Todo lo que tú quieras
2010 

6.2
3,392
Drama
Leo, Alicia y su hija Dafne, de cuatro años, llevan una vida tranquila en Madrid. Alicia es la que se encarga del cuidado y la educación de la niña. Pero, durante las Navidades, Alicia muere, inesperadamente, tras un ataque de epilepsia. Leo, un hombre conservador, cuida de la pequeña lo mejor que puede, pero la niña reclama continuamente la presencia de su madre. El padre, que sólo desea el bienestar de la niña, llegará a renunciar a ... [+]
28 de octubre de 2010
28 de octubre de 2010
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todas las posibles virtudes cinematográficas de esta nueva película dirigida por Achero Mañas –la interpretación de los actores, la niña protagonista que te la comerías de lo rica que es..- quedan anuladas por completo a causa de una premisa argumental absurda, disparatada y que no se sostiene ni aún echándole la mejor de las voluntades.
Con su tercer largometraje, Mañas adopta una postura abiertamente demagógica con respecto al tema de la educación y de las relaciones paterno filiales desde luego muy alejada de aquella que presentaba en la estupenda El bola, su celebrada opera prima en la que también abordaba este mismo argumento. Sostiene además el realizador un discurso falsamente progresista que por desgracia comparte con otros colegas de profesión que en la actualidad también se dedican a hacer en nuestro país un cine de raíces sociales.
El punto de partida de la película es un dislate. Soy de la opinión de que en los temas realmente importanes a un niño nunca hay que ocultarle la verdad por dolorosa que ésta sea. Hacer lo contrario equivale a formar malcriados a corto plazo y a crear futuros frustrados y fracasados a la larga.
Por otra parte, yo no sé si las verdaderas intenciones de Mañas al acometer esta película eran las de censurar el actual modelo educativo imperante a base de presentarnos a un protagonista heroico que se atreve a desafiar a todo y a todos con tal de ver feliz a su hija justificando de paso lo injustificable. Ignoro si por el contrario lo que pretendía era criticar la actitud excesivamente permisiva de muchos padres de hoy día incapaces de profundizar en la educación de sus hijos al pensar que ésta es labor exclusiva de colegios y de profesores cuando en absoluto es así – eso sí, luego que no me toquen a mi niño, por favor. Conozco a muchos educadores que lejos de añorar la disciplina espartana y férrea de otros tiempos sí echan en falta un mayor rigor en las relaciones entre padres e hijos.
Sospecho que ni una ni otra eran las auténticas intenciones de la película
Con su tercer largometraje, Mañas adopta una postura abiertamente demagógica con respecto al tema de la educación y de las relaciones paterno filiales desde luego muy alejada de aquella que presentaba en la estupenda El bola, su celebrada opera prima en la que también abordaba este mismo argumento. Sostiene además el realizador un discurso falsamente progresista que por desgracia comparte con otros colegas de profesión que en la actualidad también se dedican a hacer en nuestro país un cine de raíces sociales.
El punto de partida de la película es un dislate. Soy de la opinión de que en los temas realmente importanes a un niño nunca hay que ocultarle la verdad por dolorosa que ésta sea. Hacer lo contrario equivale a formar malcriados a corto plazo y a crear futuros frustrados y fracasados a la larga.
Por otra parte, yo no sé si las verdaderas intenciones de Mañas al acometer esta película eran las de censurar el actual modelo educativo imperante a base de presentarnos a un protagonista heroico que se atreve a desafiar a todo y a todos con tal de ver feliz a su hija justificando de paso lo injustificable. Ignoro si por el contrario lo que pretendía era criticar la actitud excesivamente permisiva de muchos padres de hoy día incapaces de profundizar en la educación de sus hijos al pensar que ésta es labor exclusiva de colegios y de profesores cuando en absoluto es así – eso sí, luego que no me toquen a mi niño, por favor. Conozco a muchos educadores que lejos de añorar la disciplina espartana y férrea de otros tiempos sí echan en falta un mayor rigor en las relaciones entre padres e hijos.
