School on Fire
6.8
70
9 de septiembre de 2014
9 de septiembre de 2014
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
A mediados de los ochenta, el cine de acción hongkonés alcanzó nuevas cotas con una serie de películas donde se enfocaba un nuevo estilo nunca visto hasta entonces, donde el honor, la amistad, la redención y la violencia se conjugaban de manera muy especial. Había nacido el llamado subgénero "heroic bloodshed". Se dice que fue John Woo el primero en encender la mecha con "A Better Tomorrow (1986)" y Ringo Lam quien continuó esa estela, o al menos en parte. Mientras Woo ofrece una representación de las Tríadas como una hermandad retratada de un modo más romántico y glamourizado, Lam tira más hacia una vertiente más realista, reflejando esa existencia sucia y corrupta a través de un procedimiento más dramático. Se podría decir que Lam recoge testimonios en forma de docudrama, intentando equilibrar de igual manera tanto los elementos dramáticos -de una manera muy realista- como los momentos de acción en sí mismos.
En esta ocasión, Lam dirigió la que es una de las películas más infravaloradas y desconocidas de su filmografía, dato sorprendente ya que con este film se cierra la "trilogía on fire". Podría achacarse ese injusto reconocimiento a dos factores esenciales: por una parte, no aparece la superestrella e icono del heroic bloodshed por antonomasia, el gran Chow Yun-Fat -quien haría las delicias de muchos en gran cantidad de películas de este tipo, entre ellas varias de John Woo y Ringo Lam- y por otra, el fracaso estrepitoso que tuvo en la taquilla de Hong Kong, mermada y censurada por las autoridades del país por la "excesiva violencia" y por el contenido social de la cinta. Excusas y hechos irrazonables que han hecho a "School on Fire" caer casi en el olvido absoluto. Y es una verdadera lástima porque para un servidor es, sin lugar a dudas, de las mejores películas de Ringo Lam y una de las mejores del cine de acción hongkonés. Toda una reliquia aún por descubrir.
El guionista Yin Nam -hermano de Ringo Lam y quien también trabajó con él en "Prison on Fire (1987)" y "Full Contact (1992)", entre otras- hace una labor extraordinaria, documentando y relatando bajo la soberbia dirección de Lam la situación escolar que se vivía en aquella época, exponiendo a modo de denuncia cómo las Tríadas contratan a chavales de instituto para que ya desde bien jóvenes vayan corrompiendo el sistema desde dentro, provocando situaciones que acaban volviéndose insostenibles y ocasionando a su vez daños colaterales irreversibles. Uno de los mayores atractivos que tiene el film es el otorgarle la voz -y protagonismo- a una mujer, algo que creo que en las películas de acción de la época nunca había ocurrido. En esta ocasión, una estudiante que al ser testigo de un asesinato por parte de las Tríadas, se verá condenada a un oscuro callejón sin salida en el que la fe y esperanza por ver la luz son casi nulas. Chu Yuen-Fong, la chica protagonista, será el hilo conductor para desvelar todos los entresijos de la historia. La actriz Fennie Yuen ofrece una excelente y convincente interpretación, ofreciéndonos una evolución muy realista de su personaje, pasando de ser una estudiante normal y corriente que se ve inmersa en el imprevisto inicio de una relación sentimental con Scar -miembro de las Tríadas- hasta los trágicos sucesos desencadenantes que subsiguen.
Hay un aspecto sumamente importante en el apartado musical; a través de una música de gaitas -cualquiera diría: ¿gaitas escocesas en una película hongkonesa? pues sí- se llega a momentos catárticos donde todo va a tomar giro de 180º, desde el inicio de la película presentando a los estudiantes en la escuela hasta los momentos donde "estallan" los personajes tanto de Chu Yuen-Fong como de Sandy. La fotografía -a cargo de Joe Chan- limpia y lúgubre se complementa a la perfección con la música por medio de esos detonantes dramáticos -no se me quita de la cabeza la escena en la que, con la imagen ralentizada, Chu Yuen-Fong sale de clase hastiada de todo mientras se introduce irremediablemente sola en un pasillo en penumbras, adentrándose poco a poco en el infierno en llamas que nos sugiere el propio título de la película-.
