Una jirafa en el balcón
2024 

5.2
65
Thriller. Drama
Lidia Muñoz (64), exiliada argentina, jubilada, vive en Barcelona desde 1978. Lidia se vio forzada a exiliarse de Argentina después de que la dictadura militar que gobernaba el país en esos años, intentó secuestrarla y hacerla desaparecer. Embarazada de su única hija, Valeria, que hoy tiene ya 36 años, logró huir con destino a España. 40 años después, en su casa de Barcelona, recibe por correo una citación del Ministerio de Justicia ... [+]
21 de noviembre de 2024
21 de noviembre de 2024
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Una Jirafa en el Balcón”, thriller protagonizado por Andrea Frigerio junto a Fini Bocchino, Mimi Ardú, Claudio Gallardou, Juan Leyrado y la española Diana Gómez, con dirección y guión de Diego Yaker y producción de Bourke Films, se estrenó en salas en el pasado mes de septiembre, y actualmente se encuentra disponible a través de la plataforma Star Plus.
Esta co-producción hispano-argentina plantea interrogantes en clave de thriller, colocando su foco de atención sobre los ex detenidos por la última dictadura militar y luego aparecidos, a través de las vivencias de Lidia Muñoz, una ex integrante del grupo de armado de izquierda, delatada por uno de sus compañeros y exiliada en 1978. Desde Barcelona a Buenos Aires y de allí hasta La Rioja, e intercalando pasado y presente, el relato atrapa a cada instante.
Dispuesto a pronunciarse respecto a aspectos de la historia argentina jamás contados, el realizador se adentró en una investigación que lo llevó a entrevistarse con militantes políticos y ex combatientes de los grupos de resistencia armada, en pos de construir una ficción anclada en plenos años setenta. Yanker rueda con inteligencia, estilización visual y atención al detalle, adentrándonos en el dilema que atraviesa su protagonista, colocando el foco de atención en la confrontación del trauma, así como en el contraste de identidad e ideales existentes en relación a aquella joven que entonces fuera y las circunstancias que la rodearan, camino a un inevitable reencuentro con sus propios fantasmas.
Esta co-producción hispano-argentina plantea interrogantes en clave de thriller, colocando su foco de atención sobre los ex detenidos por la última dictadura militar y luego aparecidos, a través de las vivencias de Lidia Muñoz, una ex integrante del grupo de armado de izquierda, delatada por uno de sus compañeros y exiliada en 1978. Desde Barcelona a Buenos Aires y de allí hasta La Rioja, e intercalando pasado y presente, el relato atrapa a cada instante.
Dispuesto a pronunciarse respecto a aspectos de la historia argentina jamás contados, el realizador se adentró en una investigación que lo llevó a entrevistarse con militantes políticos y ex combatientes de los grupos de resistencia armada, en pos de construir una ficción anclada en plenos años setenta. Yanker rueda con inteligencia, estilización visual y atención al detalle, adentrándonos en el dilema que atraviesa su protagonista, colocando el foco de atención en la confrontación del trauma, así como en el contraste de identidad e ideales existentes en relación a aquella joven que entonces fuera y las circunstancias que la rodearan, camino a un inevitable reencuentro con sus propios fantasmas.

"Una Jirafa en el Balcón" permite el lucimiento de Frigerio, quien, luego de destacarse, a lo largo del último lustro, en roles de reparto en films como "Rojo", "El Encanto", “La Extorsión” y "Puán", encuentra un protagónico a su medida para abordar un papel con notables capas dramáticas. Llamativamente, madre e hija (Bocchino), juntas en pantalla por primera vez, interpretan el mismo rol -con décadas de distancia-, y gracias a la evolución del mismos podemos captar la magnitud de una transición y quiebre vital, marcado por decisiones que revisten tamaña complejidad.
www.maximilianocurcio.com
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30 de noviembre de 2024
30 de noviembre de 2024
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película de Diego Yaker sobre las cuentas pendientes y la culpa de una militante exiliada en los 70 que vuelve a Buenos Aires. Sólida actuación de Andrea Frigerio.
