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PipiolosCortometraje

Comedia. Drama Pilar e Isabel. Mario y Jaime. Dos madres. Dos hijos. Una nueva unidad familiar. Una nueva normalidad. Bueno, al menos eso es lo que esperan Pilar e Isabel que ocurra durante la semana de vacaciones en una casa rural, que sus respectivos hijos de 13 años, logren entender su relación, su amor, y que puedan conectar y aceptarse como lo que van a tener que ser: hermanos. Pero claro, hay muchas maneras de conectar y aceptarse.
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7
24 de julio de 2025 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Pipiolos" es un cortometraje que sigue la historia de dos adolescentes, Mario y Jaime, que se conocen durante unas vacaciones en el campo y comienzan a explorar sus sentimientos y dudas sobre la sexualidad. La película utiliza un enfoque natural y afable para abordar temas delicados como la sobreprotección de los padres, la hipocresía y la identidad sexual.

A través de la relación entre los dos protagonistas, la película muestra cómo pueden surgir sentimientos y conexiones entre personas del mismo sexo de manera natural y sin dramatismo. La piscina vacía se convierte en un espacio simbólico donde Mario y Jaime pueden hablar sobre sus dudas y sentimientos, y la proximidad física entre ellos se convierte en un reflejo de su conexión emocional.

"Pipiolos" tiene un valor social y educativo, ya que aborda temas importantes y necesarios para la juventud, como la identidad sexual y la aceptación de la diversidad. La película es una herramienta valiosa para promover la normalización y la aceptación de la diversidad sexual, y podría ser útil en entornos educativos para fomentar la reflexión y el diálogo sobre estos temas.
Resumen de la crítica escrita por Ana Cabrero Mohedano
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
6
16 de junio de 2025 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pipiolos es una historia de adolescencia, de familia, de sentimientos, en las que Daniel Sánchez Arévalo es tan bueno.

Cuenta la formación de una familia homosexual en la que los dos hijos respectivos, adolescentes de 13 años, deben aprender a convivir entre ellos y con sus respectivas madres, que ahora son pareja y que los llevan, como cada año, de vacaciones a una casa rural, donde en esta ocasión esperan que comprendan y acepten su relación amorosa, usando las vacaciones como una fase de reajuste vital. En esta ocasión los chicos, amigos hasta entonces, se encuentran distanciados por la situación y toman una relación desde otro punto, derivando en un rumbo inesperado, de exploración, de descubrimiento y de aceptación personal.

Dos chavales que se ven obligados a convivir y a ser algo que no quieren ser, hijos de dos mujeres divorciadas que se han “arrejuntado” entre ellas y que en esa nueva normalidad las madres buscan que el comportamiento de sus hijos sea de familia, de hermanos. Sin embargo, en una complicidad adolescente, ellos tienen su propia personalidad e intereses y buscan su placer sexual, el descubrimiento de su propia sexualidad, dentro de la creación de una familia en la que tendrán que convivir como hermanos, pero que es un cambio abrupto para lo que venía siendo lo convencional para ellos.
Daniel Sánchez Arévalo, Diego García & Iker Ruiz
El propio Sánchez Arévalo comenta “Cuanto más mayores nos hacemos, más miedo solemos tener a los cambios y a enfrentarnos a nuestros deseos. Intentamos no hacer daño a nuestros seres queridos y, ¿qué puede ser más querido en la vida que un hijo? En este proceso hacia una nueva configuración familiar, necesitas que tus hijos entiendan tus decisiones y te acompañen. Un proceso no necesariamente fácil, y que cuando se culmina y coloca, también puede abrir en sus cabezas preadolescentes sentimientos e ideas no exploradas antes. Porque el cortometraje va de identidad y despertar sexual, tanto de adultos como de niños. Y también habla sobre la contradicción, sobre tener que elegir (o no) entre la felicidad propia y la de tu hijo”.


Daniel Sánchez Arévalo siempre se ha sentido cómodo en el formato cortometraje, donde empezó, aprendió y donde se siente libre y se desfoga y al mismo tiempo lo considera no como un vehículo para llegar al largo, sino suficiente e independiente por si mismo. De hecho cuanta esta historia en un corto porque puede funcionar por sí sola, aunque formara parte de una historia más global sobre la cual no se consiguió presupuesto para rodarla.
Diego García, Iker Ruiz, Marta Etura & Nur Levi
Premios de Pipiolos : Roel de Oro en la Semana de Cine de Medina del Campo y Biznaga de Plata a la Mejor Dirección en el Festival de Málaga (compartida con José Luis Lázaro por "Cólera")
6
19 de julio de 2025 0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Pipiolos” es uno de esos cortos que te hacen sentir cosas encontradas. Por momentos dulce, por momentos provocador, y a veces, directamente incómodo.
Nos plantea una historia aparentemente sencilla: dos madres que han rehecho su vida en pareja, y que intentan que sus respectivos hijos —dos chicos adolescentes que hasta ahora eran amigos de veranos— se adapten a esta nueva realidad, conviviendo como si fueran hermanos. He de admitir que me hizo mucho reir algunos momentos.