No dudo que a muchos les pueda chocar la autenticidad con la que Lam representa la cruel situación de una escuela secundaria en Hong Kong, pero es precisamente en los momentos en los que se quiere retratar la dura realidad cuando más se critica y ataca, a veces sin razón ni fundamento alguno, simplemente por el hecho de mostrar a la mayoría lo que unos pocos no quieren que se muestre. Esto es, la vida misma. A pesar del paso del tiempo, "School on Fire" sigue siendo una experiencia inquebrantable de visión obligada dentro de este género. El talante de Lam en la dirección es incuestionable, sabe cómo llevar el ritmo de la película tan perfectamente que no hay un solo fotograma desperdiciado con rellenos innecesarios. Todo en la película se presenta en una visión pesimista en el que el mundo está lleno de sombras y desesperación. Los maestros y los padres son retratados como personas ineficaces que no pueden hacer nada para proteger a sus propios hijos -que son, por supuesto, los estudiantes-, mientras que los policías se muestran sin ningún tipo de esperanza para afrontar la situación en la que viven.
Ringo Lam es uno de los pocos directores que plasmó de forma cuasi magistral en "Schoo on Fire" la intransigente y penosa realidad que se vivía en Hong Kong en aquella época, una denuncia a la relación de las Tríadas con los escolares y al bullying al que eran sometidos miles de alumnos -una de las principales causas de suicidio en el mundo-. La cinta de Lam combina de manera elegante, árida y efectiva un mundo mugriento y podrido, un mar de injusticias donde sólo sobrevive el más fuerte.
En esta ocasión, Lam dirigió la que es una de las películas más infravaloradas y desconocidas de su filmografía, dato sorprendente ya que con este film se cierra la "trilogía on fire". Podría achacarse ese injusto reconocimiento a dos factores esenciales: por una parte, no aparece la superestrella e icono del heroic bloodshed por antonomasia, el gran Chow Yun-Fat -quien haría las delicias de muchos en gran cantidad de películas de este tipo, entre ellas varias de John Woo y Ringo Lam- y por otra, el fracaso estrepitoso que tuvo en la taquilla de Hong Kong, mermada y censurada por las autoridades del país por la "excesiva violencia" y por el contenido social de la cinta. Excusas y hechos irrazonables que han hecho a "School on Fire" caer casi en el olvido absoluto. Y es una verdadera lástima porque para un servidor es, sin lugar a dudas, de las mejores películas de Ringo Lam y una de las mejores del cine de acción hongkonés. Toda una reliquia aún por descubrir.
El guionista Yin Nam -hermano de Ringo Lam y quien también trabajó con él en "Prison on Fire (1987)" y "Full Contact (1992)", entre otras- hace una labor extraordinaria, documentando y relatando bajo la soberbia dirección de Lam la situación escolar que se vivía en aquella época, exponiendo a modo de denuncia cómo las Tríadas contratan a chavales de instituto para que ya desde bien jóvenes vayan corrompiendo el sistema desde dentro, provocando situaciones que acaban volviéndose insostenibles y ocasionando a su vez daños colaterales irreversibles. Uno de los mayores atractivos que tiene el film es el otorgarle la voz -y protagonismo- a una mujer, algo que creo que en las películas de acción de la época nunca había ocurrido. En esta ocasión, una estudiante que al ser testigo de un asesinato por parte de las Tríadas, se verá condenada a un oscuro callejón sin salida en el que la fe y esperanza por ver la luz son casi nulas. Chu Yuen-Fong, la chica protagonista, será el hilo conductor para desvelar todos los entresijos de la historia. La actriz Fennie Yuen ofrece una excelente y convincente interpretación, ofreciéndonos una evolución muy realista de su personaje, pasando de ser una estudiante normal y corriente que se ve inmersa en el imprevisto inicio de una relación sentimental con Scar -miembro de las Tríadas- hasta los trágicos sucesos desencadenantes que subsiguen.
Hay un aspecto sumamente importante en el apartado musical; a través de una música de gaitas -cualquiera diría: ¿gaitas escocesas en una película hongkonesa? pues sí- se llega a momentos catárticos donde todo va a tomar giro de 180º, desde el inicio de la película presentando a los estudiantes en la escuela hasta los momentos donde "estallan" los personajes tanto de Chu Yuen-Fong como de Sandy. La fotografía -a cargo de Joe Chan- limpia y lúgubre se complementa a la perfección con la música por medio de esos detonantes dramáticos -no se me quita de la cabeza la escena en la que, con la imagen ralentizada, Chu Yuen-Fong sale de clase hastiada de todo mientras se introduce irremediablemente sola en un pasillo en penumbras, adentrándose poco a poco en el infierno en llamas que nos sugiere el propio título de la película-.
