La mentira maldita
1957 

7.6
5,674
Drama. Cine negro
Burt Lancaster encarna a un famoso y ambicioso columnista que domina todo Nueva York a través de la información que habitualmente consumen sus más de 60 millones de lectores. Pero como todo el mundo tiene un punto débil: su hermana pequeña. Todo cambiará cuando ésta se enamora apasionadamente de un guitarrista de jazz y los instintos más básicos del periodista salgan a relucir. (FILMAFFINITY)
4 de mayo de 2026
4 de mayo de 2026
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Esto es cine negro como boca de lobo. Una película que muestra lo más abyecto del ser humano. Cuando crees que los dos personajes principales han tocado el fondo de la piscina moral, son capaces de excavar aún más allá, sorprendiéndote con un movimiento aún más rastrero.
Ese publicista amoral, retorcido y sin corazón, encarnado con toda propiedad por Tony Curtis, reptando por las calles oscuras de N.York, utilizando a las personas, con una habilidad innata para encontrar los puntos débiles de cada cual... buscando carnaza y podredumbre para ofrecérsela en bandeja de plata al todopoderoso periodista mediático, al que da vida un convincente Burt Lancaster, apoyado en su éxito mediático, se complace en la soberbia de creerse en posesión de la verdad absoluta: uno de esos altivos periodistas capaces de desayunarse arruinando carreras y de acostarse amenazando políticos o sobornando policías. Ambos roles mantienen una relación de mutualismo, donde el periodista lleva la manija y el publicista pulula en el resplandor que al otro rodea.
Ese publicista amoral, retorcido y sin corazón, encarnado con toda propiedad por Tony Curtis, reptando por las calles oscuras de N.York, utilizando a las personas, con una habilidad innata para encontrar los puntos débiles de cada cual... buscando carnaza y podredumbre para ofrecérsela en bandeja de plata al todopoderoso periodista mediático, al que da vida un convincente Burt Lancaster, apoyado en su éxito mediático, se complace en la soberbia de creerse en posesión de la verdad absoluta: uno de esos altivos periodistas capaces de desayunarse arruinando carreras y de acostarse amenazando políticos o sobornando policías. Ambos roles mantienen una relación de mutualismo, donde el periodista lleva la manija y el publicista pulula en el resplandor que al otro rodea.

Burt Lancaster
Aquí todo vale, con tal de arrimar el ascua a la sardina de cada uno. Todo está justificado, si el último fin es cumplir tu santa voluntad. Para ello, se maneja a las personas como si de marionetas se tratasen. Los demás no importan. Son meros peones, en este tablero donde la vanidad y el egoísmo más acérrimo campan por sus respetos.
El espectador, asiste asombrado a este festín de carroñeros sin escrúpulos. Una película que atrapa por sus diálogos acerados, por sus frases lapidarias e ingeniosas y por lo retorcida de la condición humana que se nos muestra, tanto del personaje más poderoso, como del adlátere arribista que vive de las migajas de lo que aquél produce.
Para muestra, un botón: finalizo con un diálogo entre los dos protagonistas (inmensos Burt y Tony), en el que sale a flote el cinismo y la amoralidad de la que hacen gala y en la que ambos se solazan ...
- ¿Qué es lo que tiene, que le gusta a Susie?
- Integridad. Eso es algo como el sarampión.
El espectador, asiste asombrado a este festín de carroñeros sin escrúpulos. Una película que atrapa por sus diálogos acerados, por sus frases lapidarias e ingeniosas y por lo retorcida de la condición humana que se nos muestra, tanto del personaje más poderoso, como del adlátere arribista que vive de las migajas de lo que aquél produce.
Para muestra, un botón: finalizo con un diálogo entre los dos protagonistas (inmensos Burt y Tony), en el que sale a flote el cinismo y la amoralidad de la que hacen gala y en la que ambos se solazan ...
- ¿Qué es lo que tiene, que le gusta a Susie?
- Integridad. Eso es algo como el sarampión.

Tony Curtis
- ¿Qué es la integridad?
- Es como un barril de pólvora, esperando un fósforo. Es algo nuevo. Ni tú ni yo, JJ, conocemos esto de la integridad.
-No quisiera morderte. Estás lleno de veneno.
