Algo así como un buen tipo
7 de agosto de 2013
7 de agosto de 2013
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La sombra de Kaurismaki es alargada. Esa afirmación resuena en la retina y el recuerdo del espectador más avezado en el cine del finlandés desde los primeros compases de esta curiosa propuesta noruega, donde se pone de manifiesto que los planteamientos de aquel y su peculiar mirada para contar historias no dejan de crear escuela.
Es un cine premeditadamente soterrado y triste por cuyas arterias bombea un cuidadoso a par que malsano catálogo de fracasos, sufrimientos y decepciones, mezclado con una espesa y gruesa capa de humor negro endiablado y, por momentos, zafio que no pasaría demasiados controles de calidad en circuitos comerciales.
Si bien, la teoría del guión cinematográfico nos asegura que, en el discurso moderno, el personaje principal debe realizar acciones coherentes y verosímiles en base a la búsqueda de un bienestar del que no goza en el punto de partida del relato, esta actitud se ve truncada y puesta en tela de juicio en estos ejercicios nórdicos. La realidad es representada y concebida por estos personajes con especial aspereza y desesperanza emocional, generando un clima que dificulta el acceso al efecto penetración en la historia y desarma la placidez espectadora con secos bofetones de amargura. Miradas de perdedores que nunca dejan de serlo, cuya aventura transcurre entre el estatismo y la desorientación. Ausencia de héroes y de glorias impostadas que actúen como falso ornamento de un esqueleto que nos radiografía en nuestra más pura y desnuda fatalidad.
Es un cine premeditadamente soterrado y triste por cuyas arterias bombea un cuidadoso a par que malsano catálogo de fracasos, sufrimientos y decepciones, mezclado con una espesa y gruesa capa de humor negro endiablado y, por momentos, zafio que no pasaría demasiados controles de calidad en circuitos comerciales.
Si bien, la teoría del guión cinematográfico nos asegura que, en el discurso moderno, el personaje principal debe realizar acciones coherentes y verosímiles en base a la búsqueda de un bienestar del que no goza en el punto de partida del relato, esta actitud se ve truncada y puesta en tela de juicio en estos ejercicios nórdicos. La realidad es representada y concebida por estos personajes con especial aspereza y desesperanza emocional, generando un clima que dificulta el acceso al efecto penetración en la historia y desarma la placidez espectadora con secos bofetones de amargura. Miradas de perdedores que nunca dejan de serlo, cuya aventura transcurre entre el estatismo y la desorientación. Ausencia de héroes y de glorias impostadas que actúen como falso ornamento de un esqueleto que nos radiografía en nuestra más pura y desnuda fatalidad.

Stellan Skarsgård
El humor se acciona aquí como resorte involuntario ante la reiteración y cadencia del desánimo atmosférico, recurso necesario y notoriamente válido para contrarrestar y suavizar el dramatismo inherente de este tipo de propuestas. No debemos olvidar que, ante todo, se trata de un juego de radicalización expresiva donde la realidad es frecuentemente deformada y caricaturizada, extrayendo de ella toda su dudosa belleza en el culto al feísmo y a lo mórbido.
Es aquí donde la pretensión más contemplativa y paródica de esta película hace de ella un título valiente y rescatable. La ironía se usa correctamente como sustrato simbólico. Exactamente no como humor puro, sino como separación del dramatismo brutal y primario. Una actitud malévola, de enfant terrible, que rechaza el calado ético y la prepotencia del aleccionamiento, cuestión reservada para otros realizadores europeos más consciente de su arraigada faceta autoral.
Un título cuyas constantes técnicas en términos de estética, ritmo y montaje retan tanto a la paciencia como a la implicación interna del espectador, que se puede sentir desubicado y desconectado, si no se tiene conocimiento previo de este tipo de propuestas, ante una frugal representación de ausencias y soledades donde lo dionisíaco no tiene forma ni cabida.
Es aquí donde la pretensión más contemplativa y paródica de esta película hace de ella un título valiente y rescatable. La ironía se usa correctamente como sustrato simbólico. Exactamente no como humor puro, sino como separación del dramatismo brutal y primario. Una actitud malévola, de enfant terrible, que rechaza el calado ético y la prepotencia del aleccionamiento, cuestión reservada para otros realizadores europeos más consciente de su arraigada faceta autoral.
Un título cuyas constantes técnicas en términos de estética, ritmo y montaje retan tanto a la paciencia como a la implicación interna del espectador, que se puede sentir desubicado y desconectado, si no se tiene conocimiento previo de este tipo de propuestas, ante una frugal representación de ausencias y soledades donde lo dionisíaco no tiene forma ni cabida.

Stellan Skarsgård & Jannike Kruse
A somewhat gentle man supone, en definitiva, una mirada de planteamientos castizamente independientes que se sostiene en una calculada dureza dramática, la sobriedad interpretativa de un excelente Stellan Skarsgard y un sentido de humor especialmente siniestro y mordaz.
Un cine humilde, hasta cierto punto divertido y sin muchas pretensiones que parece recordarnos que, más allá del aspecto desangelado de las canas y las ojeras del protagonista, existe una voluntad de transmitir un lenguaje destilado con sinceridad, transparencia, honestidad y veracidad.
La fuerza expresiva de sus contrastes, la mordacidad de su rudo acabado surrealista, personajes contradictorios a uno y otro extremo del relato y las referencias socarronas del humor negro anteriormente mencionado son los elementos de peso que hacen de este título una estimable recomendación que será mucho más disfrutable, por supuesto, si ya se conocen de antemano las piezas de Kaurismaki de las que indudablemente bebe esta obra.
Una broma pesada, la que nos plantea Hans Petter Moland, que se presenta con una permanente melancolía, asociada a una visión pesimista y profundamente fatalista, pero remarcablemente irónica, de la vida del ser humano. Porque, en definitiva, más allá de robots alienígenas o meteoritos espaciales, el cine está hecho por y para él.
Un cine humilde, hasta cierto punto divertido y sin muchas pretensiones que parece recordarnos que, más allá del aspecto desangelado de las canas y las ojeras del protagonista, existe una voluntad de transmitir un lenguaje destilado con sinceridad, transparencia, honestidad y veracidad.
La fuerza expresiva de sus contrastes, la mordacidad de su rudo acabado surrealista, personajes contradictorios a uno y otro extremo del relato y las referencias socarronas del humor negro anteriormente mencionado son los elementos de peso que hacen de este título una estimable recomendación que será mucho más disfrutable, por supuesto, si ya se conocen de antemano las piezas de Kaurismaki de las que indudablemente bebe esta obra.
Una broma pesada, la que nos plantea Hans Petter Moland, que se presenta con una permanente melancolía, asociada a una visión pesimista y profundamente fatalista, pero remarcablemente irónica, de la vida del ser humano. Porque, en definitiva, más allá de robots alienígenas o meteoritos espaciales, el cine está hecho por y para él.
8 de mayo de 2012
8 de mayo de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El protagonista sale de la carcel tras 12 años. Le espera su socio, que desea se vengue de aquél que lo traicionó.
Con acertada socarronería, la historia nos presenta a un espléndido Skarsgård - que precisa su personaje con gran solvencia - a cuestas con su fatalismo. Teniendo que bregar con una galería de egocentristas voraces; que se empeñan en determinar sus prioridades, disponiendo sin recato sus servicios a cualquier nivel.
A destacar - junto con Skarsgård - la actuación de una seca y tierna Jorunn Kjellsby estupenda con sus medias calcetín, lo que me lleva a señalar la muy buena caracterización de la mayoría de los personajes.
En definitiva, una estimable película repleta de buenos detalles.
Con acertada socarronería, la historia nos presenta a un espléndido Skarsgård - que precisa su personaje con gran solvencia - a cuestas con su fatalismo. Teniendo que bregar con una galería de egocentristas voraces; que se empeñan en determinar sus prioridades, disponiendo sin recato sus servicios a cualquier nivel.
A destacar - junto con Skarsgård - la actuación de una seca y tierna Jorunn Kjellsby estupenda con sus medias calcetín, lo que me lleva a señalar la muy buena caracterización de la mayoría de los personajes.
En definitiva, una estimable película repleta de buenos detalles.
2 de abril de 2012
2 de abril de 2012
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de salir de prisión, Ulrik recibe un consejo: 'mira hacia adelante, nunca hacia atrás'. Esa será la encrucijada del personaje a lo largo de la película: deberá decidir si quiere vengarse del hombre que provocó su encierro o bien volver a empezar con una vida nueva.
Un hombre bastante bueno funciona como parodia del cine gangsteril: Ulrik habla poco, parece aceptar con resignación todo lo que le sucede y en lugar de provocar la acción encaja en el perfil de personaje pasivo al que le suceden cosas sin comerlo ni beberlo. Una apuesta por el humor absurdo y la deconstrucción de géneros cinematográficos.
Lo mejor de este hombre no está solo en su bondad sino en su misterio: no sabemos qué va a suceder en ningún momento, por lo que el espectador mira la película con dudas, desde la distancia pero con ganas, al menos con curiosidad.
Un hombre bastante bueno no tiene los personajes verborreicos y exagerados a los que estamos acostumbrados. Hay, por lo tanto, que acceder a su humor bizarro, entender su tempo sin prisa pero sin pausa. Y si se sabe disfrutar de ella, no resulta difícil amarla como una marcianada con corazón, una historia de segundas oportunidades llena de humanidad.
Un hombre bastante bueno funciona como parodia del cine gangsteril: Ulrik habla poco, parece aceptar con resignación todo lo que le sucede y en lugar de provocar la acción encaja en el perfil de personaje pasivo al que le suceden cosas sin comerlo ni beberlo. Una apuesta por el humor absurdo y la deconstrucción de géneros cinematográficos.
Lo mejor de este hombre no está solo en su bondad sino en su misterio: no sabemos qué va a suceder en ningún momento, por lo que el espectador mira la película con dudas, desde la distancia pero con ganas, al menos con curiosidad.
Un hombre bastante bueno no tiene los personajes verborreicos y exagerados a los que estamos acostumbrados. Hay, por lo tanto, que acceder a su humor bizarro, entender su tempo sin prisa pero sin pausa. Y si se sabe disfrutar de ella, no resulta difícil amarla como una marcianada con corazón, una historia de segundas oportunidades llena de humanidad.

Stellan Skarsgård & Jorunn Kjellsby
Una película preciosa que va de menos a más y que termina por todo lo alto: con un Ulrik sonriendo inocente y malévolo, escogiendo definitivamente una de las opciones que antes le había propuesto el funcionario de prisiones sin traicionar su lado más oscuro. Empieza como un Aki Kaurismäki atractivo y acaba como un Joel Coen pletórico. Si creen que la vida es más absurda que graciosa, esta es su película.
Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities
Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities
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