No dudo que a muchos les pueda chocar la autenticidad con la que Lam representa la cruel situación de una escuela secundaria en Hong Kong, pero es precisamente en los momentos en los que se quiere retratar la dura realidad cuando más se critica y ataca, a veces sin razón ni fundamento alguno, simplemente por el hecho de mostrar a la mayoría lo que unos pocos no quieren que se muestre. Esto es, la vida misma. A pesar del paso del tiempo, "School on Fire" sigue siendo una experiencia inquebrantable de visión obligada dentro de este género. El talante de Lam en la dirección es incuestionable, sabe cómo llevar el ritmo de la película tan perfectamente que no hay un solo fotograma desperdiciado con rellenos innecesarios. Todo en la película se presenta en una visión pesimista en el que el mundo está lleno de sombras y desesperación. Los maestros y los padres son retratados como personas ineficaces que no pueden hacer nada para proteger a sus propios hijos -que son, por supuesto, los estudiantes-, mientras que los policías se muestran sin ningún tipo de esperanza para afrontar la situación en la que viven.
Ringo Lam es uno de los pocos directores que plasmó de forma cuasi magistral en "Schoo on Fire" la intransigente y penosa realidad que se vivía en Hong Kong en aquella época, una denuncia a la relación de las Tríadas con los escolares y al bullying al que eran sometidos miles de alumnos -una de las principales causas de suicidio en el mundo-. La cinta de Lam combina de manera elegante, árida y efectiva un mundo mugriento y podrido, un mar de injusticias donde sólo sobrevive el más fuerte.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La enternecedora caracterización de Sandy -la mejor amiga de Chu Yuen-Fong- y cómo evoluciona su historia hasta caer en las sombrías redes de la desesperación que la lleva al suicidio es estremecedora. Ya cuando en clase es humillada por su ex-novio -que provoca un aparente primer intento de suicidio por sobredosis- hasta que ya en casa de su abuela y en compañía de su amiga parece que todo va a salir bien, inesperadamente empieza a sonar la música de gaitas, y monta en su moto, sabemos a dónde va, ha emprendido su última travesía, el camino a la perdición -o a la redención-. Para esta escena se emplea una persecución de motos, pero no para dar caza y muerte al que se persigue, sino para salvarle. Es de las pocas veces que he visto -si no la única- en la que una persecución de automóviles se utiliza de manera "constructiva" y no "destructiva", además de tener un gran contenido emotivo por un hecho irremediable por el cual sufrimos al saber cómo acabará todo. No hay lugar para el optimismo, es un cul-de-sac.
13 de junio de 2021
13 de junio de 2021
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Chu es testigo de cómo su vida se pudre; está perdiendo a los seres que más quiere y este dolor está tan bien plasmado que incluso podemos escuchar sus tripas crujiendo.
Rota por completo, sale de su clase, y se introduce en un pasillo hundido en la más negra oscuridad. Allá va, al Infierno, y nosotros con ella...
"School on Fire" es la parada más sombría y desgarradora que haría Ling-Tung Lam en su carrera. Al fondo se atisba el malogrado aeropuerto de Kai Tak, pero la cámara está sobre un instituto, uno de los lugares donde se concentrará el drama de este libreto de nuevo escrito por el hermano del director, Yin-Nam; y es que desde el mismísimo inicio, el primero empieza a sentar las bases del tono y el estilo de su obra. Los hechos giran alrededor de la joven Chu y se nos fuerza a contemplarlos casi desde sus ojos; ya aparecen conflictos entre compañeros, pero la razón se halla fuera de los muros.
Lam nos sitúa en lo que parece ser la zona suburbial y por ende más peligrosa de la todavía británica Kowloon, y si antes analizaba la amargura social desde el universo interior de las tríadas y los policías y desde las prisiones, su ojo crítico se posa en la violencia que los grupos mafiosos ejercen sobre los adolescentes y la vida escolar en general. De la mano de Chu, y tras un altercado entre chicos pertenecientes a distintos clanes, nos vamos sumergiendo en los bajos fondos de la ciudad, donde sobre todo hallamos decadencia en su grado máximo de suciedad y podredumbre.