P.D.: encontré un error en el doblaje al español, cuando el publicista le dice al periodista: "Estás ciego, Míster mago"... evidentemente, querían hacer referencia a Mr. Magoo, el entrañable cegatón de los dibujos animados. Supongo que los dobladores no tuvieron al cegatón como referente en su infancia, de ahí el patinazo al doblarlo tan asépticamente, cargándose la metáfora de un plumazo (y sí, Mr. Magoo fue creado en 1949, no hace falta que le pregunten a una IA).
- Es como un barril de pólvora, esperando un fósforo. Es algo nuevo. Ni tú ni yo, JJ, conocemos esto de la integridad.
-No quisiera morderte. Estás lleno de veneno.
P.D.: encontré un error en el doblaje al español, cuando el publicista le dice al periodista: "Estás ciego, Míster mago"... evidentemente, querían hacer referencia a Mr. Magoo, el entrañable cegatón de los dibujos animados. Supongo que los dobladores no tuvieron al cegatón como referente en su infancia, de ahí el patinazo al doblarlo tan asépticamente, cargándose la metáfora de un plumazo (y sí, Mr. Magoo fue creado en 1949, no hace falta que le pregunten a una IA).
7 de julio de 2020
7 de julio de 2020
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El drama noir Sweet smell of success (1957), del director Alexander Mackendrick y con Burt Lancaster y Tony Curtis en los roles principales, presenta, mediante una fotografía extraordinaria, la nocturnidad de la ciudad de New York a mediados del siglo XX.
Por Nicolás Bianchi
El reconocimiento resultó esquivo para Sweet smell of success (1957), dirigida por Alexander Mackendrick, cuando llegó a los cines. El público no la acompañó, quizás porque los actores principales (Burt Lancaster y Tony Curtis) estaban en papeles que no eran los habituales para ellos. Sin embargo, el retrato de la ciudad de New York que hace la película comenzó a ser valorado con el paso del tiempo, al punto que hoy integra cientos de listas de medios especializados que califican obras bajo el rótulo de ‘Las mejores películas de la historia’ o denominaciones similares. Distintos directores de prestigio la valoraron a medida que trascurrieron los años. Martin Scorsese dijo que se trata de una película “vibrante, que está viva” en la que “todas las imágenes de New York son brillantes”. Como corolario en el año 2000 una compañía de Broadway realizó una versión musical.
Por Nicolás Bianchi
El reconocimiento resultó esquivo para Sweet smell of success (1957), dirigida por Alexander Mackendrick, cuando llegó a los cines. El público no la acompañó, quizás porque los actores principales (Burt Lancaster y Tony Curtis) estaban en papeles que no eran los habituales para ellos. Sin embargo, el retrato de la ciudad de New York que hace la película comenzó a ser valorado con el paso del tiempo, al punto que hoy integra cientos de listas de medios especializados que califican obras bajo el rótulo de ‘Las mejores películas de la historia’ o denominaciones similares. Distintos directores de prestigio la valoraron a medida que trascurrieron los años. Martin Scorsese dijo que se trata de una película “vibrante, que está viva” en la que “todas las imágenes de New York son brillantes”. Como corolario en el año 2000 una compañía de Broadway realizó una versión musical.

Tony Curtis & Burt Lancaster
Es justamente en ese ambiente donde se presenta la acción. Sidney Falco (Curtis) es un agente de prensa, un intermediario entre los artistas y los periodistas, que está desesperado por ganar dinero y triunfar. La escena de presentación del personaje deja todo claro. Falco entra a su oficina mientras su secretaria está hablando por teléfono. Le dice que no le pase la llamada, al parecer de un cliente que no está satisfecho con la nula difusión de su obra. Al abrir una puerta se observa que hay una cama, por lo que Falco vive en el mismo lugar donde trabaja. Mientras se cambia, con la puerta entornada, le dice a la secretaria que pague el alquiler pero no lo que le deben a la sastrería. Ya de traje cuando está por salir a la calle la secretaria le recuerda que lleve su abrigo a lo que responde irónicamente: “¿Y así dejar propina en cada guardarropa de la ciudad?”. Sidney Falco, ambicioso, buscavida y sin dinero inicia su recorrida nocturna por los locales nocturnos de New York.

