La maternal
6.7
4,625
Drama
Carla tiene 14 años y es una joven desafiante y rebelde. Vive en un viejo restaurante de carretera en las afueras de un pueblo con su joven madre soltera mientras falta a clase y pasa las horas con su amigo Efraín. Cuando la trabajadora social se da cuenta de que está embarazada de cinco meses, Carla ingresa en 'La Maternal', un centro para madres menores de edad donde comparte su día a día con otras jóvenes como ella. Juntas con sus ... [+]
3 de noviembre de 2025
3 de noviembre de 2025
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película trata de un tema original, lo que ya es un gran mérito, y lo hace de un modo exquisito, combinando verosimilitud e intensidad dramática.
El guión está construido sin fisuras y la acción trascurre de modo uniforme, sin picos ni valles, pero con la tensión suficiente para que el espectador no pierda interés.
La dirección, magistral, aprovecha al máximo los recursos de qué dispone.
La actuación de la niña protagonista es soberbia y la del resto del reparto muy convincente.
El guión está construido sin fisuras y la acción trascurre de modo uniforme, sin picos ni valles, pero con la tensión suficiente para que el espectador no pierda interés.
La dirección, magistral, aprovecha al máximo los recursos de qué dispone.
La actuación de la niña protagonista es soberbia y la del resto del reparto muy convincente.
14 de noviembre de 2025
14 de noviembre de 2025
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un embarazo adolescente es un tabú social que, por su condición de tabú y por ser relativamente infrecuente, queda doblemente invisible u oculto a los ojos de la sociedad. Pilar Palomero, para suerte nuestra, nos ofrece en esta película su especial mirada de cineasta, tan curiosa como limpia, tan sensible como libre de tremendismos, para que podamos conocer y entender esta realidad y observar, durante dos horas, toda la diversidad de vivencias y emociones que experimenta una mujer confrontada con esa situación.
Palomero se lanza a un ejercicio singular y a priori arriesgado: combinar la ficción narrativa con el enfoque documental, desdibujando voluntariamente las líneas formales que separan los dos géneros. Actrices profesionales, actrices noveles, madres adolescentes reales, un centro de acogida y educadores auténticos con sus propios nombres. A mi entender, no solamente la apuesta funciona, sino que es un acierto esencial, que hace a la película distinta e inolvidable.
Palomero se lanza a un ejercicio singular y a priori arriesgado: combinar la ficción narrativa con el enfoque documental, desdibujando voluntariamente las líneas formales que separan los dos géneros. Actrices profesionales, actrices noveles, madres adolescentes reales, un centro de acogida y educadores auténticos con sus propios nombres. A mi entender, no solamente la apuesta funciona, sino que es un acierto esencial, que hace a la película distinta e inolvidable.

Todas las capas de La Maternal se perciben concebidas con mimo para que contribuyan a la finalidad última, la de sentirnos cerca de Carla y poder compartir su desorientación, su perplejidad, su dificultad para responsabilizarse, su lucha por seguir aunque no sepa hacia dónde. A nivel de guión, con esa parte más ficcional y más poética centrada en la relación de Carla con su madre, y la otra parte más documental, la vida en el centro. En ambas capas hay un trabajo a nivel visual muy específico, en la selección de los espacios y en la iluminación (en muchos momentos, semioscuridad). Los sonidos también importan mucho, tanto la música como el entorno sonoro, frecuentemente hostil. Y finalmente, los recursos narrativos: unas elipsis especialmente expresivas y en los momentos justos, sin que sintamos habernos perdido algo importante, y unos fuera de campo usados con mucho sentido, que subrayan con más fuerza aún lo relevante (preciosa escena de narración de las historias de cada una de las adolescentes).

