Lady Snowblood
7.2
1,726
Thriller. Drama
Una joven llamada Yuki Kashima, nació en la cárcel en una fría noche como instrumento de una venganza, ya que su padre, fue brutalmente asesinado al ser confundido con un asesino del gobierno Meiji, suerte que también compartió su pequeño hermano. Su madre logró vengarse de uno de los asesinos, pero por ese asesinato fue condenada a cadena perpetua y para continuar su venganza, se dedicó a acostarse con todos los presos y carceleros que ... [+]
9 de septiembre de 2018
9 de septiembre de 2018
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El arranque de Lady Snowblood ya es toda una declaración de intenciones: un lobrego espacio en el que un bebé recién nacido oye por primera vez cual será su destino (venganza), unas letras bañadas en un rojo descarnado y un blanco sendero que se tiñe con sangre y supura una violencia desmedida; es en esa violencia cuasi hiperbólica donde Fujita forja las bases de un trágico poema que rehuye cualquier composición épica y se decanta por un relato que rechaza cualquier atisbo de epopeya y narra llanamente, sin asperezas y con mucho sentido dramático —al menos, el poco que pudiera tener esta historia— algo que parece acercarse más a un cruel y retorcido cuento que se define ante el espectador desde un primer momento, que a la heroica narración en la que un personaje alcanza su objetivo de modo lícito u honorable.
Porque no nos engañemos, en el personaje de Lady Snowblood puede haber visos de muchas cosas, pero si en algo incurre precisamente Fujita es en la desmitificación del mismo que desde su propio nacimiento ya muestra cuan retorcida ha podido llegar a ser su historia: desde una madre que la engendró con el único cometido de acceder a su tan ansiada venganza adoptando un rol incluso perverso y que se acerca a las miserias de otro personaje por cuyo oscuro pasado el cineasta nipón no atisba a dejarnos juzgar, hasta las arrebatadas actuaciones de una mujer en cuyas duras facciones e inescrutable mirada parece estar grabado a fuego un instinto de venganza que incluso se antoja implacable y brutal en exceso, no porque la situación no lo requiera, sino más bien por la vehemente conducta de esa muchacha criada con un objetivo tan elemental que parece nublar su propio ser, la existencia que se reflejaría en ella de no ser por tan irracional propósito.
Irreductible en las formas y midiendo la narración con una precisión milimétrica, Fujita decide fragmentar su relato y llevarnos desde las consecuencias que arrastraron a la madre de Yuki a actuar de modo tan egoísta y mezquino, hasta la propia instrucción de una niña sin otra finalidad que la de transformarse en un ser cuya ética y moral no confronten su destino, pasando incluso por una descripción de un país al que algunos de sus secundarios sitúan en una espiral de desesperanza y podredumbre. Acierta el nipón, pues, al rodear a su protagónico de un contexto que la sitúa en una época convulsa, de guerras y violencia, que además sirve para marcar las cartas de un guión que aprovecha ese factor para situar al cuarteto responsable de la muerte de su padre y el deshonroso destino de su madre en mitad de una espiral de bajeza moral y corrupción no política.
Sin embargo, donde acierta plenamente la dirección de Fujita es al mostrar una violencia de la que ya he hablado, pero a la que es conveniente dedicarle un último párrafo para elogiar un uso que, por desproporcionado que pueda resultar, es tan cortante y seco como el propio carácter de un personaje al que ni la más remota concesión dramática detiene, y que no se frena ni ante una posible redención o exculpa a un personaje haciendo uso de su propio juicio: para ella, la palabra venganza lo significa todo e implica una concepción de la vida y la muerte que se reduce a un propósito tan simple como el de culminar lo que su madre en una vorágine de sentimientos empezó, por descabellado que se antojase ese propósito, por amoral que resultase en su concepción. Porque Lady Snowblood simplemente coexiste por un pretexto de lo más primario y elemental: la venganza de quienes convirtieron su vida en la atrocidad que termina siendo.
Crítica para www.cinemaldito.com
@CineMaldito
Porque no nos engañemos, en el personaje de Lady Snowblood puede haber visos de muchas cosas, pero si en algo incurre precisamente Fujita es en la desmitificación del mismo que desde su propio nacimiento ya muestra cuan retorcida ha podido llegar a ser su historia: desde una madre que la engendró con el único cometido de acceder a su tan ansiada venganza adoptando un rol incluso perverso y que se acerca a las miserias de otro personaje por cuyo oscuro pasado el cineasta nipón no atisba a dejarnos juzgar, hasta las arrebatadas actuaciones de una mujer en cuyas duras facciones e inescrutable mirada parece estar grabado a fuego un instinto de venganza que incluso se antoja implacable y brutal en exceso, no porque la situación no lo requiera, sino más bien por la vehemente conducta de esa muchacha criada con un objetivo tan elemental que parece nublar su propio ser, la existencia que se reflejaría en ella de no ser por tan irracional propósito.
