Como un relámpago
1996 

5.9
1,001
Drama
Pablo (Eloy Azorín), un chico de diecisiete años, vive en Madrid con su madre (Assumpta Serna), una exitosa abogada matrimonialista. Ella, en su época universitaria, en los turbulentos años setenta, fue una feminista radical y una comprometida militante de un partido de extrema izquierda. Su actitud libertaria la llevó a decidir tener a su hijo, al que nunca le habló de su padre. Sin embargo, el deseo de saber quién es su progenitor se ... [+]
17 de abril de 2022
17 de abril de 2022
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Totalmente romántica, llena de incidentes inimaginables de darse en la vida real, o al menos en estos días. Ni por asomo. Complacencia infinita para un microcosmos ficticio. Y como documento de la época no me sirve, el argumento está abordado con ingenuidad, las interpretaciones son flojas (Santiago Ramos está muy caricaturizado) y el guión, una sucesión de disparates. Te pilla la policía durmiendo en una playa de las Islas Canarias con dieciséis años y te manda a casa sin pedirte DNI ni preguntarte dónde vives. Toda una suerte, ya que así no se pueden enterar de que te has escapado de tu casa, que está en Madrid.
Se intenta dotar de un poso de pretendida profundidad emocional a la hora de hablar de la complejidad de las relaciones íntimas y familiares, pero se percibe ese mismo tipo de impostura tan cansina y repugnante, de ese desgraciado que quiere conseguir que una mujer vuelva a su lado, adoptando el trasnochado rol de pseudopoeta perdedor que cierra karaokes aullando boleros, dando mucha pena y vergüenza ajena. Ese es, más o menos, el tono de la narración.
El chaval es inmaduro, pero el guionista no sabe contrastar esa inmadurez con un punto de vista adulto, sensato. Hay otras películas (y españolas) con el protagonismo de un adolescente de 16 años o menos todavía y que son encomiables, un prodigio de sensibilidad e ingenio ['Martín (Hache)', 'La buena vida', 'Héctor' (2004), 'Manolito Gafotas' como solo algunos ejemplos], que no lo apuestan todo a la capacidad de empatía e identificación del espectador con los episodios de torpeza propios de dicha edad, sino que ofrecen algo más que esa baratija porno-emocional, alguna reflexión o presencia de personajes adultos que animen la sesión. E incluso los chavales, aunque te parezcan gilipollas te suelen terminar cayendo bien, porque el guionista te va resaltando sus cagadas con sarcasmo, haciendo que te rías.
Esta película trata de un infante de dieciséis años, completamente mimado y desconsiderado, que nunca ha conocido a su padre. Pues bien, llega a él (coge un avión y todo) y se pone a preguntarle una sarta de gilipolleces y con un talante... que es para echarse las manos a la cabeza. (¿Pero cómo le escribís esos guiones para los chavales?, que es que de lo cursis y lo relamidos que son, ¡dan ganas de pegarse un tiro!) Yo, que tampoco conocí al mío, si le hubiera conocido a esa edad y lo primero que viese al entrar a su casa fuera un póster de Camarón de la Isla, y a una tía en tetas corriendo por la casa buscando su sujetador (como es el caso), no dudaría, le diría que me llevase de juerga y luego de putas, que ya habría tiempo para hablar de gilipolleces.
Se intenta dotar de un poso de pretendida profundidad emocional a la hora de hablar de la complejidad de las relaciones íntimas y familiares, pero se percibe ese mismo tipo de impostura tan cansina y repugnante, de ese desgraciado que quiere conseguir que una mujer vuelva a su lado, adoptando el trasnochado rol de pseudopoeta perdedor que cierra karaokes aullando boleros, dando mucha pena y vergüenza ajena. Ese es, más o menos, el tono de la narración.
El chaval es inmaduro, pero el guionista no sabe contrastar esa inmadurez con un punto de vista adulto, sensato. Hay otras películas (y españolas) con el protagonismo de un adolescente de 16 años o menos todavía y que son encomiables, un prodigio de sensibilidad e ingenio ['Martín (Hache)', 'La buena vida', 'Héctor' (2004), 'Manolito Gafotas' como solo algunos ejemplos], que no lo apuestan todo a la capacidad de empatía e identificación del espectador con los episodios de torpeza propios de dicha edad, sino que ofrecen algo más que esa baratija porno-emocional, alguna reflexión o presencia de personajes adultos que animen la sesión. E incluso los chavales, aunque te parezcan gilipollas te suelen terminar cayendo bien, porque el guionista te va resaltando sus cagadas con sarcasmo, haciendo que te rías.
