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Elvira Madigan

Drama. Romance Un aristócrata, teniente de la caballería sueca, decide abandonar el ejército y a su familia para marcharse con una emancipada y bella artista de circo. (FILMAFFINITY)
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6
25 de noviembre de 2016
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Especializada en caminar sobre cuerdas, Elvira Madigan, fue el nombre con el que se hizo conocer en el circo, la joven alemana-danesa Hedvig Jensen (1867-1889), cuyos padres también provenían de las artes circenses. El seudónimo, es una traslación de Hedvig al español y el apellido lo tomó del segundo marido de su madre, el empresario circense, John Madigan, pues, con él y su madre, habían montado su propio Circo Madigan.

Fue trabajando en las carpas, cuando la joven Hedvig -así prefería ser llamada en privado- conoció al aristocrático oficial de caballería del ejército real sueco, Sixten Sparre, de quien no tardó en enamorarse locamente. Pero, siendo que su amor era ‘imposible’ por tratarse de un noble y una plebeya -además él ya estaba casado y tenía dos hijos-, optaron entonces, él, por desertar del ejército, y ella, por abandonar a sus padres y al circo. Entonces, deciden marcharse juntos, en una huida que los llevaría por varios pueblos y muy dispares estancias, mientras eran incesantemente buscados por el ejército y sus allegados.

La historia, con su fin trágico -ya que, ante la imposibilidad de estabilizarse, la pareja optaría por suicidarse-, daba para una fuerte crítica contra los convencionalismos y los prejuicios sociales, pero nada de ésto veremos en un filme que luce más como una suerte de apología romántica, con excesiva explotación de paisajes y de la música de Mozart (Andante del Concierto para piano N°21), pero excluyendo casi completamente lo que sucede en el caldeado entorno.

Lo que hace, Bo Widerberg, el director sueco, idealiza a la pareja desgastándose en incesantes planos que nos muestran lo lindos que son, pero apenas hace cuestionamientos, tendiendo más a mitificarlos con, en su mayoría, cursiles actos, que a resaltar las improcedencias de la sociedad y de su loco amor. De esta manera, la historia de, <<ELVIRA MADIGAN>>, se vuelve plana, repetitiva y excluyente, y salvo pequeños detalles (el vino derramado como premonición, la nota en el agua…), los más esenciales hechos, como podría ser la reacción de los padres de ella, las actitudes asumidas por el ejército, el papel de los medios… quedan prácticamente al margen de la narrativa.

Por otro lado, las actuaciones de, Pia Degermark y Tommy Berggren, además de que reclaman mínimas exigencias, no son lo que pudiésemos llamar brillantes, y apenas cumplen con el atractivo físico que reclaman las parejas románticas de cualquier película. El resto del reparto, muy poco que aportar, y así, a nivel actoral la película apenas podría merecer un 5 sobre 10.

Con todo, creo que debió haber sido mucho más meritorio lo realmente vivido por, Hedvig Jensen (de Elvira, la artista, apenas veremos un par de ligeros actos por fuera de las carpas), la joven que, con tan sólo 21 años, osó decir ¡no más a permanecer en este mundo!... Y en cuanto al conde-militar, tan sólo me inspira un lamento por su incompetencia para preservar la existencia de un ser muy dulce que merecía haber disfrutado plenamente de la vida.

<<ELVIRA MADIGAN>>, es otro drama a la Romeo y Julieta… pero a kilómetros de distancia de la obra del bardo inglés.
9
4 de enero de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al inicio de Elvira Madigan se nos desvela el destino de los dos personajes principales y la película queda cubierta de un halo de fatalidad. La historia en que se basa es real: Hedvig Jansen (Elvira Madigan era el nombre artístico), una acróbata circense y un teniente sueco, Sixten Sparre, muy enamorados, se fugaron juntos dejando sus vidas anteriores atrás. Widerberg explora el llamado amour fou, reflejando tanto su lado fascinante y gozoso como el autodestructivo: las escenas en las que Hedvig realiza ejercicios de equilibrio en una cuerda aluden a la propia situación de la pareja, progresivamente precaria en lo material. Formalmente, Elvira Madigan es una película exquisita, a lo que colaboran la fotografía y la música, creadoras de una atmósfera envolvente, y siendo su aspecto visual muy imitado en la posterior publicidad televisiva. Rodada en plena época hippie, que ensalzaba el romanticismo y la inocencia, es fácil identificar a Hedvig y Sixten con los rebeldes de los 60s: viven en el bosque ajenos al mundo civilizado, alimentándose de frutos silvestres y practicando el entonces llamado amor libre (también es significativa la renuncia al ejército de él, estamos en plenas protestas por la guerra de Vietnam). Una escena en la que después de un enfado ambos están distanciados a la orilla de un río y él le envía por el agua un papel en el que le pide perdón, que ella le concede con entusiasmo, subraya el carácter naif de la película. El concierto para piano número 21 de Mozart alcanzó mucha popularidad al ser incluido en la banda sonora y desde entonces se le conoce como concierto Elvira Madigan.
6
3 de marzo de 2014 2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película aunque con grandes y bellos paisajes tener una buena fotografía y una excelente actriz no basta solo para hacer un film creíble. Me gusto pero no me llenó, es una bonita historia de amor entre dos seres una mas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Al final cuando los amantes se suicidan. El mata a ella y luego se suicida creo que no gustará a muchos la resolución de la película aunque es comprensible visto el panorama
4
23 de enero de 2024 Sé el primero en valorar esta crítica
Ya me he quejado en otra parte de que hoy en día se hacen películas con un alto nivel artístico y técnico, pero con argumentos muy flojos, superficiales. Esta vez el argumento es ínfimo e incomprensible, aunque se base en hechos reales. No tiene sentido llevar al cine la vida real de estos dos personajes.

