Las ovejas no pierden el tren
2014 

5.3
8,308
Comedia. Romance. Drama
Luisa (Inma Cuesta) y Alberto (Raúl Arévalo) se han visto obligados a irse a vivir al campo, pero la idílica vida rural enseguida empieza a mostrar su cara menos amable. A pesar de que la pareja no atraviesa por sus mejores momentos, Luisa está obsesionada con tener un segundo hijo, aunque el precio sea el sexo más apático imaginable. Quien ni se plantea pisar el campo es Juan (Alberto San Juan), el hermano de Alberto, periodista en ... [+]
1 de junio de 2015
1 de junio de 2015
39 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
No me entiendan mal.
Las ovejas no pierden el tren es una película más o menos simpática, con buenas intenciones y agradable de ver en una tarde aburrida en la que no se tenga nada mejor que hacer.
Inma Cuesta demuestra una vez más su arrolladora versatilidad, y los momentos más divertidos son los que la tienen a ella en pantalla con Candela Peña y Kiti Manver, estupendas ambas. No se puede decir lo mismo de Raúl Arévalo, que tiene la misma cara de ajo durante todo el metraje. El problema es que la película es mucho menos divertida de lo que ella misma se cree (los mejores chistes son los del trailer, y con eso queda todo dicho) y la historia está más vista que el tebeo. No sorprende, no emociona, no nada. Es plana como una tabla de surf y apenas consigue arrancar algunas medias sonrisas. El tema de la familia estrambótica con madre y hermana alocadas, protagonista sufriente, tímida y poco o nada triunfadora (una imagen que no le pega nada a Cuesta, pese a que la actriz jienense lo defiende con talento) y problemas de pareja ya nos lo han presentado como ciento cincuenta mil veces antes, y nos lo han presentado mejor.
Las ovejas no pierden el tren es una película más o menos simpática, con buenas intenciones y agradable de ver en una tarde aburrida en la que no se tenga nada mejor que hacer.
Inma Cuesta demuestra una vez más su arrolladora versatilidad, y los momentos más divertidos son los que la tienen a ella en pantalla con Candela Peña y Kiti Manver, estupendas ambas. No se puede decir lo mismo de Raúl Arévalo, que tiene la misma cara de ajo durante todo el metraje. El problema es que la película es mucho menos divertida de lo que ella misma se cree (los mejores chistes son los del trailer, y con eso queda todo dicho) y la historia está más vista que el tebeo. No sorprende, no emociona, no nada. Es plana como una tabla de surf y apenas consigue arrancar algunas medias sonrisas. El tema de la familia estrambótica con madre y hermana alocadas, protagonista sufriente, tímida y poco o nada triunfadora (una imagen que no le pega nada a Cuesta, pese a que la actriz jienense lo defiende con talento) y problemas de pareja ya nos lo han presentado como ciento cincuenta mil veces antes, y nos lo han presentado mejor.
Regularcilla. No se puede decir otra cosa.
Lo mejor: Es simpática
Lo peor: No es demasiado divertida y sí muy tópica.
Lo mejor: Es simpática
Lo peor: No es demasiado divertida y sí muy tópica.
26 de enero de 2015
26 de enero de 2015
29 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Álvaro Fernández Armero regresa siete años después de su anterior película. Una demora inhabitual en su trayectoria hasta entonces, expresada en siete largometrajes (uno de ellos documental) en trece años.
Director de comedias y alguna película de terror, su producción ha coincidido con la explosión comercial de Emilio Martínez Lázaro, el gran triunfador de 2014 con «Ocho apellidos vascos», precedida por el binomio «El otro lado de la cama / Los dos lados de la cama».
Vienen a colación estas dos últimas comedias porque «Las ovejas no pierden el tren parece la continuación cronológica de aquellas. Si hasta este momento, Fernández Armero se decantaba hacia el público joven, urbanita, no mayor de los treinta, en pleno explosión física, profesional y afectiva, ahora los personajes muestran una crisis vital de madurez mal digerida.