Irreductible en las formas y midiendo la narración con una precisión milimétrica, Fujita decide fragmentar su relato y llevarnos desde las consecuencias que arrastraron a la madre de Yuki a actuar de modo tan egoísta y mezquino, hasta la propia instrucción de una niña sin otra finalidad que la de transformarse en un ser cuya ética y moral no confronten su destino, pasando incluso por una descripción de un país al que algunos de sus secundarios sitúan en una espiral de desesperanza y podredumbre. Acierta el nipón, pues, al rodear a su protagónico de un contexto que la sitúa en una época convulsa, de guerras y violencia, que además sirve para marcar las cartas de un guión que aprovecha ese factor para situar al cuarteto responsable de la muerte de su padre y el deshonroso destino de su madre en mitad de una espiral de bajeza moral y corrupción no política.
Sin embargo, donde acierta plenamente la dirección de Fujita es al mostrar una violencia de la que ya he hablado, pero a la que es conveniente dedicarle un último párrafo para elogiar un uso que, por desproporcionado que pueda resultar, es tan cortante y seco como el propio carácter de un personaje al que ni la más remota concesión dramática detiene, y que no se frena ni ante una posible redención o exculpa a un personaje haciendo uso de su propio juicio: para ella, la palabra venganza lo significa todo e implica una concepción de la vida y la muerte que se reduce a un propósito tan simple como el de culminar lo que su madre en una vorágine de sentimientos empezó, por descabellado que se antojase ese propósito, por amoral que resultase en su concepción. Porque Lady Snowblood simplemente coexiste por un pretexto de lo más primario y elemental: la venganza de quienes convirtieron su vida en la atrocidad que termina siendo.
Crítica para www.cinemaldito.com
@CineMaldito
22 de enero de 2022
22 de enero de 2022
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Llegar a "Lady Snowblood" es un placer mayor de lo normal si se hace sin conocer la gigantesca influencia que supuso para la creación de una de las más conocidas historias de venganza de la historia del cine. Primero hubo una Yuki Kashima, una niña que nació con el objetivo existencial de perpetrar una venganza, una historia que de verdad nos interesa a los seguidores del cine japonés. Lo que se hace en Hollywood más vale que se lo merienden otros.
Así que cine exploitation japonés, que a menudo se realizaba con más prisas que destreza y cuya esencia es el simple entendimiento del producto final como objeto de negocio, por encima de todo. Alejado de las grandes inversiones y a menudo con muchas limitaciones, el cine exploitation era y sigue siendo así en cualquier rincón del planeta. ¿Tiene algo más allá "Lady Snowblood" que la haga destacar por encima de la media?; rotundamente sí, está lejos de ser una obra maestra, pero no es un largometraje olvidable de usar y tirar.
Esa mujer nació para ejecutar, está entrenada con el fin último de perpetrar una venganza y no le importa quien ni cuantos se le pongan delante. Así que mucha sangre, mucha violencia, pero también muchas subtramas que enriquecen poco a poco la película para acabar creando una bola de nieve gigantesca que hace que merezca más la atención de lo que debería dado su origen exploitation.
Un poema desgarrado y áspero también, no olvidemos a esa mujer, que nace en la nieve, que es una máquina con la espada, dando saltos, rajando al que sea, capaz de soportar lo que haga falta y dispuesta a llegar donde haga falta. Cuánta vida y cuánta muerte...
Así que cine exploitation japonés, que a menudo se realizaba con más prisas que destreza y cuya esencia es el simple entendimiento del producto final como objeto de negocio, por encima de todo. Alejado de las grandes inversiones y a menudo con muchas limitaciones, el cine exploitation era y sigue siendo así en cualquier rincón del planeta. ¿Tiene algo más allá "Lady Snowblood" que la haga destacar por encima de la media?; rotundamente sí, está lejos de ser una obra maestra, pero no es un largometraje olvidable de usar y tirar.
Esa mujer nació para ejecutar, está entrenada con el fin último de perpetrar una venganza y no le importa quien ni cuantos se le pongan delante. Así que mucha sangre, mucha violencia, pero también muchas subtramas que enriquecen poco a poco la película para acabar creando una bola de nieve gigantesca que hace que merezca más la atención de lo que debería dado su origen exploitation.
