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Explota, explota

Musical. Comedia Cuenta la historia de María (García-Jonsson), una bailarina joven, sensual y con ansias de libertad a principios de los años 70, una época que en España estuvo marcada por la rigidez y la censura, especialmente en televisión. Con ella descubriremos cómo hasta el más difícil de los sueños puede convertirse en realidad. Y todo ello contado a través de los grandes éxitos de Raffaella Carrà.

Críticas 39
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5
6 de octubre de 2020
14 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más bien con globos sin gas, para mi gusto. Y eso que el trailer prometía, prometía (me relamía con él) pero el andamiaje general me ha parecido más bien pobre y casi tan chungo -perdón!- como lo que pretende censurar… Y la idea original es buena, sí, pero ni punto de comparación, por ejemplo, con “La corte del faraón” (la recomiendo) que, aún ambientada en los años cuarenta, me sigue pareciendo más moderna que ésta.

Y es que me chirría bastante su colorido, atrezzo y vestuario, más vulgar que evocativo cuando ya estaban Lazarov y otros por aquel entonces, zoom incluido, aunque algo de eso refleja... No era, pues, tan patoso el panorama musical ni tan desangelados los estudios de TVE donde el despacho del censor es un zulo junto a platós de pacotilla con falos decorativos -hay que fijarse un poco-... Y esos bailes, esos bailes... O sea que el conjunto me resulta un poco pesado de digerir por más parodia que sea... Aprovecho, ya que estoy en plan arpía, para añadir que el traje de novia más tocado, presuntamente de Valentino, parece más bien de primera comunión, je, je (la mía al menos fue así ;)
Sigo con Verónica Echegui, muy peculiar aquí, luciendo un peinado y atuendos pero que muy singulares y como en versión chaparra porque en la mayoría de secuencias parece que no tenga cuello -que lo tiene-…Además interpreta a una azafata de Madrid -si he entendido bien- que se pasa todo el rato hablando como andaluza, tarea a la que se entrega en cuerpo y alma, eso sí, pero en plan cine de barrio: "Santa Clara, Santa Clara"...

Tema chicos: Pablo, el protagonista, se parece mucho de perfil a Manolo Escobar, pero en guay, y de frente casi que también aunque con los ojos azules; a veces le traiciona el karaoke… Por otro lado los de Bilbao -Bilbo-, no son para nada tan sosos como el de esta película, doy fe, por más homosexual o cámara que se tercie... De Carlos Hipólito no voy a decir nada porque apenas sale unos minutos y Natalia Millán se deja ver bien, la verdad. En cuanto a Ingrid, cumple (aunque nada que ver con “Hermosa juventud”, otro rol).
Ingrid García Jonsson
Lo dicho: de cartón piedra para mí, o papel maché, como se prefiera, aunque agradezco el gag final de Tejero -cual sosias del diablo como avieso director y peluca a nivel del atrezzo-, la alusión a Carmen Polo y sobre todo el cameo, bueno minicameo de…!! sí, sí, RC, la auténtica alma y pretexto del film a la que seguirán debiéndole un homenaje a su nivel, digo yo, con cartuchos de verdad, por aquello del título, y no pirotecnia menor. Ah! y que las vespas finales en Italia lucen muy bien, eso sí -y el recuperar las canciones- :)

(Voz en off: si alguien del equipo se asomase por aquí -lo cual es harto improbable- aclaro, por si acaso, que cuando hago algún comentario de este tipo la primera perjudicada soy yo, que conste, pero bueno, hay que tomárselo con el mismo desenfado, filosofía y amagos de buen humor que la película pretende aunque no acabe de lograrlo… Para mi gusto, claro).
6
2 de octubre de 2020
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay ideas que funcionan por sí solas. Y la de Nacho Álvarez proponiendo un musical al hilo de las canciones de Raffaella Carrá se gana de antemano la simpatía de cualquier espectador.

La cantante italiana es un referente indiscutible de la música popular y no solo en ese subgénero que se ha bautizado como «canción del verano». Para varias generaciones, su nombre y su estilo es sinónimo de fiesta, baile, alegría, verano y, también, de desenfado y picardía. Por eso, si de las canciones de Abba han salido, no una sino dos, películas musicales ¿por qué no se iba a poder hacer lo mismo con las de Raffaella?

Esa pregunta debió de hacerse Nacho Álvarez, un director novel uruguayo recién afincado en Madrid. Y manos a la obra, ideó un pequeña historia romántica, sencilla pero eficaz, que sirviera de punto de unión a las canciones elegidas. La ambientación en la España de los años 70 se adecua al estilo de la música y le da coherencia a unas melodías que nos retrotraen, por nostalgia o simple evocación, a épocas pasadas.
Ingrid García Jonsson
El resultado es una propuesta simpática, ligera e ideal para cumplir uno de los fines del cine que es el de entretener y pasar un rato agradable. Si pensamos, además, en el año 2020 que llevamos, no puede ser más oportuno el estreno de esta obra.

