Cientos de castores
2022 

6.5
1,080
3 de marzo de 2025
3 de marzo de 2025
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por lo general, veo que esta película tiene buena prensa en FilmAffinity, así que me voy a permitir hacer la crítica que sea la excepción entre tanta alabanza.
"Cientos de castores" es una extraña película dirigida por Mike Cheslik que toma como idea un concepto digno de los Looney Tunes combinado con el humor slapstick de Buster Keaton o los españoles Tricicle, y ofreciendo un resultado que no sería malo si esto fuese un cortometraje.
Ahora, para una película de más de 90 minutos, el concepto queda muy estirado, y me recuerda al típico amiguete que no para de contar chistes, y se puede pasar toda la tarde contando uno tras otro, que para él o ella resultan muy divertidos, pero tú al séptimo chiste ya empiezas a mirar el reloj porque esta quedada se te está haciendo muy larga.
Y es el problema de "Cientos de castores"; el humor es demasiado absurdo, así que o entras en su juego o estás fuera, la trama va dando bandazos, y si bien puede ser graciosa ocasionalmente, a mí me da la sensación de que habría funcionado mejor de haber sido una cinta 100% animada.
Porque a mí eso de ver personas disfrazadas de animales haciendo mímica con fondos de croma muy mal implementados en la imagen, me resulta absolutamente desconcertante.
No tengo problemas con la falta de diálogo, porque los pocos intérpretes a los que les vemos la cara, hacen un buen trabajo.
El amigo que me la recomendó tiene unos gustos muy peculiares, y se rió muchísimo con esta cinta, supongo que en este humor tan rematadamente absurdo, irreal y exagerado, o entras o no entras, y yo personalmente no entré.
Aún así, veo que le fue bien en taquilla, algo absolutamente sorprendente porque no se me ocurre qué tipo de público acude a una sala a ver una película con un título tan extraño como "Cientos de castores".
"Cientos de castores" es una extraña película dirigida por Mike Cheslik que toma como idea un concepto digno de los Looney Tunes combinado con el humor slapstick de Buster Keaton o los españoles Tricicle, y ofreciendo un resultado que no sería malo si esto fuese un cortometraje.
Ahora, para una película de más de 90 minutos, el concepto queda muy estirado, y me recuerda al típico amiguete que no para de contar chistes, y se puede pasar toda la tarde contando uno tras otro, que para él o ella resultan muy divertidos, pero tú al séptimo chiste ya empiezas a mirar el reloj porque esta quedada se te está haciendo muy larga.
Y es el problema de "Cientos de castores"; el humor es demasiado absurdo, así que o entras en su juego o estás fuera, la trama va dando bandazos, y si bien puede ser graciosa ocasionalmente, a mí me da la sensación de que habría funcionado mejor de haber sido una cinta 100% animada.
Porque a mí eso de ver personas disfrazadas de animales haciendo mímica con fondos de croma muy mal implementados en la imagen, me resulta absolutamente desconcertante.
No tengo problemas con la falta de diálogo, porque los pocos intérpretes a los que les vemos la cara, hacen un buen trabajo.
El amigo que me la recomendó tiene unos gustos muy peculiares, y se rió muchísimo con esta cinta, supongo que en este humor tan rematadamente absurdo, irreal y exagerado, o entras o no entras, y yo personalmente no entré.
Aún así, veo que le fue bien en taquilla, algo absolutamente sorprendente porque no se me ocurre qué tipo de público acude a una sala a ver una película con un título tan extraño como "Cientos de castores".
11 de febrero de 2025
11 de febrero de 2025
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el draft de la NBA del año 1996 se presentó un joven pívot demasiado bajito para su posición. Fue desestimado, no entró entre las 60 grandes promesas de su cosecha y fue condenado al ostracismo baloncestístico, obligado a labrarse un futuro fuera del Jardín del Edén del baloncesto. Pasó un par de años dando vueltas hasta encontrarse dentro de la prestigiosa liga. Llegó a Detroit, donde logró el anillo, ser All-Star (el primero siendo no drafteado), cuatro veces mejor defensor del año y ser el primer miembro del Salón de la Fama sin haber sido drafteado. La gran historia del underdog.
Bueno, pues ‘Cientos de Castores’ se presentó por festivales de cine de todo 2022, donde fue ninguneado mientras los enviados de las distribuidoras, con unas finas gafas colocadas en el punta del tabique, tachaban su nombre en las libretas. Dos años y medio después se ha convertido, por rebotes de la vida, en un clásico de culto, y con razón. En el cine también hay grandes underdogs.
