Algol: La tragedia del poder
Fantástico. Ciencia ficción
Un diabólico alienígena del planeta Algol da a un trabajador de una mina de carbón un artefacto con el cual puede dominar el mundo. (FILMAFFINITY)
4 de noviembre de 2013
4 de noviembre de 2013
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
A pesar de los años transcurridos desde su estreno, “Algol” se sigue viendo hoy como una obra muy potente. Bien sea por los temas eternos que aborda, bien por su tratamiento visual, esta película sorprende por su extraña modernidad. Werckmeister matiza y depura el lenguaje expresionista y con ello acerca las tramas al espectador, que puede identificar las historias como algo que le concierne directamente, sin renunciar por ello a la magia, la metáfora y la fantasía.
La película tiene un especial significado si se tiene en cuenta la convulsa época en la que fue rodada. Acababa de terminar la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique triunfaba en Rusia y comenzaba a generarse el caldo de cultivo en el que se desarrollarían el fascismo y el nazismo. Con ello, "Algol" es una aguda reflexión sobre las ambiciones humanas, la felicidad personal, la política y las organizaciones sociales. El dinero mueve el mundo e incluso manda en las emociones de buena parte de los personajes. El poder real (capacidad de hacer cosas para mejorar el mundo) cede ante el poder del dinero (capacidad de comprar cosas y voluntades), y con ello se desencadena la tragedia a la que alude el título. Emil Jannings cumple como siempre, en un personaje que es una extraña mezcla entre el Fausto de Ghoete y el Ciudadano Kane de Orson Welles.
Vigorosa narración con un trabajado guión en el que se desarrollan de manera dinámica y bien trabada una diversidad de subtramas, algo muy avanzado para el cine de esos años.
Muy interesante.
La película tiene un especial significado si se tiene en cuenta la convulsa época en la que fue rodada. Acababa de terminar la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique triunfaba en Rusia y comenzaba a generarse el caldo de cultivo en el que se desarrollarían el fascismo y el nazismo. Con ello, "Algol" es una aguda reflexión sobre las ambiciones humanas, la felicidad personal, la política y las organizaciones sociales. El dinero mueve el mundo e incluso manda en las emociones de buena parte de los personajes. El poder real (capacidad de hacer cosas para mejorar el mundo) cede ante el poder del dinero (capacidad de comprar cosas y voluntades), y con ello se desencadena la tragedia a la que alude el título. Emil Jannings cumple como siempre, en un personaje que es una extraña mezcla entre el Fausto de Ghoete y el Ciudadano Kane de Orson Welles.
Vigorosa narración con un trabajado guión en el que se desarrollan de manera dinámica y bien trabada una diversidad de subtramas, algo muy avanzado para el cine de esos años.
Muy interesante.
29 de julio de 2026
29 de julio de 2026
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Algol, es una película que a pesar de estrenarse hace ya mas de un siglo, posee un guion rabiosamente moderno. Es una película de ciencia-ficción de género fantástico, pero que nos habla de algunos temas absolutamente reales y que son de la más pura actualidad. Además, el año en el que se estrena (1920) es un año en el que aparecen películas míticas como "El gabinete del doctor Caligari" o "El golem", obras que marcarían la historia del cine y que son de las más importantes del llamado "expresionismo alemán". Así que aunque Algol, la tragedia del poder no sea tan conocida como estas, si que me parece una obra de una gran calidad y por ello un título a reivindicar.
Robert Herne (excelente Emil Jannings) es un minero de carbón que recibe una visita bastante extraña, se le aparece un ser malévolo que dice ser del planeta o estrella Algol, estrella que se puede ver con el telescopio desde la Tierra. Esa estrella emite una luz tan poderosa que, a partir de ella, se puede crear energía ilimitada para todo el planeta. El minero, utiliza una máquina que el extraterrestre le muestra para construir una fábrica, con la que liberará a sus trabajadores de trabajar en la mina y con la que después dominará el mundo a su antojo.
A partir de esta premisa, Hans Werckmeister nos habla de temas como el poder y sus terribles consecuencias, las grandes corporaciones (tan de actualidad hoy día), la ambición, la contraposición entre la vida industrializada y la vida sencilla en la naturaleza, el amor (real e interesado), en ansía de dominación del ser humano, las clases sociales, el trabajo...
La ambición desmedida de Robert Herne no tiene límites. De hecho, desoye la petición de sus familiares para que done la energía a toda la humanidad. El poder que alcanza le corrompe y le lleva a una situación insostenible en la que prácticamente se queda solo, ya que incluso su hijo ambiciona su posición y solo espera su muerte, mientras que su hija reniega de él. Herne es la personificación de Dios en la tierra, un Dios destruido por el poder y el egoísmo capaz antes de perder a una hija que de revelar su más preciado secreto.
La figura de Herne encarna la tiranía, el fascismo y la falta de escrúpulos.
Por contra, María Ubal (Hannah Ralph), que fue una antigua amante suya, opta por irse al país en el que se vive trabajando en el campo, sin depender, en un principio, de la energía eléctrica de Herne. María es leal, inteligente, trabajadora, modesta, buena e idealista. Nunca se cree el plan de Herne e intenta alejar a su familia de su influencia. El de Herne y María es un amor imposible, pero palpable.
Werckemeister también hace una crítica al capitalismo salvaje que deviene en sociedades altamente industrializadas en las que el individuo es solo un número y ya no existe la comunidad, en favor de un alto grado de individualismo. Por contra, en el país de María, la gente es feliz, cultivando sus propios alimentos, viviendo en el campo y ayudándose los unos a los otros. Esta es una idea un tanto utópica, pero que según mi visión encaja perfectamente en el film que nos ocupa.