Sí que es cierto que no se trata de un guion redondo. A pesar del buen pulso que demuestra Álvarez, todo se alarga demasiado produciendo un descenso del interés antes del último cuarto del metraje. Tampoco ayuda que, sin mucha necesidad, introduzca una trama de denuncia a la cerrazón de la censura franquista. No es coherente con el tipo de argumento que plantea y le añade una seriedad que lastra por momentos el relato.

Impulsado por el toque transgresor de algunas letras de Raffaella, el realizador aprovecha para reflejar también el ambiente de la televisión en España en el año 1973. La represión y el ansia de libertad se ejemplifican en lo que se podía ver o no en la pequeña pantalla y sirven como desencadenante de las desventuras de María. Incidir en ello, sin embargo, oscurece el film y tampoco vale como documento histórico. Si lo miramos bajo ese parámetro habría que haber afinado más en el atrezzo (una colección de libros ofrecida por un periódico nacido en los 90) o no fallar en otros datos cronológicos. El primer desnudo no se vio en Televisión Española hasta después de haber muerto Franco y ¿gracias? a los títulos de Pedro Lazaga, Alfredo Landa o Paco Martínez Soria, ya se habían visto planos «indecentes» en las pantallas de los años 60.
Carlos Hipólito & Ingrid García Jonsson
No obstante, en la línea de lo comentado anteriormente, ¿qué más dan estos pequeños tropiezos si podemos disfrutar tanto y tan bien de una simpática historia de amor y de toda la vitalidad que se desprende de las canciones de Raffaella Carrá?

www.contraste.info
7
3 de octubre de 2020
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nacho Álvarez nos presenta su opera prima, un musical con las canciones más famosas de la estrella italiana Raffaella Carrà. No es la primera vez que el mundo del cine nos presenta un musical cuyos protagonistas no soN músicos, ya paso con “Mamma mía”, en la que nos mostraban los éxitos del grupo Abba y en la más recienta “La La Land”. La cinta se ha colado en la programación del Festival de cine de San Sebastián, en la cual tiene una sesión especial.

Ya desde la escena inicial, en la cual la protagonista, Ingrid García Jonsson se pone a cantar y bailar dentro de un avión, nos damos cuenta que estamos antes una continua fiesta, llena de color y de ambición. Tras esa escena, vemos como la protagonista llega a Madrid, estamos a principios de los setenta y apreciamos que ha sido abandonada en el altar, porque viene con el vestido de novia puesta y bastante nerviosa.

Nada más aterrizar conoce a chica bastante lanzada que trabaja en el aeropuerto, papel interpretado estupendamente por la actriz Verónica Echegui. A María le gusta mucho bailar y cuando descubre un programa de televisión donde un grupo de chicas jóvenes bailan al ritmo de la música, su único deseo será conseguir un puesto en ese grupo. Y más todavía cuando conoce al responsable del programa.
Ingrid García Jonsson
La historia va transcurriendo y se nota que estamos en los últimos años del franquismo, donde la censura está todavía muy presente. Es a partir de esos momentos de censura, donde vemos las mejores escenas de la cinta. En todo momento se impone el ritmo contagioso de las canciones de la artista italiana.

El espectador pasará un rato más que agradable, en todo momento cantará las canciones e incluso le entrarán ganas de ponerse a bailar. La película es muy divertida y se pasa un rato muy agradable. La cinta pretende transmitir un mensaje de optimismo y hacernos olvidar por un rato, estos momentos tan difíciles que estamos viviendo.

Cabe destacar también dentro del reparto las interpretaciones de Fernando Tejero, Pedro Casablanc y Natalia Millán. Yo disfrute mucho con su visionado y pase un rato muy agradable. Recomendable para todo tipo de público.

Lo mejor: El buen rollo que transmite y la química entre las dos actrices protagonistas.
Lo peor: El guion abusa mucho de las canciones y se podría haber sacado más partido de otras cosas.


Pueden leer esta crítica con imágenes y contenidos adicionales en: http://www.filmdreams.net
3
26 de abril de 2021
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vale que la idea, explicada, tiene mucho a favor, desde luego, una historia de amor en los finales de los sesenta principios de lo setenta, con la censura de la televisión que había de por medio, endulzado con colorido a lo inicio de "La la land" y con la guinda de los temas de Raffaella Carrà (como Abba atemporal), y así, con estos mimbres cualquier crítico de cine puede darle puntos a favor en lo que producto se refiere, pero como yo no soy crítico de cine, sino consumidor, me he quedado con un regusto amargo en este pastelito, y es que si me invitan a una pastelería quiero algo dulce, y, el problema es que aquí no hay nada dulce.

La historia del censor, y de las risas que nos deberían probocar en pleno siglo XXI se queda en un par de pobres gags, algo que me parece poco, muy poco.