Es muy difícil tener tanta atmósfera de cine independiente en una película y a la vez una sensación de inmortalidad en todo lo que engloba a la obra. Inspirada en las comedias slapstick de la década de los años 10s y 20s, y con el toque de surrealismo y tontería digno de la era dorada de los Looney Tunes; ‘Cientos de Castores’ resalta como un renacer de comedia tontamente inteligente que manifiesta tanto por sus formas como por su fondo que el cine es un arte inmutable y que lo era maravilloso hace cien años, puede tener una evolución natural y permanecer fresco siendo el producto formulado con la misma pasión que le precede desde hace un siglo.
La historia de un sidrero que pierde su bodega y se convierte en el trampero más afamado de todo Wisconsin. Una historia muda, con más tontería que trama y con una virtud con la comedia visual que personalmente creía perdida en la actualidad salvo en las manos de Edgar Wright.
Mike Cheslik en su debut consigue sobresalir rompiendo la norma de comedias dialogadas: donde la comedia se manifiesta en un 99% en la conversación, dejando la acción como algo residual incapaz de aportar el toque de ironía a la situación, alejando a la comedia física del foco y reposando el peso cómico en los hombros de la genialidad escrita de los guiones, convirtiendo a la obra en una víctima susceptible de la limitación.
Cheslik, por el contrato, rompe las leyes tanto de la física, como de la lógica e incluso de lo que es cinematográficamente aceptable. Presenta a personajes que son disfraces baratos de peluches de animales completamente geniales que le dan una falta de seriedad brillante para romper cualquier lazo con la verosimilitud que te puede exigir el público a día de hoy. Abusa, para bien, de decorados burdamente falsos, animación casi aficionada, escatología, violencia y bobadas varias para, por primera vez en mucho tiempo, establecer un pacto tácito con el espectador para dejar claro que en el cine, mientras funcione, vale absolutamente todo.
‘Cientos de Castores’ evidencia que el cine es pasión, amor, arte inmortal y que lo que le hizo grande sigue vigente con fuerza, vigor y socarronería. Es un Harold Lloyd moderno, un Buster Keaton canábico, los Looney Tunes hechos por cuatro aficionados. Todo, adornado por el granulado del celuloide viejo, resulta ser el reflejo de la belleza impasible del cine, que resulta abrumadora cuando se zambulle en casi dos horas de nostalgia y ansia de gritar a todo pecho "Make Cinema Great Again". Bravo por Mike Cheslik, por Ryland Brickson Cole Tews y por los cientos de payasos disfrazados de castores, mapaches, conejos, lobos o perros.
Bueno, pues ‘Cientos de Castores’ se presentó por festivales de cine de todo 2022, donde fue ninguneado mientras los enviados de las distribuidoras, con unas finas gafas colocadas en el punta del tabique, tachaban su nombre en las libretas. Dos años y medio después se ha convertido, por rebotes de la vida, en un clásico de culto, y con razón. En el cine también hay grandes underdogs.
Es muy difícil tener tanta atmósfera de cine independiente en una película y a la vez una sensación de inmortalidad en todo lo que engloba a la obra. Inspirada en las comedias slapstick de la década de los años 10s y 20s, y con el toque de surrealismo y tontería digno de la era dorada de los Looney Tunes; ‘Cientos de Castores’ resalta como un renacer de comedia tontamente inteligente que manifiesta tanto por sus formas como por su fondo que el cine es un arte inmutable y que lo era maravilloso hace cien años, puede tener una evolución natural y permanecer fresco siendo el producto formulado con la misma pasión que le precede desde hace un siglo.
La historia de un sidrero que pierde su bodega y se convierte en el trampero más afamado de todo Wisconsin. Una historia muda, con más tontería que trama y con una virtud con la comedia visual que personalmente creía perdida en la actualidad salvo en las manos de Edgar Wright.
Mike Cheslik en su debut consigue sobresalir rompiendo la norma de comedias dialogadas: donde la comedia se manifiesta en un 99% en la conversación, dejando la acción como algo residual incapaz de aportar el toque de ironía a la situación, alejando a la comedia física del foco y reposando el peso cómico en los hombros de la genialidad escrita de los guiones, convirtiendo a la obra en una víctima susceptible de la limitación.
Cheslik, por el contrato, rompe las leyes tanto de la física, como de la lógica e incluso de lo que es cinematográficamente aceptable. Presenta a personajes que son disfraces baratos de peluches de animales completamente geniales que le dan una falta de seriedad brillante para romper cualquier lazo con la verosimilitud que te puede exigir el público a día de hoy. Abusa, para bien, de decorados burdamente falsos, animación casi aficionada, escatología, violencia y bobadas varias para, por primera vez en mucho tiempo, establecer un pacto tácito con el espectador para dejar claro que en el cine, mientras funcione, vale absolutamente todo.