Un poema desgarrado y áspero también, no olvidemos a esa mujer, que nace en la nieve, que es una máquina con la espada, dando saltos, rajando al que sea, capaz de soportar lo que haga falta y dispuesta a llegar donde haga falta. Cuánta vida y cuánta muerte...
9 de marzo de 2024
9 de marzo de 2024
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
53/22(20/02/24) Entretenido y por momentos bello film japonés adscrito al género jidaigeki (películas de época en Japón; transcurren en el período Tokugawa o período Edo entre 1600-1868). Dirige Toshiya Fujita, con guión de Norio Osada (colaborador casual de Fukasaku, “Bajo la bandera del Sol naciente” o “Nihon boryoku-dan: Kumicho”), basándose en la serie de manga homónima de Kazuo Koike y Kazuo Kamimura, cuenta la historia de Yuki, mujer que busca venganza contra tres de las personas que violaron a su madre y mataron al esposo de ella. Siendo protagonizada por la famosa cantante entonces en el País del Sol Naciente, Meiko Kaji. Narrativa contada fuera de orden cronológico, salta entre eventos presentes y pasados. Además de Kaji, el reparto de la película incluye a Toshio Kurosawa, Masaaki Daimonm, Miyoko Akaza y Kō Nishimura.
El director exhibe gran sentido estético-sensorial por lo pictórico gracias a la miscelánea entre el excelente diseño de producción de Kazuo Satsuya (“Hausu”) y la cinematografía de Masaki Tamura (“Moe no Suzaku”), jugando con elementos naturales como la nieve, el mar rompiendo contra la playa o rocas, el viento azuzando los cuerpos el humo, o las flores, contrastando en ello la belleza con el salvajismo atávico. También en este sentido hay incluso un tramo de narrar acontecimientos con dibujos, en (entiendo yo) homenaje al anime. Film de bella factura visual destacando sus escenas sobre el manto de nieve, donde el rojo de la sangre contrasta de forma cruda, o la turbadora ejecución en la playa, vista desde las alturas, cual Ojo de Dios. Ello adornado por el tema que abre y cierra el film, "Shura no hana" interpretado por la propia Meiko Kaji (protagonista).
Film que cobró fama cuando Tarantino dijo le sirvió de inspiración para su bilogía “Kill Bill”, habiendo muchas similitudes, como es una mujer embarcada en una espiral de venganza contra varias personas, sus métodos para ello son de artes marciales con katana, la narrativa es fracturada en su no linealidad, tenemos un duro aprendizaje con una especie de monje con barba blanca, hay escenas de lucha en la nieve, como un duelo clímax en “Kill Bill”, incluso QT tomó el tema principal, “The Flower of Carnage”, cantado por la propia Meiko Kaji, como tema de su heroína La Novia. Aunque esto de la influencia en “Kill Bill”, también lo había leído de dos films más, como el francés “La novia vestía de negro” (1968) protagonizado por Jeanne Moreau y del western inglés “Ana Caulder” (1971), liderado por la vengadora Raquel Welch.
Una historia cargada de simpleza, estructurada en cuatro capítulos, sin buscar dobles lecturas, directa al mentón, con personajes clichés en los que nunca se ahonda, una historia de venganza, donde la particularidad es que la ejecutora es la hija de la agraviada, que fue engendrada única y exclusivamente para este vengativo motivo. Las peleas son rápidas, sin acrobacias, sin alardes físicos.
Aunque pretende en los márgenes criticar (en modo esbozo) la corrupción que sufrió la nación nipona cuando entró en tratos con las potencias extranjeras. Arremete contra la política en la convulsa era post-Tokugawa. La restauración Meiji no trajo para los japoneses la prosperidad que esperaban, asintieron que la infiltración occidental y progresivo saqueo de riquezas del país por parte de la nueva casta burguesa parasitaria y plutocrática. Aquí se muestra como los criminales medraron en este panorama de cambios. Con ello se perdieron valores tradicionales en favor de la decadencia foránea (reflejada en la vestimenta y sobre todo en las armas de fuego). Ambientada en la era Meiji, a finales del siglo XIX, época de gran transición y cambio, los valores tradicionales japoneses chocaron con la creciente influencia e incursión de la cultura occidental, uno de los objetivos de la protagonista es un traficante de armas que pretende vender armamento moderno al Imperio, en este sentido es muy alegórica una secuencia de muerte en que uno de los malos cae ensangrentado deslizándose sobre las banderas de Japón y USA.