Otra cuestión importante de la obra, es la ambición del hijo de Robert, Reginald Herne (Ernst Hoffman) que está obsesionado en todo momento por coger el mando de la fábrica y, por tanto, el poder del mundo. Como muchas veces en el cine, es una mujer (femme fatale) la que lo empuja a esa ambición y que se convierte en el motor de su propia vida.
Decir que Algol, es precursora de la obra maestra expresionista de Fritz Lang, "Metrópolis" no solo por su estética con la deformidad de ciertos escenarios y geometrías magnificientes que muestra en algunos interiores, sino también por su temática, ya que trata el tema del trabajador explotado y las diferencias entre clases sociales. También, como no, porque coinciden en géneros: ciencia ficción y fantástico, con toques futuristas.
En cuanto a aspectos técnicos cabe destacar:
Esta obra expresionista contiene todos los rasgos característicos de su luminosidad de fuertes oposiciones y contrastes entre luces y sombras que acentúan los relieves y las texturas, el uso simbólico de las sombras para expresar la deformación moral de los personajes, los escenarios deformes y geométricamente rectilíneos.
Las interpretaciones de Jannings y de Raph son sobresalientes. Además de que el guion está bastante bien enlazado, con subtramas que resultan interesantes y que no desvían nunca la atención de la trama principal.
De la realización, son impresionantes esos primeros planos típicamente expresionistas captando el pavor de los personajes bajo sus espesos maquillajes níveos, así como los planos generales y de conjunto mostrando las protestas de los trabajadores.
Una joya que reinvindico desde hoy mismo. No se la pierdan.
Robert Herne (excelente Emil Jannings) es un minero de carbón que recibe una visita bastante extraña, se le aparece un ser malévolo que dice ser del planeta o estrella Algol, estrella que se puede ver con el telescopio desde la Tierra. Esa estrella emite una luz tan poderosa que, a partir de ella, se puede crear energía ilimitada para todo el planeta. El minero, utiliza una máquina que el extraterrestre le muestra para construir una fábrica, con la que liberará a sus trabajadores de trabajar en la mina y con la que después dominará el mundo a su antojo.
A partir de esta premisa, Hans Werckmeister nos habla de temas como el poder y sus terribles consecuencias, las grandes corporaciones (tan de actualidad hoy día), la ambición, la contraposición entre la vida industrializada y la vida sencilla en la naturaleza, el amor (real e interesado), en ansía de dominación del ser humano, las clases sociales, el trabajo...
La ambición desmedida de Robert Herne no tiene límites. De hecho, desoye la petición de sus familiares para que done la energía a toda la humanidad. El poder que alcanza le corrompe y le lleva a una situación insostenible en la que prácticamente se queda solo, ya que incluso su hijo ambiciona su posición y solo espera su muerte, mientras que su hija reniega de él. Herne es la personificación de Dios en la tierra, un Dios destruido por el poder y el egoísmo capaz antes de perder a una hija que de revelar su más preciado secreto.
La figura de Herne encarna la tiranía, el fascismo y la falta de escrúpulos.
Por contra, María Ubal (Hannah Ralph), que fue una antigua amante suya, opta por irse al país en el que se vive trabajando en el campo, sin depender, en un principio, de la energía eléctrica de Herne. María es leal, inteligente, trabajadora, modesta, buena e idealista. Nunca se cree el plan de Herne e intenta alejar a su familia de su influencia. El de Herne y María es un amor imposible, pero palpable.
Werckemeister también hace una crítica al capitalismo salvaje que deviene en sociedades altamente industrializadas en las que el individuo es solo un número y ya no existe la comunidad, en favor de un alto grado de individualismo. Por contra, en el país de María, la gente es feliz, cultivando sus propios alimentos, viviendo en el campo y ayudándose los unos a los otros. Esta es una idea un tanto utópica, pero que según mi visión encaja perfectamente en el film que nos ocupa.
Otra cuestión importante de la obra, es la ambición del hijo de Robert, Reginald Herne (Ernst Hoffman) que está obsesionado en todo momento por coger el mando de la fábrica y, por tanto, el poder del mundo. Como muchas veces en el cine, es una mujer (femme fatale) la que lo empuja a esa ambición y que se convierte en el motor de su propia vida.
Decir que Algol, es precursora de la obra maestra expresionista de Fritz Lang, "Metrópolis" no solo por su estética con la deformidad de ciertos escenarios y geometrías magnificientes que muestra en algunos interiores, sino también por su temática, ya que trata el tema del trabajador explotado y las diferencias entre clases sociales. También, como no, porque coinciden en géneros: ciencia ficción y fantástico, con toques futuristas.
En cuanto a aspectos técnicos cabe destacar:
Esta obra expresionista contiene todos los rasgos característicos de su luminosidad de fuertes oposiciones y contrastes entre luces y sombras que acentúan los relieves y las texturas, el uso simbólico de las sombras para expresar la deformación moral de los personajes, los escenarios deformes y geométricamente rectilíneos.
Las interpretaciones de Jannings y de Raph son sobresalientes. Además de que el guion está bastante bien enlazado, con subtramas que resultan interesantes y que no desvían nunca la atención de la trama principal.
De la realización, son impresionantes esos primeros planos típicamente expresionistas captando el pavor de los personajes bajo sus espesos maquillajes níveos, así como los planos generales y de conjunto mostrando las protestas de los trabajadores.
Una joya que reinvindico desde hoy mismo. No se la pierdan.
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