Si la triunfadora dupla musical de Martínez Lázaro recogía con gran acierto el espíritu expansivo de la primera década del siglo XXI, esos locos años veinte en los que nos comíamos el mundo, en «Las ovejas no pierden el tren» los personajes viven muy por debajo de sus expectativas juveniles. Los escritores que fueron estrellas mediáticas ruegan por un contrato de plumilla y han perdido la inspiración, las mujeres escuchan el tictac de su reloj biológico, los padres envejecen y los antes incipientes empresarios ahora comparten coche o cierran el negocio. Y prácticamente todos muestran una necesidad de afecto incumplida.
Director de comedias y alguna película de terror, su producción ha coincidido con la explosión comercial de Emilio Martínez Lázaro, el gran triunfador de 2014 con «Ocho apellidos vascos», precedida por el binomio «El otro lado de la cama / Los dos lados de la cama».
Vienen a colación estas dos últimas comedias porque «Las ovejas no pierden el tren parece la continuación cronológica de aquellas. Si hasta este momento, Fernández Armero se decantaba hacia el público joven, urbanita, no mayor de los treinta, en pleno explosión física, profesional y afectiva, ahora los personajes muestran una crisis vital de madurez mal digerida.
Si la triunfadora dupla musical de Martínez Lázaro recogía con gran acierto el espíritu expansivo de la primera década del siglo XXI, esos locos años veinte en los que nos comíamos el mundo, en «Las ovejas no pierden el tren» los personajes viven muy por debajo de sus expectativas juveniles. Los escritores que fueron estrellas mediáticas ruegan por un contrato de plumilla y han perdido la inspiración, las mujeres escuchan el tictac de su reloj biológico, los padres envejecen y los antes incipientes empresarios ahora comparten coche o cierran el negocio. Y prácticamente todos muestran una necesidad de afecto incumplida.

Inma Cuesta & Raúl Arévalo
Protagonizan Inma Cuesta y Raúl Arévalo, cuya actuación es el hilo conductor que sostiene el argumento. Logra al fin actuar en una comedia Candela Peña, como era su deseo. Destaca por su credibilidad siempre Alberto San Juan y sobresale la espontaneidad y la arrebatadora alegría juvenil de Irene Escolar. Asimismo, es un gusto reencontrarse con los ilustres Kivi Manver, Miguel Rellán, Petra Martínez y Mariano Venancio
La séptima ficción de Fernández Armero es una comedia agradable, blanca y sin aristas. Discurre suavemente y describe con gran precisión el estado emocional de nuestra actualidad.
En su conclusión, curiosamente, lo que nació como comedia urbana encuentra la solución en el mundo rural, en la fría Valdeprados de la provincia de Segovia. La salida, parece decir con cierta candidez, está en vivir del campo.
La séptima ficción de Fernández Armero es una comedia agradable, blanca y sin aristas. Discurre suavemente y describe con gran precisión el estado emocional de nuestra actualidad.
En su conclusión, curiosamente, lo que nació como comedia urbana encuentra la solución en el mundo rural, en la fría Valdeprados de la provincia de Segovia. La salida, parece decir con cierta candidez, está en vivir del campo.
20 de junio de 2015
20 de junio de 2015
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Comedia dramática urbana-rural que no trae nada para el recuerdo indeleble, pero sí algunos momentos tiernos, de sonrisa, de identificación con los problemas y el estrés que padecen algunos de los protagonistas, y de la tristeza del paso del tiempo que termina llevándose a los seres queridos.
No suena a nuevo el agobio de Alberto, que rezonga sus miserias de urbanita metido a aldeano de pueblo donde se siente como un pez fuera del agua. No derrocha originalidad Luisa, la esposa obsesionada con tener otro hijo. Las discusiones conyugales, como las de miles de matrimonios, no transmiten nada que no se haya visto antes. Juan recién divorciado y pasando por la crisis de la cuarentena tampoco nos hace saltar de emoción. Ni Sara, estereotipo esperpéntico de la mujer entre repelente y penosa con síndrome de solterona desesperada. Ni la madre de Luisa y Sara, ni Natalia, ni Manolo, ni Paco...
Pero te llegan un poco el humor y la ironía, los grandes ojos de Inma Cuesta en los que cabe el mundo, el padre enfermo de Alzheimer que te hace acordarte de aquel amado pariente cercano al que viste declinar hasta convertirse en nada, la evolución de los hermanos Peñalver, la carita del pequeño Lucas y el optimismo práctico y perenne de Manolo, que tiene el remedio infalible para los males de espíritu.
