendo.
Cada piscina que Ned cruza no lo acerca a casa, sino que lo aleja de sí mismo.
Los vecinos, al principio acogedores, se vuelven más distantes, más incómodos. Algunos, directamente hostiles.
Y lo que parecía una travesía bucólica se convierte en una escalada hacia el vacío emocional, una confrontación con su pasado, su mentira, su decadencia.
A medida que avanza, vemos cómo ese cuerpo bronceado y perfecto se deteriora, igual que su autoimagen.
Dirigida originalmente por Frank Perry, pero parcialmente regrabada por Sydney Pollack tras conflictos con el estudio, The Swimmer es una película con un aura extraña, casi onírica.
El montaje es discontinuo y el tono nunca termina de asentarse del todo.
Pero justo por eso funciona: parece una fantasía en ruinas, una alucinación sostenida por el último hilo de dignidad de su protagonista.

Frank Perry & Sydney Pollack
The Swimmer se inscribe con orgullo en eso que podríamos llamar —si me permiten la broma— drama piscinero: películas donde el agua no es solo para nadar, sino para reflejar traumas y todo tipo de tensiones.
Películas tan hipnóticas y precisas en su simbolismo que bien podrían conformar un subgénero propio, como:
- La Piscina (Jacques Deray, 1969), con Alain Delon, Romy Schneider y Jane Birkin: deseo, celos y crimen bajo el sol de la Riviera.
- Swimming Pool (François Ozon, 2003), donde una escritora y una joven inquietante juegan a borrar las fronteras entre ficción, deseo y realidad.
The Swimmer es una película sobre el autoengaño, y puede que también sobre eso que se ha dado en llamar masculinidad frágil. Sobre lo que ocurre cuando el cuerpo sigue avanzando… pero la mente se quedó atrás.
Y sí, la tranquilidad es lo que más se busca,
pero a veces no hay suficiente cloro en el mundo para limpiar lo que uno es.
Películas tan hipnóticas y precisas en su simbolismo que bien podrían conformar un subgénero propio, como:
- La Piscina (Jacques Deray, 1969), con Alain Delon, Romy Schneider y Jane Birkin: deseo, celos y crimen bajo el sol de la Riviera.
- Swimming Pool (François Ozon, 2003), donde una escritora y una joven inquietante juegan a borrar las fronteras entre ficción, deseo y realidad.
The Swimmer es una película sobre el autoengaño, y puede que también sobre eso que se ha dado en llamar masculinidad frágil. Sobre lo que ocurre cuando el cuerpo sigue avanzando… pero la mente se quedó atrás.
Y sí, la tranquilidad es lo que más se busca,
pero a veces no hay suficiente cloro en el mundo para limpiar lo que uno es.
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