Vidas cruzadas
1993 

7.4
11,192
Drama
Adaptación de varios relatos del escritor norteamericano Raymond Carver que retratan la vida cotidiana de un grupo muy heterogéneo de personas que viven en Los Ángeles. De profesiones, caracteres y orígenes muy diferentes, todos intentan afrontar como pueden las dificultades de su vida laboral y personal; personas que se cruzan indiferentes ignorando los dramas ajenos. Sin embargo, en medio de tanta cotidianeidad, late la presencia del terror. (FILMAFFINITY) [+]
29 de agosto de 2008
29 de agosto de 2008
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El universo suburbano y minuciosamente naturalista de Raymond Carver pasado por el tamiz caleidoscópico y disperso de Altman, que, haciéndose pasar por una suerte de divino entomólogo, nos muestra como las pequeñas heroicidades y miserias de la gente "normal" se entrecruzan e interpenetran dentro de ese vasto puzzle que es la vida. En este empeño el director ha contado con estupendos actores, una fotografía luminosa y apastelada (en la que como siempre en Altman se suelen utilizar focales largas que tienden a agrupar las personas y los escenarios), además de una funcional banda sonora de predominancia jazzistica.
Y le ha salido, en mi opinión, una maravillosa película que ademas fue una inspiración pionera para posteriores películas corales como Crash, Babel, 28 gramos, Magnolia, etc.
Y le ha salido, en mi opinión, una maravillosa película que ademas fue una inspiración pionera para posteriores películas corales como Crash, Babel, 28 gramos, Magnolia, etc.
20 de junio de 2009
20 de junio de 2009
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la década de los 90, cuando parecía que había dado de sí todo cuanto podía, el notable director Robert Altman sorprendió a propios y extraños con 2 verdaderas obras maestras que le hicieron revivir los viejos laureles de los 70. La primera, El juego de Hollywood (1991), supuso un ejercicio de ácida lucidez en forma comedia cínica acerca de los tejemanejes de la Meca del Cine. La segunda, Vidas cruzadas (1993), un retablo coral de coincidencias y existencias entrelazadas que acontece en Los Ángeles, renovó la narrativa del séptimo arte; Magnolia, Amores perros o 21 gramos son un claro ejemplo de ello, y si no que se lo pregunten a González Iñárritu.
19 de julio de 2011
19 de julio de 2011
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un presentador (Bruce Davison), su mujer (Andie MacDowell), una camarera (Lily Tomlin) que mantiene una complicada relación con un alcohólico (Tom Waits), una concertista (Lori Singer) o un policía infiel (Tim Robbins) son algunos de los protagonistas de este trabajo, a la postre uno de los mejores filmados por Robert Altman, quien de paso creó todo un subgénero, el de las películas corales en las que un heterogéneo (y muy numeroso) grupo de personajes interactúan entre sí con sorprendentes (mayoritariamente tristes) consecuencias.
Las distintas historias, basadas en relatos cortos de Raymond Carver capaces de convertir lo cotidiano (y supuestamente anodino) en tremendista, están hilvanadas a la perfección gracias tanto al talento de Altman como a un montaje de lo más acertado (sus tres horas de duración no se hacen, sorprendentemente, nada pesadas). Y es que Vidas cruzadas es un notabilísimo largometraje que se beneficia de unos intérpretes de primer orden (todos ellos impecables), una dirección magistral (es fácil perdonar alguna escena mal rematada, como la del atropello, ya que la mayoría sólo pueden ser catalogadas de espléndidas) y, sobre todo, un guión tan preciso y detallista que asusta. El resultado final es tan fascinante como perturbador, tan inquietante como interesante. ¿Qué más se puede pedir?
Las distintas historias, basadas en relatos cortos de Raymond Carver capaces de convertir lo cotidiano (y supuestamente anodino) en tremendista, están hilvanadas a la perfección gracias tanto al talento de Altman como a un montaje de lo más acertado (sus tres horas de duración no se hacen, sorprendentemente, nada pesadas). Y es que Vidas cruzadas es un notabilísimo largometraje que se beneficia de unos intérpretes de primer orden (todos ellos impecables), una dirección magistral (es fácil perdonar alguna escena mal rematada, como la del atropello, ya que la mayoría sólo pueden ser catalogadas de espléndidas) y, sobre todo, un guión tan preciso y detallista que asusta. El resultado final es tan fascinante como perturbador, tan inquietante como interesante. ¿Qué más se puede pedir?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Como dije antes, nuestros protagonistas forman un dispar grupo, pero la mayoría desprenden un fuerte halo de tristeza y desesperanza, algo que en algunos casos resulta especialmente evidente (véase el suicidio del personaje de Singer) o espeluznante (la subtrama de los pescadores que encuentran un cadáver en el río). Tal vez deberían advertir que esta película puede producir una terrible desazón en los espectadores.