No suena a nuevo el agobio de Alberto, que rezonga sus miserias de urbanita metido a aldeano de pueblo donde se siente como un pez fuera del agua. No derrocha originalidad Luisa, la esposa obsesionada con tener otro hijo. Las discusiones conyugales, como las de miles de matrimonios, no transmiten nada que no se haya visto antes. Juan recién divorciado y pasando por la crisis de la cuarentena tampoco nos hace saltar de emoción. Ni Sara, estereotipo esperpéntico de la mujer entre repelente y penosa con síndrome de solterona desesperada. Ni la madre de Luisa y Sara, ni Natalia, ni Manolo, ni Paco...
Pero te llegan un poco el humor y la ironía, los grandes ojos de Inma Cuesta en los que cabe el mundo, el padre enfermo de Alzheimer que te hace acordarte de aquel amado pariente cercano al que viste declinar hasta convertirse en nada, la evolución de los hermanos Peñalver, la carita del pequeño Lucas y el optimismo práctico y perenne de Manolo, que tiene el remedio infalible para los males de espíritu.
Las ovejas no pierden el tren porque no tienen trenes que coger. No viven preocupadas por eso.
Simplemente viven.
Simplemente viven.
21 de febrero de 2015
21 de febrero de 2015
21 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que lo único imperdonable que no le puede pasar a una película, en general, pero en particular si se trata de una comedia, es el aburrimiento, sentimiento este que desde el punto de vista cinematográfico pondero en base al número de veces que miro mi reloj, y que en este caso fueron bastantes.
Fernández Armero tuvo su momento, ya destacó su primer corto "El columpio", y tuvo su punto en un contexto determinado con "Todo es mentira", con ese toque de comedia madrileña, bohemia, con el punto atractivo por historia y personajes para los que estábamos en un momento determinado de la vida en aquella época. Luego se diluyó, tomo otros caminos y acabó haciendo tele, y ahora se nos descuelga con este quiero y no puedo de volver a sus orígenes.
Lo peor del film es que vemos lo que quiere ser, pero claramente no lo es. Reconozco que tiene alguna cosa interesante y de concepto, sin resultar apasionante, por manida, puede no estar mal, pero la cuestión es que todo acaba naufragando, no hace ninguna gracia, y tan solo sueltas alguna sonrisita ante situaciones con las que puedes identificarte pero que ya han sido explotadas con anterioridad en la gran pantalla.
Fernández Armero tuvo su momento, ya destacó su primer corto "El columpio", y tuvo su punto en un contexto determinado con "Todo es mentira", con ese toque de comedia madrileña, bohemia, con el punto atractivo por historia y personajes para los que estábamos en un momento determinado de la vida en aquella época. Luego se diluyó, tomo otros caminos y acabó haciendo tele, y ahora se nos descuelga con este quiero y no puedo de volver a sus orígenes.
Lo peor del film es que vemos lo que quiere ser, pero claramente no lo es. Reconozco que tiene alguna cosa interesante y de concepto, sin resultar apasionante, por manida, puede no estar mal, pero la cuestión es que todo acaba naufragando, no hace ninguna gracia, y tan solo sueltas alguna sonrisita ante situaciones con las que puedes identificarte pero que ya han sido explotadas con anterioridad en la gran pantalla.
Intranscendente, aburridilla, desde el punto de vista actoral sólo funciona plenamente Inma Cuesta, y un poco Candela Peña, y lo dicho, totalmente olvidable.
4 de febrero de 2015
4 de febrero de 2015
13 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las ovejas no pierden el tren
Hoy he ido al cine a ver la película LAS OVEJAS NO PIERDEN EL TREN y ha sido una grandísima sorpresa. La película está dirigida por Álvaro Fernández Armero, autor de películas como "Todo es mentira (1994)" y "Nada en la nevera (1998)", títulos representativos de la nueva comedia urbana madrileña, en la que se radiografiaba los sueños y frustaciones de aquella juventud de Madrid que empezaba a vivir y descubrir su lugar en el mundo por allá por la década de los años noventa.
Para ser sinceros, no tenía muchas expectativas en la película, sobre todo viendo como han discurrido la carrera de su director en los últimos años.