La historia de amor, es la cosa más sosa que he visto en cine que yo recuerde, y es que aunque Ingrid García parece dispuesta a interpertar el papel de chica enamorada e ilusionada, no parece haber nada de lo que enamorarse y la ilusión por el baile es la mejor parte, claro que con ese partener, Fernando Guallar, que parece más interesado en parecerse e imitar al "actor" Manolo Escobar (por el parecido y lo soso que resulta en pantalla) la cosa se queda en un aroma demasiado diluido como para poder decir que hay una historia de amor entre ambos, no creo ni que tengan ningún interés de una en el otro, ni viceversa. La historia de amor un cero patatero.
Las historias de fondo, ni las voy a mencionar porque no tienen el más mínimo interés para nadie, ni para el director y guionista.

Y el único personaje, que se involucra en su actuación, aunque siempre me parece que hace el mismo personaje, salvo por la carectización es Fernando Tejero.

Y la música, vale, aquí ya me pondré más cabreado, ya que, a mi modo de ver uno no puede coger la musica de Raffaella Carrà, cosa que se ha hecho en otras películas, puede incluso basar la publicidad en que el film tiene la música de Raffaella Carrà, pero lo que no puede hacer es versionar con unos "arreglos musicales" de temas de Raffaella Carrà, y cantar los temas de Raffaella Carrà para conseguir un resultado tan malo. Mal interpretados y mal musicados, mejor haber puesto la música de Raffaella Carrà directamente, por lo menos hubiesemos bailado viendo el film.

Y ya que estamos, en tema de recuperar y conservar, me parece que se puede entender que no se conserven aviones de esos años por parte de Iberia u otras compañías, pero lo que no puedo llegar a entender es que en algo de los años setenta, con el respaldo de TVE, salgan vehículos de los años 80 con el logotipo de la casa (menos mal que era el correcto el logo), y después el tema de los cromas que desconecta con el film, hay películas de los años 30 con mejores efectos.
Una pena que cuando se intenta hacer una comedia romántica, nos salga esto, si la cogen los británicos hacen un blockbuster, y lo de los músicales ya ni lo mencionamos, nos salen bastante mediocres....

Finalmente un producto lejos de las buenas críticas profesionales que se pueden leer aquí mismo, pero parece que siempre vaya a contracorriente.
2
2 de octubre de 2020
15 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Raffaella Carrá es musicote. Basta cualquiera de los éxitos de la reina del petardeo, para que fantástica, fantástica sea la fiesta. Todos nos hemos venido arriba con alguno de sus temas, y el que diga lo contrario, miente. Ahora bien: ¿es suficiente la música de la explosiva cantante italiana, para construir una película? Pues desgraciadamente, no. Y el ejemplo es el musical Explota, explota, que utiliza la excusa de Raffaella Carrá, para dibujar una obra infantil, reiterativa durante dos horas y por momentos, facilona.

Y eso que su punto de partida es fuerte. El trabajo de Nacho Álvarez empieza con energía; un número musical, con Ingrid García Jonsson huyendo de Roma rumbo a España, que hace presagiar algo potente. De hecho ella, junto a la banda sonora, es lo único salvable de esto. Claro que Roque Baños son palabras mayores.

Pero ya está. Ahí acaba todo, porque la historia, insisto, es demasiado infantil. La potencia del principio se gripa y lo que parecía una 'Nit del Foc', acaba siendo cuatro petardos del bautizo de tu prima. Un cuento de hadas cañí y estereotipado, que recurre demasiado al cliché y con personajes inverosímiles.
Soy un fan de los musicales. Eso sí, no me gusta que me tomen por tonto, y mucho menos infantil. Como me pasaba hace poco con Enola Holmes, tendrá su público, pero Explota, explota no es lo mío. Su 'feel good' reiterativo a lo mejor no me ha cogido en el momento exacto, no lo sé. Pero ese espíritu 'happy', que envuelve a toda la película, es de un dulzor empalagoso.

Insisto, una vez más, con el esperpento que dibujaba Valle Inclán, cuando se trata de retorcer la realidad hasta el extremo. Todo tiene un límite y si lo empujas hasta el borde, caerá por el precipicio. Eso me pasa con esta película, donde los personajes, ya digo, son de un topicazo, que echa para atrás.

Y luego esa es otra, la pobre Ingrid García Jonsson se queda sola. Está impecable, pero sus compañeros son otro desastre. Empezando por un Guallar inexpresivo, un témpano con el que comparte cero química. La nada más absoluta. En el extremo opuesto, Verónica Echegui. No sabes si es la propia actriz o la ministra de Hacienda. Ininteligibles y lo pero de todo: impostadas. Y ya el resultado final de Pedro Casablanc... Pues eso.

En condiciones normales diría que huyerais del cine y de esta película. Pero las salas nos necesitan. Es verdad que si esta es su tabla de salvación... Que vayan fijándose en el pobre DiCaprio de Titanic, porque la cosa está jodida.

Más datos sobre esta y otras películas en www.argoderse.com
Y en Facebook: https://www.facebook.com/argodersecine
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