‘Cientos de Castores’ evidencia que el cine es pasión, amor, arte inmortal y que lo que le hizo grande sigue vigente con fuerza, vigor y socarronería. Es un Harold Lloyd moderno, un Buster Keaton canábico, los Looney Tunes hechos por cuatro aficionados. Todo, adornado por el granulado del celuloide viejo, resulta ser el reflejo de la belleza impasible del cine, que resulta abrumadora cuando se zambulle en casi dos horas de nostalgia y ansia de gritar a todo pecho "Make Cinema Great Again". Bravo por Mike Cheslik, por Ryland Brickson Cole Tews y por los cientos de payasos disfrazados de castores, mapaches, conejos, lobos o perros.
20 de marzo de 2024
20 de marzo de 2024
13 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Unos CIENTOS DE CASTORES comienzan a roer, quizás no en los cines, pero si en Filmin.
Estrenándose Mike Cheslik al igual que su elenco protagonizado por Rylan Cole Tews, quienes con un presupuesto ínfimo nos llevarán a una escatológica acampada en un bosque helado en blanco y negro que se puede escapar del humor de los más pequeños.
Destaca por tener un guion hilarante y repleto de sketches fáciles que se logran complementar por una posproducción donde se nota el cariño y la dedicación.
No termina de talar en lo actoral, pues se nota en exceso la inexperiencia y el desdén por confundir "dejarse llevar" con "no tomárselo en serio".
Su nota es un 3, aunque su media pueda ser más alta por el público subjetivo de nicho al que va dirigido.
Y es que es fácil tropezar en esa disyuntiva, porque pese sus carencias técnicas objetivas, no deja de ser entretenida, por mucho que no quiera ir más allá o no tratar de marcar un trasfondo, confiando en que reinventado los cascoporros, será suficiente.
Lo mejor sin duda alguna es el segundo acto, en la que el protagonista hace suyo el bosque inducido por una motivación, otorgándonos la única reflexión del film ¿El amor vale la pena como para hacer un exterminio?
Donde quizás las muelas no dieron para más, fue en el primer acto, la supervivencia y el origen de protagonista y castores son algo que se alarga y que puestos a no tener sentido, dime que los castores han evolucionado por la contaminación de los ríos hasta el punto de quererse marchar del planeta y que pillaron a un senderista perdido en una nevada, ahorrando al espectador 40 minutos de vida.
Recomendaciones, es un tipo de humor absurdo y descarado nos recordó a BORAT, pero por temática, puede que se acerque más a SOUTH PARK, y el protagonista repite su estilo en LAKE MICHIGAN MONSTER.
@rcoolture
Estrenándose Mike Cheslik al igual que su elenco protagonizado por Rylan Cole Tews, quienes con un presupuesto ínfimo nos llevarán a una escatológica acampada en un bosque helado en blanco y negro que se puede escapar del humor de los más pequeños.
Destaca por tener un guion hilarante y repleto de sketches fáciles que se logran complementar por una posproducción donde se nota el cariño y la dedicación.
No termina de talar en lo actoral, pues se nota en exceso la inexperiencia y el desdén por confundir "dejarse llevar" con "no tomárselo en serio".
Su nota es un 3, aunque su media pueda ser más alta por el público subjetivo de nicho al que va dirigido.
Y es que es fácil tropezar en esa disyuntiva, porque pese sus carencias técnicas objetivas, no deja de ser entretenida, por mucho que no quiera ir más allá o no tratar de marcar un trasfondo, confiando en que reinventado los cascoporros, será suficiente.
Lo mejor sin duda alguna es el segundo acto, en la que el protagonista hace suyo el bosque inducido por una motivación, otorgándonos la única reflexión del film ¿El amor vale la pena como para hacer un exterminio?
Donde quizás las muelas no dieron para más, fue en el primer acto, la supervivencia y el origen de protagonista y castores son algo que se alarga y que puestos a no tener sentido, dime que los castores han evolucionado por la contaminación de los ríos hasta el punto de quererse marchar del planeta y que pillaron a un senderista perdido en una nevada, ahorrando al espectador 40 minutos de vida.
Recomendaciones, es un tipo de humor absurdo y descarado nos recordó a BORAT, pero por temática, puede que se acerque más a SOUTH PARK, y el protagonista repite su estilo en LAKE MICHIGAN MONSTER.
@rcoolture
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