Tiene un enervador inicio el film, cuando vemos en una mugrienta prisión de Tokyo dar a luz un bebe en condiciones insalubres, la madre va a morir por el parto, no sin antes aleccionar a las compañeras de celda sobre que futuro debe tener el bebé, ser la vengadora de los males que la madre ha sufrido. Tras lo que aparece el título bañado en rojo sangre. Tras lo que nos adentramos en una odisea desmitificadora de las vendettas, una cruel travesía descarnada en el dolor, paseándonos por un japón desesperanzado. Comenzando su huida hacia adelante la vengadora por poderes en una hermosa visualmente escena sobre la nieve, cuando la protagonista se cruza con varios hombres que llevan un rickshaw con un hombre en él, Shibayama. Ella no les deja pasar y los portadores deciden acabar con ella y sacan sus katanas, y entonces vemos el gadget que ella lleva para su espada, el mango de un bonito paraguas japonés, ejemplo de su carácter contradictorio, acabando secamente ella con ellos, sin grandes alaracas coreográficas, secamente y rápido les asesta letales tajos, y también entonces vemos otra de las marcas del film, el híper realismo de que con los cortes brota la sangre cual geiser de los cuerpos, cañones de hemoglobina cual volcanes, en realidad algo muy propio de esa era nipona en el cine chambara.
Tras ello seguiremos las andanzas de esta anti-heroína de modo fragmentario cronológicamente, pasamos a su niñez en su adiestramiento para ser una gran luchadora, para luego pasar a las tres venganzas que le quedan, Takemura, Kitahama y Tsukamoto (Eiji Okada). Ello desarrollado de modo fluido, con encuentros tangenciales a la misión principal, como el encuentro de la protagonista con el grupo de pedigüeños organizados jerárquicamente criminal; el que tiene con Kobue (Yoshiko Nakada), hija de una de sus potenciales víctimas, Takemura Banzō (Noboru Nakaya)... (sigo en spoiler)
El director exhibe gran sentido estético-sensorial por lo pictórico gracias a la miscelánea entre el excelente diseño de producción de Kazuo Satsuya (“Hausu”) y la cinematografía de Masaki Tamura (“Moe no Suzaku”), jugando con elementos naturales como la nieve, el mar rompiendo contra la playa o rocas, el viento azuzando los cuerpos el humo, o las flores, contrastando en ello la belleza con el salvajismo atávico. También en este sentido hay incluso un tramo de narrar acontecimientos con dibujos, en (entiendo yo) homenaje al anime. Film de bella factura visual destacando sus escenas sobre el manto de nieve, donde el rojo de la sangre contrasta de forma cruda, o la turbadora ejecución en la playa, vista desde las alturas, cual Ojo de Dios. Ello adornado por el tema que abre y cierra el film, "Shura no hana" interpretado por la propia Meiko Kaji (protagonista).
Film que cobró fama cuando Tarantino dijo le sirvió de inspiración para su bilogía “Kill Bill”, habiendo muchas similitudes, como es una mujer embarcada en una espiral de venganza contra varias personas, sus métodos para ello son de artes marciales con katana, la narrativa es fracturada en su no linealidad, tenemos un duro aprendizaje con una especie de monje con barba blanca, hay escenas de lucha en la nieve, como un duelo clímax en “Kill Bill”, incluso QT tomó el tema principal, “The Flower of Carnage”, cantado por la propia Meiko Kaji, como tema de su heroína La Novia. Aunque esto de la influencia en “Kill Bill”, también lo había leído de dos films más, como el francés “La novia vestía de negro” (1968) protagonizado por Jeanne Moreau y del western inglés “Ana Caulder” (1971), liderado por la vengadora Raquel Welch.
Una historia cargada de simpleza, estructurada en cuatro capítulos, sin buscar dobles lecturas, directa al mentón, con personajes clichés en los que nunca se ahonda, una historia de venganza, donde la particularidad es que la ejecutora es la hija de la agraviada, que fue engendrada única y exclusivamente para este vengativo motivo. Las peleas son rápidas, sin acrobacias, sin alardes físicos.
