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Grace, princesa de Mónaco

Drama A los 33 años, Grace Kelly, una gran estrella de Hollywood, renunció a su carrera como actriz para casarse en 1956 con el príncipe Rainiero III y convertirse en Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia de Mónaco. La historia se ambienta en plena crisis política y económica entre Francia y Mónaco, crisis en la que la actriz americana estuvo involucrada. (FILMAFFINITY)
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3
8 de junio de 2014 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En primer lugar, resaltar que fuí a ver esta película por descarte (cada vez nos lo ponen más dificil para acudir al cine...).
Tenía muchos reparos con la película puesto que me temía lo peor con Nicole Kidman. Pensé que toda la cirugía que se había hecho en la cara haría que me fuese inevitable estar continuamente pensando en su cirujano más que en su interpretación, pero he de decir que no fué así. O bién le han retocado la cara con efectos especiales o, realmente, no está tan mal como pensé.
En todo caso, la película no es más que un telefilme de Antena 3 de sábado tarde más o menos bueno que podría conseguir una nota mejor si no fuese por la última media hora, en la cual el guionista echa por la borda su trabajo regular durante todo el filme con un discurso en boca de la supuesta Grace que hace ruborizar a la más ñoña monja de un convento...
En fin, para matar una tarde aburrida en casa...
4
30 de agosto de 2025 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre me ha llamado la atención la cobertura mediática de un país de pijos, estilo Cadaqués, lleno de ricos extranjeros que no pagan impuestos en el suyo y ese glamour de garrafón y de revista del corazón de las peluquerías de una familia pastosa que, de hecho, forma una alcaldía hereditaria bastante hortera. Es como si en Marbella, el finado Jesús Gil la hubiese independizado de España y se hubiese proclamado príncipe.

Hay micronaciones como el principado de Hutt River en Australia, o Seborga en Europa. Incluso en EE.UU. tenemos a Molossia, con un dictador que se parece mucho a Rainiero. Pero no tienen ese glamour ni el reconocimiento internacional. Una pena. También tenemos el Principado de Sealand, en una plataforma en el mar del Norte, con su monarquía, pero tampoco la tomaron en serio. Pero denles tiempo.

Sabemos que los estadounidenses se derriten con cualquier título nobiliario europeo, pero resulta extraño en un filme guionizado por un francés. La película que tenemos entre manos es una fantasía más propia de un filme de princesas de Disney - "Encantada" o algo así- que algo serio.
Nos quieren vender una ridícula crisis real que tuvieron los monegascos con De Gaulle por los impuestos, como si fuese la crisis de los misiles de Kennedy. Por favor, seamos serios. Y no duda el guionista en alterar la realidad, mostrándonos a Grace con un discurso que jamás pronunció. Y otros detalles nimios, como decir que Napoleón no entró en Mónaco, cuando realmente lo ocupó durante quince años. Vamos a contar mentiras, tralará.

Nos ofrecen a un Rainiero, interpretado por Tim Roth, que parece que está interpretando a Himmler. No se si el maquillador se equivocó de personaje o qué, pero desde luego, no se parece en nada al Príncipe de Mónaco. Por otro lado tenemos a una Nicole Kidman que, como buena australiana, no tiene ni idea de la nobleza regia, la de verdad, como es la británica, por muchas ovejas descarriadas que tengan. Esa trascendencia como si fuese Jacqueline Kennedy resulta grotesca, exagerada, bufa. ¡Si hasta tenemos una trama de espías que llevan boina y gabardina! ¡Parecen salidos de la película "Top Secret"! ¡Que cosa más ridícula! Así que tendremos también una conspiración en la alcaldía como si fuese un pueblo de la costa de España.
La película es más propia de un telefilme de Antena 3 del mediodía, entre las de Rosamund Pilcher y los telefilmes románticos de Navidad; igual de babosa y pegajosa. E increíble.
4
29 de junio de 2014 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si nos detenemos en los primeros impresos del film leeremos que el director avisa que la que veremos a continuación es una historia ficcionada de hechos reales y así hay que tomarla. Una película que se ha tomado ciertas licencias que no son veraces y que solo podrían importarle a las revistas de chimentos (o del corazón como se dice en España).
Lo admirable es el cuidado en el vestuario de la protagonista, delicado, elegante, excepto el vestido del final, que en lo personal no me gustó demasiado. Algunos planos lejanos de la Kidman nos recuerdan a la estampa de la princesa, pero cuando el abuso de los primeros planos se ejecuta, toda esa ilusión se pierde. Nicole hace lo que puede intentando emular la cadencia de la voz de la princesa apelando a esa serenidad innata que la caracterizaba pero poco más. Por otro lado, Tim Roth haciendo de Rainiero no convence para nada.