Sospecho que ni una ni otra eran las auténticas intenciones de la película
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Incomprensible en todo momento la actitud del padre y de su entorno incapaz de pararle los pies ante su estrambótica actitud que es como para llevar a su pobre chiquilla al borde de la esquizofrenia. En unos tiempos en los que nos la cogemos con papel de fumar, no se cómo el segundo día en el que lleva a su hija al colegio disfrazado de mujer no tiene ya en pie de guerra al consejo escolar, las APAS y los servicios sociales todos juntos. Ridícula la escena, en la que después de humillar en público al transformista poco menos que se arrodilla ante él para pedirle que le ayude a vestirse de mujer. Inexplicable también la reacción final de la niña que de repente y sin venir a cuento – como si se hubiese dado un golpe en la cabeza o algo así- acepta que su madre se ha ido para siempre y ya no volverá nunca más. Lo dicho, un absurdo.
23 de mayo de 2018
23 de mayo de 2018
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Juan Diego Botto, no me agrada como actor, encalla sus papeles frecuentemente en un registro frío y distante que en esta película se acentúa.
El argumento es posible que con otro tratamiento hubiese funcionado, pero aquí todo resulta lejano, poco creíble... El ritmo se complica con escenas que sobran y otras sobrecargadas en tiempo. Me ha decepcionado profundamente, este proyecto de Achero Mañas, un director que me conmovió en EL BOLA. Obra sublime del cine español.
El argumento es posible que con otro tratamiento hubiese funcionado, pero aquí todo resulta lejano, poco creíble... El ritmo se complica con escenas que sobran y otras sobrecargadas en tiempo. Me ha decepcionado profundamente, este proyecto de Achero Mañas, un director que me conmovió en EL BOLA. Obra sublime del cine español.
13 de septiembre de 2010
13 de septiembre de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ladies and Gentelmen!! Welcome!, bienvenue!, ¡bienvenidos al circo!, pasen y vean, prepárense para contemplar el mayor espectáculo del mundo...
APLAUSOS
Silencio. Silencio por favor. Vamos a asistir a un número muy peligroso...
RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
Se apagan las luces y empieza la película. O quizá debería decir que empieza un arriesgado ejercicio de equilibrismo cinematográfico llamado "Todo lo que tú quieras".
Todavía no lo tengo claro. ¿Comedia? ¿Drama? ¿Tragedia? El tono de la película resulta a ratos desconcertante, y cambia de senda para perplejidad del espectador. Las interpretaciones, contenidas y en ocasiones tendentes al realismo, invitan de inicio a meterse en un drama, que lleva tintes de tragedia a los 15 minutos de metraje. Luego el tema cae en el drama oscuro, y de súbito, reflota hacia la comedia con la cual juguetea durante el resto del metraje, alternándolo con demoledoras escenas dramáticas.
Este equilibrismo de alto riesgo se apoya principalmente en las interpretaciones, muy trabajadas, en las cuales se observa la voluntad altamente intervencionista del director en este campo. Estas interpretaciones, lejos de ser aclaradoras, contribuyen al desconcierto. Resulta, a golpe de vista, poco verosímil el giro a la comedia que hace la película, pasada la primera media hora, más aun cuando los esforzados intérpretes nos han dibujado un panorama familiar muy convencional que no permite adivinar por dónde nos llevará esta aventura. Sin embargo, aunque parezca increíble, la aventura avanza haciéndose suficientamente creíble para que el espectador, consiguiendo que éste no se desenchufe, lo que le permite disfrutar de lo que, probablemente, son los mejores minutos de cine español en bastante tiempo.