Por Nicolás Bianchi
Hay un subtema actualmente en boga dentro de esa gran entelequia que es la última dictadura militar argentina y la experiencia de los distintos actores que hicieron esa época. Se trata de las cuentas pendientes, las culpas y el devenir de los que atravesaron ese tiempo y sobrevivieron. Esto se puede ver de manera magistral en el libro La llamada, de Leila Guerriero, sobre la experiencia de Silvia Labayru.
Y también es la temática que aborda, con más modestia, Una jirafa en el balcón. Lidia (Frigerio) es una mujer jubilada que vive en España y que, para obtener un ingreso extra, cocina y reparte empanadas argentinas. Esa conexión con el país al que nunca ha vuelto desde su exilio se vuelve a tensar cuando recibe una carta del poder judicial. La misma la convoca a participar de un juicio de la verdad que se realiza sobre el caso de su marido desaparecido.
Por Nicolás Bianchi
Hay un subtema actualmente en boga dentro de esa gran entelequia que es la última dictadura militar argentina y la experiencia de los distintos actores que hicieron esa época. Se trata de las cuentas pendientes, las culpas y el devenir de los que atravesaron ese tiempo y sobrevivieron. Esto se puede ver de manera magistral en el libro La llamada, de Leila Guerriero, sobre la experiencia de Silvia Labayru.
Y también es la temática que aborda, con más modestia, Una jirafa en el balcón. Lidia (Frigerio) es una mujer jubilada que vive en España y que, para obtener un ingreso extra, cocina y reparte empanadas argentinas. Esa conexión con el país al que nunca ha vuelto desde su exilio se vuelve a tensar cuando recibe una carta del poder judicial. La misma la convoca a participar de un juicio de la verdad que se realiza sobre el caso de su marido desaparecido.

Esto cierra una introducción con algo de comedia costumbrista en la que la protagonista interactúa con su hija (Elisabet Casanovas), nacida ya en el exilio. Ahora, esta mujer de mediana edad está embarazada y por parir, tal como Lidia cuando debió abandonar Argentina por el riesgo que corría su vida. En Buenos Aires, la protagonista se encuentra con su pasado y sus cuentas pendientes.
La primera escala es con un viejo amigo (Juan Leyrado), que era también su superior dentro de la estructura de militancia. Ahora, este hombre es legislador porteño. Su reconversión política marca uno de los posibles caminos. Los militantes que nunca abandonan la política, pero que con los años atemperan sus pasiones y mantienen posiciones más pragmáticas, por llamarlas de alguna manera.
Además, Lidia se reencuentra con otra compañera (Mirta Busnelli), mayor que ella. Y está decidida a buscar a una pareja (Mimí Ardú y Claudio Gallardou) con las que nunca aclaró cosas que ahora desea imperiosamente aclarar. Esto traslada la película a un bonito hostal en La Rioja, donde esta pareja se ha instalado. Así la película cuenta la historia de un personaje que tardíamente busca algo que se parece a la redención y que tiene que ver con suturar heridas que nunca cierran del todo.
La primera escala es con un viejo amigo (Juan Leyrado), que era también su superior dentro de la estructura de militancia. Ahora, este hombre es legislador porteño. Su reconversión política marca uno de los posibles caminos. Los militantes que nunca abandonan la política, pero que con los años atemperan sus pasiones y mantienen posiciones más pragmáticas, por llamarlas de alguna manera.
Además, Lidia se reencuentra con otra compañera (Mirta Busnelli), mayor que ella. Y está decidida a buscar a una pareja (Mimí Ardú y Claudio Gallardou) con las que nunca aclaró cosas que ahora desea imperiosamente aclarar. Esto traslada la película a un bonito hostal en La Rioja, donde esta pareja se ha instalado. Así la película cuenta la historia de un personaje que tardíamente busca algo que se parece a la redención y que tiene que ver con suturar heridas que nunca cierran del todo.