Parece que hoy día el romanticismo está pasado de moda, por aquello que primero se va a la cama y luego se presentan. El romanticismo en la pareja debe sustentarse en una base de responsabilidades actuales o futuras (familia, trabajo, ocio) a no ser que seas millonario y vago.

Puedo entender las puntuaciones altas por la forma de filmar el romanticismo de la pareja, pero nada más, porque lo que viene después es deplorable con respecto a la nula madurez de los protagonistas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
O sea que él, en la vida real, padre de familia con dos hijos y ella, una jovencita soñadora, se juntan y huyen para disfrutar plenamente de un enamoramiento como si fueran adolescentes, naturalmente muy romántico al cien por cien, es decir, unas vacaciones perpetuas y cuando se les acaba el dinero se suicidan y colorín y colorado este cuento se ha acabado.
No sé cómo la valoran los suecos con su elevado índice de suicidios.
10
5 de agosto de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Me confieso una espectadora de cine puramente emocional, ya que además aprendí su técnica de una directora de cine europea, que no exigía tanto músculo técnico, postureo tecnológico, sino sensibilidad, transcendencia, verdad, aportar algo al mundo, contar y transmitir algo, no sólo con excelentes decisiones de fotografía expresiva, para lo cual se necesita cierta empatía emocional y conexión con nuestras propias emociones, sino también con la música, la belleza necesaria, y un buen guión en el que no haya destrucción gratuita sin un buen argumento que lo justifique. A hacer las cosas implicados con el alma, con mimo, como un trabajo manual, con toda la inagotable creatividad humana. Lo contrario a esto, hoy en día, se le llama, hecho por IA, o industria con toda la cadena de montaje automatizada donde fabrican artefactos en serie y sin alma, y donde las respuestas a los mismos problemas son siempre las mismas.

Visioné Elvira Madigan hará 2 años, y me impactó profundamente. El argumento es una historia real, pero qué bien contada. ¡Qué obra de arte y qué estética! Como un cuadro de Monet en movimiento, te atrapa en la historia romanticista y personajes, creíbles por su contención, como una meditación guiada e hipnótica.

Esos primeros planos de uno y otro son necesarios para ponerse en su lugar, y entender que el contenido de ese encuadre, suponía prácticamente su mundo entero.

Tanta belleza y tanto amor, acaba resultando abrumador, sublime.
Y como ya sabemos, el Romanticismo prioriza los sentimientos frente a la razón.

Al contar una historia real sin final feliz, y además, el sensato cine clásico europeo raramente lo hace, no se pretende dar un final complaciente bien machacado, sino una reflexión como poso, dando por hecho el sentido crítico del espectador.

Más allá de lo evidente, el verdadero mensaje está en lo que ya cantaba la danesa Christina Rosenvinge en su canción "Alguien que cuide de mí", mostrando la vulnerabilidad afectiva, quizás inspirada por esta película: "...alguien que cuide de mí, que quiera matarme, y se mate por mí...". Es un significado metafórico y romanticista, no literal, claro, justificándolo Christina en la "petite mort" como figuradamente se define al orgasmo. Metáfora que bien podría extraerse de los desvanecimientos constantes de Elvira y del final, en esta obra artística, si no estuviese basada, o no conociese el público, la cruda historia real.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Como tantas cosas que mueren de éxito, y bajo la insistente petición de ella, la cual él no se ve capaz de ejecutar (una contradicción), él llega a la controvérsica conclusión de que no tiene otra opción posible a hacerla daño emocional, así que la dispara mientras ella persigue mariposas por última vez entre el alto heno florecido de un prado, en un último momento de placer y estado perfecto de las cosas, antes de que la pureza de su historia se viese desgastada y acabada por las crudas necesidades humanas; el hambre, el egoísmo, la supervivencia, la no exclusividad de afecto, el tener que elegir entre ella y sus hijos, entre su trabajo y el amor, entre su credibilidad y el placer... y fiel a ella, muere él también.

Y aunque sea metafórica, es una muerte sentimental, un duelo emocional, una ruptura punzante, por el que más o menos todos vamos a pasar cuando nuestras relaciones dejen de ser funcionales.

Pero con perspectivas que nos recuerden la belleza, pero también los errores de la vida, como esta película (y he aquí su razón de existir; salvar al mundo); sobrevivir, transcender, abrazar así más la vida, seguir escribiendo otro capítulo nuevo, y dejar lo más pura e impecable posible, el tristemente irresoluble capítulo anterior, para que suponga un bello recuerdo que valga la pena haber sido vivido y un motivo de orgullo, antes que un lastre a olvidar.
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