Aunque pretende en los márgenes criticar (en modo esbozo) la corrupción que sufrió la nación nipona cuando entró en tratos con las potencias extranjeras. Arremete contra la política en la convulsa era post-Tokugawa. La restauración Meiji no trajo para los japoneses la prosperidad que esperaban, asintieron que la infiltración occidental y progresivo saqueo de riquezas del país por parte de la nueva casta burguesa parasitaria y plutocrática. Aquí se muestra como los criminales medraron en este panorama de cambios. Con ello se perdieron valores tradicionales en favor de la decadencia foránea (reflejada en la vestimenta y sobre todo en las armas de fuego). Ambientada en la era Meiji, a finales del siglo XIX, época de gran transición y cambio, los valores tradicionales japoneses chocaron con la creciente influencia e incursión de la cultura occidental, uno de los objetivos de la protagonista es un traficante de armas que pretende vender armamento moderno al Imperio, en este sentido es muy alegórica una secuencia de muerte en que uno de los malos cae ensangrentado deslizándose sobre las banderas de Japón y USA.
Tiene un enervador inicio el film, cuando vemos en una mugrienta prisión de Tokyo dar a luz un bebe en condiciones insalubres, la madre va a morir por el parto, no sin antes aleccionar a las compañeras de celda sobre que futuro debe tener el bebé, ser la vengadora de los males que la madre ha sufrido. Tras lo que aparece el título bañado en rojo sangre. Tras lo que nos adentramos en una odisea desmitificadora de las vendettas, una cruel travesía descarnada en el dolor, paseándonos por un japón desesperanzado. Comenzando su huida hacia adelante la vengadora por poderes en una hermosa visualmente escena sobre la nieve, cuando la protagonista se cruza con varios hombres que llevan un rickshaw con un hombre en él, Shibayama. Ella no les deja pasar y los portadores deciden acabar con ella y sacan sus katanas, y entonces vemos el gadget que ella lleva para su espada, el mango de un bonito paraguas japonés, ejemplo de su carácter contradictorio, acabando secamente ella con ellos, sin grandes alaracas coreográficas, secamente y rápido les asesta letales tajos, y también entonces vemos otra de las marcas del film, el híper realismo de que con los cortes brota la sangre cual geiser de los cuerpos, cañones de hemoglobina cual volcanes, en realidad algo muy propio de esa era nipona en el cine chambara.
Tras ello seguiremos las andanzas de esta anti-heroína de modo fragmentario cronológicamente, pasamos a su niñez en su adiestramiento para ser una gran luchadora, para luego pasar a las tres venganzas que le quedan, Takemura, Kitahama y Tsukamoto (Eiji Okada). Ello desarrollado de modo fluido, con encuentros tangenciales a la misión principal, como el encuentro de la protagonista con el grupo de pedigüeños organizados jerárquicamente criminal; el que tiene con Kobue (Yoshiko Nakada), hija de una de sus potenciales víctimas, Takemura Banzō (Noboru Nakaya)... (sigo en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
…Esta parte parece un film sintetizado en sí aparte por su tono de melodrama con sabor a Mizoguchi; el que acontece con el reportero Ryūrei Ashio (Toshio Kurosawa), narra sus ‘aventuras’ en un periódico para atraer a uno de los objetivos; Añaden estas sub tramas sustancia a la historia. Todo sin caer en sensiblerías, todo directo y seco en su objetivo de entretener al espectador.
Tenemos también las raíces de todo, relatándonos de donde viene el afán vengativo de la madre, narrado con gran sentido de la historia de Japón, con unos estafadores surgidos de una nueva ley imperial, deriva en un brutal asesinato (por el color de vestimenta ¿?) y posterior violación de la madre. Se encadena con el plan maquiavélico de la misma de engendrar una hija entre rejas, para ello se convierte en una gata en celo permanente.
Rush final con claro sentido de ataque a las alianzas extrajeras de Japón, pues el escenario de sangre y muerte será un baile de amistad entre Japón-USA, ello en una nación menos de 30 años atrás fue ocupada por la nación norteamericana después de hacer caer las dos bombas H. Una especie de juego de matrioshkas el último objetivo, con máscaras a lo Misión Imposible, con espejos secretos, y con la aparición de para muchos tradicionalistas japoneses de la representación de los males de occidente, una pistola (había ya aparecido en otra escena anterior), dando un enfrentamiento padre-hijo, para acabar la cinta en una vigorosa escena sobre la nieve, con una coda nada acomodaticia (Spoiler), dejando un grato sabor de boca cinéfilo.
La gran protagonista es la hermosa Meiko Kaji como la vengadora Yuki, ataviada con un kimono y pertrechada de una sombrilla púrpura con mango-katana, su dualidad de dulce ‘geisha’ se transforma cuando saca la espada. Ofece una buena actuación como la fría vengadora, exhibiendo vacío interior, no es más que eso, sin fondo, siemptre hac ia el siguiente objetivo. La cantante y actriz Meiko Kaji, célebre en la época por su rol de mujer rebelde e inconformista que lograra gracias a las sagas de "Stray Cat Rock" y "Joshu Sasori", presta su preciosa voz (para el mítico tema principal).