Tan coautoras como Pilar Palomero del emocionante resultado final de esta obra son sus actrices principales. Lo de Carla Quílez es uno de aquellos milagros que da el cine de vez en cuando. La cámara parece no tener que hacer casi nada para capturar su impresionante expresividad no impostada, sus miradas de temor, su rabia al sentir celos, su ternura, también su angustia por lo que no es capaz de hacer. A mí me dejó mudo la radicalidad visual de ese cuerpo de niña obligado a ser cuerpo de mujer antes de tiempo. Y me maravilló su energía al bailar. Pero Ángela Cervantes no le va mucho a la zaga. Su papel es también muy difícil, en lo que dice y en lo que no dice, pues lo que le ocurre a Carla es el reflejo de lo que le debió ocurrir a ella misma pocos años antes. Su personaje experimenta un desarrollo tan importante a nivel dramático como el de la niña, y ella consigue hacérnoslo sentir plenamente. Madre e hija son un juego de espejos en el que, al cabo, la comprensión mútua y la solidaridad primarán, sin mayor necesidad que unos leves gestos para que lo entendamos.
La Maternal es, en resumen, una película especial y que se antoja imborrable en nuestra memoria al terminar de verla. Ilumina y emociona. Cautiva y duele. Y cuestiona fuertemente, en cualquier caso, a sociedades como la nuestra, que se tapan los ojos para no ver ciertas heridas, dejando solas a las profesionales de los servicios sociales para tratar de mitigarlas con poco más que su buen sentido y su empatía. Larga vida a esta película, que aunque se estrenara en 2022, no va a perder nunca su sentido.
La Maternal es, en resumen, una película especial y que se antoja imborrable en nuestra memoria al terminar de verla. Ilumina y emociona. Cautiva y duele. Y cuestiona fuertemente, en cualquier caso, a sociedades como la nuestra, que se tapan los ojos para no ver ciertas heridas, dejando solas a las profesionales de los servicios sociales para tratar de mitigarlas con poco más que su buen sentido y su empatía. Larga vida a esta película, que aunque se estrenara en 2022, no va a perder nunca su sentido.
23 de enero de 2026
23 de enero de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La maternal es, ante todo, una película incómoda. No busca agradar ni edulcorar. Pilar Palomero toma una situación que mucha gente prefiere mirar de reojo —una adolescente de 16 años que se queda embarazada y decide seguir adelante— y la pone en primer plano sin filtros ni discursos moralizantes.
El núcleo del filme no es el embarazo en sí, ni siquiera la irresponsabilidad del chico (que desaparece rápido, como suele pasar en la vida real). El verdadero tema es la maternidad como experiencia física, emocional y social extremadamente dura, especialmente cuando se llega a ella sin preparación, sin red de apoyo sólida y sin apenas recursos.
Palomero no romantiza ni demoniza. Muestra lo cotidiano hasta hacerlo casi asfixiante: el cansancio infinito, la falta de sueño, la frustración acumulada, los llantos que no paran, la sensación de estar haciéndolo todo mal, el aislamiento. Pero también filma los pequeños momentos de conexión, las sonrisas inesperadas, los instantes en que el bebé te mira y, por un segundo, parece que todo el esfuerzo tiene algún sentido.
Lo interesante y valioso de la película es que no cae en el discurso fácil de «la maternidad lo compensa todo» ni en el opuesto de «es una condena irreversible». Más bien plantea una tercera vía mucho menos cómoda «sí se puede, pero es jodidamente difícil y casi nadie lo cuenta entero».
El centro de menores/madres adolescentes funciona como microcosmos de esa tensión donde hay cariño, hay profesionales que intentan ayudar, hay compañerismo… pero también hay burocracia, reglas absurdas, falta de intimidad, juicios velados y, sobre todo, mucha soledad disfrazada de comunidad.
Otro acierto importante es que la directora no convierte a la protagonista en una mártir ni en una heroína. Es una adolescente cabreada, impulsiva, muchas veces egoísta, que quiere salir de fiesta, que se equivoca, que explota, que se arrepiente y que, aun así, sigue poniendo el cuerpo y la cabeza para sacar adelante a su hijo. Esa ambivalencia es lo que hace que el personaje resulte creíble y que el espectador no pueda juzgarla con facilidad.