Burt Lancaster & Tony Curtis
La presentación de J.J. Hunsecker (Lancaster) también es brillante. Unas escenas más adelante Falco llama desde una cabina en la calle por teléfono a Hunsecker, quien todavía no ha sido mostrado. El periodista le reprocha al agente de prensa que hay algo que él debería haber hecho y todavía no hizo. Preocupado Falco le dice que necesita hablar con él en persona, y a pesar de que Hunsecker se niega, se levanta y va a buscarlo. De la cabina en la que estaba camina unos pasos e ingresa a un bar elegante en el que al fondo encuentra al periodista sentado en una mesa con teléfono. Mientras Falco observa, Hunsecker le ofrece consejos y lecciones a un senador y a una joven artista que, se sugiere, es su amante. Falco se sienta semi integrado a la mesa, levemente por detrás de Hunsecker. El periodista es mostrado como un agente todopoderoso, con adláteres a sus espaldas, con importantes políticos escuchando sus sugerencias como si se tratara de la verdad relevada. Unos minutos después la figura de Hunsecker es rematada con una toma en la que se lo ve de espaldas, en un balcón, frente a las avenidas iluminadas y los carteles de neón, como si la ciudad estuviera a sus pies.
En parte es así. La columna de Hunsecker es la más buscada por todos los agentes de prensa. Pero la misión de Falco es otra. Hunsecker lo “contrata” para romper la pareja entre su joven hermana y un músico de jazz. Por medio de unas maniobras totalmente inmorales el ambicioso agente de prensa va a intentar hacer todo lo posible para lograr su cometido y obtener la gracia del prestigioso periodista.
La película transcurre a un ritmo constante, hipnótico para el espectador, entre locales nocturnos, música de jazz y una galería de personajes en los que hay artistas, policías corruptos, periodistas y agentes, muchos de ellos desesperados por ganar dinero con rapidez. La diferencia reside en que Sidney, además, quiere vestirse con el perfume que conlleva el éxito.
En parte es así. La columna de Hunsecker es la más buscada por todos los agentes de prensa. Pero la misión de Falco es otra. Hunsecker lo “contrata” para romper la pareja entre su joven hermana y un músico de jazz. Por medio de unas maniobras totalmente inmorales el ambicioso agente de prensa va a intentar hacer todo lo posible para lograr su cometido y obtener la gracia del prestigioso periodista.
La película transcurre a un ritmo constante, hipnótico para el espectador, entre locales nocturnos, música de jazz y una galería de personajes en los que hay artistas, policías corruptos, periodistas y agentes, muchos de ellos desesperados por ganar dinero con rapidez. La diferencia reside en que Sidney, además, quiere vestirse con el perfume que conlleva el éxito.
11 de agosto de 2024
11 de agosto de 2024
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras la venta de Los Estudios Ealing a la BBC en 1954, Alexander Mackendrick decidió trasladarse a Estados Unidos. Rechazó contratos con David Selznick y Cary Grant y se decantó por la compañía independiente Hecht-Hill-Lancaster, porque le atraía la posibilidad de adaptar El discípulo del diablo, de George Bernard Shaw, aunque el proyecto se demoraría (de todos modos, posteriormente, en 1959, sería despedido a las pocas semanas de iniciarse el rodaje, y reemplazado por Guy Hamilton). Mackendrick quiso desligarse de su acuerdo con la productora, pero no lo consiguió y le fue ofrecido otro proyecto, Chantaje en Broadway (Sweet smell of success), adaptación de la homónima novela de Ernest Lehman, aunque en la revista Cosmopolitan había aparecido con el título de Tell me about it tomorrow!, porque al director no le gustaba la palabra Smell (olor), en la que Lehman se inspiraba en sus experiencias como asistente de un agente de prensa y columnista, Walter Winchell. Lehman, en principio, iba a dirigir la película, pero United Artists no parecía muy receptiva con respecto a la idea de que el director fuera un principiante. Cuando Mackendrick se hizo cargo, con respecto a la necesidad de una elaboración del guion, no optó por quien propuso Harold Hecht, Paddy Chayefsky, sino por Clifford Odets, quien no le dedicó unas semanas sino cuatro meses durante los que reconfiguró cada secuencia (incluso, seguía con tal tarea cuando se inició el rodaje, por lo que Mackendrick disponía de las correspondientes páginas pocas horas antes de rodar). Para conseguir el papel del publicista Sidney Falco, Tony Curtis tuvo que superar las reticencias del Estudio, ya que hasta entonces estaba encasillado en el papel de galán. Para el columnista, J.J. Hunsecker se consideró a Orson Welles y, por parte de Mackendrick, Hume Cronyn (por su parecido físico con Winchell), pero sería Burt Lancaster quien terminaría interpretándolo (Mackendrick sugirió que usara sus propias gafas, y que a estas se le aplicara vaselina para acentuar una mirada vacía, ya que al actor le resultaba más difícil enfocar; además decidió, con la colaboración de James Hong Howe, encuadrarle en numerosas ocasiones con contrapicados angulares, e iluminación directa sobre su cabeza para que se generaran sombras su rostro). Se pensó en Robert Vaughn para interpretar al guitarrista Steve Dallas, pero, al ser reclutado, sería reemplazado por Martin Milner, y Ernest Borgnine rechazaría participar en la película porque su personaje (probablemente el policía Kello) no disponía de demasiado diálogos. La banda sonora compuesta por Chico Hamilton y Fred Katz, integrantes del grupo musical en el que participa Dallas, fue reemplazada por la extraordinaria de Elmer Bernstein.