El director es especialmente crudo. Decide apartarse de su más romántica visión de los gángsters de "City on Fire" y los expone como malévolos depravados sin ninguna concesión a la redención, dispuestos a someter a todos los que tienen la mala suerte de vivir en su reino de criminales, ladrones, traficantes y putas. Pero su visión se amplía hasta alcanzar todas las perspectivas; sorprende cómo afectan los conflictos a padres, profesores, alumnos y policías, y cómo se involucran en ellos, reflexionándose sobre el extremo cuidado que tiene cada uno de no invadir el territorio del otro y las consecuencias de que esto acabe ocurriendo.
Y Chu está presente viviendo esto, y nosotros también; el guión la sitúa en el epicentro de fatalidades que estallan cuando en su vida y en la de su padre irrumpe el tiránico Chisao (un Yiu-Yeung (Roy) Cheung que vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores villanos del cine hongkonés de la época); no obstante, aun con el rico mosaico de personajes que ocupan la historia, sólo se profundiza en la psicología de la chica, el único además que siempre evoluciona (aunque sea a peor). Lam utiliza a los demás como modelos de mundos opuestos cuya colisión hace temblar la sociedad.
A un lado los mafiosos, al otro los incompetentes policías atados por la burocracia y los profesores que son conscientes del camino que van a tomar sus alumnos condicionados por un entorno tan venenoso, todos impotentes ante la injusticia general; de por medio, un chico ("Scar") enamorado de Chu que puede representar un cierto atisbo de redención (aunque aquí se evita la presencia de héroes) y la fiel amiga de ésta (Siu), perfecto ejemplo de la ausencia de esperanza para los jóvenes. Y mientras registra el hundimiento en la miseria de la protagonista, Lam se decanta por captar la tremenda dureza del entorno con un realismo que poco a poco cruza la línea de lo grotesco y lo excesivo.
Porque lo que desea es atraparnos como a sus personajes, entre claustrofóbicos escenarios y en el desenfreno de una escabrosa violencia que por su exposición le encoge a uno los intestinos; el director aquí no tiene piedad y arrastra a dichos personajes a situaciones límite culminadas con explosivas reacciones, porque el dolor se siente a flor de piel. Y cada vez que el cerco se estrecha más alrededor de Chu, "Scar", los agentes Chuen y Hoi y el comprometido profesor Wan, la escalada de violencia se intensifica, en cualquier lugar y de cualquier manera; Lam se esfuerza en filmar a los presentes acuchillándose, apaleándose y destrozándose...
Y acaba por conducir esta rabia acumulada a un último tercio donde la brutalidad lo inunda todo en un estilo más preocupado del puro salvajismo que de florituras estéticas; es de precaución advertir que el espectador queda exhausto al término de este desquiciado frenesí donde se deja claro que la injusticia y la venganza sólo se pagan con sangre. Un clima de desaliento y náusea bien modelado por la fotografía de Jo Chan. Por su parte, la joven artista de "cantopop" Kit-Ying (Fennie) Yuen encabeza soberbia un reparto totalmente entregado a la tragedia.
Geniales también esos Ching-Ying Lam y Chung-Yan (Damian) Lau como el policía Hoi y el maestro Wan, en cuyos respectivos personajes liberan una veracidad interpretativa apabullante, y más aún durante los climáticos y extremos minutos finales. Por su violencia y comentarios de las tríadas, "School on Fire" fue cruelmente manipulada por las autoridades y la productora, y acabó descalabrándose en taquilla, lo que hirió profundamente a Lam, y de ahí que siga enterrada en tinieblas. Por suerte el culto crece para una de sus obras más vibrantes y sólidas.
Rota por completo, sale de su clase, y se introduce en un pasillo hundido en la más negra oscuridad. Allá va, al Infierno, y nosotros con ella...
"School on Fire" es la parada más sombría y desgarradora que haría Ling-Tung Lam en su carrera. Al fondo se atisba el malogrado aeropuerto de Kai Tak, pero la cámara está sobre un instituto, uno de los lugares donde se concentrará el drama de este libreto de nuevo escrito por el hermano del director, Yin-Nam; y es que desde el mismísimo inicio, el primero empieza a sentar las bases del tono y el estilo de su obra. Los hechos giran alrededor de la joven Chu y se nos fuerza a contemplarlos casi desde sus ojos; ya aparecen conflictos entre compañeros, pero la razón se halla fuera de los muros.