¿Cómo consigue eso Achero Mañas? El tono indefinido de la película, su ritmo poco académico, las interpretaciones distantes y realistas, fabrican un híbrido que se mueve entre el tópico y la sorpresa, y preparan al espectador para ver algo imprevisible. La mente está siempre abierta porque tarda mucho en asentarse (si es que llega a hacerlo), en dar por hecho un género o un tono. Manipulado así, el espectador es capaz de creérselo todo. No se si Mañas ha inventado un nuevo género, con sus propias claves, o iba tan perdido que le ha salido un buñuelo que ha resultado tener un gusto especial. Lo que está claro es que es muy difícil anticiparse en una película que se escurre constantemente de las manos del espectador, y eso juega a favor de Mañas.
(Sigo sin desvelar)
APLAUSOS
Silencio. Silencio por favor. Vamos a asistir a un número muy peligroso...
RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
Se apagan las luces y empieza la película. O quizá debería decir que empieza un arriesgado ejercicio de equilibrismo cinematográfico llamado "Todo lo que tú quieras".
Todavía no lo tengo claro. ¿Comedia? ¿Drama? ¿Tragedia? El tono de la película resulta a ratos desconcertante, y cambia de senda para perplejidad del espectador. Las interpretaciones, contenidas y en ocasiones tendentes al realismo, invitan de inicio a meterse en un drama, que lleva tintes de tragedia a los 15 minutos de metraje. Luego el tema cae en el drama oscuro, y de súbito, reflota hacia la comedia con la cual juguetea durante el resto del metraje, alternándolo con demoledoras escenas dramáticas.
Este equilibrismo de alto riesgo se apoya principalmente en las interpretaciones, muy trabajadas, en las cuales se observa la voluntad altamente intervencionista del director en este campo. Estas interpretaciones, lejos de ser aclaradoras, contribuyen al desconcierto. Resulta, a golpe de vista, poco verosímil el giro a la comedia que hace la película, pasada la primera media hora, más aun cuando los esforzados intérpretes nos han dibujado un panorama familiar muy convencional que no permite adivinar por dónde nos llevará esta aventura. Sin embargo, aunque parezca increíble, la aventura avanza haciéndose suficientamente creíble para que el espectador, consiguiendo que éste no se desenchufe, lo que le permite disfrutar de lo que, probablemente, son los mejores minutos de cine español en bastante tiempo.
¿Cómo consigue eso Achero Mañas? El tono indefinido de la película, su ritmo poco académico, las interpretaciones distantes y realistas, fabrican un híbrido que se mueve entre el tópico y la sorpresa, y preparan al espectador para ver algo imprevisible. La mente está siempre abierta porque tarda mucho en asentarse (si es que llega a hacerlo), en dar por hecho un género o un tono. Manipulado así, el espectador es capaz de creérselo todo. No se si Mañas ha inventado un nuevo género, con sus propias claves, o iba tan perdido que le ha salido un buñuelo que ha resultado tener un gusto especial. Lo que está claro es que es muy difícil anticiparse en una película que se escurre constantemente de las manos del espectador, y eso juega a favor de Mañas.
(Sigo sin desvelar)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Al margen de esos aciertos (o desaciertos, vete tú a saber), la película tiene una virtud: la idea. Es verdaderamente buena, tiene unas posibilidades cómicas y dramáticas enormes, y aunque tardamos en llegar a ella, aunque hacemos un viaje a ratos absurdo antes de que se nos manifieste, cuando lo hace, el placer compensa y dispara la película hacia arriba. Lo que parecía un topicazo raro, pasa a convertirse en una aventura cinematográfica con apuntes de lirismo. Y Mañas le saca bastante partido, tanto por la parte dramática, como por la parte cómica, con la contribución especial de los actores que, como la película, explotan definitivamente, encuentran su lugar del mismo modo que lo hace el espectador.
Esta es una de aquellas películas de las que hay que decir que el tiempo será quien realmente la juzgue. Hay en ella cosas, mezclas, potingues, que pueden tomarse por geniales, o por demenciales. Lo que no se puede negar es que es una película altamente arriesgada, propia de un funambulista subido a lo alto de un alambre, haciendo equilibrismos, manteniendo a todos en vilo para ver si logrará una hazaña, o caerá al vacío para estrellarse. En este país son necesarios, imprescindibles, "fenómenos del alambre" de este tipo, por lo que tienen de rareza, de escasos, y su aparición (o reaparición), merece un aplauso.