Tony Curtis & Burt Lancaster
En Chantaje en Broadway (1957), trivial traducción del más cáustico título original ( The sweet smell of success: El dulce aroma del éxito), nos sumergimos ( y nunca mejor dicho, dado el asombroso trabajo fotográfico de James Wong Howe) en las tenebrosas corrientes de la abyección humana. No puede ser más desolador el paisaje humano, empezando por las dos figuras protagonistas. El representante artístico o publicista, Falco (Tony Curtis), no se arredra en recurrir a lo que sea, o en aprovecharse de quien sea, para conseguir su propósito, que no es otro que el que su nombre (o el de sus clientes) aparezca en un artículo del más influyente columnista de la ciudad, Hunsecker (Burt Lancaster), aquel que dicta la realidad, según nombre u omita. En la primera secuencia nos es presentado comprando el periódico para comprobar si aparece o no. Desespera, porque sabe el motivo de que le haya sido negado ese privilegio. Aceptó la petición de éste de que interfiriera en la relación de su hermana pequeña, Susan (Susan Harrison) con el guitarrista Dallas, porque no lo ve el adecuado para ella, pero Falco no ha conseguido su propósito. Aún más, comprueba que su amor se afianza, ya que han decidido casarse, aunque ella pretende comunicárselo a su hermano a la mañana siguiente. Mientras, él utiliza vilmente a Rita (Barbara Nichols), la chica que vende cigarrillos en un night club, haciéndole creer que acude a una cita con él, cuando no es sino para ofrecerla como amante de otro columnista del que necesita cierta información que es conveniente para él (su falta de escrúpulos queda patente en cómo se esfuerza, de modo persuasivo, para conseguir que ella acceda a realizar lo que no quiere hacer con la expresión de quien se siente degradada). Posteriormente, no dudará, tampoco, en chantajear a otro columnista con comunicar a su esposa su amorío con Rita. Los demás son meras piezas funcionales. Probablemente, el escaso éxito de la película se debiera a que sus dos protagonistas compiten por quién puede ser el más mezquino y miserable. Hunsecker es el ejemplo quintaesenciado del inclemente dios que con su palabra hace visible a quien puede alcanzar notoriedad en el medio, o le hunde en el fango de la invisibilidad, y por tanto del fracaso, si no le dota de nombre en su columna. Quien no aparece, o no es nombrado, no existe. O en el principio fue el verbo, aunque sea envenenado. Es capaz de destruir a quien sea, por activa o por omisión, si se le cruza en el punto de mira, como, en un presunto arrebato de generosidad, apoyar o propulsar la carrera de alguien citándole en su columna, aunque, en numerosos casos, siempre subyazca la condición del intercambio de favores ( ya se sabe, hoy por ti, mañana por mí). No importa la verdad, ni el trabajo que se hace, sino la posición. Y el resto es silencio, o la ruidosa algarabía, sin sentido, del circo mediático.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hunsecker quiere que su voluntad sea complacida, esto es, que la realidad sea como él dicte que sea (no le importa lo que su hermana quiera sino cómo él quiere que sea la vida de su hermana; es su extensión). En la secuencia en la que se nos presenta a Hunsecker, con Falco como esbirro o extensión funcional, se radiografía la crueldad que cimenta ese escenario de relaciones, por cómo Hunsecker dirige la circunstancia con el senador, el agente y la actriz, presentes en su mesa. Y cómo delimita con Falco quien urde la puesta en escena y quien es actor secundario aspirante a protagonista, y cómo puede esa aspiración truncarse si no cumple con el cometido que se le ha asignado, otro ejemplo de intercambio de intereses. Falco, denodadamente, se esfuerza en intentar manipular las circunstancias para su conveniencia, pero como queda patente en la secuencia climática que le confronta con Susan y Hunsecker