Una casa rural, una semana de vacaciones, y dos adolescentes metidos en una habitación con una tensión silenciosa que va creciendo día a día.
La premisa parece buscar el reajuste familiar, pero lo que acaba surgiendo es algo inesperado, más íntimo, más desordenado. No solo para los chavales, también para sus madres.

Lo bueno
El guion no juzga. Muestra. Deja que el espectador saque sus propias conclusiones.

El retrato de la adolescencia es realista: confusión, curiosidad sexual, pulsión, incomodidad.
Diego García & Iker Ruiz
El tono está bien manejado, sin caer en lo escabroso pese a que el tema es delicado.

Tiene momentos de ternura y humanidad que se agradecen en medio de la tensión.

El final, sin estridencias, apuesta por la comprensión antes que por la corrección.


Lo mejorable
Algunas decisiones de las madres, como instalar una cámara, rompen la empatía que se podía tener con ellas. Hay una contradicción entre el discurso progresista y el control que ejercen.

Los diálogos a veces resultan forzados, sobre todo en las conversaciones entre adultos.

El tono se mueve entre el coming of age y el drama moral sin terminar de decidirse.

Te deja con la sensación de que podría haber ido más allá… o haber sido más claro.


Conclusión
“Pipiolos” habla de adolescencia, de identidad, de cuerpos que cambian y mentes que aún no saben bien quiénes son. Pero también habla de padres y madres que, aunque vistan un discurso abierto, no siempre están preparados para lo que significa de verdad que sus hijos elijan su camino.
Daniel Sánchez Arévalo, Nur Levi & Marta Etura
No es un corto perfecto, pero sí es un corto necesario. Te hace mirar sin poder apartar los ojos del todo.


Reflexión
La doble moral sobrevuela toda la historia. Las madres piden aceptación, comprensión, respeto hacia su nueva relación… pero cuando son sus hijos quienes exploran su propio deseo, el discurso se tambalea.
¿Quién puede poner límites a lo que se siente, a lo que se desea, cuando ni siquiera tú sabes cómo nombrarlo?

Quizá lo más valiente del corto es no poner etiquetas. No decir “esto es amor” o “esto es amistad confundida”. Porque, a los 13 años, lo normal es no saberlo.
Y a veces, simplemente, conectar. Desde el cuerpo, desde la necesidad de sentirse cerca de alguien. Sin reglas. Sin definición.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Lo que empieza como una convivencia forzada entre dos adolescentes que comparten cuarto, se va transformando en una relación íntima que escapa de las categorías clásicas.
Todo comienza con miradas, curiosidad, conversaciones torpes sobre sexualidad. Luego viene la exploración: tocarse, masturbarse juntos, hablar de lo que sienten sin miedo.

Pero cuando las madres descubren esta complicidad —gracias a una cámara oculta que ponen sin decir nada— todo salta por los aires.
Ahí se desvela el nudo moral del corto: ellas, que han rehecho su vida sentimental desde la libertad, no están listas para que sus hijos hagan lo mismo.

La conversación con ellos es dura, incluso hipócrita. ¿Por qué ellas sí y ellos no? ¿Por qué lo suyo se considera válido y lo de ellos no?

El final deja una sensación agridulce:
Los chicos deciden alejarse del control adulto, se van a la piscina vacía por la noche, y allí, en silencio, uno pregunta al otro si sabe lo que le gusta.
Marta Etura & Nur Levi
No hay una respuesta clara. Solo una pregunta:
¿Nos besamos para saber si sentimos algo?
Y se quedan ahí, mirándose, sin decidir. Porque a veces lo valiente es no saber, pero permitirse sentir.

Lo que no vemos (pero ocurrió todos los pensamos)
El beso de la piscina. Tras la pregunta "¿Nos besamos para saber?", el plano se corta. Pero...
Prueba 1: Al día siguiente, hay una complicidad nueva (miradas largas, sonrisas que antes no existían).
Prueba 2: Las madres posponen su boda ("Hasta que se aclaren"). Demasiado tarde.

El símbolo más potente (y nadie lo menciona)
- La cámara oculta vs. la cámara del director:
- Las madres graban para controlar.
- Arévalo **no muestra el beso para devolverles su intimidad.


Curiosidades y detalles
Sánchez Arévalo cuenta esta historia desde un enfoque sutil, sin música invasiva ni trucos visuales. Todo se apoya en la interpretación de los chicos.

La figura del padre ausente (el que mira al horizonte desde la butaca, ensimismado) da una textura melancólica que contrasta con la tensión del resto.

El uso del dormitorio como campo de batalla simbólico (sábanas manchadas, camas separadas, cámaras ocultas) es inteligente: la intimidad, la privacidad, el deseo... todo se disputa ahí.

El gesto de las madres al final —decidir no casarse aún y posponer su vida juntas hasta que los chicos se aclaren— muestra por fin un acto de empatía, aunque llegue tarde.
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