Cásate y verás
5.5
78
2 de septiembre de 2019
2 de septiembre de 2019
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es difícil que alguien se decida ver esta película alguna vez porque da la impresión de tener un argumento pasado de moda, carente de interés; se adivina que las imágenes no serán de lo mejor, tendrán ese tono apagado de las cosas en que los años han hecho mella, blancuzcas, difuminadas, que causan un poco de tristeza pues parecen abandonadas, y que será muy difícil que nos pueda sorprender en algo.
Si das con ella por casualidad y te engancha es que estás dispuesto a ver cualquier cosa y entonces tampoco te desagradará, no será una decepción tan grande y te gustará ver lo buena actriz que era Barbara Stanwyck y lo joven que aparece aquí, casi irreconocible. Lo mismo pasa con Robert Young. Y por supuesto el resto del elenco que ponen todo de su parte para que la cinta divierta al espectador, incluida Helen Broderick, la madre del actor Broderick Crawford, que interpreta un papel muy a propósito para ella, similar al que hizo un año antes en Sombrero de copa o el que hará en La sensación de París (1938), por citar dos ejemplos extraordinarios.
En consecuencia, este tipo de películas se ven de casualidad, como ha pasado, que me ha pillado; y no resulta decepcionante. Es el humor de aquella época; la pareja que se ama y no se comprende aportando el drama, la pareja amiga poniendo el humor, y el pretendiente millonario en medio aportando al chispa. No se puede decir nada más, pero no se puede decir nada malo tampoco.
Si das con ella por casualidad y te engancha es que estás dispuesto a ver cualquier cosa y entonces tampoco te desagradará, no será una decepción tan grande y te gustará ver lo buena actriz que era Barbara Stanwyck y lo joven que aparece aquí, casi irreconocible. Lo mismo pasa con Robert Young. Y por supuesto el resto del elenco que ponen todo de su parte para que la cinta divierta al espectador, incluida Helen Broderick, la madre del actor Broderick Crawford, que interpreta un papel muy a propósito para ella, similar al que hizo un año antes en Sombrero de copa o el que hará en La sensación de París (1938), por citar dos ejemplos extraordinarios.
En consecuencia, este tipo de películas se ven de casualidad, como ha pasado, que me ha pillado; y no resulta decepcionante. Es el humor de aquella época; la pareja que se ama y no se comprende aportando el drama, la pareja amiga poniendo el humor, y el pretendiente millonario en medio aportando al chispa. No se puede decir nada más, pero no se puede decir nada malo tampoco.
11 de abril de 2020
11 de abril de 2020
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película resulta algo lenta pero, en general, es agradable y está construida con voluntad de hacer pasar un buen rato.
Las escenas conducen la trama con suavidad y no le faltan situaciones afortunadas, gags ingeniosos y algunos detalles muy meritorios considerando su fecha de filmación.
Está construida con sencillez pero demuestra habilidad y un cuidado sentido estético.
Gracias a su natural desenvoltura, el quinteto de protagonistas proporciona un aire fresco y jovial a la historia.
Las escenas conducen la trama con suavidad y no le faltan situaciones afortunadas, gags ingeniosos y algunos detalles muy meritorios considerando su fecha de filmación.
Está construida con sencillez pero demuestra habilidad y un cuidado sentido estético.
Gracias a su natural desenvoltura, el quinteto de protagonistas proporciona un aire fresco y jovial a la historia.
20 de agosto de 2025
20 de agosto de 2025
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Acaban de casarse en una de esas bodas rápidas americanas de a dos dólares. Ella, Carolyn (Stanwyck) deja un buen trabajo como modelo (50 dólares semanales), pues Mike (Raymond) considera intolerable que su esposa trabaje y espera poder vivir con los 35 de su sueldo como ingeniero.
Pronto aparecen los problemas económicos, "Las cosas sin importancia son importantes para mí", sobre todo cuando empieza a merodear por allí el rico Hugh (Young), "¿Es que el amor solo se lo pueden permitir los pobres? ¿Y qué hacemos los que tenemos un millón de dólares?"
Da la sensación que nos encontramos con una comedia romántica al uso. Nada de eso, a poco que se rasque aparece el drama del papel de la mujer en el matrimonio y en la vida laboral de la época, "Las mujeres siempre han trabajado. ¿Por qué no hacerlo en una tienda en lugar de hacerlo en una cocina?"
Excelente fraseado, como vemos, para un guion demasiado rígido que mete y saca a los personajes en la trama de forma brusca.
Algo irregular es también el ritmo que imprime la realización que, sin embargo, deja muy buenos personajes, entrañables, simpáticos. Especialmente el que interpreta una excelsa Bárbara, sin desmerecer el resto del elenco con un Young siempre ocurrente.
Interesante mezcla de comedia y de drama con el matrimonio y la situación laboral de la mujer como fondo.
Pronto aparecen los problemas económicos, "Las cosas sin importancia son importantes para mí", sobre todo cuando empieza a merodear por allí el rico Hugh (Young), "¿Es que el amor solo se lo pueden permitir los pobres? ¿Y qué hacemos los que tenemos un millón de dólares?"
Da la sensación que nos encontramos con una comedia romántica al uso. Nada de eso, a poco que se rasque aparece el drama del papel de la mujer en el matrimonio y en la vida laboral de la época, "Las mujeres siempre han trabajado. ¿Por qué no hacerlo en una tienda en lugar de hacerlo en una cocina?"
Excelente fraseado, como vemos, para un guion demasiado rígido que mete y saca a los personajes en la trama de forma brusca.
Algo irregular es también el ritmo que imprime la realización que, sin embargo, deja muy buenos personajes, entrañables, simpáticos. Especialmente el que interpreta una excelsa Bárbara, sin desmerecer el resto del elenco con un Young siempre ocurrente.
Interesante mezcla de comedia y de drama con el matrimonio y la situación laboral de la mujer como fondo.
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