Pepe, no me des tormento
10 de junio de 2026
10 de junio de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Especie de híbrido entre la frescura progre y desinhibida al abordar el tema del amor libre de "Tigres de papel" (Fernando Colomo, 1977) y la caspa procaz y chocarrera de las comedias que Ozores filmó con Pajares y Fernando Esteso, esta rareza de nuestro cine en cuyo guión figura la firma del gran Francisco Regueiro es una peli tan fallida como curiosa y a la que, solo siendo muy, muy generoso, puede dársele el aprobado.
Tal vez lo más llamativo sea que aborde epsiódicamente en clave de comedia la cuestión de la transexualidad a través de la después política Carla Antonelli pocos años antes de que con más brillo y éxito de público lo hiciera, mediante Bibi andersen, Manuel Gutierrez Aragón en "La Noche más Hermosa" (1984). "Aunque te acuestes con un pingüino seguirás siendo mi amigo", le dice Emilio G. Caba a Luis Varela tras conocer la peculiaridad de su compañera de tálamo.
Y es que la peli, además de comparar a los transexuales con pingüinos, va (o pretende ir) sobre todo acerca de la amistad entre dos hombres, G. Caba y Varela. Mas en ese objetivo fallido es, por el camino, tremendamente misógina: el guión no solo trata fatal al personaje de Antonelli, sino al de Cecilia Roth, la novia de G. Caba, tal como si todas las féminas fuesen locas cabras montesas. E incluso hay un episodio, el de la "broma" que Roth gasta a la pareja de amigos diciéndoles que acaba de ser violada en el parque, que hoy, por razones obvias, no habría podido rodarse. Tampoco hubiese podido rodarse todo lo que pasa con el comisario que interpreta Emilio Rodríguez -el maestro de "Crónicas de un Pueblo"- por divertida que sean esas secuencias, cuando ambos amigos van a denunciar el hecho, del que mira por donde ya luego nadie habla ni parece importarle mucho a G. Caba (el comisario se pone a jugar al ajedrez con él y luego se van de copas) y ni siquiera se alegra de que todo fuera una broma cuando Varela le cuenta la verdad. Solo se cabrea porque la cabra montesa le quisiera poner los cuernos.
Y a ver, que no me parece bien que hoy no pudiera rodarse algo así por servidumbres y censuras 'woke', todo lo contrario. Pero eso no me impide cuestionar el tratamiento de fondo que, hija de su tiempo, la peli da a las féminas.Y que, gracias a la sensibilidad que uno ha podido ir adquiriendo con el paso del tiempo y la evolución de nuestra sociedad, aunque uno sea también hijo de aquel tiempo, ese tratamiento me chirríe sin que por ello sea un inquisidor 'woke'. Y que ni tanto ni tan alopécico, no sé si me explico.
Análisis sociólogicos al margen, el filme es fallido por muchos otros conceptos: el atraco, que parece una parodia de una parodia (¿habíamos visto que estuviera mal Lifante alguna vez hasta que lo vimos aquí?), el desenlace estúpido, infantil, inane y encima racista (!!!), y por todo ese tono "quiero y no puedo" que de principio a fin lo impregna por aquello de que aunque la caspa se quiera vestir de progresía y de modernez, caspa se queda.
Lástima que Gutierrez Santos, director poco antes de una película interesantísima, no menos hija de su tiempo que esta, pero original y rompedora, "Arriba Hazaña" (1978), y coautor en 1975, junto al mismísimo Mario Vargas Llosa, de una primera versión de "Pantaleón y las Visitadoras" que no ha podido ver casi nadie, no alcanzase aquí algo más logrado.
Tal vez lo más llamativo sea que aborde epsiódicamente en clave de comedia la cuestión de la transexualidad a través de la después política Carla Antonelli pocos años antes de que con más brillo y éxito de público lo hiciera, mediante Bibi andersen, Manuel Gutierrez Aragón en "La Noche más Hermosa" (1984). "Aunque te acuestes con un pingüino seguirás siendo mi amigo", le dice Emilio G. Caba a Luis Varela tras conocer la peculiaridad de su compañera de tálamo.
Y es que la peli, además de comparar a los transexuales con pingüinos, va (o pretende ir) sobre todo acerca de la amistad entre dos hombres, G. Caba y Varela. Mas en ese objetivo fallido es, por el camino, tremendamente misógina: el guión no solo trata fatal al personaje de Antonelli, sino al de Cecilia Roth, la novia de G. Caba, tal como si todas las féminas fuesen locas cabras montesas. E incluso hay un episodio, el de la "broma" que Roth gasta a la pareja de amigos diciéndoles que acaba de ser violada en el parque, que hoy, por razones obvias, no habría podido rodarse. Tampoco hubiese podido rodarse todo lo que pasa con el comisario que interpreta Emilio Rodríguez -el maestro de "Crónicas de un Pueblo"- por divertida que sean esas secuencias, cuando ambos amigos van a denunciar el hecho, del que mira por donde ya luego nadie habla ni parece importarle mucho a G. Caba (el comisario se pone a jugar al ajedrez con él y luego se van de copas) y ni siquiera se alegra de que todo fuera una broma cuando Varela le cuenta la verdad. Solo se cabrea porque la cabra montesa le quisiera poner los cuernos.
Y a ver, que no me parece bien que hoy no pudiera rodarse algo así por servidumbres y censuras 'woke', todo lo contrario. Pero eso no me impide cuestionar el tratamiento de fondo que, hija de su tiempo, la peli da a las féminas.Y que, gracias a la sensibilidad que uno ha podido ir adquiriendo con el paso del tiempo y la evolución de nuestra sociedad, aunque uno sea también hijo de aquel tiempo, ese tratamiento me chirríe sin que por ello sea un inquisidor 'woke'. Y que ni tanto ni tan alopécico, no sé si me explico.
Análisis sociólogicos al margen, el filme es fallido por muchos otros conceptos: el atraco, que parece una parodia de una parodia (¿habíamos visto que estuviera mal Lifante alguna vez hasta que lo vimos aquí?), el desenlace estúpido, infantil, inane y encima racista (!!!), y por todo ese tono "quiero y no puedo" que de principio a fin lo impregna por aquello de que aunque la caspa se quiera vestir de progresía y de modernez, caspa se queda.
Lástima que Gutierrez Santos, director poco antes de una película interesantísima, no menos hija de su tiempo que esta, pero original y rompedora, "Arriba Hazaña" (1978), y coautor en 1975, junto al mismísimo Mario Vargas Llosa, de una primera versión de "Pantaleón y las Visitadoras" que no ha podido ver casi nadie, no alcanzase aquí algo más logrado.
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