Lam nos sitúa en lo que parece ser la zona suburbial y por ende más peligrosa de la todavía británica Kowloon, y si antes analizaba la amargura social desde el universo interior de las tríadas y los policías y desde las prisiones, su ojo crítico se posa en la violencia que los grupos mafiosos ejercen sobre los adolescentes y la vida escolar en general. De la mano de Chu, y tras un altercado entre chicos pertenecientes a distintos clanes, nos vamos sumergiendo en los bajos fondos de la ciudad, donde sobre todo hallamos decadencia en su grado máximo de suciedad y podredumbre.
El director es especialmente crudo. Decide apartarse de su más romántica visión de los gángsters de "City on Fire" y los expone como malévolos depravados sin ninguna concesión a la redención, dispuestos a someter a todos los que tienen la mala suerte de vivir en su reino de criminales, ladrones, traficantes y putas. Pero su visión se amplía hasta alcanzar todas las perspectivas; sorprende cómo afectan los conflictos a padres, profesores, alumnos y policías, y cómo se involucran en ellos, reflexionándose sobre el extremo cuidado que tiene cada uno de no invadir el territorio del otro y las consecuencias de que esto acabe ocurriendo.
Y Chu está presente viviendo esto, y nosotros también; el guión la sitúa en el epicentro de fatalidades que estallan cuando en su vida y en la de su padre irrumpe el tiránico Chisao (un Yiu-Yeung (Roy) Cheung que vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores villanos del cine hongkonés de la época); no obstante, aun con el rico mosaico de personajes que ocupan la historia, sólo se profundiza en la psicología de la chica, el único además que siempre evoluciona (aunque sea a peor). Lam utiliza a los demás como modelos de mundos opuestos cuya colisión hace temblar la sociedad.
A un lado los mafiosos, al otro los incompetentes policías atados por la burocracia y los profesores que son conscientes del camino que van a tomar sus alumnos condicionados por un entorno tan venenoso, todos impotentes ante la injusticia general; de por medio, un chico ("Scar") enamorado de Chu que puede representar un cierto atisbo de redención (aunque aquí se evita la presencia de héroes) y la fiel amiga de ésta (Siu), perfecto ejemplo de la ausencia de esperanza para los jóvenes. Y mientras registra el hundimiento en la miseria de la protagonista, Lam se decanta por captar la tremenda dureza del entorno con un realismo que poco a poco cruza la línea de lo grotesco y lo excesivo.
Porque lo que desea es atraparnos como a sus personajes, entre claustrofóbicos escenarios y en el desenfreno de una escabrosa violencia que por su exposición le encoge a uno los intestinos; el director aquí no tiene piedad y arrastra a dichos personajes a situaciones límite culminadas con explosivas reacciones, porque el dolor se siente a flor de piel. Y cada vez que el cerco se estrecha más alrededor de Chu, "Scar", los agentes Chuen y Hoi y el comprometido profesor Wan, la escalada de violencia se intensifica, en cualquier lugar y de cualquier manera; Lam se esfuerza en filmar a los presentes acuchillándose, apaleándose y destrozándose...
Y acaba por conducir esta rabia acumulada a un último tercio donde la brutalidad lo inunda todo en un estilo más preocupado del puro salvajismo que de florituras estéticas; es de precaución advertir que el espectador queda exhausto al término de este desquiciado frenesí donde se deja claro que la injusticia y la venganza sólo se pagan con sangre. Un clima de desaliento y náusea bien modelado por la fotografía de Jo Chan. Por su parte, la joven artista de "cantopop" Kit-Ying (Fennie) Yuen encabeza soberbia un reparto totalmente entregado a la tragedia.
Geniales también esos Ching-Ying Lam y Chung-Yan (Damian) Lau como el policía Hoi y el maestro Wan, en cuyos respectivos personajes liberan una veracidad interpretativa apabullante, y más aún durante los climáticos y extremos minutos finales. Por su violencia y comentarios de las tríadas, "School on Fire" fue cruelmente manipulada por las autoridades y la productora, y acabó descalabrándose en taquilla, lo que hirió profundamente a Lam, y de ahí que siga enterrada en tinieblas. Por suerte el culto crece para una de sus obras más vibrantes y sólidas.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
US
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana

