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Ninfomanía: segunda parte

Drama Historia de una ninfómana contada por ella misma. Una fría noche invernal, un viejo solterón (Stellan Skarsgård) encuentra en un callejón a una joven (Charlotte Gainsbourg) herida y casi inconsciente. Después de recogerla y cuidarla, siente curiosidad por saber cómo pudo haber llegado a semejante situación; escucha atentamente el relato que ella hace de su vida, una vida llena de conflictos y turbias relaciones. Para su estreno ... [+]
Críticas 83
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6
22 de junio de 2014 Sé el primero en valorar esta crítica
Pues si, no tengo nada más que decir, que es un correcto final para el más reciente (y cuando no) controvertido film del director danés, pero quien sabe y quien quita que aún podría continuar las andanzas de la protagonista en alguna otra entrega, pero esto solo el tiempo lo dirá.

Este segundo volumen es más crudo en términos sexuales y filosóficos, aunque en esto último solo se hace una reiteración algo necesaria de el primer volumen lo cual podría resultar repetitivo para ciertos de sus detractores, pero que sin embargo no está hecho al azar, y conociendo al señor Von Trier podría asegurar que lo hace a propósito y desde mi punto de vista es necesario, para que se cierre el círculo de "Joe", por supuesto que lo es.

Del reparto por fin veo a Charlotte Gainsbourg en estado puro, a esa actriz que sin tener un rostro bonito, puede llegarte al alma con una interpretación, y aquí no es la excepción. Stellan Skarsgård con su cuota de experiencia y cuando pensaba que no iba a participar de lleno, al final lo hace con la respectiva consecuencia que conlleva. De Shia LaBeouf lo dije en el primer volumen y aquí se repite su presencia, pero está ahí y nada más.
Charlotte Gainsbourg
Quienes aparecen poco pero hacen el triple de LaBeouf, son Jamie Bell y Willem Dafoe, con su sola presencia, en especial de este último es una garantía de ver algo de calidad. En lo que tiene que ver con el reparto femenino destacaría a una jovencita llamada Mia Goth, poco conocida pero muy prometedora y a Kate Ashfield haciendo un diminuto cameo.
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spoiler:
Hay una escena en la que pensé que iba a suceder lo mismo que en la película "anticristo", del mismo Lars Von Trier, incluso y si no me equivoco usa la misma banda sonora, la misma tensión y si ya viste dicha película la piel se te pone de gallina porque te imaginas que va a suceder lo mismo, afortunadamente no llega a pasar.
6
4 de julio de 2014 Sé el primero en valorar esta crítica
Pensada originalmente como una película de larga duración, aproximadamente 5 horas, pero dividida en dos para su estreno comercial, llega a la cartelera la segunda parte de la historia de la ninfómana Joe y su insatisfecha vida.

Partiendo justo donde terminó la primera parte, esta segunda entrega es un tanto más densa que la anterior, y por lo tanto carente de humor, algo que en la primera servía por lo menos de escape.

Toda esta segunda parte presenta a Joe ya como una mujer adulta, interpretada siempre por Charlotte Gainsbourg, tanto en el tiempo presente como en los flashbacks que la muestran en diferentes etapas de su vida, siempre en situaciones sexuales un tanto más osadas que las vistas anteriormente, mientras continúa relatando sus experiencias al señor Seligman (Stellan Skarsgård).

El tono de esta película es más parejo, esto por la interpretación de Joe a cargo de sólo una actriz, centrándose en la búsqueda y experimentación por parte de ella en diferentes prácticas que la lleven a conocer el placer en el sexo, sin embargo, cada episodio narrado por Joe es cada vez más tedioso tornando este segundo episodio como un acto innecesario, pues con lo visto en la primera parte se conocía en su totalidad su vida y los motivos de su accionar en la vida.
Charlotte Gainsbourg & Jamie Bell
Al final el segundo episodio naufraga en una sucesión de actos pretendidamente cargados de sexualidad que se tornan soporíferos, todo encaminado de manera por demás consciente a un final un tanto tremendista. Así, se agotan las ganas de ver la edición completa del filme.
9
2 de noviembre de 2015 Sé el primero en valorar esta crítica
"No creo que nada en el arte sea inapropiado" comunicaba Diego Rivera sobre el mural del Rockefeller Center en Abajo el telón. Partiendo de ello, debo decir que cualquier tipo de reivindicación artística que suscita polémica y ataca al rigorismo moral y a las actitudes conservadoras en contra de innovaciones, me excita.