Spoiler:
Momentos recordables (aparte de los ya mencionados): Yuki lleva al amar a la playa a Banzo, lo ultima con su katana a la orilla del mar, y las olas se tragan el cadáver tiñéndose de sangre. Visto el asesinato en una dramática toma cenital; Okono (Sanae Nakahara) envía hombres a secuestrar a Ashio, amenaza con torturarlo para saber la ubicación de Yuki, Ashio se resiste. Yuki entra en la propiedad de Okono y mata a varios de sus hombres mientras la persigue. Yuki y Ryūrei encuentran el cuerpo moribundo de Okono ahorcada en una habitación, se ha suicidado para no ser matada por Yuki. Al escuchar los últimos latidos del corazón de Okono, Yuki la corta por la mitad; Yuki entrando en un baile de máscaras, mata a un hombre (con un máscara) que actúa como trampantojo de Gishirō. Ashio y Yuki encuentran y siguen al verdadero Gishirō, quien le dispara a Ashio. Herido, Ashio lucha con Gishirō y le impide dispararle a Yuki mientras ella se balancea sobre una lámpara entre los balcones. Yuki apuñala a Ashio en el pecho de Gishirō. Luego le corta el cuello a Gishirō mientras él le dispara. Cae por una barandilla y cae a la planta baja llena de invitados. Yuki, herida, sale a trompicones donde es apuñalada por Kobue (a su padre lo mató Yuki en su espiral vengativa) que la estaba esperando, quien ha estado persiguiendo a Yuki todo este tiempo en su propia búsqueda para vengar el asesinato de su padre. Yuki logra escapar, sólo para colapsar sobre la nieve, aparentemente muerta. Sin embargo, a la mañana siguiente abre los ojos.
Muy entretenido film de acción chambara, cumple sin más pretensión que hacerte pasar un rato ameno. Gloria Ucrania!!!
Para leer más sobre el film ir a: https://tomregan.blogspot.com/2024/03/lady-snowblood.html
PD. El éxito del film dio lugar a una secuela, “Love Song of Vengeance” (1974).
Tenemos también las raíces de todo, relatándonos de donde viene el afán vengativo de la madre, narrado con gran sentido de la historia de Japón, con unos estafadores surgidos de una nueva ley imperial, deriva en un brutal asesinato (por el color de vestimenta ¿?) y posterior violación de la madre. Se encadena con el plan maquiavélico de la misma de engendrar una hija entre rejas, para ello se convierte en una gata en celo permanente.
Rush final con claro sentido de ataque a las alianzas extrajeras de Japón, pues el escenario de sangre y muerte será un baile de amistad entre Japón-USA, ello en una nación menos de 30 años atrás fue ocupada por la nación norteamericana después de hacer caer las dos bombas H. Una especie de juego de matrioshkas el último objetivo, con máscaras a lo Misión Imposible, con espejos secretos, y con la aparición de para muchos tradicionalistas japoneses de la representación de los males de occidente, una pistola (había ya aparecido en otra escena anterior), dando un enfrentamiento padre-hijo, para acabar la cinta en una vigorosa escena sobre la nieve, con una coda nada acomodaticia (Spoiler), dejando un grato sabor de boca cinéfilo.
La gran protagonista es la hermosa Meiko Kaji como la vengadora Yuki, ataviada con un kimono y pertrechada de una sombrilla púrpura con mango-katana, su dualidad de dulce ‘geisha’ se transforma cuando saca la espada. Ofece una buena actuación como la fría vengadora, exhibiendo vacío interior, no es más que eso, sin fondo, siemptre hac ia el siguiente objetivo. La cantante y actriz Meiko Kaji, célebre en la época por su rol de mujer rebelde e inconformista que lograra gracias a las sagas de "Stray Cat Rock" y "Joshu Sasori", presta su preciosa voz (para el mítico tema principal).