En un momento cultural en el que predominan dos polos bastante maniqueos (maternidad idealizada vs. maternidad como trampa patriarcal), Palomero se atreve a ocupar un espacio intermedio mucho más realista.
Sin una red real de apoyo (económico, emocional, logístico) la mayoría de esas historias terminan muy mal, y no por culpa de las madres, sino por falta de estructura y comunidad. Por eso manda un mensaje muy necesario si se encuentra en una situación similar busca ayuda en vez de optar por la vía "fácil" y al mismo tiempo se necesita ese tejido de ayuda en la sociedad.
Visualmente la película es muy contenida, casi documental en algunos tramos, con una cámara que se pega mucho a los cuerpos, a los gestos, al sudor, a las ojeras. Esa cercanía física refuerza la sensación de que no hay escapatoria posible del presente continuo que es criar a un bebé siendo casi una niña. Lo cual hace que no sea una película optimista, pero tampoco es nihilista sino esperanzadora a fuerza de crudeza.
Y en los tiempos que corren, donde lo fácil es abandonar o idealizar, esa mirada tan seca y a la vez tan humana resulta casi revolucionaria.
El núcleo del filme no es el embarazo en sí, ni siquiera la irresponsabilidad del chico (que desaparece rápido, como suele pasar en la vida real). El verdadero tema es la maternidad como experiencia física, emocional y social extremadamente dura, especialmente cuando se llega a ella sin preparación, sin red de apoyo sólida y sin apenas recursos.
Palomero no romantiza ni demoniza. Muestra lo cotidiano hasta hacerlo casi asfixiante: el cansancio infinito, la falta de sueño, la frustración acumulada, los llantos que no paran, la sensación de estar haciéndolo todo mal, el aislamiento. Pero también filma los pequeños momentos de conexión, las sonrisas inesperadas, los instantes en que el bebé te mira y, por un segundo, parece que todo el esfuerzo tiene algún sentido.
Lo interesante y valioso de la película es que no cae en el discurso fácil de «la maternidad lo compensa todo» ni en el opuesto de «es una condena irreversible». Más bien plantea una tercera vía mucho menos cómoda «sí se puede, pero es jodidamente difícil y casi nadie lo cuenta entero».
El centro de menores/madres adolescentes funciona como microcosmos de esa tensión donde hay cariño, hay profesionales que intentan ayudar, hay compañerismo… pero también hay burocracia, reglas absurdas, falta de intimidad, juicios velados y, sobre todo, mucha soledad disfrazada de comunidad.
Otro acierto importante es que la directora no convierte a la protagonista en una mártir ni en una heroína. Es una adolescente cabreada, impulsiva, muchas veces egoísta, que quiere salir de fiesta, que se equivoca, que explota, que se arrepiente y que, aun así, sigue poniendo el cuerpo y la cabeza para sacar adelante a su hijo. Esa ambivalencia es lo que hace que el personaje resulte creíble y que el espectador no pueda juzgarla con facilidad.
En un momento cultural en el que predominan dos polos bastante maniqueos (maternidad idealizada vs. maternidad como trampa patriarcal), Palomero se atreve a ocupar un espacio intermedio mucho más realista.
Sin una red real de apoyo (económico, emocional, logístico) la mayoría de esas historias terminan muy mal, y no por culpa de las madres, sino por falta de estructura y comunidad. Por eso manda un mensaje muy necesario si se encuentra en una situación similar busca ayuda en vez de optar por la vía "fácil" y al mismo tiempo se necesita ese tejido de ayuda en la sociedad.