En resumen, esta fallida película nos dice sin vueltas y sin descubrir nada nuevo que Grace tuvo que elegir entre dos papeles protagónicos, el de Marnie y el de Princesa de Mónaco. Cuando vio que no tenía opciones se abocó a perfeccionar su elección, y ya sabemos cual fue. Y como dice la última frase de la película: El mundo seguirá pronunciando tu nombre, Princesa Grace.
6
6 de julio de 2014 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una Grace desganada y apagada, de nulo glamour, lucimiento escaso y seducción poco intensa. Hay que reconocer que Olivier Dahan tiene su mérito pues todo un personaje tan suculento y atractivo a los ojos del público lo ha convertido en un ejercicio inexpresivo, de nula notoriedad, rigidez absoluta y pobre interés. El dramatismo de la bella damisela encerrada en su encantador castillo al rescate de su devoto amado y de su hermoso reino es soso e inerte, un teatro poco suculento, convincente o satisfactorio para toda la magnificencia que se desprende sólo con mencionar su nombre, la narración de un cuento donde la heroína sacrificada deja de lado sus aspiraciones y deseos, su felicidad personal y entrega su vida por la de los demás no convence, atrapa ni fascina, sabor poco figurante que no destaca ni sobresale. Nicole Kidman se esfuerza por exprimir al máximo su papel, sacar todo el jugo posible a este esperanzado guión pero lo más que consigue es alargar su carismático y elegante anuncio televisivo de Chanel aunque sin tanta gracia, fortuna o gloria pues la cuidada/perceptiva estética y su venerable/agradecido intento caen en saco roto, partida de póker fallida a pesar de los excelentes jugadores. No acabas de creerte la representación, ésta no deslumbra ni llena tus expectativas, únicamente ofrece un entretenimiento tibio y neutro cuya brillantez se diluye al poco de empezar la obra hasta alcanzar un tono tenue, suave y de gran fineza que despierta pocas inquietudes, camino de andadura tranquila y pasos reposados. El fervor de palacio, las intrigas políticas, el destino de un país, el liderazgo de un trono expresados sin apenas chispa, emoción o picardía, no duerme ni aburre pero tampoco provoca efusivos suspiros, ardientes encantos o un ímpetu bárbaro, una sutil delicadeza en sus intenciones que se vuelve en contra al no lograr despertar las oportunas pasiones y deseos que muevan tu alma y vibren en tu inquieto corazón pues..., una princesa siempre será un princesa y su legado siempre será una fascinante fantasía de luz y color, ensoñación adorable no hallada en esta ocasión

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
4
20 de octubre de 2015 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de asistir al despropósito que supone Grace de Mónaco, parece claro que lo que sucedió con Olivier Dahan en La vida en rosa fue fruto de la casualidad, o más bien, del poder de la música de Edith Piaf y de la extraordinaria labor de Marion Cotillard, aún hoy una de las mejores mímesis que el cine ha hecho de alguien real.

Porque partiendo de una peregrina excusa que abre Grace de Mónaco (la película no está “basada en hechos reales”, sino que “dramatiza hechos reales”), no hay nada más lejos de la mímesis que a lo que uno asiste en esta película arrítmica, retrógrada, folletinesca, plastificada, y sobre todo, involuntariamente cómica.

Porque es cierto que puede ser interesante ver el cuento de princesas que parece aparentemente la vida de Grace Kelly desde el prisma de su individualidad, de la vivencia real de la estrella y monarca ante el machismo de su época, su conflicto por el abandono de su pasión y la pasión por su marido. Pero si alguien quiere buscar algo de verdad en Grace de Mónaco que mejor huya despavorido. No hay nada en esta película que sea honesto, real, más allá del notable esfuerzo de Nicole Kidman por no hundirse con todo el proyecto.

Y es un esfuerzo considerable, del que la actriz, que no ha perdido su talento en los últimos años (ahí están sus soberbias interpretaciones en Rabbit Hole, Stoker, The Paperboy o The Railway Man), como demuestran los invasivos, eternos, e injustificados primeros y primerísimos planos que Dahan hace sobre su rostro, que más allá de no contar nada que ayude a la historia, al menos sirven para observar el buen trabajo de un intérprete ante la catástrofe inevitable. De todos los personajes y actores secundarios mejor no hablo, porque probablemente me pondría violento…

Pero bueno, para los amantes del cotilleo, para reírse de cuán mal hecha puede estar realizada una película y para apreciar como tirar una historia por la borda, Grace de Mónaco puede ser un gran film.
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