Spoiler:
Momentos recordables (aparte de los ya mencionados): Yuki lleva al amar a la playa a Banzo, lo ultima con su katana a la orilla del mar, y las olas se tragan el cadáver tiñéndose de sangre. Visto el asesinato en una dramática toma cenital; Okono (Sanae Nakahara) envía hombres a secuestrar a Ashio, amenaza con torturarlo para saber la ubicación de Yuki, Ashio se resiste. Yuki entra en la propiedad de Okono y mata a varios de sus hombres mientras la persigue. Yuki y Ryūrei encuentran el cuerpo moribundo de Okono ahorcada en una habitación, se ha suicidado para no ser matada por Yuki. Al escuchar los últimos latidos del corazón de Okono, Yuki la corta por la mitad; Yuki entrando en un baile de máscaras, mata a un hombre (con un máscara) que actúa como trampantojo de Gishirō. Ashio y Yuki encuentran y siguen al verdadero Gishirō, quien le dispara a Ashio. Herido, Ashio lucha con Gishirō y le impide dispararle a Yuki mientras ella se balancea sobre una lámpara entre los balcones. Yuki apuñala a Ashio en el pecho de Gishirō. Luego le corta el cuello a Gishirō mientras él le dispara. Cae por una barandilla y cae a la planta baja llena de invitados. Yuki, herida, sale a trompicones donde es apuñalada por Kobue (a su padre lo mató Yuki en su espiral vengativa) que la estaba esperando, quien ha estado persiguiendo a Yuki todo este tiempo en su propia búsqueda para vengar el asesinato de su padre. Yuki logra escapar, sólo para colapsar sobre la nieve, aparentemente muerta. Sin embargo, a la mañana siguiente abre los ojos.
Muy entretenido film de acción chambara, cumple sin más pretensión que hacerte pasar un rato ameno. Gloria Ucrania!!!
Para leer más sobre el film ir a: https://tomregan.blogspot.com/2024/03/lady-snowblood.html
PD. El éxito del film dio lugar a una secuela, “Love Song of Vengeance” (1974).
16 de junio de 2018
16 de junio de 2018
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El título es porque tengo que poner uno y bueno, hay violencia en la película y empieza diciendo que es la venganza de los desheredados o la protectora de los oprimidos, algo así. Esto luego no se desarrolla, pero me dio la idea para el título.
Al lío.
La película se supone que es de serie B (supongo que será así por los efectos especiales, el tema, el tono o el presupuesto), pero esta es de esas que es de B de Bien. La historia, aunque básica (un clásico de venganza), se desarrolla bien y sin fisuras aunque no sea de gran complejidad y los actores son más que decentes, destacando la protagonista (interpretada por Meiko Kaji, con ominosa mirada). Pero donde más destaca es en el apartado técnico-artístico: la fotografía y el sonido están muy cuidados y le dan un toque de personalidad importante. Aunque no rompe los dogmas en cuanto a dirección y montaje, sí que tiene un par de momentos muy bien pensados y funcionales que les dan a la película un toque de frescura e "intelectualidad".
La ambientación es también un buen toque, trasladándonos al Japón de finales del siglo XIX (Era Meiji), transición entre el "feudalismo" premoderno nipón y la modernidad de influencias occidentales, lo que se nota especialmente en los contrastes entre el campo y la ciudad y las fuerzas del orden y el resto de personas, contraste más agudizado en la escena final del baile aristocrático. Puede que aquí entre al escenario la polémica de la apertura de Japón al resto del mundo y la progresiva influencia occidental: el desarme (aparente), o al menos la pérdida de intensidad, de las estructuras sociosimbólicas tradicionales japonesas como la importancia de la deuda-gracia (y por tanto la necesidad de la venganza) que fueron perdiendo peso desde la Era Meiji, lo cual se puede deducir a partir del ambiente decadente de los momentos finales del filme.
Obvia parece ser la influencia que supuso para la saga "Kill Bill" (que no he visto, por cierto, pero por cultura popular cinéfila se sabe) del archiconocidísimo Tarantino. Puede que sea esto lo que más atraiga, pero creo desde mi más humilde opinión que esta cinta merecería ser disfrutada y recordada aunque su "sucesora espiritual" no hubiese existido.
Al lío.
La película se supone que es de serie B (supongo que será así por los efectos especiales, el tema, el tono o el presupuesto), pero esta es de esas que es de B de Bien. La historia, aunque básica (un clásico de venganza), se desarrolla bien y sin fisuras aunque no sea de gran complejidad y los actores son más que decentes, destacando la protagonista (interpretada por Meiko Kaji, con ominosa mirada). Pero donde más destaca es en el apartado técnico-artístico: la fotografía y el sonido están muy cuidados y le dan un toque de personalidad importante. Aunque no rompe los dogmas en cuanto a dirección y montaje, sí que tiene un par de momentos muy bien pensados y funcionales que les dan a la película un toque de frescura e "intelectualidad".