Visualmente la película es muy contenida, casi documental en algunos tramos, con una cámara que se pega mucho a los cuerpos, a los gestos, al sudor, a las ojeras. Esa cercanía física refuerza la sensación de que no hay escapatoria posible del presente continuo que es criar a un bebé siendo casi una niña. Lo cual hace que no sea una película optimista, pero tampoco es nihilista sino esperanzadora a fuerza de crudeza.
Y en los tiempos que corren, donde lo fácil es abandonar o idealizar, esa mirada tan seca y a la vez tan humana resulta casi revolucionaria.
30 de noviembre de 2022
30 de noviembre de 2022
5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pilar Palomero ha elegido una historia de niñas para su segunda película. Ya lo había hecho en su primer largo con Las niñas, donde filmaba con mucha sensibilidad la adolescencia y la mirada al mundo adulto desde ese lugar. En La maternal, una niña de 14 años ha de hacer ese paso de forma brusca, sigue mirando como niña un mundo que le es ajeno. Carla Quílez, en el papel protagonista, ganó la Concha de Plata a la Mejor Interpretación en San Sebastián. Un galardón que hace honor porque se pone en la piel de una niña, Carla, con gran fuerza interior cuya fortaleza parece declinar en muchos momentos. Palomero consigue hacer vibrar cada momento protagonizado por ella. No se centra en el drama descarnado aunque se mueve en una fina línea que puede dirigirse a situaciones extremas en cualquier momento. Prefiere centrarse en las jóvenes y en sus palabras. De este modo, conecta con la vida de verdad y los diálogos se escuchan veraces
Una película que aporta un valor añadido a aquellas películas que hablan de la maternidad desde la voz de sus protagonistas. Este año se ha estrenado Cinco lobitos de Alauda Ruíz de Azúa que profundiza en la maternidad y en las relaciones con la madre. Una relación madre-hija que todavía tiene mucho recorrido en el cine y la literatura contemporánea y que está dando buenas películas en estos últimos años.
Un cine que permite conectar con muchas sensaciones que se tienen en los primeros días y meses de haber dado a luz sin relativizar el miedo, terror o el rechazo que la situación límite provoca. La maternal va a ser una película que deja huella por la novedad de su planteamiento.
www.cineparatodas.wordpress.com
Una película que aporta un valor añadido a aquellas películas que hablan de la maternidad desde la voz de sus protagonistas. Este año se ha estrenado Cinco lobitos de Alauda Ruíz de Azúa que profundiza en la maternidad y en las relaciones con la madre. Una relación madre-hija que todavía tiene mucho recorrido en el cine y la literatura contemporánea y que está dando buenas películas en estos últimos años.
Un cine que permite conectar con muchas sensaciones que se tienen en los primeros días y meses de haber dado a luz sin relativizar el miedo, terror o el rechazo que la situación límite provoca. La maternal va a ser una película que deja huella por la novedad de su planteamiento.
www.cineparatodas.wordpress.com
19 de junio de 2026
19 de junio de 2026
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Carla ha quedado embarazada con catorce años y es enviada a un centro de acogida. Es problemática, es conflictiva y francamente insoportable. La película tiene esa mirada artística y sensible del cine independiente español. Tiene sutileza y la cámara es como una invitada a la intimidad en la difícil situación que viven las mujeres jóvenes abusadas y marginadas. La película quiere naturalidad y espontaneidad y al buscarlas creo que pierde. Las conversaciones son insulsas de tan cotidianas y adolescentes. Las risas son falsas. Me pareció una película planteada con un esquema hecho para encajar en los festivales de cine independiente. De ahí la crudeza, los largos planos con caras de circunstancia, los diálogos a medias. Me costó, la verdad. Siento que ya he visto miles de películas así y que no basta con darle ese tono de marginalidad para que sea un cine distinto. No quiere decir que me haya parecido mala. Le encontré méritos, pero me pusieron muy nervioso la actitud pendenciera de la protagonista y los aires de cine duro y desolado. De esta directora había visto "Los destellos" y esa película sí que me encantó y me pareció bellísima. Está en Max.
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