Con "Las ovejas no pierden el tren", Fernández Armero ha mirado atrás, a sus inicios y, quizás, los años cumbres de su carrera. Se ha preguntado que fue de aquella juventud, ahora rozando la cuarentena, que se encuentra sumida, no solo en la crisis económica que está viviendo el país, sino en las consecuencias de las decisiones que se (o no) tomaron tiempo atrás.
Hoy he ido al cine a ver la película LAS OVEJAS NO PIERDEN EL TREN y ha sido una grandísima sorpresa. La película está dirigida por Álvaro Fernández Armero, autor de películas como "Todo es mentira (1994)" y "Nada en la nevera (1998)", títulos representativos de la nueva comedia urbana madrileña, en la que se radiografiaba los sueños y frustaciones de aquella juventud de Madrid que empezaba a vivir y descubrir su lugar en el mundo por allá por la década de los años noventa.
Para ser sinceros, no tenía muchas expectativas en la película, sobre todo viendo como han discurrido la carrera de su director en los últimos años.
Con "Las ovejas no pierden el tren", Fernández Armero ha mirado atrás, a sus inicios y, quizás, los años cumbres de su carrera. Se ha preguntado que fue de aquella juventud, ahora rozando la cuarentena, que se encuentra sumida, no solo en la crisis económica que está viviendo el país, sino en las consecuencias de las decisiones que se (o no) tomaron tiempo atrás.

Aquella generación, la primera que nació en democracia, que se iba a comer el mundo y de la que se esperaba tanto, ahora se encuentra perdida y estancada en los mismos problemas de siempre: miedo al compromiso; a la descomunicación, pese a la aparición de las redes sociales; a la fidelidad a uno mismo, y si hay que renovarse para encontrar la felicidad que atañe a la nueva década que uno vive, y del tren...ese tren. El tren que, se supone, que solo pasa una vez en la vida y que marca los tiempos y las coductas de los seres humanos en cada momento. De todo eso trata "Las ovejas no pierden el tren".
Retratado de una manera muy natural, sin maniqueísmos ni victimismos, siendo muy consciente de la responsabilidad de los actos de los personajes, todo contado por un elenco muy curtido en la comedia: empezando por la pareja protagonista Raúl Arévalo e Inma Cuesta, actores que se han hecho muy populares en otras comedia como "Primos" (Sánchez Arévalo,2011) y "Tres bodas de mas" (Ruíz Caldera, 2013) y terminando por los grandes como Miguel Rellán y Kiti Manver.
Retratado de una manera muy natural, sin maniqueísmos ni victimismos, siendo muy consciente de la responsabilidad de los actos de los personajes, todo contado por un elenco muy curtido en la comedia: empezando por la pareja protagonista Raúl Arévalo e Inma Cuesta, actores que se han hecho muy populares en otras comedia como "Primos" (Sánchez Arévalo,2011) y "Tres bodas de mas" (Ruíz Caldera, 2013) y terminando por los grandes como Miguel Rellán y Kiti Manver.

Raúl Arévalo, Kiti Manver & Alberto San Juan
No esperen una comedia de carcajadas, de risas a través de chistes fáciles y de mal gusto. Nada de eso, la película de Fernández Armero es una comedia agridulce pero muy reveladora, en la que las generaciones mayores a la mía se sentirá muy indentificados.
Un film que destila melancolía y que muestra la fragilidad de una generación de la que se esperaba grandes hazañas y no siempre supo estar a la altura. Pero no se preocupen porque Fernández Armero que vió crecer a esta juventud y que nadie como él supo retratar, sigue siendo optimista y tiene sus esperanzas puestas en el futuro, dejándoles a sus personajes la puerta abierta para encontrar la felicidad y su lugar en el mundo.
Lo mejor: el gran reparto actoral.
Lo peor: alguna vez al guión no esta a la altura.
NO SE LA PIERDAN!!
Un film que destila melancolía y que muestra la fragilidad de una generación de la que se esperaba grandes hazañas y no siempre supo estar a la altura. Pero no se preocupen porque Fernández Armero que vió crecer a esta juventud y que nadie como él supo retratar, sigue siendo optimista y tiene sus esperanzas puestas en el futuro, dejándoles a sus personajes la puerta abierta para encontrar la felicidad y su lugar en el mundo.
Lo mejor: el gran reparto actoral.
Lo peor: alguna vez al guión no esta a la altura.
NO SE LA PIERDAN!!
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