30 de noviembre de 2011
30 de noviembre de 2011
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Son algo más de tres horas que se me han pasado en un periquete, como si yo mismo hubiera echado pie a tierra y me hubiera puesto a pasear, curioso y relajado, por las calles de los Angeles, mirando a través de los muros de cristal de sus viviendas y sollozando, riendo, ocultando, jugando y esperando la siguiente caricia, o zarpazo, de la vida de quienes habitan dentro de esta película y que antes lo hicieron en los sucios y realistas cuentos de Raymond Carver (1938-1988).
A juzgar por esta y otras propuestas (Crash, 2005) del género de historias cruzadas, parece que los urbanitas angelinos padecen una predisposición al desaliento y el desamor; y las crisis familiares y las casualidades son la sal de sus vidas.
Cierto que hay bastantes filmes que hablan del transcurrir del tiempo en las colmenas humanas, de las fatalidades del destino y de la eventualidad de la existencia, pero pocos como este de Robert Altman para ejemplarizar la fórmula y servir de faro a cuantos han venido a continuación contándonos cosas parecidas.
A juzgar por esta y otras propuestas (Crash, 2005) del género de historias cruzadas, parece que los urbanitas angelinos padecen una predisposición al desaliento y el desamor; y las crisis familiares y las casualidades son la sal de sus vidas.
Cierto que hay bastantes filmes que hablan del transcurrir del tiempo en las colmenas humanas, de las fatalidades del destino y de la eventualidad de la existencia, pero pocos como este de Robert Altman para ejemplarizar la fórmula y servir de faro a cuantos han venido a continuación contándonos cosas parecidas.
El elenco de actores es espectacular y algunos de ellos bordan sus interpretaciones; especial mención a: Madeleine Stowe, Julianne Moore, Tim Robbins, Frances McDormand y Chris Penn.
10 de octubre de 2018
10 de octubre de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desconozco la obra del reputado escritor Raymond Carver y apenas tenía noticia de la de Robert Altman, más allá de su gusto por los repartos multitudinarios, pero esta “Short Cuts” –me pregunto a qué lumbrera se le ocurriría reemplazar el sugerente juego de palabras que el título original hace con “Atajos” por el ramplón, incluso cursi, “Vidas cruzadas”– constituye una invitación irrechazable a ponerse al día con el trabajo de ambos autores.
Un rápido repaso a la extensísima nómina de rostros “jóvenes aunque sobradamente preparados” –la datación de la cinta, 1993, y el característico grano de la imagen bien merecen echar mano de expresiones coetáneas– supone en sí mismo un aliciente poderoso. En pocas producciones –y recientes no digamos– se habrá visto tamaña aglomeración de carisma, más si cabe tras la irrupción del gran Jack Lemmon en su pícara senectud.
El entrecruzamiento de hilos argumentales es un recurso narrativo cuyo abuso por cineastas de imaginación declinante ha acabado tornando previsible, por ende escasamente atrayente. Sin embargo, en “Short Cuts” se trataba todavía de una técnica novedosa, lo cual, junto a su aire “indie”, coadyuva a la frescura que transmite el mencionado, núbil elenco. La verdad es que el complejo engranaje funciona como un reloj de alta precisión, hasta tal punto que las tres horas que dura la película se pasan en un suspiro. Y no es fácil. No sólo porque, insisto, en otras manos la extrema fragmentación discursiva pudiera perfectamente haber supuesto un lastre de ardua digestión, sino en gran medida a causa del océano de vitriolo del que a duras penas consiguen emerger unos muy contados momentos de franco humorismo que nos permitan, a los espectadores y a los propios personajes, coger aire.
Un rápido repaso a la extensísima nómina de rostros “jóvenes aunque sobradamente preparados” –la datación de la cinta, 1993, y el característico grano de la imagen bien merecen echar mano de expresiones coetáneas– supone en sí mismo un aliciente poderoso. En pocas producciones –y recientes no digamos– se habrá visto tamaña aglomeración de carisma, más si cabe tras la irrupción del gran Jack Lemmon en su pícara senectud.
El entrecruzamiento de hilos argumentales es un recurso narrativo cuyo abuso por cineastas de imaginación declinante ha acabado tornando previsible, por ende escasamente atrayente. Sin embargo, en “Short Cuts” se trataba todavía de una técnica novedosa, lo cual, junto a su aire “indie”, coadyuva a la frescura que transmite el mencionado, núbil elenco. La verdad es que el complejo engranaje funciona como un reloj de alta precisión, hasta tal punto que las tres horas que dura la película se pasan en un suspiro. Y no es fácil. No sólo porque, insisto, en otras manos la extrema fragmentación discursiva pudiera perfectamente haber supuesto un lastre de ardua digestión, sino en gran medida a causa del océano de vitriolo del que a duras penas consiguen emerger unos muy contados momentos de franco humorismo que nos permitan, a los espectadores y a los propios personajes, coger aire.

Me cuesta creer, a modo de reflexión final, que pueda nadie serle infiel a la encantadora Madeleine Stowe... salvo un redomado imbécil como el madero que encarna Tim Robbins. A partir de un papel desagradecido donde los haya, éste hace una exhibición del enorme talento que lo engalana, reafirmado un año después y para siempre en la excelente “The Shawshank Redemption” (Cadena perpetua, 1994).
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