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No soy un ángel

Comedia. Romance La estrella de un circo, exuberante e interesada, mantiene aventuras constantes con hombres ricos pero cuando conoce a un playboy millonario no puede evitar enamorarse de otro. (FILMAFFINITY)
Críticas 11
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6
26 de octubre de 2009
23 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más que clasificar la película de comedia habría que denominarla como compendio de la sensualidad. En mi opinión Mae West no tiene el encanto ni la sensualidad de otras actrices de la época como Jean Harlow, Carole Lombard o Claudette Colbert; pero por encima de ellas era todo un carácter, llena de descaro e inteligencia. En este film es Mae en estado puro, tal vez los contoneos a los ojos del siglo XXI quedan algo macarras pero los diálogos, los diálogos adquieren una esfera superior e inmortal. Cabe destacar que este guión es obra de Mae West, algo común cuando consiguió hacerse un hueco en el cine. Están cargados de sensualidad, dobles sentidos e ironía, son irrepetibles. Irrepetibles porque un señor llamado William H. Hays se encargó de hundirla de la mano del magnate William Randolph Hearst, implantando su bochornoso código un año después, siendo ella una de las causas para que se aprobará en el senado de los EEUU. Solo por esto merece la pena su visionado, ya que Cary Grant esta de florero y el argumento es solo un adorno para el relucir de Mae.
8
1 de diciembre de 2013
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Singular película realizada para la mayor gloria de su protagonista, Mae West. La West era todo un personaje fuera y dentro de la pantalla, la fórmula de su éxito era hablar del sexo sin dobles morales, directamente, riéndose a carcajadas de los hombres, era la reina del doble sentido con frases absolutamente memorables. Se alejaba de todos los prototipos existentes: no era bella, iba toda ella barroca, con kilos de maquillaje, tenía más que curvas digamos que un cuerpo amplio, rubia de platino exagerado, era digámoslo la reencarnación de la mujer vulgar pero tremendamente sexual.

En “No soy ningún ángel” se convierte en Tira, una estrella del mundo del circo, una domadora de leones… y de todo tipo de hombres que pierden la cabeza por ella. No hace ni falta decir que la auténtica protagonista del film es la West, toda la trama gira en torno a ella, apareciendo en, creo, todo el metraje, realiza una gran interpretación, es graciosa y descarada, y eso hace que te diviertas viéndola.

Una comedia romántica de las que ya no se hacen, con conversaciones graciosas e inteligentes, que no recaen en el chiste fácil, una buena recomendación para pasar un rato agradable y divertido frente a la pantalla. Por cierto, genial la escena del juicio en que ella se convierte en la interrogadora de los testigos y donde se mete en el bolsillo al juez, al jurado masculino y por supuesto al demandado, su amor, el bello Cary Grant.
6
21 de julio de 2014 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es la primer película que veo de la mítica Mae West. Y la verdad me había resistido porque ninguno de sus títulos, venían precedidos de buenos comentarios en cuanto a su aporte argumental e interpretativo. Sólo los sostenía una figura grandilocuente en todo aspecto que sin embargo, según la historia, supo emplear sus cualidades sobre todo personales para transgredir tiempos totalmente moralistas y conservadores y así figurar como una de las grandes en la meca del cine. El argumento, así no sea muy elaborado, los actores, los directores, vestuario, canciones, etc, todo..todo era con la férrea aprobación de la gruesa rubia en función de hacer resaltar por encima de todo su poderosa presencia. Y a fe, que con ello en esta cinta, por ejemplo lo logró, tanto así que luego causaría un sismo tal que hizo a la hipocresía moralista crear un fariseo código que gobernaría las producciones cinematográficas de ahí en adelante. La West, no entra dentro de los cánones de belleza de figuras estilizadas predominantes en toda la historia del cine. Sin embargo, confirmo con la película, que efectivamente, su carisma era monumental y ayudada con ese toque sensual, provocador y sincero, le bastaba para disimular sus falencias interpretativas y llenar por completo la pantalla, nublando al que le pusieran o al que ella eligiera como el mismo Cary Grant. Acá, basta verla con esos diálogos de doble sentido y directos, su caminar sinuoso, su sonrisa pícara, su vestuario llamativo, todo ello sin olvidar la época en que se reveló, para golpear a la indiferencia y valorarla por lo que fué. No voy a ser uno de sus admiradores y no sé si me anime luego a ver otra de sus cintas a sabiendas de no encontrar una gran obra. Tal vez sí lo haga, sólo por contemplar el talento de una mujer que dijo y actuó siempre a su manera de pensar sincera, franca y provocadora como ninguna, sin traicionarse. Por solo eso vale la pena.
3
12 de agosto de 2014
6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todo lo que puede destacarse de esta película es media docena de frases célebres, que han pasado a la Historia del Cine no sólo por su brillantez, sino por la reacción que generaron (Código Hayes). Se podría decir que hay un antes y un después de Mae West en el cine de Hollywood. Por eso quizá merece destacarse más la faceta de esta estrella como guionista-dialoguista que como actriz.

Y es que, reconozcámoslo, la película no tiene nada más. Con independencia de que los patrones de belleza femenina hayan cambiado en los últimos ochenta años, Mae West sólo pone desparpajo y descaro. Sus dotes interpretativas, con constantes ademanes chulescos, parecen más propias del vodevil que del cine. Aunque no sea la película más tonta de las que hizo la West, el argumento es muy soso. Todo está pensado para el lucimiento de la actriz protagonista, incluyendo el desaprovechado elenco artístico y la estrambótica escena del juicio. Supuestamente, "No soy ningún ángel" quiere ser una comedia romántica, pero se relatan situaciones en las que Groucho Marx podía haber sacado mucho jugo. Eran los primeros años del sonoro, y lo que verdaderamente importaba era lo que se decía. Mero teatro filmado.
8
2 de mayo de 2021 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Terminando de ver “I'm No Angel” (1933) de Wesley Ruggles con Mae West, Cary Grant, Gregory Ratoff, Edward Arnold, Ralf Harolde, Kent Taylor, Gertrude Michael, Russell Hopton, Dorothy Peterson, William B. Davidson, Gertrude Howard, Dennis O'Keefe, entre otros.

Comedia musical que sigue a una artista de circo que busca una vida mejor en compañía de hombres ricos de New York que le genera complicaciones cómicas improbables en el camino.

Considerada una de las películas que cambiaron el cine de Hollywood, el filme tiene mucho logro que reconocer:

Mae West recibió el crédito exclusivo de la historia y el guión, siendo una de sus películas que no fue sometida a una fuerte censura; por lo que muchos historiadores del cine la citan como “uno de los factores que desataron la creación del estricto Código de Producción de Hollywood que pronto siguió.

Al tiempo, esta película fue el mayor éxito del año de Paramount; y la película favorita de Franklin Roosevelt.

Pero quedó en la historia como una película taquillera que llevó a West al estrellato como una mujer muy controvertida.

Y esto que a principios de la década de 1930, sus películas fueron un factor importante para salvar a Paramount Pictures de la bancarrota; y durante los tiempos difíciles de La Gran Depresión, muchos espectadores respondieron con entusiasmo, especialmente a su interpretación de “una mujer del lado equivocado de la ley social” que logró el éxito tanto económica como socialmente.

También, el filme quedó como uno de los más importantes en el inicio de la carrera de Cary Grant, que protagonizó junto a ella por 2° y última vez; aunque Grant permaneció molesto durante décadas porque West a menudo se atribuía el mérito de su carrera, a pesar de que había hecho películas importantes antes...

El filme tiene momentos para la historia del cine y de la mujer liberada en el cine en una época tremendamente liberal que pronto sería encorseta y prohibida, y por ello contiene muchos momentos memorables, como la gran declaración de culpabilidad de Mae en La Corte, donde pone a cada hombre en su lugar y se gana la admiración del juez; todo el filme está sazonado con una broma memorable tras otra mientras rompe látigos, desaira “snobs”, retoza con sus doncellas negras, y acecha al dispuesto Cary Grant con considerable aplomo.

Por otra parte, según el título, podría haber sido una fantasía de comedia centrada en un “ángel caído”, pero según cuenta la historia, se trata del ascenso de una mujer despreocupada desde la carpa del circo hasta el ático de Park Avenue.

Por tanto, es difícil darse cuenta ahora de lo radical que fue el ataque de Mae West a las opiniones victorianas sobre las mujeres y el sexo; pues en un mundo en el que se esperaba que “las buenas mujeres” fueran vírgenes antes del matrimonio y nunca disfrutaran del sexo en un mundo donde los hombres eran incuestionables; una mujer que lo hacía, era desterrada de la buena sociedad como “bienes dañados”

Por ello, West llegó a la pantalla de cine como una bomba nuclear, por ejemplo, tomó el personaje original victoriano, “el vampiro”, que todavía estaba vigente en 1933, y lo puso patas arriba:

A los vampiros les gustaba el sexo, algo que se suponía que ninguna “buena mujer” debía admitirlo, y seducían a hombres casados, destrozaban hogares, destruían familias, y eran odiados por otras mujeres... pero Mae revirtió todo esto:

Era abierta y franca acerca de amar a los hombres y amar el sexo, pero nunca fue una destructora de hogares, y en sus películas siempre es una buena amiga para otras, a menos que, como la inolvidable y mojigata Miss Hatton en esta película, la atacó primero.

No olvidar que los estadounidenses en 1933 estaban acostumbrados a historias en las que las mujeres buenas y decentes no tenían interés en el sexo, y desaprobaban a las que sí lo tenían, y las mujeres sexys eran malas, corruptas y, en general malvadas.

Mae ataca esta visión desde el principio hasta el final de esta película porque su heroína, siendo sexy no es una devoradora de hombres, sino una mujer generosa y de buen corazón que le gusta y ha sido justa con todos los hombres con los que ha salido, incluso el carterista Slick...

Es por eso que West revela a la virgen mojigata Miss Hatton como una presumida y desagradable que odia a los hombres, en la que hombres o mujeres no confían.

Es filme es un milagro por haber logrado dinamitar la hipocresía de la madonna/puta victoriana y otros dobles raseros con tanta eficacia, mientras entretenía a las masas y ganaba una fortuna en el proceso.

Una moraleja más es que la verdadera moralidad no tiene nada que ver con el sexo; que la decencia, la bondad, la justicia y la generosidad son las que hacen buena a una mujer, sin evitar y desaprobar el sexo.

Total, sorprende mucho que la comedia fuera tan efectiva para la audiencia de hoy, considerando que la película se hizo hace 88 años.

“Cuando soy buena soy muy buena; pero cuando soy mala, soy mejor”

RECOMENDADA

http://lecturascinematograficas.blogspot.com/
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