Esta película trata de un infante de dieciséis años, completamente mimado y desconsiderado, que nunca ha conocido a su padre. Pues bien, llega a él (coge un avión y todo) y se pone a preguntarle una sarta de gilipolleces y con un talante... que es para echarse las manos a la cabeza. (¿Pero cómo le escribís esos guiones para los chavales?, que es que de lo cursis y lo relamidos que son, ¡dan ganas de pegarse un tiro!) Yo, que tampoco conocí al mío, si le hubiera conocido a esa edad y lo primero que viese al entrar a su casa fuera un póster de Camarón de la Isla, y a una tía en tetas corriendo por la casa buscando su sujetador (como es el caso), no dudaría, le diría que me llevase de juerga y luego de putas, que ya habría tiempo para hablar de gilipolleces.
30 de julio de 2009
30 de julio de 2009
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
A través del empecinamiento de un adolescente que vive con su madre y que desconoce quién es su padre y de las situaciones devenientes de la convivencia con este cuando le encuentra en las Islas Canarias como un locutor de radio en un programa de “peticiones del oyente“, tenemos una digna y emotiva comedia costumbrista, a la vez que un sutil fresco histórico (pasado de los padres), una interesante historia de descubrimiento personal y un verdadero recital de interpretación por parte de ese gran actor que es Santiago Ramos, acompañado dignamente para la ocasión por el chaval Eloy Azorín y una Assumpta Serna en un papel de esos que hace sin despeinarse.
13 de noviembre de 2015
13 de noviembre de 2015
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me sorprendió positivamente este film, pues lo más importante de él es la impresionante interpretación de Santiago Ramos, todo un premio Goya con honor. El resto de la interpretación del reparto cumple satisfactoriamente, aunque la interpretación por Eloy Azorín no me acabó de cuajar, pues lo vi un poco desdibujado, aunque él se esfuerza en sacarlo adelante, lo cual es muy digno.
Rodada casi integramente en Las Palmas de Gran Canaría refleja muy bien el ambiente de la isla, y la vida en ella del personaje de Santiago Ramos. Assumpta Serna, aunque con poco papel está correcta, luciendo su gran belleza. La dirección de Miguel Hermoso es bastante acertada.
Rodada casi integramente en Las Palmas de Gran Canaría refleja muy bien el ambiente de la isla, y la vida en ella del personaje de Santiago Ramos. Assumpta Serna, aunque con poco papel está correcta, luciendo su gran belleza. La dirección de Miguel Hermoso es bastante acertada.
25 de octubre de 2019
25 de octubre de 2019
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es entrañable, tiene una belleza sutil maravillosa. Hay momentos bellos y otros extraños, y aún así te habla mucho desde el corazón. Es carne de remake puliéndolo. Lástima que el cine español pierda rumbo imitando el cine americano y financiándose con corporaciones mediáticas porque es posible que mirando al mediterráneo Italia y Francia, y mirándose así mismo y sus referencias propias de hace 30 años pudiera encontrar su ritmo perdido. Me recuerda en ocasiones a "Los Lunes al Sol" por la reconversión industrial y el fracaso de la juventud con el mito quebrado del padre afincando en el whiskey y la alegría de la vida. Santiago Ramos está inmenso.
14 de marzo de 2026
14 de marzo de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Miguel Hermoso dirige un drama generacional que mezcla intimidad familiar y memoria política. Pablo, un adolescente madrileño criado por una madre independiente y de pasado militante en la izquierda radical, vive obsesionado con una pregunta que nunca ha tenido respuesta: quién es su padre. Esa búsqueda personal se convierte en el motor de una historia sobre identidad, secretos y el peso de las decisiones tomadas en la juventud. Eloy Azorín encarna con naturalidad la inquietud del personaje, mientras el film observa el contraste entre la rebeldía ideológica de los años setenta y la incertidumbre de los noventa. Sin grandes artificios, la película apuesta por la cercanía de los personajes y las emociones cotidianas. Irregular por momentos, pero sincera y bien interpretada, Como un relámpago funciona como un retrato humano de la madurez y de las preguntas que llegan, a veces, demasiado tarde.
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