Hay algo de aventura y de intriga en la travesía que lleva a cabo Lidia para acomodar su pasado. Si bien hay un trazo grueso en algunas secciones de la historia y giros algo toscos, la película resulta interesante. No hay un tono aleccionador sobre la dictadura y los significados de esa época sino una historia que fluye con esos episodios como contexto. Es una exploración humana y posible, con luces y sombras. No habla de héroes ni de villanos, sino de personas que todavía se enfrentan a un trauma extraordinario.
Está en Disney +. Contacto: [email protected]
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25 de noviembre de 2024
25 de noviembre de 2024
0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Buen drama socio-político de una época trágica de Argentina.
Lidia (Andrea Frigerio) es una sobreviviente de los duros años 70, que logró exiliarse en Barcelona, escapando de las fuerzas represoras, con una hija en su vientre, luego de que su compañero fuera secuestrado.
No es una película sobre la dictadura, sino un estudio sobre la condición humana. Lidia recibe una citación judicial que la invita a presentarse para declarar en el episodio del secuestro de su compañero y en el intento de secuestro que ella misma sufrió. Pasaron cuarenta años, está radicada en Barcelona, a punto de ser abuela, no se puede decir que es plenamente feliz, pero tampoco tiene ganas de revivir aquellos tormentosos años en que era una militante armada, dispuesta a cambiar el mundo a fuerza de disparos.
Cuando la hija de Lidia descubre, por casualidad, la citación judicial en el cesto de la basura, comienza un duelo madre-hija; una, tratando de convencer a la otra de la necesidad de saber lo que pasó con su padre, y la otra, negada, tal vez intuyendo que ese viaje iba a enfrentarla con sus propios fantasmas, esos que había decidido dejar definitivamente enterrados.
Lidia (Andrea Frigerio) es una sobreviviente de los duros años 70, que logró exiliarse en Barcelona, escapando de las fuerzas represoras, con una hija en su vientre, luego de que su compañero fuera secuestrado.
No es una película sobre la dictadura, sino un estudio sobre la condición humana. Lidia recibe una citación judicial que la invita a presentarse para declarar en el episodio del secuestro de su compañero y en el intento de secuestro que ella misma sufrió. Pasaron cuarenta años, está radicada en Barcelona, a punto de ser abuela, no se puede decir que es plenamente feliz, pero tampoco tiene ganas de revivir aquellos tormentosos años en que era una militante armada, dispuesta a cambiar el mundo a fuerza de disparos.
Cuando la hija de Lidia descubre, por casualidad, la citación judicial en el cesto de la basura, comienza un duelo madre-hija; una, tratando de convencer a la otra de la necesidad de saber lo que pasó con su padre, y la otra, negada, tal vez intuyendo que ese viaje iba a enfrentarla con sus propios fantasmas, esos que había decidido dejar definitivamente enterrados.

Con Lidia instalada en Buenos Aires, empezamos a recorrer su peripecia vital de joven rebelde y comprometida con su tiempo -también con acciones condenables, manipulada por los "responsables" del grupo guerrillero-.
El director utiliza un buen recurso cinematográfico, al ubicar en el mismo plano a la Lidia actual, conversando con el que en los viejos tiempos era su jefe operativo (Juan Leyrado) y a la Lidia joven, interpretada por la propia hija de Andrea Frigerio, Fini Bocchino. Es en esos diálogos que empezamos a descubrir los secretos de la guerrillera, que están directamente relacionados con el padre de su hija.
Cuando Lidia empieza a investigar sobre su propio pasado, qué hicieron sus jefes, y qué hizo ella misma en el momento del peligro, surge esa contradicción brutal, ese sentimiento de culpa por la muerte de gente inocente -como su propio compañero- en tanto, algunos de los que empuñaban las armas, ahora son funcionarios del Estado, tienen emprendimientos hoteleros, o, como ella, disfruta de su familia en un exilio que ya no es tan duro; allí crió a su hija y disfrutará de su nieto en un futuro muy próximo.
El director utiliza un buen recurso cinematográfico, al ubicar en el mismo plano a la Lidia actual, conversando con el que en los viejos tiempos era su jefe operativo (Juan Leyrado) y a la Lidia joven, interpretada por la propia hija de Andrea Frigerio, Fini Bocchino. Es en esos diálogos que empezamos a descubrir los secretos de la guerrillera, que están directamente relacionados con el padre de su hija.
Cuando Lidia empieza a investigar sobre su propio pasado, qué hicieron sus jefes, y qué hizo ella misma en el momento del peligro, surge esa contradicción brutal, ese sentimiento de culpa por la muerte de gente inocente -como su propio compañero- en tanto, algunos de los que empuñaban las armas, ahora son funcionarios del Estado, tienen emprendimientos hoteleros, o, como ella, disfruta de su familia en un exilio que ya no es tan duro; allí crió a su hija y disfrutará de su nieto en un futuro muy próximo.

El reencuentro con los viejos compañeros, y la lectura del expediente judicial, son disparadores para que varias piezas dispersas de su historia personal, empiecen a tener sentido: la verdadera historia no era tan simple como ella creía recordar. Se suceden los reproches, y aflora la culpa de Lidia, por haber huido, mientras otros fueron presos y torturados o murieron. Pero no todo es blanco o negro, también ella tiene motivos para estar enojada con las mentiras de las que fue objeto en aquellos años de turbulencia política. Hubo traiciones, sí, y algunas tuvieron consecuencias trágicas.
La canción que acompaña los títulos es un cierre perfecto para una buena película, que vuelve sobre un tema recurrente, pero tiene el valor de afrontarlo desde un punto de vista diferente. Nada justifica la dictadura criminal que asoló el país entre 1976 y 1983, sobre ese asunto ya hay suficiente literatura y celuloide. El director se enfoca en otro punto, hace un planteo honesto, bucea en la sicología de los que estuvieron del otro lado, no enjuicia ni saca conclusiones políticas, nos enfrenta a la dimensión humana del problema, a la necesidad de saber la verdad, a la cuestión de la identidad. Más en spoiler.
Leyrado, solvente, como siempre, lo mismo que Busnelli. Mimí Ardú compone un personaje muy rico, pleno de contradicciones, son pocos minutos, pero de mucha intensidad. Pero la película se apoya en Frigerio, que hace un magnífico trabajo, merece más oportunidades en roles protagónicos, atentos, directores.
La canción que acompaña los títulos es un cierre perfecto para una buena película, que vuelve sobre un tema recurrente, pero tiene el valor de afrontarlo desde un punto de vista diferente. Nada justifica la dictadura criminal que asoló el país entre 1976 y 1983, sobre ese asunto ya hay suficiente literatura y celuloide. El director se enfoca en otro punto, hace un planteo honesto, bucea en la sicología de los que estuvieron del otro lado, no enjuicia ni saca conclusiones políticas, nos enfrenta a la dimensión humana del problema, a la necesidad de saber la verdad, a la cuestión de la identidad. Más en spoiler.
Leyrado, solvente, como siempre, lo mismo que Busnelli. Mimí Ardú compone un personaje muy rico, pleno de contradicciones, son pocos minutos, pero de mucha intensidad. Pero la película se apoya en Frigerio, que hace un magnífico trabajo, merece más oportunidades en roles protagónicos, atentos, directores.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La última imagen, con Lidia pidiendo perdón a su hija, es conmovedora. La mirada tremenda de Valeria (Diana Gómez), y su gesto, al retirar la mano de su madre que intenta posarse sobre la de ella, dejan la sensación de que no hay perdón para Lidia. Hay que estar en el pellejo de una joven que sólo conoció a su padre a través de los relatos de su madre, y cuando ella misma se convierte en madre, recibe la noticia de que su progenitor no era tal y no está muerto. Peor aún, ese hombre fue una pieza clave para que Oscár (el compañero de Lidia, y supuesto padre de Valeria) fuera apresado y asesinado por los represores.
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