Para este crítico, todavía en proceso de digestión, Mañas logra cruzar el alambre, pero en ese interminable trayecto, más de una vez, despierta los gritos de pavor del aforo, pues está al borde de la muerte. Eso sin embargo, hace su número mucho más excitante.
Esta es una de aquellas películas de las que hay que decir que el tiempo será quien realmente la juzgue. Hay en ella cosas, mezclas, potingues, que pueden tomarse por geniales, o por demenciales. Lo que no se puede negar es que es una película altamente arriesgada, propia de un funambulista subido a lo alto de un alambre, haciendo equilibrismos, manteniendo a todos en vilo para ver si logrará una hazaña, o caerá al vacío para estrellarse. En este país son necesarios, imprescindibles, "fenómenos del alambre" de este tipo, por lo que tienen de rareza, de escasos, y su aparición (o reaparición), merece un aplauso.
Para este crítico, todavía en proceso de digestión, Mañas logra cruzar el alambre, pero en ese interminable trayecto, más de una vez, despierta los gritos de pavor del aforo, pues está al borde de la muerte. Eso sin embargo, hace su número mucho más excitante.
11 de septiembre de 2010
11 de septiembre de 2010
19 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
La filmografía como actor de Achero Mañas es tan pobre y mediocre que se tuvo que reciclar en la dirección para poder salir del atolladero artístico en el que se había metido con títulos tan nefastos como “Historias de la puta mili (1993)” o “Belmonte”(1995).
Como realizador pudo contentar a público y crítica con algunos cortometrajes excelentes que le sirvieron como trampolín de acceso a una perfecta y madura ópera prima titulada “El bola”(2000) , donde su máxima era un perfecto casting de caras nuevas en una dura historia sin concesiones hacia el maltrato infantil. Desde entonces, Mañas se autoproclamó como un director experto en el trabajo con niños. Aquí quiere repetir fórmula, pero ni el inverosímil guión, ni el paupérrimo maquillaje y peluquería, ni la equivocada fotografía de David Omedes pueden salvar lo insalvable. La historia está plagada de personajes planos que no aportan nada en su desarrollo (la horrible Nawja Nimri, la alexitímica Ana Risueño, Pedro Alonso, Ana Wagener,…) llegando a su máxima con la aparición de un Alberto Jiménez en plan “pasaba por aquí y quise echaros una mano”. Las inútiles interpretaciones de José Luís Gómez (mister Teatro de la Abadía, que aquí va de Joel Grey en "Cabaret") y Juan Diego Botto (esforzándose por darnos más de lo mismo en una alejadísima interpretación donde se manifiesta claramente el contrastado duelo entre persona y personaje) no logran salvar la función, que hace más aguas que el Titanic. La niña no llega nunca a creerse el papel y sus desvaríos se notan demasiado, y por ello Achero se limita a cortar y a realizar un abusivo mal uso de la música de Leiva (un horrible y reiterativo guitarreo ensordecedor) en unos forzados videoclips que encaja con calzador en medio del metraje. Los diálogos son demasiado superficiales y no funcionan para nada (abusando demasiado de los “cariño”, “mi vida”, “flaca”), además del hándicap que supone estar rodando conversaciones telefónicas todo el tiempo para dar de una vez toda la información al espectador mientras se le tacha inhumanamente de retrasado e ignorante. También tenemos un abuso del travelling circular y los primeros planos que ponen aún más de manifiesto el desacierto en la elección de la peluquería y maquillaje al estilo de la saga “Crepúsculo”. La pequeña Lucía Fernández se pasa toda la película con grandes cantidades de rímel en las pestañas y despiadadamente mal pintarrajeada. Así como los imperdonables brillos que matan la credibilidad de los actores.
Ana Risueño se muere peor que los malos de los Spaghetti western y la filmación de su muerte en el banco de un parque provoca más risas que los múltiples fallecimientos de Kenny en “South Park”.
Como realizador pudo contentar a público y crítica con algunos cortometrajes excelentes que le sirvieron como trampolín de acceso a una perfecta y madura ópera prima titulada “El bola”(2000) , donde su máxima era un perfecto casting de caras nuevas en una dura historia sin concesiones hacia el maltrato infantil. Desde entonces, Mañas se autoproclamó como un director experto en el trabajo con niños. Aquí quiere repetir fórmula, pero ni el inverosímil guión, ni el paupérrimo maquillaje y peluquería, ni la equivocada fotografía de David Omedes pueden salvar lo insalvable. La historia está plagada de personajes planos que no aportan nada en su desarrollo (la horrible Nawja Nimri, la alexitímica Ana Risueño, Pedro Alonso, Ana Wagener,…) llegando a su máxima con la aparición de un Alberto Jiménez en plan “pasaba por aquí y quise echaros una mano”. Las inútiles interpretaciones de José Luís Gómez (mister Teatro de la Abadía, que aquí va de Joel Grey en "Cabaret") y Juan Diego Botto (esforzándose por darnos más de lo mismo en una alejadísima interpretación donde se manifiesta claramente el contrastado duelo entre persona y personaje) no logran salvar la función, que hace más aguas que el Titanic. La niña no llega nunca a creerse el papel y sus desvaríos se notan demasiado, y por ello Achero se limita a cortar y a realizar un abusivo mal uso de la música de Leiva (un horrible y reiterativo guitarreo ensordecedor) en unos forzados videoclips que encaja con calzador en medio del metraje. Los diálogos son demasiado superficiales y no funcionan para nada (abusando demasiado de los “cariño”, “mi vida”, “flaca”), además del hándicap que supone estar rodando conversaciones telefónicas todo el tiempo para dar de una vez toda la información al espectador mientras se le tacha inhumanamente de retrasado e ignorante. También tenemos un abuso del travelling circular y los primeros planos que ponen aún más de manifiesto el desacierto en la elección de la peluquería y maquillaje al estilo de la saga “Crepúsculo”. La pequeña Lucía Fernández se pasa toda la película con grandes cantidades de rímel en las pestañas y despiadadamente mal pintarrajeada. Así como los imperdonables brillos que matan la credibilidad de los actores.
Ana Risueño se muere peor que los malos de los Spaghetti western y la filmación de su muerte en el banco de un parque provoca más risas que los múltiples fallecimientos de Kenny en “South Park”.
9 de septiembre de 2010
9 de septiembre de 2010
11 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Asistí al preestreno de la nueva película del director que nos sorprendió anteriormente y la verdad es que me quedé más que satisfecho. Esta película está hecha para emocionarse. Una película con unas interpretaciones excelentes que hacen que te creas la historia al completo.
Si hay una interpretación a destacar es la de la pequeña pero brillantísima Lucía Fernández, que cobra todo el protagonismo en la pantalla, aunque haya otras interpretaciones excelentes como las de Botto o Gómez.
Algunas escenas de la película que son realmente excepcionales y la química entre Juan Diego Botto y Lucía Fernández es muy divertida.
La única pega que le pongo es que la primera parte es un poco lenta, pero merece mucho la pena.
Si hay una interpretación a destacar es la de la pequeña pero brillantísima Lucía Fernández, que cobra todo el protagonismo en la pantalla, aunque haya otras interpretaciones excelentes como las de Botto o Gómez.
Algunas escenas de la película que son realmente excepcionales y la química entre Juan Diego Botto y Lucía Fernández es muy divertida.
La única pega que le pongo es que la primera parte es un poco lenta, pero merece mucho la pena.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
US
Canadá
México
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana




