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Balkan Express

Comedia. Drama. Bélico La acción transcurre en Serbia, en la víspera de la Segunda Guerra Mundial. Popeye, Pik, Lili y Stojcic son un grupo de rateros que simula ser una banda de músicos llamada 'El Expreso de los Balcanes' para poder campar a sus anchas y hacer de las suyas. La invasión y ocupación de Yugoslavia por parte de los Nazis destruye sus planes y sus sueños de una vida despreocupada. Las nuevas circunstancias conducen al grupo a situaciones ... [+]
Críticas 2
Críticas ordenadas por utilidad
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8
13 de marzo de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es posible que esta película no sea una joya desde el punto de vista técnico, pero desde el punto de vista de la Historia nos ofrece algunos detalles de gran calidad tras los cuales podemos ver una labor de investigación y asesoramiento muy profesional. Las intenciones de esta película están muy claras. La mayor parte de la gente que pudo llegar a verla en el momento del estreno en la antigua Yugoslavia venía marcada por toda una serie de marcos de referencia que seguían muy vivos en la memoria colectiva de todos.

Lo que "Balkan Express" nos muestra es la rotura de las fronteras entre el ámbito civil y militar durante la Segunda Guerra Mundial. Es imposible sustraerse al conflicto, a la militarización de la vida (trabajos forzados para los civiles). El film muestra el enorme conflicto en que se ven envueltos aquellos que por convicción o modos de vida desean permanecer en una zona gris, completamente al margen de la guerra. Sin embargo una y otra vez esto resulta imposible.

Los equilibrios por intentar sobrevivir en un día a día más que difícil hacen que los protagonistas se vayan tambaleando entre los alemanes y los partisanos, las dos fuerzas contendientes. Ellos quieren permanecer fuera de las disputas, sin embargo - como no podía ser de otro modo - al final acaban desarrollando una cierta conciencia en favor de los últimos. Todo esto sólo puede entenderse en un contexto en el que los civiles son considerados un enemigo y un aliado potencial. Si no se colabora uno será considerado sospechoso y, al mismo tiempo, la barrera entre colaboracionista y criminal se difumina hasta desaparecer. La película es un experimento muy atrevido dado el público al que iba dirigido. Sin lugar a dudas es una crítica a la guerra, sea en la forma que sea y un canto a la libertad de las personas.

La existencia de los partisanos permitirá a los alemanes establecer un estado de guerra permanente en la retaguardia y establecer políticas de ocupación draconianas que les permitan alcanzar sus fines (control del territorio o limpieza de la población judía). Su impacto será amplificado en toda Europa para justificar las formas más extremas de represión, violencia, masacres y deportaciones (escenas como la de asesinar diez civiles por cada víctima alemana, tal y como aparece en la película, se repitieron asiduamente, tanto fue así que Yugoslavia al final de la guerra había perdido dos millones de vidas humanas, un 10,6 % de la población).
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En un contexto así resulta imposible mantenerse al margen de la guerra. El partisano pasará a ser el modelo de ciudadano modélico que en lugar de optar por la pasividad lucha por su derecho a la libertad. Por esto, entre otros muchos motivos, subirá Tito al poder después de la guerra.

Un aspecto interesante del colaboracionismo en esta película (generalmente toda la película gira en torno a esta idea) es el papel de la "KULTURBUND", cuyos carteles se pueden ver a la entrada del cuartel general alemán. Antes de la Segunda Guerra Mundial la minoría de alemanes étnicos era la más grande de Yugoslavia (medio millón de personas dispersas por todo el país), por delante incluso de los albano-kosovares. En 1920 fundaron dicha institución para defender sus intereses y reivindicaciones como minoría dentro de este país, incluso llegaría a fundar su propio partido político con bastante éxito. Sus iniciativas iban desde la apertura de bibliotecas, a la contratación de profesores alemanes. Esta comunidad tenía una conciencia de "volk" (comunidad nacional) muy desarrollada y el 95 % de las familias alemanas pertenecían a alguna de las ramas de la "Kulturbund" en 1941. El Estado yugoslavo mantuvo buenas relaciones con su minoría, sometida a los caprichos de la política del país, hasta que el estallido de la guerra hizo que surgieran los primeros recelos de la población hacia los alemanes étnicos.

Esta minoría va a tener un papel decisivo en la política de ocupación alemana basada en la implantación del terror y en la lucha contra los partisanos, iniciada desde el mismo momento en que acaban las hostilidades. Fue la escasez de tropas por las necesidades de otros frentes lo que hizo posible la efectividad de los partisanos y fue la impotencia derivada de esta situación lo que llevó al uso de la violencia más extrema por parte de los alemanes. La minoría se convirtió en el principal aliado del Ejército ocupante en Serbia, cediendo sus locales, dando informaciones, formando milicias para defender las comunidades de las acciones de los partisanos, incluso llegarían a formar la 7ª División de las SS. La imagen de los alemanes étnicos que vivían en las regiones balcánicas quedó maltrecha para siempre y, al final de la guerra la mayor parte de ellos fue deportada a Alemania o internada en campos de concentración donde perecieron por decenas de miles.

Para alguien que viera la película en 1983 el cartel de la "Kulturbund" pudo ser más que significativo y, al mismo tiempo, es un modo de entender que la discordia que surgió entre los pueblos de los Balcanes vino propiciada por un elemento externo: la ocupación alemana, no por las tensiones existentes dentro del propio país (esto iba en contra de los preceptos del régimen titista). Un modo de tirar balones fuera.
6
5 de noviembre de 2009 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
En mi relación (que casi parece romance) con el cine balcánico, hasta hace bien poco tangencial y gracias a la bondad de los extraños (guiño doble a Nick Cave y a Ian McEwan) amorosamente dedicados a la arqueología y a una mal pagada difusión, ahora ya considerable, comienzan a perfilarse una serie de curiosas interferencias y paralelismos que no deja de sorprenderme con el cine español e incluso más allá, se revelan no pocos rasgos culturales/vitales compartidos, especialmente el concepto (muy mediterráneo también) del pícaro y la picaresca. Si los trabajos de Ferreri y Berlanga reverberaban en “El espía de los Balcanes” y el Almodóvar más sucio asaltaba sorpresivamente en “Dos estranguladores andan sueltos”, en este “Balkan Express”, en estos supervivientes en el ojo de la desesperación, héroes a la contra, genuinos pícaros y entrañables zánganos que chocan brutalmente contra la historia y se ven arrastrados por una corriente que les obligará a bracear con un valor que hasta el momento les resultaba ajeno, aparecen prefigurados muchos de los rasgos de ese “¡Ay! Carmela” que sigue siendo de lo mejor de Saura. En ambos casos se experimenta una toma de conciencia que extrae un desprendimiento desconocido, una renuncia al más rampante egoísmo, una verdadera humanidad que obliga a los protagonistas a sobreponerse a lo que es su propia naturaleza: sobrevivir. En definitiva un film más que apreciable aunque no esté totalmente logrado, con una muy buena reproducción de época pero con una insuficiente puesta en escena, plana y casi televisiva, poco imaginativa en general y excesivamente funcional. Compensada, eso si, por unas excelentes interpretaciones (en especial Bora Todorovic con su rostro de pura derrota y Dragan Nikolic como el héroe más improbable) y por todo tipo de aciertos tragicómicos, desde lo más negro a lo costumbrista, que planean sobre la peripecia de esta banda de músicos de pega, vagos, ladrones y caraduras que recuperan (o conocen) la dignidad con genuina ternura explicitada en el bellísimo diálogo final; -“¿A quién quiere Popeye?”, -”A ti”.
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