La ambientación es también un buen toque, trasladándonos al Japón de finales del siglo XIX (Era Meiji), transición entre el "feudalismo" premoderno nipón y la modernidad de influencias occidentales, lo que se nota especialmente en los contrastes entre el campo y la ciudad y las fuerzas del orden y el resto de personas, contraste más agudizado en la escena final del baile aristocrático. Puede que aquí entre al escenario la polémica de la apertura de Japón al resto del mundo y la progresiva influencia occidental: el desarme (aparente), o al menos la pérdida de intensidad, de las estructuras sociosimbólicas tradicionales japonesas como la importancia de la deuda-gracia (y por tanto la necesidad de la venganza) que fueron perdiendo peso desde la Era Meiji, lo cual se puede deducir a partir del ambiente decadente de los momentos finales del filme.
Obvia parece ser la influencia que supuso para la saga "Kill Bill" (que no he visto, por cierto, pero por cultura popular cinéfila se sabe) del archiconocidísimo Tarantino. Puede que sea esto lo que más atraiga, pero creo desde mi más humilde opinión que esta cinta merecería ser disfrutada y recordada aunque su "sucesora espiritual" no hubiese existido.
11 de agosto de 2020
11 de agosto de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me interesé por esta película porque dicen que Tarantino se inspiro en ella para realizar la pelea del combate del jardín nevado del final de Kill Bill Vol.1. Pues bien, tras verla puedo asegurar que Tarantino no solo se fijó en esa escena, los homenaje a esta película son constantes. La historia de venganza, muchos de sus planos, la banda sonora, los flashbacks, la sangre, la estructura de la película, los villanos, ... las referencias a esta peli por parte de Tarantino son interminables , tanto que yo creo que sin ella Kill Bill no existiría.
Dejando a lado a Kill Bill, esta película tiene virtudes suficientes como para brillar por si sola.
La historia es muy simple pero te atrapa desde el principio. Esa sencillez es lo que la hace interesante. Lady Snowblood quiere vengarse de tres asesinos y los buscará uno a uno hasta acabar con ellos. Además la historia esta separada en cuatro capítulos. Uno de introducción y otro para cada asesino. Los personajes tienen carisma aunque no se profundiza mucho en ellos. Las escenas de acción son rápidas, no veremos peleas interminables, con el atractivo de ver la sangre salir como si de un aspersor se tratara . Respecto a la banda sonora, la peli abre y cierra con un temazo llamado "shura no hana" (the flower of carnage) interpretado por la propia Meiko Kaji (la actriz protagonista). Durante el film veremos variar la música entre temas propios del folklore japonés y temas mas modernos muy de los setenta, muy serie B. Su fotografía y uso de la cámara también recuerda mucho a las pelis de serie B asiáticas de los 70. Y es que esta peli en su conjunto rezuma serie B por los cuatro costados, lo que no quiere decir que sea mala.
Si te gustó Kill Bill, no te debes perder esta película. Si no te gustó ,tampoco deberías perdértela porque como he dicho antes, tiene suficientes virtudes como para disfrutarla. Si no te gusta ni el cine de samuráis, ni de acción, ni de venganza, ni la serie B, pues no se como abras acabado aquí metido, pero ¡huye!.
Dejando a lado a Kill Bill, esta película tiene virtudes suficientes como para brillar por si sola.
La historia es muy simple pero te atrapa desde el principio. Esa sencillez es lo que la hace interesante. Lady Snowblood quiere vengarse de tres asesinos y los buscará uno a uno hasta acabar con ellos. Además la historia esta separada en cuatro capítulos. Uno de introducción y otro para cada asesino. Los personajes tienen carisma aunque no se profundiza mucho en ellos. Las escenas de acción son rápidas, no veremos peleas interminables, con el atractivo de ver la sangre salir como si de un aspersor se tratara . Respecto a la banda sonora, la peli abre y cierra con un temazo llamado "shura no hana" (the flower of carnage) interpretado por la propia Meiko Kaji (la actriz protagonista). Durante el film veremos variar la música entre temas propios del folklore japonés y temas mas modernos muy de los setenta, muy serie B. Su fotografía y uso de la cámara también recuerda mucho a las pelis de serie B asiáticas de los 70. Y es que esta peli en su conjunto rezuma serie B por los cuatro costados, lo que no quiere decir que sea mala.
Si te gustó Kill Bill, no te debes perder esta película. Si no te gustó ,tampoco deberías perdértela porque como he dicho antes, tiene suficientes virtudes como para disfrutarla. Si no te gusta ni el cine de samuráis, ni de acción, ni de venganza, ni la serie B, pues no se como abras acabado aquí metido, pero ¡huye!.
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