La sexualidad está presente en nuestra vida, igual que lo ha estado (y esperemos que lo esté) durante toda la historia de la humanidad, y aun así todavía hay quien considera tabú un aspecto tan cotidiano y necesario. Lars Von Trier crea un aura cargado de simbolismos que vinculan la historia sexual de la protagonista y la pretenciosa carga cultural de las explicaciones capitulares.
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spoiler:
Con todas las conexiones de la pesca, la música, la literatura, las matemáticas, etc. con la sexualidad hacen que, la historia de la ninfomanía sea más bien la historia de evolución de una cultura sexual; de una cultura sexual que evoluciona viajando entre los vagones de distintas etapas, de distintas filias, desde el hallazgo del clítoris hasta la inconsistencia del mismo. Y como es básico y crucial, cada una de esas etapas sexuales modelan el carácter y el psiquismo del personaje, pudiendo desembocar el irrefrenable deseo sexual en la pérdida de la familia o en el germen de la depresión. Con todo ello, resultaba necesaria una película que tratara la sexualidad como un arte, como una cultura, como los incontrolables impulsos freudianos, eróticos y tanáticos, que convierten a una persona en lo que al fin y al cabo es.
7
2 de abril de 2016 Sé el primero en valorar esta crítica
En contra de la opinión generalizada, el volumen dos de "Nymphomaniac" es mejor que el primero. Para empezar tiene los mejores momentos de puro cine de ambas partes: toda la fase sadomasoquista y familiar es crudísima, tremenda, desesperanzada, depresiva y en base a eso, von Trier logra extraer una síntesis notable de otro de los mensajes del film: el asco, la repulsión, el odio al sexo y el carácter antierótico, repelente, del acto sexual. Lo remata en un final inesperado, abrupto y descorazonador, que pone la guinda a un film de no poco pesimismo existencial.
Se equivoca algo el danés, sin embargo, en no incrementar la potencia de la dualidad dialéctica Gainsbourg/Skarsgard (la primera, entregada, no acaba de convencerme/el segundo, brillante, sobrio): la sucia lujuria, el hedonismo enfermizo, el inútil sexo que paradójicamente castra todo lo demás frente a la serena intelectualidad, el humanismo cultural, la virginal calma.
"Nymphomaniac" no está a la altura de la brillante trayectoria de su autor, pero es un díptico valiente, provocador, interesante, diferente.
5
13 de septiembre de 2016 Sé el primero en valorar esta crítica
Y pasado el tiempo suficiente, mirando hacia atrás, nos damos cuenta de que el huracán no ha dejado víctimas ni daños suficientes para ser temiblemente recordado.

Nada mejor que la marca Lars Von Trier para poner al cinematográfico común en alerta y a los festivales feroces en apogeo. Lo hacía hace algo menos de un año con la que prometía ser su película más feroz y provocadora. Dividida en dos partes y censurada. Aliándose de la prohibición para agrandar la leyenda, aparecía esta Nymphomaniac en su primer volumen de piezas compuestas.

El supuesto drama en la piel de un gran Charlotte Gainsbourg asfixiada en la rareza. Stellan Skarsgård ganándose el puesto en cada conversación y Stacy Martin llevándose a ambos y al resto de nada despreciables secundarios por delante.

Poder amar y no disfrutar de hacerlo o su antónimo como disyuntiva del relato. Para nada empezaba mal el juego e incluso los primeros capítulos atrapaban entre lo mejor del danés. Un principio rotundo y poderoso como muestra perfecta de la propuesta acompañada de una escena en tren magnífica. El cometido cumplido, todos tenían ganas de saber más.

Es en el segundo volumen donde, poco a poco todo comenzó a desvanecerse. La historia perdía interés cuando, supuestamente, subía de intensidad y lo que prometía ser transgresor se convertía en finito. No obstante, esperábamos la jugada final del genio. Pero, esta vez, el delirio final se convirtió en un clímax sonrojante y de tremendo peso negativo para el resultado total.

Escuché risas jóvenes al finalizar la proyección.

Nymphomaniac se convertía así, en la metáfora perfecta de su creador. Los dos lados del artista que busca desesperadamente las ganas de mostrar un talento inconcluso.

Desde aquí, sabemos que lo tiene. Esperaremos al siguiente capítulo.

P.D. Su versión íntegra no aporta más datos al relato.
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