en el piso de los hermanos, ni sus esfuerzos ni los de Hunsecker serán fructíferos. Susan se escurre porque su hermano se sobrepasa y ordena a Kello que apalice a Dallas, y además deja en evidencia en Falco al citarle en nombre de su hermano para que este les sorprenda juntos. Quien parecía el componente más débil frustra la arrogancia de su hermano y propicia que Falco sea también apalizado. La integridad vence, aunque sea de modo doliente. De ahí, la intemperie que transmite la conclusión, con Susan alejándose en la calle. Sin duda, Chantaje en Broadway es una de las grandes obras maestras de Alexander MacKendrick, con una de las planificaciones, como expresó Jose María Latorre, más lógicas. Cada plano es el encuadre justo. Es una de las planificaciones más refinadas y precisas en el uso del espacio y en el modo de perfilar las relaciones de los personajes en él. Una impecable simetría para revelar la asimetría de la abyección. La carrera posterior de Mackendrick se vería caracterizada con los conflictos o divergencias con los productores. La relación de Mackendrick con Hecht-Hill-Lancaster parecía haber quedado un poco resentida por ciertas tensiones. Un par de años después, retomaría el proyecto de El díscípulo del diablo, pero fue despedido un mes después de comenzar el rodaje, y sería reemplazado por Guy Hamilton. También sería despedido de Los cañones de Navarone (1961), por divergencias de planteamiento creativo (quería incluir elementos de la antigua cultura griega), y sería sustituido por J. Lee Thompson. Las tres películas que dirigiría, aún estupendas, Sammy, huida hacia el sur (1963), Viento en las velas (1965) y No hagan olas (1967), estuvieran definidas por variados percances, en especial, las dos últimas por intromisiones de los productores que afectaron al resultado, del que no quedaría satisfecho, en especial de su última película, de la que prefería no hablar. Optó por dedicarse a la enseñanza.
Alexander Zárate
elcinedesolaris.blogspot.com
elcinedesolaris.blogspot.com
16 de abril de 2010
16 de abril de 2010
6 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Despiadada y gloriosa, no hay dos palabras mejores que puedan definir esta película.
A los cinco minutos de metraje las balas silbaban mis oídos, y las granadas de mano asaltaban mi butaca estampando mi cráneo en el techo, qué salvajada señores.
No esperaba cine negro, elegante, mortífero, directo a las entrañas, haciendo saltar todo por los aires con absoluta maestría.
He perdido la cuenta de la cantidad de obuses que Mr. Sonrisa Política y Toni Encurtido escupen cada 30 segundos, si pestañeas, se llevan hasta el televisor.
Mr acid House acude a la red como Federer y resuelve con maestría, Encurtido se pone la cinta de Nadal y devuelve un passing shot tras otro, absolutamente poseído por la ambición, fuera de control, y a un ritmo vertiginoso e inexpugnable.
La vida, en efecto, la vida.
Inconmensurable.
Se despide desde su pedazito de rancho.
Bud Spencer a lomos de Jay Jay Okocha.
A los cinco minutos de metraje las balas silbaban mis oídos, y las granadas de mano asaltaban mi butaca estampando mi cráneo en el techo, qué salvajada señores.
No esperaba cine negro, elegante, mortífero, directo a las entrañas, haciendo saltar todo por los aires con absoluta maestría.
He perdido la cuenta de la cantidad de obuses que Mr. Sonrisa Política y Toni Encurtido escupen cada 30 segundos, si pestañeas, se llevan hasta el televisor.
Mr acid House acude a la red como Federer y resuelve con maestría, Encurtido se pone la cinta de Nadal y devuelve un passing shot tras otro, absolutamente poseído por la ambición, fuera de control, y a un ritmo vertiginoso e inexpugnable.
La vida, en efecto, la vida.
Inconmensurable.
Se despide desde su pedazito de rancho.
Bud Spencer a lomos de Jay Jay Okocha.
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